Saga Elementos - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Vigilancia Nocturna Parte 3
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21: Vigilancia Nocturna Parte 3 21: Vigilancia Nocturna Parte 3 Tras el anuncio de Amelia, sus compañeros pensaron que estaba un poco loca.
Nadie sabía qué había encontrado dentro de la habitación de Jessica, pero una cosa era clara: la chica estaba decidida.
Sin embargo, todo el equipo ignoraba por completo el peligro que los acechaba.
Lucía Johnson y su segundo al mando, Gabriel Mousses, un hombre hispano, de contextura atlética y que rondaba los cuarenta años, se encontraban refinando los últimos detalles del plan.
Era el único usuario de fuego que había en el equipo y estaba ocupado enviándose mensajes con otros Oscuros que estaban realizando un reconocimiento a la zona.
—Johnson, hay Iluminados por el norte, este y sur —le informó mientras volvía a revisar los mensajes para asegurarse de no saltarse ninguna información nueva o algún detalle importante—.
Son 16 en total, más los cuatro que se encuentran vigilando la casa de la chica.
20 Iluminados en un radio de ocho cuadras hacia el este —Lucía asintió.
—Entendido —se escuchó como uno de los Oscuros abría el refrigerador y sacaba una cerveza.
Lucía y su equipo habían entrado a una casa que se encontraba cerca de la residencia Anderson con el fin de explorar la zona de manera más amplia.
Gracias a esto pudieron localizar a todos los Iluminados que cuidaban a Jessica.
Dos vigías en el techo de la casa contigua, dos más vigilando en el techo de la casa frente a la residencia Anderson y uno más en el árbol frondoso del frente, cuyas ramas apuntaban a la habitación de Jessica.
No pudieron ver a nadie, pero había dos latas en el suelo junto al árbol que parecían ser nuevas, por lo que no fue difícil deducir que había alguien oculto entre las ramas.
La casa en la que se encontraban Lucía y su equipo no era de ellos, era la casa de una pobre pareja de ancianos que tuvieron la mala suerte de estar en el camino de la tigresa y su manada.
Desde luego, fueron asesinados por los Oscuros y ahora estaban ocupando su casa mientras analizaban la situación.
Ya eran cerca de las tres de la mañana, por lo que Lucía decidió que ya era hora de comenzar su avance.
—Preparen todo, comenzaremos a avanzar por los patios traseros, pero necesitamos deshacernos de los tipos en el techo —dijo Gabriel mientras se volteaba a su equipo; eran siete personas.
—Yo puedo encargarme, jefe —se ofreció un chico joven; no parecía tener más de 25 años, un usuario del elemento aire cuya puntería era muy buena—.
Ese santurrón no sabrá qué lo golpeó.
Lo único malo es que tendré que alejarme un poco —Lucía volteó a verlo; su mirada, pese a la oscuridad que la envolvía, dejaba claro que no toleraría tonterías.
—Hazlo —el muchacho salió por el patio trasero y comenzó a buscar la posición adecuada para realizar su ataque—.
Todos los demás escuchen con atención: quiero a esa niña viva.
Si la matan o la lastiman, yo los mataré a ustedes.
Si se resiste, pueden dejarla inconsciente, pero no más.
—De acuerdo, jefa —comentó el tipo que estaba bebiendo cerveza.
Lucía no pudo evitar pensar que ese tipo sería el primero en morir esa noche.
La tigresa había previsto que la elemental de aire comenzaría a vigilar a Jessica una vez la descubriera, pero también quería evitar llamar la atención en la medida de lo posible, de ahí que todo su equipo estuviera formado por usuarios de todos los elementos menos el fuego, con excepción de Gabriel, pero su segundo al mando tenía una misión aparte de esta.
—Gabriel, ve con los demás y espera a mi señal —ordenó Lucía.
Gabriel asintió y salió de la casa por el patio trasero—.
Los demás, síganme.
Todo el equipo salió por la parte de atrás de la vivienda y se posicionó en el patio trasero de la tercera casa calle abajo antes de llegar a la residencia Anderson; era lo más lejos que podían avanzar con los vigías del techo.
Si se acercaban más, entrarían en su campo de visión.
Lucía revisó los mensajes del chat grupal por donde se comunicaban.
Sí, se estaban coordinando usando un chat grupal, pero no eran tontos, todos estaban usando teléfonos descartables, con una VPN activada y la aplicación Telegram, en la cual era más difícil rastrear los mensajes y más en un chat grupal.
Lucía envió un texto que decía «Estamos en posición».
La única respuesta que recibió de su colega fue un emoji de pulgar arriba.
Mientras tanto, en el techo de la casa contigua, uno de los vigías bostezó mientras el otro le alcanzaba una bebida alta en cafeína.
—Oh, gracias —dijo mientras recibía la bebida.
—Bébelo, todavía faltan cuatro horas para que salga el sol—.
Su compañero también abrió una lata y comenzó a beber.
—Seguro, y por lo que parece será una noche tran… El hombre se quedó a media frase.
De un segundo a otro, el hombre vio el mundo girar antes de caer al techo.
Lo último que vio fue la cabeza decapitada de su amigo caer junto a la suya.
El joven usuario de viento sonrió al ver que decapitó a ambos de un solo disparo de aire comprimido sin que estos se dieran cuenta de su presencia.
Su dominio de la técnica era tal, que podía realizarla activando y desactivando su conexión en un lapso de tiempo de apenas un segundo, totalmente imperceptible para todos los demás.
Sacó su teléfono y envió un mensaje que decía «Camino libre.
Los vigías están muertos».
Al ver esto, Lucía le hizo señas a su equipo para que continuaran el avance.
Continuaron por los patios traseros hasta llegar a la casa vecina de la residencia Anderson, todo mientras los vigías permanecían ignorantes del peligro tan cercano que había.
Lucía respiró hondo, buscando tranquilizar su corazón y esa molesta voz en su cabeza que le ordenaba parar.
«Sabías que este día llegaría.
¡No puedes acobardarte ahora!» repetía esas palabras en su mente como un mantra antes de dar la siguiente orden.
Sacó su teléfono y envió un mensaje: «Inicien la Fase 2».
Casi de inmediato recibió un emoji de pulgar arriba en respuesta.
No pasó más de un minuto para que se sintiera una conexión fría en el lugar.
Amelia casi se cae del árbol al sentirla; era más débil que la del Oscuro que vigilaba a Jessica en la escuela, pero no había duda de que había un Oscuro en el vecindario.
—Muchachos —dijo la joven por el comunicador.
—También la sentimos.
—Aquí equipo sur, procedemos a investigar.
—Vayan con cuidado.
—Aquí equipo norte, ¿qué sucede por allá?
—Apareció una conexión fría; el equipo sur está investigando —informó Amelia.
El rango para que un usuario pueda detectar una conexión es limitado, por lo que la comunicación en este tipo de situaciones es fundamental, no solo para cumplir la misión, sino también para sobrevivir.
—Aquí equipo sur, no vemos nada por aquí.
Seguimos con la búsqueda —el Oscuro estaba jugando con ellos.
Activaba y ocultaba su conexión de forma intermitente para confundirlos—.
¡Mierda!
Esto no funciona.
Nos dividiremos, vayan en parejas —informó el líder del equipo sur.
—¡Esperen!
Creo que veo algo —dijo uno de ellos—.
¡Ahh!
—Amelia se asustó mucho al escuchar aquel grito—.
¡Carajo!
Falsa alarma, solo era un puto mapache —informó—.
Regresaremos a… – Sus palabras fueron reemplazadas por sonidos de dolor y jadeos desesperados en busca de aire.
—¡Ahí está!
—Amelia podía sentir cómo los miembros del equipo sur activaban sus conexiones y comenzaban una batalla contra su enemigo.
Amelia tuvo la misma idea que Lucía: no llevó a usuarios de fuego a la vigilancia; las llamas llamarían demasiado la atención de los civiles, cosa que quería evitar a toda costa.
La joven sabía que su enemigo tramaba algo y que esto no podía ser su ataque real.
Sin embargo, el equipo sur estaba demasiado ocupado para pensar en eso.
El Oscuro salió de su escondite y apareció en medio de la calle; su mirada era confiada y su cuerpo desprendía unos leves destellos azules, un usuario del elemento rayo.
El equipo sur, conformado en su mayoría por usuarios de los elementos tierra y aire, salió a la luz de las lámparas de la acera y se preparó para atacar.
—Lo tenemos en la mira —informaron los Iluminados que estaban enfrente de la casa de Jessica.
—Tengan cuidado, podría ser una trampa —advirtió Amelia.
—Equipo norte envía refuerzos para asistirlos.
—El equipo este también está enviando refuerzos —fue entonces que, en medio del combate, el líder del equipo sur se percató de algo.
—¿Alguien sabe algo del equipo oeste?
—la pregunta paralizó a todos.
—Equipo oeste, repórtense —pidió Amelia por la radio—.
Equipo oeste, repor… La roca afilada que iba dirigida a los ojos de Amelia la hizo cortarse a la mitad de la frase.
Tuvo que hacerse a un lado y bajar del árbol con una pirueta para evitar quedar ciega.
Una vez en el suelo, sintió que su cuerpo se congelaba.
El Oscuro de esta mañana estaba ahí y se acercaba a ella.
Antes de que pudiera reaccionar, Amelia recibió un fuerte golpe en el estómago que la mandó a volar a la calle.
La joven pudo rodar para disminuir el impacto, pero igual sufrió daño por el golpe.
Se recuperó rápidamente, poniéndose de pie y encarando a su oponente.
Una hermosa mujer rubia apareció frente a Amelia y, pese a que ahora había un total de ocho conexiones rodeándolos, no había dudas.
Aquella conexión tan poderosa le pertenecía a esa mujer.
La joven elemental supo que estaba en serios problemas; pese a que era más fuerte que el promedio, todavía no estaba al nivel de los Cometas y, para colmo, su elemento y estilo de pelea no era muy efectivo contra usuarios del rayo.
Sin mencionar el claro hecho de que, si tocaba a esa mujer, recibiría una descarga eléctrica.
—¡Mierda!
—maldijo para después llevar su mano a su auricular—.
¡Necesito a un usuario de rayo conmigo, ahora!
—la mujer sonrió al ver a Amelia pedir refuerzos.
—¡Voy para allá!
—respondió uno, pero fue frenado en seco por un Oscuro—.
¡Carajo!
—¡Equipos norte y este están en camino, resistan!
—se escuchó por la radio, pero eso sería muy complicado.
Lucía no pudo evitar reír.
—Parece que solo seremos tú y yo esta noche, niña —dijo con un tono burlón.
—Y pronto solo seré yo.
Amelia se puso en posición de guardia.
La joven sabía que no tenía muchas probabilidades de ganar, pero tenía que intentarlo; de lo contrario, se llevarían a Jessica.
Decidió que, si iba a caer, caería peleando.
Lucía cargó contra Amelia, quien la esperaba con los brazos en posición de defensa, pero el golpe nunca llegó.
En cambio, un hombre sin camisa, pecho peludo y con unos shorts que dejaban al descubierto sus velludas, pero musculosas piernas apareció frente a Amelia envuelto en rayo.
Su llegada fue tan inesperada que la mujer no tuvo tiempo de reaccionar a la patada que recibió en el pecho y la hizo retroceder.
Mientras la mujer se recuperaba del golpe, el hombre se giró a ver a Amelia con una expresión seria.
—¿Estás bien, niña?
—preguntó el señor Simons.
***** Saludos a todos ustedes queridos lectores.
Paso por aquí para agradecerles por todo el apoyo que le han dado al libro.
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Espero sigan disfrutando la historia y nos leemos la próxima semana.
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