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Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Ilusiones
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8: Ilusiones 8: Ilusiones El palacio Rojo, como se hacía llamar el palacio de los Suomi, se alzaba imponente sobre una colina, desde el punto de vista de aquella escolta que subía hacia el palacio con más de treinta jinetes armados y con distintivas capas rojas, el palacio representaba respeto y poder, además de riqueza.

Se detuvieron al frente del muro que guardaba el palacio, vigilado por la Guardia Blanca.

Dos de estos detuvieron la escolta, frente a la reja que protegía la entrada.

Aunque la escolta llevase el mismísimo estandarte de la familia real al frente de ellos, la guardia debía identificarlos, antes de que pudieran preguntar, de entre los jinetes apareció una figura alta, de cabello rojo, ojos verdes y vestido con un jubón rojo, como un noble militar, con sus botas negras y sus guantes blancos.

Elegante e importante, teniendo la misma edad que el rey.

A diferencia del monarca, no poseía una imagen de poder físico o de gran guerrero, en cambio su figura se tornaba elegante en su cabello pelirrojo que se movía al son del viento, su figura erguida y el uniforme solo mostraban riqueza y una magnificencia diferente a cualquier noble.

–El Duque Jaakko de Helsinki –Hablo con voz juvenil adelantándose a la pregunta del guardia–.

Vengo por que el rey me ha convocado.

Estos inmediatamente ordenaron abrir la reja, la cual se levantó sin demora.

Los soldados y el duque pasaron, este último se bajó de su caballo y fue directo hacia el palacio, las puertas se abrieron para él y camino directamente hacia la sala del trono.

Sus pasos amortiguados por la alfombra roja y flanqueado por columnas de mármol.

Llego hasta una puerta custodiada por dos guardias blancas, pero eran los enmascarados.

Estos lo miraron, analizaron aunque no podia verse el movimiento de ojos que observaron cada centímetro, y en menos de diez segundos abrieron la puerta para él, como si le hubieran escaneado.

Al entran se encontró frente una sala que brillaba y se denotaba por las columnas de mármol a cada lado, la alfombra llegaba hasta las escaleras y terminaba en el trono, uno de terciopelo rojo y oro macizo.

Estaba rodeado por varios nobles, algunos militares y otros extranjeros embajadores.

En el centro, en el trono mencionado estaba el rey Antonio, sin corona, pero con ropajes reales, en especial el manto purpura.

El monarca no hizo caminar al duque mucho, se levantó y fue hasta el para darle un abrazo con una sonrisa.

Los presentes se retiraron cuando el rey movió la mano.

–Tanto tiempo sin verte Hermano –Exclamaba el rey dando palmadas en la espalda a Jaakko.

El duque correspondió el abrazo con igual emoción y una sonrisa de oreja a oreja, las puertas se cerraron tras ellos mientras caminaban por la sala del trono, hacia las escaleras que daban al mismo.

–Lo mismo digo, hermanito.

–Dijo cuando hubo terminado el abrazo.

–Que tal están Laina y las niñas?

–Bastante bien, han logrado superar el miedo después de ataque, fueron días difíciles, pero ya todo está estable en la familia, ya pueden sonreír de nuevo, aunque Freya no lo hace seguido.

¿Y las tuyas?

–Bien, salieron tan hermosas como su madre y curiosas como la abuela.

–Es un alivio.

–Ah serás carbón.

Ambos soltaron una carcajada que se escuchó por todo el pasillo, y cuando hubo terminado Antonio miro a Jaakko y este se adelantó a lo que fuera a decir el monarca.

–Supongo que es importante, lo que sea que quieras decirme –Dijo–.

La última vez que me llamaste con tanta urgencia…

partimos al báltico y lo conquistamos.

–Así es y me temo, hermano mío, que esta vez no será tan distinto.

Antonio con una seña ordeno traer una mesa, en pocos segundos ya estaba ahí una, la tenían preparada incluso con los mapas.

El monarca agradeció y permitió que descansaran al salir.

El mapa era de Suecia; había una ruta marcada previamente que pasaba del norte hasta el sur, hasta llegar a Estocolmo.

Jaakko abrió los ojos de par en par, y aún más cuando miro hacia Noruega, notando que también se estaban trazando líneas de avance hasta Trodheim.

–Esto…

–Balbuceo el duque–.

Atacaras Suecia y noruega…

Antonio asintió y con su dedo siguió las líneas marcadas.

–Atacar de frente es un suicidio, así que los atraeremos al norte, a los bosques, allí nos organizaremos para emboscarlos y mermar sus tropas poco a poco, hemos entrenado en los bosques de Finlandia más de una vez, incluso nuestro norte es más frio.

Para cuando se den cuenta tendrán las manos y pies congelados y no podrán seguir luchando, pero también debemos asegurar que Finlandia no será invadida, tenemos que preparar una gran flota y que Laina se prepare para una larga campaña por mar, nos superan en tierra y en el mar, no hay muchas posibilidades, pero si todo se ejecuta a la perfección, tendremos una oportunidad.

El pelirrojo se quedó mirando el mapa, incrédulo, luego miro a su hermano.

Este solo lo veía, serio, esperando que Jaakko hablase.

Este tomo un respiro y aclaro su garganta, algo nervioso aún.

–Su ejército combinado, supera los ochenta mil soldados, no tenemos ni la mitad de eso…

nos llevaras a la muerte…

¿y para qué?

–Sobrevivir.

El rey llevo a su hermano hacia uno de los ventanales laterales de la sala del trono, donde podía verse la capital del reino: Kalanti.

Una ciudad en expansión, con calles de piedra y casas de piedra.

Bulliciosa y viva, sus puertos estaban llenos de barcos y el comercio estaba más vivo que nunca.

–Todas esas personas viven felices en la estabilidad que hemos logrado –Declaro Antonio–.

Comen bien, viven bien…

nos hemos recuperado en parte de todo el mal que nos hicieron cuando invadieron nuestro reino, pero eso no quita que ahora están en Suecia y noruega, vigilantes, reorganizándose, preparando una buena base desde la cual salir, es cuestión de tiempo hasta que vuelva a surgir alguien igual de sanguinario que desee todo para sí, y Finlandia estará en riesgo.

–Podemos preparar el reino para ello –Repuso Jaakko–.

No es necesario arriesgarlo todo.

–¿Quieres dejar que el destino decida si mis sucesores son lo suficientemente fuertes para ello?

o ¿si Finlandia no es consumida y dividida por la guerra civil de nuevo?, hay tantas posibilidades…

es ahora o nunca hermano.

Finlandia debe sobrevivir, o nos matan o nosotros a ellos.

–Esto es por Finlandia o por ti?

Antonio guardo silencio un momento, entendiendo a donde iba la pregunta, Jaakko lo miro directo a los ojos, pero el rey mantuvo la compostura sin inmutarse, sereno, con una sonrisa mientras respondia de manera determinada.

–Por todos nosotros, por cada finlandés y cada miembro de nuestra familia.

Jaakko suspiro y camino por la sala del trono un momento, dando vueltas y detenerse frente al rey, antes de responder.

–Supongamos que te sigo y acepto tu plan, ¿de dónde sacaras el ejercito?

–Llevo desde que ascendí al trono preparando a la Guardia Blanca, agradándola junto a las tropas regulares, además de haber reclutado mercenarios y expertos de Europa para que preparen a nuestro ejército, usaremos lo mejor de cada región y lo combinaremos.

Seremos el ejército más versátil y completo con la Guardia Blanca como nuestra carta más poderosa y fiable.

–Finlandia no es una nación guerrera, no es un reino acostumbrado a la guerra y mucho menos a luchar…

ni siquiera con nuestra madre funciono, ella no logro ayudar a los Rusos contra los alemanes por no poner al consejo a su favor.

–No estábamos nosotros –Antonio puso la mano en el hombro de su hermano–.

Es nuestro momento, si no lo hacemos ahora…

nuestra familia lo sufrirá.

Ambas miradas se encontraron, la determinación en una, la otra con duda.

Miedo y angustia invadieron al duque, confiaba en su hermano, pero…

¿realmente podría lograrlo?

Duro unos segundos, hasta que finalmente asintió lentamente.

–Bien…

pero habrá que convencer al pueblo y sobre todo a la poca nobleza que aún queda con vida.

–Paso a paso hermano, paso a paso.

Las puertas se abrieron nuevamente, esta vez los guardias hicieron aparición, dándose media vuelta después, dejando pasar a una dama de cabello negro liso, ojos marrones y con una contextura levemente gruesa, llevaba un vestido largo de color verde, su cabello estaba suelto pero arreglado y tenía múltiples damas de compañía que la seguían a donde iba, ella se volteo y ordeno que esperasen afuera mientras se acercaba con una sonrisa en sus labios a los hermanos.

Era Leonor, esposa del rey, Reina Consorte de Finlandia.

–Oh vaya la reina nos complace con su presencia –Vocifero Jaakko.

–Y mi cuñado el duque de Helsinki recordó a su familia al otro lado del reino?

–Hablo con voz dulce y alegre Leonor mientras abrazaba a Jaakko–.

Las niñas te extrañaron.

–Es que soy su tío favorito.

Leonor miro los mapas, una ceja se levantó, mirando a los dos hermanos.

–Que planean?

Jaakko la mira y luego vio a su hermano.

–Creo que deben hablar, yo iré a ver a mis sobrinas.

Jaakko se retiró de la sala, las puertas se volvieron a cerrar detrás de él y el rey y la reina quedaron solos en la sala del trono, Leonor se cruzó de brazos viendo a su marido con una mirada que juzgaba al monarca, el cual se adelantó ante cualquier palabra de su hermosa mujer.

–Es necesario, atacaremos Suecia, no hoy ni mañana, pero si en el futuro, es para asegurar nuestro legado.

–Nuestro legado o el tuyo?

Antonio rio entre dientes mientras se acercaba a su esposa poniendo sus manos en su cintura.

–Es nuestro legado, eres la reina, mi reina –Antonio hablaba con voz suave, frente a frente con su esposa– Nuestras hijas son nuestro legado.

Hago esto por ellas y el bien de nuestra familia.

Confía en mí.

Leonor dudo un momento, solo para asentir después mirándolo a los ojos.

Antonio sonrió y se dieron un tierno beso en los labios, volviendo a la posición anterior con su mujer en su pecho.

El rey miro el mapa, su expresión cambio, su sonrisa se fue esfumando, visualizando la ciudad de Estocolmo, acariciando el pelo de su amada con una mano y con la otra acariciaba su espalda.

Se imaginaba la ciudad ardiendo, junto a los estandartes daneses cayendo a las llamas y los soldados muertos colgados y la cabeza del rey rodando por el suelo.

Apretó ligeramente a Leonor, esta sonrió un poco, pensando que solo demostraba amor, sin saber que era la impotencia que sentía su marido por los recuerdos que inundaba su cabeza, imágenes que se repetían una y otra vez, recordándole lo que tenía que hacer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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