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Saga Elementos - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Misión en Haití Parte 2
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26: Misión en Haití Parte 2 26: Misión en Haití Parte 2 Mientras Matthew se encontraba ocupado distrayendo a la tigresa, Laura y el resto del equipo consiguieron abrir el almacén, pero se llevaron dos sorpresas.

La primera fue que el lugar era un nido de ratas.

Había 15 Oscuros y otros 10 tipos armados con rifles de asalto.

Al verlos, abrieron fuego.

Un usuario del elemento tierra, miembro del equipo, levantó un muro de roca para que pudieran cubrirse, pero no aguantaría mucho tiempo, sobre todo si los Oscuros decidían sumarse al ataque.

Al notar esto, Laura se llevó la mano al comunicador.

—¡Aquí Laura, necesitamos refuerzos!

—Entendido, vamos en camino.

Llegamos en treinta segundos —informó una voz por la radio.

Laura usó su encendedor para crear una bola de fuego.

Se asomó por uno de los costados y lanzó una lluvia de proyectiles llameantes hacia sus atacantes, teniendo cuidado de no herir a los rehenes.

Los matones armados, al darse cuenta de esto, tomaron a varios rehenes del cuello y les apuntaron, usando a los pobres niños como escudos de carne.

Sí, esa era la segunda sorpresa: todos los rehenes eran niños de no más de 13 años de edad, aunque dada su apariencia descuidada y viendo lo flacos que estaban algunos, era muy posible que algunos fueran mayores, pero no hayan podido desarrollarse bien debido a la falta de una dieta apropiada.

Sea como sea, eran niños y Laura no estaba dispuesta a arriesgarse.

—Tranquilos, nos encargaremos —dijo una voz por la radio.

En solo dos segundos, se abrieron tres agujeros en el techo por donde entraron tres Iluminados usuarios de elemento rayo.

En cuestión de segundos, despacharon a todos los tiradores, pero los Oscuros no estaban dispuestos a rendirse.

Intentaron resistir, pero al verse superados ampliamente en número no pudieron hacer mucho.

Todos fueron ejecutados limpiamente.

Bueno, casi todos.

Matthew conectó una patada en el pecho de la tigresa y la mandó a volar dentro del almacén.

La mujer cayó en medio de todos los Iluminados, a quienes miró con desinterés.

No tendría problema para matar a todos sus oponentes, pero con La Lanza Relámpago presente no tendría oportunidad.

Al pensar en esto, comenzó a reír para sí misma.

Los Iluminados se mantuvieron al margen, pero en guardia.

Sabían que no eran rivales para ella, pero con Matthew presente la cosa cambiaba; aun así, era seguro que la tigresa alcanzaría a matar al menos a uno de ellos antes de que Matthew pudiera alcanzarla.

Ni siquiera los otros usuarios del rayo que, en teoría, podrían darle pelea, se atrevían a moverse ni siquiera un milímetro.

—Curioso, ¿no?

—comentó la mujer dirigiéndose a Matthew—.

Ellos solos no tienen oportunidad, pero contigo sienten que pueden ganarme —Matthew se preparó para correr—.

Ya tenemos lo que queríamos de este país, así que no vale la pena quedarse más tiempo.

La tigresa expandió la electricidad de su armadura de rayos, desprendiendo una luz cegadora que iluminó todo el lugar; para cuando todos pudieron ver, la mujer se había ido.

Matthew se vio muy tentado a perseguirla, pero se contuvo.

Había cosas más importantes que atender.

—¡Laura!

—Matthew corrió hacia Laura, pero esta le hizo un gesto indicando que estaba bien—.

¿Cómo están los rehenes?

—Sobre eso… —Laura señaló a los niños, quienes veían a Matthew y sus compañeros con miedo.

Los habían visto usar sus poderes.

—De acuerdo, eso puede ser un problema, pero igualmente podemos reubicarlos como estaba planeado y… —¡Matthew!

—una chica joven apareció—.

Tienes que ver esto.

La joven le mostró un montón de documentos, propiedad de los Oscuros, junto con el teléfono de uno de ellos.

Matthew revisó los mensajes y sintió que su sangre se congeló al instante.

Estos niños no eran como los demás, eran usuarios.

Cuando Matthew se concentró un poco más, notó que cada niño desprendía una conexión débil, algunas más frías que otras, pero ahí estaban.

Los Oscuros no solo estaban traficando con personas, estaban traficando con niños usuarios, muy probablemente para agregarlos a sus filas.

Esto cambiaba toda la situación.

Ahora tenían que moverse más rápido y poner a estos niños a salvo.

Matthew miró a Laura.

—Laura, por favor, dime cuál es la capacidad máxima del avión que nos llevará al templo —Laura, aunque sorprendida, no tardó en responder.

—Viajamos aquí en un Boeing 767 —respondió Laura—.

Ese avión puede llevar 200 personas como máximo, pero ¿por qué pregun…?

—Laura se mordió la lengua al entender lo que quería hacer Matthew—.

Matthew, ¿acaso planeas…?

—¿Llevar a estos niños al templo?

Sí —la mirada firme en los ojos de Matthew dejaba en claro que ya había tomado una decisión al respecto—.

Si los reubicamos a otro lugar, los Oscuros no tardarán en encontrarlos y la próxima vez no estaremos ahí para salvarlos.

No me arriesgaré a que estos niños sufran más de lo que ya lo han hecho.

Los llevaremos al templo.

Si las Estrellas se oponen, yo responderé ante Ras y los demás —Al escuchar esto, todos sabían que Matthew no cambiaría de opinión—.

Llamen a los pilotos y díganles que llenen los tanques al máximo.

Despegaremos esta noche.

—Tendremos que hacer algunas paradas para repostar combustible, pero llegaremos al templo mañana por la noche —Laura empujó el hombro de su novio y compañero de forma juguetona—.

¡Ya oyeron al jefe!

¡Muévanse rápido!

Tres horas después, todo el equipo estaba en el aeropuerto de Puerto Príncipe, junto con los niños, abordando el avión.

El viaje transcurrió sin mayores contratiempos, por lo que llegaron al templo a la hora prevista.

Vistieron a los niños con ropa adecuada para el frío y les dieron a cada uno una antorcha para que guardaran el calor.

Avanzaron por la ciudad a paso resuelto y se dividieron en dos grupos.

Matthew y Laura irían a dar su informe a las Estrellas, mientras que los demás dejarían a los niños en un hospital para que fueran atendidos.

Mientras Matthew y Laura se dirigían al templo, se encontraron con Iván, quien los estaba esperando en la base de las escaleras con varios hombres a su lado.

Matthew pensó que era extraño, pero no intuyó nada raro al principio, pero cuando la mirada fría de la estrella del aire se posó sobre ellos, supo que algo pasaba.

Se acercaron y el hombre se levantó para encararlos.

—Simons, veo que regresaron de su misión —el tono de Iván era frío y cortante.

—Así es, señor, de hecho íbamos en camino a presentar nuestro informe —Iván entornó los ojos.

—Eso no será necesario —Matthew notó que había alguien detrás de Iván, un joven de apenas 16 años que había ido a la misión como parte de su entrenamiento, Alfonso Parra—.

—Ya lo sé todo, ustedes desobedecieron una orden directa y trajeron a varios espías a la orden —Ni Matthew ni Laura entendían lo que Iván estaba diciendo.

—Señor… temo que no entiendo… —¡Esos niños, Simons!

—exclamó la estrella del aire—.

Vienen de un país controlado por el crimen y la corrupción, no tienen educación y, aparte, estuvieron con los Oscuros por varias horas.

¿En serio creen que esos mocosos son de fiar?

—Laura dio un paso al frente.

—Señor, con todo respeto, lo que usted dice es una total estupidez —exclamó la mujer—.

Son solo niños, no hay forma de que… —Permítame ser claro con usted, señorita Bianco, no estoy dándoles una reprimenda, los estoy expulsando de la Orden de la Luz —Laura y Matthew sintieron como si alguien los golpeara en el estómago—.

Ahora, si vuelve a hablarme en ese tono, los ejecutaré a ambos.

Iván se acercó a Laura; su potente conexión hacía ver a la pareja como pequeños conejos al lado de un lobo.

A pesar de esto, Matthew dio un paso al frente, colocándose entre Iván y Laura.

Los hombres junto a Iván se pusieron en guardia, conscientes del poder de Matthew.

Sin embargo, Iván no estaba preocupado; aunque Matthew fuera más rápido que él, Iván estaba acostumbrado a pelear contra usuarios del rayo y sabía cómo defenderse de ellos.

Matthew solo era una hormiga a su lado y la Lanza Relámpago lo sabía perfectamente.

Luego de un minuto de intensas miradas, finalmente habló.

—Nos iremos de inmediato.

Por favor, permítanos recoger nuestras cosas —Iván hizo señas a dos de los hombres junto a él.

—Estos hombres los acompañarán —Matthew y Laura le dieron la espalda a la estrella del aire y caminaron en dirección a sus respectivas viviendas.

—Antes de irnos… —Matthew se volteó a mirar a Iván—.

¿Podría decirnos qué pasó con Elizabeth?

—Iván entornó los ojos, pero respondió.

—Salió de cirugía, vivirá, pero perdió su riñón izquierdo —Fue todo lo que dijo la Estrella.

Matthew suspiró aliviado de saber que Elizabeth estaba bien, pero decepcionado por no haber podido despedirse.

Continuaron su camino en silencio y con tristeza por tener que dejar su hogar de esa forma; era injusto.

No habían hecho nada malo.

¿Acaso Iván pretendía que mataran a los niños?

Obviamente, no iban a hacer semejante cosa, pero el precio por negarse a cumplir esa orden era convertirse en Desertores.

***** —Luego de eso, abandonamos el templo y nos establecimos aquí, en Missouri.

Fundamos una pequeña empresa de seguridad y nos casamos dos años después.

—Al tercero, llegó Amy —los Simons terminaron de contar su historia.

Amelia se tomó un momento para asimilar todo, al igual que Amy.

Ahora tenían una mejor comprensión de lo que había pasado y de quién era su enemiga.

Lucía Johnson, la Tigresa del Rayo, hace veinte años; la mujer debería rondar los 18 o 19 años y Matthew pudo tener un combate igualado contra ella en ese entonces.

Hoy, 20 años después, Matthew todavía podía darle pelea, pero Lucía había ocultado su verdadera fuerza al principio del combate.

Amelia tenía la teoría de que, tanto en Haití como ahora, Lucía solo estaba jugando con sus presas y probando sus habilidades.

Por lo tanto, no luchó en serio en ninguna de las dos oportunidades.

Sea como fuere, esa mujer era peligrosa y estaba tras Jessica.

Debían actuar rápido para ponerla a salvo.

Cosa que es más fácil decir que hacer.

La única persona capaz de enfrentar a Lucía era un Desertor el cual estaba muy lejos de poder vencerla si se ponía a luchar en serio.

Además, Amelia tenía el ligero inconveniente de que, aun si no la enfrentaba directamente, había montones de Oscuros en la ciudad que la tenían en la mira y llevarse a Jessica de inmediato no era una opción debido al despertar del Fénix.

Si la subía al avión y su conexión se activaba mientras estaban en el aire, ambas morirían.

La única forma de evitar esto último sería, cómo no, esperar a que la conexión de Jessica se activara antes de subir al avión, pero protegerla hasta que eso pasara era una tarea casi imposible con la Tigresa del Rayo al acecho.

«¡Maldición!

Me duele la cabeza», pensó la joven mientras suspiraba mirando al techo.

La situación no era la ideal; de una forma u otra, los Oscuros tenían la ventaja.

Sabían que no se atreverían a mover a Jessica hasta que el Fénix despertara de su letargo.

«¡Al diablo!

Pensaré en algo mañana».

Amelia estaba cansada.

Su cuerpo estaba sucio y apestaba a sudor, hollín y desechos humanos quemándose; necesitaba un baño urgentemente.

La joven se levantó de su asiento.

—Elizabeth, ¿podrías acomodar a la familia Simons, por favor?

Necesito recostarme.

—Elizabeth asintió.

—Seguro, ha sido una noche larga.

Descansa —Elizabeth entendía a Amelia y estaba dispuesta a dejarla dormir por la noche.

—Lamento haberlos arrastrado a todo esto —se disculpó Amelia con la familia Simons.

Matthew negó con la cabeza.

—No, nosotros te damos las gracias por darnos refugio —dijo el hombre mientras hacía una leve reverencia.

Amelia se despidió de la familia y fue a su habitación.

Se dio una rápida ducha y, sin siquiera molestarse en vestirse, se tiró en la cama.

Estaba a punto de quedarse dormida, pero su mente no dejaba de divagar, pensando en alguna solución para poder trasladar a Jessica antes de que el Fénix despertara.

«Tal vez pueda pedirle al Grifo que me ayude.

Seguramente, podrá mantener dormido al Fénix hasta que lleguemos a Nepal» fue lo último que pensó antes de caer profundamente dormida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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