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Saga Elementos - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Misión en Haití Parte 1
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25: Misión en Haití Parte 1 25: Misión en Haití Parte 1 Haití, Puerto Príncipe.

Una ciudad al sur del país caribeño.

Pese a su nombre, que evocaba tranquilidad, seguridad y prosperidad, en realidad era una de las ciudades más peligrosas de todo el mundo.

Lo es hoy en día y lo era 20 años atrás.

La tasa de crímenes no había bajado con los años y eso hacía a la ciudad el lugar perfecto para las actividades criminales más elaboradas y perversas.

Haití es el patio de juegos perfecto para la Orden de las Sombras.

Los Iluminados habían recibido numerosos informes de personas desaparecidas, pero la Orden no se involucró hasta que se confirmó la participación de los Oscuros en el caso.

Las Estrellas enviaron a un equipo de veinte personas.

Todos liderados por un joven de 23 años muy poderoso y prometedor: Matthew Simons, quien tan joven como a los 15 años se había ganado su apodo de La Lanza Relámpago.

No era para menos; desde joven tenía un gran potencial con su elemento, el rayo, pero él también era muy humilde.

Él sabía que tener potencial y talento no importaba si no se trabajaba apropiadamente.

Por lo que comenzó a entrenar a los once años.

Se interesó por el entrenamiento de la Mano de Hierro, entrenamiento básico para los monjes shaolines, pero también muy intenso y difícil.

Sin embargo, con la ayuda de un buen maestro, Matthew en solo unos años desarrolló una resistencia superior en sus manos.

Su talento también le permitió concentrar sus rayos en sus manos, a forma de lanza, sin dificultad, por lo que era seguro decir que las manos de Matthew podían considerarse como verdaderas armas mortales.

Su conexión también era muy intensa, casi tanto como la del Décimo Cometa, y su intelecto tampoco se quedaba atrás.

Matthew era un líder nato y un buen estratega.

De ahí que el hombre fuera considerado un candidato viable para ser un Cometa en el futuro y de ahí la razón de que estuviera a cargo de la misión en Haití.

—Trata de no arruinarlo, Matt —bromeó Elizabeth mientras se instalaban en la pequeña habitación de la posada, la cual estaba muy maltratada y le urgían unas cuantas remodelaciones.

—Y tú intenta seguirme el ritmo, Eli —aunque habían terminado su relación, ambos se llevaban bastante bien; en general fue una ruptura amistosa.

—Matthew, los chicos te esperan en el depósito —informó Laura.

Recientemente había comenzado a salir con Matthew.

No llevaban más de dos meses juntos, pero también conocía a Elizabeth y su historia con el hombre; no le importaba.

Sabía que ya era agua pasada y que la relación entre ambos era estrictamente platónica.

Matthew fue al depósito de inmediato y explicó el plan.

Se dividieron en equipos de cuatro personas para recorrer la zona, prestando especial atención al puerto de la ciudad: el Puerto Internacional de Puerto Príncipe, el cual era una salida al mar Caribe.

Si alguien quisiera hacer desaparecer a esos niños secuestrados, esa sería una buena forma de hacerlo.

Obviamente, el objetivo era impedirlo, pero para eso debían encontrarlos primero.

Elizabeth y su grupo se hallaban recorriendo las calles de la peligrosa ciudad mientras hablaban para pasar el rato.

—Elizabeth, ¿es verdad que saliste con Matthew?

—preguntó su compañera; buscaba algo de chisme y cotilleo.

—Sí, salimos un par de meses, no es para tanto —su amiga lanzó un leve gruñido.

—Yo creo que sí —dijo otro de sus compañeros—.

Digo, saliste con la Lanza Relámpago; obviamente, eso es algo grande.

—Solo es un apodo, ni que fuera Leonardo DiCaprio —objetó Elizabeth.

—Dinos, ¿la Lanza Relámpago es de tres filos?

—preguntó su compañera con una mirada maliciosa.

—¡¿QUÉ?!

—Oh, vamos, no me digas que eres de esas mojigatas que se esperan hasta el matrimonio —se burló su amiga; claramente prefería un estilo de vida más liberal en lo que al sexo respecta.

—Como si tuviera algo de malo guardar lo mejor para ocasiones especiales —se defendió Elizabeth—.

Y respecto a lo otro, Matthew es… Dejaron de hablar cuando sintieron una conexión fría pasar junto a ellos.

Elizabeth y sus compañeros se encontraban vigilando el sur del barrio conocido como Cité Soleil, el área más peligrosa de la ciudad.

Las casas apenas estaban separadas unas de las otras, las calles eran tan angostas que apenas entraban autos y la gran mayoría de las viviendas estaban construidas con láminas de metal oxidado.

Sentir a un Oscuro en este lugar era como ser acechado por una hiena en la noche, cerca de una manada de leones.

Si no los atacaban los Oscuros, los atacarían los criminales locales o los atacarían los dos al mismo tiempo.

Elizabeth tomó la iniciativa y se puso al frente del grupo; era la más rápida de los tres, por lo que podría atacar y someter mientras sus compañeros la respaldaban.

Hizo señas al resto para que avanzaran con cuidado, preparó su hoz de media luna mientras se acercaba a la intersección donde se dividía la calle.

Había un callejón sin salida y una calle que continuaba hacia el norte.

Encendieron una linterna y apuntaron al callejón, pero solo encontraron a una madre y a sus cuatro hijos durmiendo en un montón de basura.

«Mierda», pensó Elizabeth mientras guardaba su arma.

Sintió lástima por aquella familia, alivio por no encontrar nada y rabia porque sabía que había un Oscuro cerca, jugando con ellos.

Hizo más señas a su equipo para entrar a la calle contigua y dirigirse al norte.

Tenían dos propósitos: encontrar al Oscuro en el camino y reunirse con el equipo del norte para no enfrentar esto solos.

Caminaron un par de cuadras en completa oscuridad, siempre atentos a las esquinas.

Todo iba bien hasta que encontraron a un hombre bloqueándoles el paso.

Elizabeth sabía que había algo raro en todo esto, por lo que, de forma discreta, movió su mano hacia su hoz, pero al sentir la conexión fría, apuró el movimiento.

Sin embargo, falló en sentir la conexión.

Resulta que aquel hombre que les bloqueaba el camino solo era un cebo.

Una distracción para ocultar a la verdadera dueña de la conexión que apareció frente a Elizabeth y la apuñaló con una varilla de metal en el costado derecho.

Aquella mujer, usuaria de elemento rayo, se movió a una velocidad indescriptible y, de no haber sido por la armadura de rayo de Elizabeth, jamás sabría lo que pasó, pero fue demasiado lenta.

No, no era que Elizabeth fuera lenta; su oponente era más rápida que ella.

La mujer escupió sangre una vez su cuerpo procesó todo lo que pasaba.

Sus compañeros no se percataron de esto; todo pasó muy rápido.

La mujer dejó caer a Elizabeth y luego se enfocó en los demás.

Los mató sin muchos problemas y luego sacó la varilla del torso de Elizabeth; la mujer comenzó a desangrarse a gran velocidad mientras su atacante se marchaba muy tranquilamente.

Elizabeth tocó su comunicador y habló; apenas tenía aliento.

—Nos… nos atacaron —la mujer apenas se mantenía consciente—.

Estamos al sur de Cité Soleil, solo… yo estoy viva… Matt, estoy muriendo.

En solo tres minutos, Matthew llegó al lugar.

Cargó a Elizabeth y corrió de vuelta a la posada.

Al ver el estado de la mujer, tres sanadores se agruparon a su alrededor y comenzaron a tratarla.

Buscando estabilizar su condición, mientras Matthew le ordenaba a un equipo ir a recuperar los cuerpos de sus camaradas caídos.

Una vez trajeron los cuerpos; Matthew los examinó.

Los había matado un usuario del elemento rayo, eso es seguro, pero las marcas en su cuerpo delataban que este usuario no solo era rápido; también era preciso, contundente, práctico y el momento cuando los atacó indicaba que los había estado asechando.

Como un depredador en plena cacería.

Los sanadores finalmente estabilizaron a Elizabeth, pero había un enorme problema.

Sus heridas eran demasiado serias y requeriría una cirugía para poder salvarse.

Dado que Haití no tenía una infraestructura apropiada para esta operación, optaron por trasladar a Elizabeth al templo en avión.

Llamaron a la orden y, de inmediato, arreglaron todo para que el avión llegue en un par de horas.

El elegido fue un Airbus A330 MRTT propiedad de la Fuerza Aérea Francesa, la cual amablemente le prestó el avión a la Orden.

Con las primeras luces del alba, Matthew se despedía de Elizabeth en el aeropuerto: —Matthew, no pongas esa cara —Elizabeth bromeó tratando de aparentar fuerza, pero era inútil.

La mujer tenía una bolsa de suero junto a su camilla, un aparato para recolectar sus desechos, ya que obviamente no podía usar el baño, su costado izquierdo estaba vendado y estaba conectada a un monitor cardíaco.

Matthew sentía un gran dolor al verla así.

—Elizabeth… —Matthew se acercó y la tomó de la mano—.

Dime, ¿quién hizo esto?

—Elizabeth respiró hondo, buscando la fuerza para hablar.

—Fue una mujer —declaró con voz débil—.

No pude verle la cara, pero era joven; probablemente tenía 19 años como mucho.

Era usuaria del rayo y… —Elizabeth comenzó a toser—.

Matthew, probablemente sea más rápida que tú.

—Eli… —Lo siento, pero debemos llevarla al templo de inmediato —informó una mujer de color a finales de sus treinta años.

Matthew se apartó, guardando todos los detalles que Elizabeth le había dado en su mente.

Laura se quedó a su lado mientras veían al avión despegar con su querida amiga en su interior.

Aferrándose a la vida desesperadamente.

El momento fue interrumpido por un Iluminado, compañero de Matthew.

—Matthew, llamaron los exploradores —dijo el hombre—.

Encontraron el lugar donde guardan a los niños.

Matthew apretó los puños; de haber tenido electricidad corriendo por su cuerpo, hubieran saltado chispas.

Estaba furioso.

Sí, Elizabeth y él solo eran amigos, pero le tenía mucho cariño a la mujer que acaban de llevarse para una cirugía de emergencia.

No solo porque alguna vez fue su pareja, sino también porque la conocía desde hace años y porque ella fue quien le presentó a Laura, su actual novia.

Matthew tenía una cosa clara: Debía cumplir la misión, por Elizabeth, por todas esas personas secuestradas y para detener a los Oscuros.

—Que todos se preparen —ordenó Matthew al hombre—.

Vamos a terminar con esto, esta noche.

Y así se hizo.

La noche llegó y todos se prepararon para acabar con los Oscuros.

Eran veinticinco Iluminados, quince de ellos repartidos en diferentes flancos alrededor del viejo almacén abandonado donde tenían prisioneros a los desaparecidos.

Los diez restantes serían la vanguardia y, desde luego, Matthew lideraba el ataque junto a Laura.

Se prepararon junto a la caja de fusibles que había al costado del almacén, listos para entrar, pero antes de que Matthew pudiera dar la orden, sintió una conexión fría acercarse desde atrás.

Rápidamente tocó la caja de fusibles y absorbió toda la electricidad que pudo, pero fue demasiado lento.

La mujer ya había acabado con cinco de sus compañeros y su siguiente objetivo era Laura, pero Matthew la detuvo antes de que el golpe llegara al rostro de su novia.

La mujer lo miró, sorprendida; estaba claro que no se esperaba que alguien pudiera detenerla, pero Matthew lo hizo y no solo la detuvo en seco, también iba a contraatacar.

Con su mano de lanza, intentó atravesarle la cabeza a la mujer, quien esquivó el golpe y Matthew la soltó, pero logró quitarle el pañuelo que cubría su cara, revelando a una joven mujer rubia, de ojos color ámbar y una mirada fría.

Su conexión solo era un poco superior a la de Matthew, lo cual era sorprendente para todos los que estaban viendo la pelea.

El asombro duró poco cuando Matthew se lanzó contra la mujer misteriosa, quien, lejos de esquivar su ataque, lo recibió con su propio movimiento.

Una patada que desvió la Lanza izquierda de su oponente y que le permitió lanzar un poderoso puñetazo.

Matthew lo esquivó y comenzó una pelea brutal.

Se movían tan rápido que lo único visible era la estela que dejaban a su paso.

Laura se apresuró a tomar el mando.

—¡Vamos!

¡Hay que liberar a esta gente!

¡Abran esa puerta!

—su tono era firme y autoritario, tanto que todos la obedecieron al instante, mientras Matthew mantenía distraída a la Oscura, quien le estaba dando una pelea más que digna.

Si no estuviera tan molesto por lo sucedido con Elizabeth, probablemente hubiera sonreído mientras disfrutaba del combate, pero no podía darse ese lujo.

Sin embargo, su oponente sí que podía hacerlo.

La mujer sonreía, enseñando sus dientes blancos y perfectos mientras lanzaba una patada que Matthew alcanzó a esquivar.

El hombre lanzó una lluvia de golpes con los dedos extendidos, buscando apuñalar a su oponente, pero esta consiguió esquivarlo sin mayores problemas.

Matthew lanzó una patada a las piernas de la mujer, pero esta saltó esquivando el ataque, se puso detrás de él y le conectó un codazo en la nuca.

Sin embargo, Matthew aprovechó la oportunidad para girar el cuerpo y asestar una patada directamente en la cara de la mujer.

Su talón derecho golpeó su mandíbula con bastante fuerza.

Ambos tomaron distancia para recuperar el aliento: —Nada mal —la mujer tenía una sonrisa, un hilo de sangre caía por la comisura de sus labios—.

Ya había pasado un tiempo desde que alguien logró hacerme sangrar —pasó la lengua por la sangre antes de continuar—.

¿Cómo te llaman?

—La Lanza Relámpago —contestó Matthew secamente; había decidido aprovechar el momento para recuperar el aire.

—Un gusto, mi nombre es Lucía Johnson, me apodan La Tigresa del Rayo —se presentó la mujer antes de continuar su ataque contra Matthew.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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