Saga Elementos - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 El Día Antes del Incendio
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28: El Día Antes del Incendio 28: El Día Antes del Incendio Amelia fue transportada de nuevo al prado nada más tocar la almohada.
Su cuerpo, totalmente exhausto, necesitaba descansar urgentemente, pero no era así con su alma.
Al llegar al Todo, se sintió renovada y descansada.
Sin embargo, lo primero que pasó por su mente no fue esto.
—No te basta con ver, oír, oler y sentir todo lo que me pasa.
¿También tienes que llamarme cada vez que estoy desnuda?
—La joven estaba bastante molesta por la actitud del Grifo.
—Es tu culpa por irte a dormir y no vestirte.
Iba a llamarte de todos modos; agradece que lo hiciera mientras duermes, porque si lo hubiera hecho antes… —Sí, sí, ya entendí.
—Interrumpió Amelia mientras hacía un ademán con su mano izquierda.
—Niña, solo para que lo sepas, las bestias elementales no tenemos género y tampoco podemos sentir atracción o deseo sexual.
Somos manifestaciones de los elementos naturales.
Lo que ves ahora solo es una de las miles de formas que puedo adoptar —explicó el Grifo para tratar de apaciguar la obvia molestia de la chica—.
Además, comparada con tus vidas pasadas, eres promedio en cuanto a belleza —la cara de Amelia enrojeció de inmediato.
—¡Solo dime qué quieres y regrésame a mi cuerpo!
—el Grifo, ahora con forma de hombre, señaló a un punto en el horizonte.
—¿Puedes ver eso?
Amelia se levantó del suelo y miró a donde estaba señalando la bestia.
En el horizonte, aproximadamente a unos 20 o 35 kilómetros, había un enorme volcán humeante, frente a la costa.
Esto hizo que las alertas se dispararan en la cabeza de Amelia.
El Todo funcionaba como un enlace entre los Elementales y las bestias que llevaban dentro.
Cada vez que un Elemental despierta su conexión, o está cerca de despertarla, se agrega un nuevo paisaje al Todo.
Por ejemplo, cuando Maxwell despertó sus poderes, se agregaron las cadenas montañosas que había al norte de donde estaba Amelia.
La costa al sur que estaba cerca del volcán era un indicador de que el elemental de agua ya había despertado su poder.
Lo mismo se aplicaba al prado donde siempre soplaba la brisa, en donde estaba parada Amelia, y para los acantilados al oeste, donde siempre había nubes de tormenta que no paraban de soltar rayos y relámpagos, indicando el despertar del elemental del rayo.
Amelia, al ver el volcán, supo que el tiempo se le estaba terminando.
Había dos formas en las que podías ver estos paisajes en el Todo.
La primera era muy simple; veías el paisaje en un completo caos o muerto, como el volcán, cuya vegetación circundante estaba marchita y los animales preferían no acercarse demasiado.
Esto indicaba que el poder de Jessica todavía no había despertado por completo, pero no le faltaba mucho.
La segunda forma de ver estos paisajes era verlos como lugares llenos de vida animal y vegetal, como el prado donde se encontraba parada Amelia en ese momento.
La joven chasqueó la lengua.
—Esto es peor de lo que creí —el Grifo la miró extrañado; parecía no importarle nada, pues estaba recostado junto al árbol comiendo manzanas.
—¿Por qué?
¿No querías llevártela a Nepal lo más pronto posible?
—Amelia volteó a mirarlo.
—Sí, pero no con sus poderes a medio despertar.
De solo imaginar lo que pasará si la subo al avión… —la mente de la joven solo podía pensar en el escenario donde Jessica despertaba su poder y el avión explotaba en el aire en una bola de fuego gigante.
—Entonces tendrás que esperar a que sus poderes despierten —sentenció el Grifo.
—¿Podrías levantar tu trasero del piso y ayudarme?
—Amelia se notaba molesta; el Grifo solo bostezó con indiferencia.
—Niña, perdóname si te di la impresión de que estoy obligado a ayudarte en cada pequeño problema que tengas —Amelia no podía creer lo que escuchaba—.
Antes que nada, te recuerdo que soy neutral, solo te doy la información que puede considerarse relevante o crucial; de ahí en fuera no puedo intervenir —el Grifo tomó otra manzana—.
Tendría que suceder algo realmente grande para que yo pueda intervenir.
—¿Y esto te parece pequeño?
—Sí —la respuesta del Grifo fue contundente—.
Escucha, niña.
En el gran esquema de las cosas, en el equilibrio natural que estoy obligado a proteger, esta situación no es nada.
Si esa chica muere, solo tendremos que esperar a que reencarne en otro cuerpo con el resto de ustedes.
Si se une a los Oscuros como sugirió la estrella del aire, tampoco representaría un problema porque solo se opondría a ustedes, los Iluminados, y ustedes se opondrían a ella.
El equilibrio permanecería intacto —Amelia apretó los puños con todas sus fuerzas; de haber estado en su cuerpo físico, hubiera sangrado.
—¿Lo que dices es que no moverás ni un dedo para ayudarme?
—No es lo que quise decir, pero si lo interpretas de esa forma… Amelia se cansó y lanzó un golpe en dirección a la cara del Grifo, pero un muro de viento la detuvo en seco.
Se sentía atrapada, le dolía no poder hacer más y el no tener ayuda solo empeoraba ese sentimiento.
El Grifo la miraba desde su lugar.
—Ay, los humanos, siempre son tan temperamentales —dijo la bestia en un suspiro—.
Escucha, niña: Todo esto, tus problemas, tus obstáculos, pueden solucionarse fácilmente —Amelia levantó una ceja, buscando respuestas—.
Debes decirle a Jessica lo que es y el poder que guarda en su interior.
Además, el despertar es inminente; cualquier estímulo, sea hecho desde este lado o desde el tuyo, podría provocar que el Fénix despierte abruptamente.
Amelia abrió los ojos; estaba en su cuarto del hotel.
Se sentó en la cama y notó algunas marcas en sus manos, como si hubiera estado apretando los puños con toda su fuerza.
Sus emociones habían sido tan fuertes que afectaron su cuerpo; aun estando en el Todo, probablemente haber estado dormida contribuyó a esto.
La joven suspiró mientras se levantaba para darse una ducha matutina.
Al salir, comenzó a vestirse, pero mientras estaba colocándose su sujetador, alguien llamó a la puerta.
—Amelia, ¿estás despierta?
—era la voz de Elizabeth.
—Sí, acabo de despertar.
No entres, me estoy vistiendo —Amelia no soportaría que más personas, si es que el Grifo contaba como una, vieran su cuerpo desnudo.
—Está bien, solo pasaba a decirte que tendremos una reunión en el comedor.
—De acuerdo, estaré ahí en diez minutos.
—La familia Simons también estará ahí —Amelia se estremeció al recordar lo sucedido la noche anterior con Matthew y los otros Iluminados—.
En cinco minutos estaré lista.
Y así fue; cinco minutos después de esa conversación, Amelia estaba lista y se reunió con los demás en el comedor.
Se puso junto a la familia Simons para dejarle claro a todos los presentes en la reunión que Matthew, Laura y Amy estaban bajo su protección.
Esto llamó la atención de varios miembros del equipo, quienes ya sabían, gracias al arrebato de Alfonso, que Matthew y Laura eran Desertores y que Amy era una Hija Pródiga, es decir, hija de Desertores, pero que podía unirse a la orden si así lo quería.
Sin embargo, la situación era de lo más inusual.
—Sé que todos tienen preguntas sobre cuál será nuestro siguiente movimiento, pero… —el líder del equipo norte, que había estado presente durante la emboscada de los Oscuros la noche anterior, alzó la mano—.
¿Sí?
—Creo que la pregunta que todos nos hacemos es: ¿Por qué ellos están presentes en esta reunión?
—dijo el líder del equipo norte—.
Son Desertores, no entiendo la razón… —La razón por la que están presentes es porque están bajo mi protección —intervino Amelia—.
Amy Simons me atacó debido a una confusión y, como sentencia, puse a toda la familia a trabajar para mí.
Han estado ayudándome con el asunto de la elemental de fuego —el líder del equipo norte no parecía convencido.
—¿Cómo pueden ellos, una familia de Desertores, ayudarte más que nosotros, tus aliados?
—Amelia entornó los ojos, respiró hondo antes de responder.
—Amy Simons es la novia de Jordan Anderson, quien es el hermano de la elemental de fuego —esto sorprendió mucho a los Iluminados presentes en la sala—.
Además, aunque fueron expulsados de la Orden, tengo razones para creer que su expulsión, a manos de la estrella del aire, fue injusta —las palabras de Amelia alertaron a más de uno.
—¿Por qué piensas eso, niña?
—Principalmente, porque ustedes ni siquiera saben quién es el hombre que está parado frente a ustedes —intervino Elizabeth—.
Están ante La Lanza Relámpago —la sola mención del nombre hizo que todos voltearan a ver a Matthew.
—Ya entiendo —dijo el líder del equipo sur—.
Con razón se me hacía conocido.
Todos aquellos con más de treinta años habían oído hablar de Matthew; el hombre fue bastante conocido en su momento por su talento.
Cualquiera que fuera un candidato a Cometa era famoso.
Por eso, todos estaban sorprendidos; no habían escuchado el apodo de Matthew en 20 años.
—¿Ahora lo entienden?
—preguntó Amelia—.
Si alguien tan popular como Matthew Simons fue expulsado sin que nadie hablara del tema, significa que hay algo más grande en todo esto —el líder del equipo norte miró a Matthew; su mirada ahora reflejaba un gran respeto.
—Me disculpo por mi actitud, señor Simons —dijo el hombre.
Matthew solo asintió con la cabeza en señal de aprobación.
Todos en la sala con suficiente edad para recordar a Matthew sabían que él era uno de los luchadores más honorables de la Orden de la Luz.
Jamás habría hecho algo que provocara su expulsión; había algo más profundo en todo aquel asunto.
Al final, se hizo un pacto silencioso: No dirían nada y le permitirían a Matthew ayudar.
Amelia suspiró al notar esto, por lo que tomó la palabra.
—Ahora que ese asunto está resuelto, quisiera pasar al problema principal —la chica carraspeó la garganta antes de continuar—.
El Fénix está despertando —esas palabras hicieron que más de uno se revolviera en su sitio con incomodidad; todavía recordaban el terremoto y el tornado que provocaron Maxwell y Amelia cuando sus poderes se activaron—.
Hace poco estuve en el Todo y pude ver el volcán, hogar del Fénix.
A juzgar por lo que vi, calculo que tenemos dos o tres días, como máximo, antes de que se produzca el despertar.
—Amelia, por favor, sé honesta con nosotros —Matthew sabía que Amelia no quería decir toda la información de golpe, pero era necesario que lo hiciera—.
¿Cuánto tiempo tenemos?
—Amelia suspiró.
—Probablemente despierte esta noche —aquella declaración alertó a todos—.
Sin embargo, eso no es lo que me preocupa —Laura asintió con la cabeza.
—Es esa mujer, ¿no?
—Amelia asintió—.
Sí, el ataque de anoche dejó muy en claro que ya tenían vigilada a Jessica.
Lucía Johnson estaba tras ella mucho antes de que nosotros la encontráramos.
—¿Cómo?
—cuestionó el líder del equipo oeste—.
¿Cómo es posible que la hayan encontrado antes que nosotros?
—Fue suerte —interrumpió el detective Taylor mientras soplaba una bocanada de humo de su cigarrillo—.
Tuvieron suerte de encontrarla primero y ya —tiró unos documentos en la mesa y Amelia los revisó junto a Elizabeth.
—¡Maldita sea!
—dijo la joven de cabello blanco.
—¿Qué?
—cuestionó Amy.
—Lucía Johnson es maestra de matemáticas en la escuela de Jessica —explicó Amelia mientras se frotaba los ojos—.
Ahora todo tiene sentido.
Por eso es que sabía dónde vivía.
Posiblemente, sepa de sus problemas familiares.
—En realidad, los conoce —intervino Amy—.
Jordan me contó que, cuando Jessica estaba en el hospital, una mujer, que decía ser maestra de Jessica, pagó la cuenta y firmó su salida.
Dijo que le pareció raro, pero no le dio más importancia en el momento.
Es posible que esa mujer haya sido la misma con la que luchó papá.
De ser ese el caso, entonces conocía de antemano la situación.
Nadie pagaría la cuenta del hospital de una persona que no conoce bien.
—¿Jordan dijo algo más?
—Matthew presionó un poco a su hija.
—Pues… —Amy rebuscaba en su memoria hasta que finalmente encontró lo que buscaba—.
Dijo que Jessica parecía llevarse muy bien con aquella mujer.
—Entonces ya tenían una relación previa.
Se conocían desde antes —concluyó Elizabeth.
—Si tenían una relación previa, independientemente de la naturaleza de la misma, es seguro asumir que la chica se abrió a Lucía Johnson y le contó todos sus problemas.
También deberíamos asumir que la Tigresa del Rayo tiene la intención de poner a la chica del lado de los Oscuros —Amelia estaba totalmente de acuerdo con el líder del equipo norte.
—Eso lo decide —la elemental de aire miró a todos con renovada determinación—.
No quería llegar a esto, pero no me queda de otra.
Esta noche traeremos a Jessica con nosotros.
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