Saga Elementos - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Una Propuesta Inesperada
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29: Una Propuesta Inesperada 29: Una Propuesta Inesperada Elizabeth estaba sorprendida por lo que veía.
No esperaba que Amelia tuviera tal determinación en su mirada.
Los Simons tampoco podían creerlo.
Amelia había cambiado y se la notaba cansada.
Tenía ojeras bajo sus ojos, lo que evidenciaba la fatiga y el estrés que cargaba la joven.
Amelia suspiró; ella no quería hacerlo, no quería traer a Jessica a la fuerza, pero no tenían elección.
Sus poderes estaban despertando y los Oscuros estaban más cerca de ella que los Iluminados.
La única forma de evitar que se la llevaran sería traerla a la fuerza.
No era lo ideal, pero dadas las circunstancias, no había otra opción viable.
Sin embargo, Amelia todavía quería intentar convencerla de venir a la Orden con palabras; sentía que podía hacerlo.
—La traeremos con nosotros esta noche —continuó la joven—.
La citaré en el parque cerca de su escuela a las ocho y le contaré toda la verdad.
—Y yo que pensaba que la meterías en el maletero de algún auto y la traerías al hotel —comentó el detective Taylor.
—Detective, aunque sé que traerla con nosotros es lo mejor, todavía considero que secuestrarla debe ser nuestro último recurso.
Quiero intentar razonar con ella antes de tomar medidas tan extremas —explicó Amelia.
—Pues no es una mala idea —comentó Elizabeth—.
Conozco el parque del que hablas y está justo sobre una alcantarilla.
Si el Fénix despierta y hay una explosión, será fácil cubrir el incidente como una explosión de gas metano —un Iluminado levantó la mano.
—Pregunta: ¿Cómo harás para que ella confíe en ti?
La última vez que ustedes se vieron fue ayer cuando tuvieron una cita en ese salón de juegos, la cual no terminó bien —Amy levantó una ceja al escuchar esto, mientras que Amelia quería matar al tipo que habló, en parte porque no quería recordarlo y en parte porque ahora se sonrojó al recordar ese día y usar la palabra “cita” no ayudó en nada.
—Espera… ¿Cómo que tuviste una cita con Jessica?
¿Ella te gusta?
¿Te gustan las chicas?
¿Cómo que terminó mal?
—aunque Laura quería detener a su hija, también quería escuchar los detalles del asunto.
—Yo no lo llamaría “una cita”, solo salimos un rato al salón de juegos.
—Eso califica como una cita —insistió Amy—.
No sabía que te gustaban las chicas, amiga.
—Para que lo sepas: Soy bisexual, me gustan los chicos y las chicas —Amy no pudo evitar reír.
—Y Jessica es una chica muy masculina, así que es perfecta para ti —Elizabeth se aclaró la garganta y detuvo la discusión de las chicas—.
Cierto, ¿por qué su cita no terminó bien?
—La pregunta de Amy era medio seria y medio burlona.
—Para resumirlo, Jessica se dio cuenta de que estaba escondiendo algo y me pidió no volver a verla.
Estoy segura de que tiene que ver con el hecho de que nos conocimos muchas veces, en otras vidas.
—Entonces, ¿cómo vas a convencerla de que vaya al parque?
—preguntó el líder del equipo oeste.
Amelia mantenía una mirada determinada y calculadora en su rostro.
—Ella querrá respuestas y yo puedo dárselas.
En el fondo, lo sabe y por eso irá a verme —Matthew estaba de acuerdo; no obstante, había algo que lo preocupaba.
—¿Qué harás si eso falla?
—Amelia volteó a mirarlo—.
¿Cuál será tu plan de respaldo si Jessica decide no ir a verte al parque?
—Ya lo había pensado, no me gusta la idea, pero si Jessica no se encuentra conmigo en el parque antes de las nueve de la noche, entonces ustedes tendrán que entrar a su casa y traer a toda la familia al hotel —Amelia señaló a los equipos norte, sur y oeste, quienes la miraron como si estuviera loca.
—Espera, ¿por qué a toda la familia?
—preguntó el líder del equipo sur.
—Por seguridad —intervino el detective Taylor—.
Los Oscuros conocen a la chica, sabrán que, aunque su familia la detesta, Jessca no querrá que nada malo les pase, menos ahora que comenzó a llevarse bien con su hermano mayor, Jordan.
Traerlos aquí sirve para proteger a la familia y para evitar que los Oscuros tengan algo para manipularla, ¿estoy en lo cierto, niña?
—Amelia asintió con la cabeza.
—Es correcto, detective Taylor —confirmó la joven Elemental—.
Como medida de seguridad adicional, quiero a todos los Iluminados posibles rodeando la casa de Jessica.
Tanto para saber si ella acudirá al parque como para evitar que los Oscuros la ataquen—.
Amelia volteó a mirar a Matthew—.
Señor Simons, lo quiero con el equipo de vigilancia.
Si Lucía Johnson se aparece, usted tendrá que enfrentarla —Matthew asintió, de acuerdo con Amelia—.
Señora Simons, Amy, quiero que ambas vayan conmigo al parque.
Señora Simons, usted se mantendrá escondida; Amy, tú estarás conmigo para recibir a Jessica y explicarle todo.
Tal vez, si ve una cara conocida, se relaje y escuche lo que tengo para decirle —madre e hija asintieron.
—Asignaré a unos cuantos Iluminados al parque para que estén más protegidas —Amelia aceptó la propuesta de Elizabeth.
—Diles que pueden mantener activas sus conexiones.
Ahora que su poder está despertando, Jessica puede sentir a los usuarios cercanos.
Creo que sentir algunas conexiones cálidas la relajarán —Elizabeth asintió, de acuerdo con Amelia.
La joven peliblanca miró su reloj; eran las dos de la tarde.
Jessica estaba por terminar sus clases del día—.
Ya todos tienen su tarea.
Vamos a trabajar; iré a la escuela de Jessica para citarla en el parque esta noche.
Prepárense para lo que sea.
***** Jessica se despertó temprano; a pesar de no haber podido dormir bien, tenía que levantarse para llegar a tiempo a la escuela.
Lo único que le daba ánimos era que podía ver a Lucía en la clase de matemáticas.
La joven se bañó, se vistió y salió de su cuarto.
Al bajar al primer piso, sintió la tensión en el aire.
Claro, no podía ser de otra manera.
Cuando todo sale mal o algo sucede, siempre es culpa de Jessica, incluso cosas como que las tuberías se incendien y exploten todo el vecindario.
La joven ni siquiera se molestó en sentarse a desayunar, rechazando rotundamente los hotcakes con arándanos y jugo de naranja que Ana había preparado para ella.
No porque no tuviera hambre; la razón era que no confiaba en que la comida no tuviera algo.
Por ejemplo, veneno para ratas.
Ignorando el rugido de su estómago, Jessica salió de la casa y dio vuelta en la esquina para dirigirse a su escuela por la ruta larga.
Tendría que caminar una cuadra calle arriba y cuatro cuadras más al este para poder llegar a la escuela, al igual que Jordan.
Ahora que la calle de enfrente no era más que una zanja gigante, John no podría sacar su auto de la cochera para llevar a Jordan a la escuela.
Jordan notó la actitud de su hermana; era entendible luego de la noche que pasaron.
Terminó su desayuno y se fue para no llegar tarde a clases.
Dio vuelta calle arriba, pero nada más llegar a la siguiente cuadra se encontró con su hermana menor.
—Ya me estaba aburriendo de esperar —le dijo Jessica; la joven pelirroja estaba apoyada en un auto mientras revisaba su teléfono.
—¿Tienes dinero para comprar comida?
—fue lo primero que preguntó Jordan; lo que menos quería era que se volviera a desmayar por un bajón de azúcar.
—Sí, tengo suficiente para comprar algo en el camino —aseguró Jessica para el alivio de su hermano—.
¿Vamos?
Ambos hermanos charlaban animadamente mientras caminaban, aunque Jessica por momentos parecía alejarse de Jordan, cosa que él entendía.
Todo aquello era nuevo para ambos, sobre todo para Jessica, quien no podía dejar de pensar que Jordan la golpearía o la humillaría en cualquier momento.
Sin embargo, la mirada cálida de su hermano siempre lograba calmarla, permitiéndole descartar esos pensamientos y relajarse poco a poco.
Jessica pensaba en si debía decirle algo a Jordan.
Había ciertos asuntos que no sabía si podía confiarle a su hermano mayor.
No tenía idea de cómo reaccionaría, por lo que estaba indecisa.
Jordan notó esto y decidió hacer lo que todo buen hermano mayor hubiera hecho: empujó a su hermana y la hizo caer en un arbusto.
El joven no pudo evitar reírse a carcajadas mientras la ayudaba a levantarse; Jessica no se lo tomó con gracia, desde luego que no.
Apenas se puso de pie, le dio tres golpes en el brazo a su hermano.
—¿Qué carajos te pasa, idiota?
—Vale, vale, ya —Jordan se apartó y se comenzó a masajear el lugar donde había recibido los golpes—.
Diablos, tienes una buena zurda, hermanita —Jessica comenzó a caminar, claramente molesta.
—Ey, perdón.
Solo quería aligerar el ambiente, es que te veías tensa.
—¡Pues tirarme a un arbusto no hizo que se me quitara!
—reclamó la joven.
—Vale, perdón —Jessica suspiró y se limpió las hojas de la ropa.
—¿Todavía tengo en la espalda?
—preguntó dándose la vuelta.
—Sí, déjame, te ayudo —Jordan limpió la ropa de la chica hasta que finalmente estuvo libre de hojas—.
Listo, ahora, ¿vas a decirme qué tienes?
—Jessica suspiró.
—En otro momento —Jessica comenzó a caminar, pero se detuvo luego de dos pasos para después mirar a Jordan con una sonrisa—.
Puedes verlo como tu castigo por tirarme al arbusto —Jordan rodó los ojos y siguió caminando.
Se separaron en la intersección que separaba sus escuelas por un par de calles y cada quien se fue por su lado.
Jessica llegó a tiempo a clases y todo transcurrió con normalidad.
La joven compró algo para comer en una cafetería cercana; tendría que estar loca para comer lo que cocinaban en la escuela.
Hizo lo mismo en el almuerzo.
Finalmente, las clases terminaron y Jessica pudo largarse, pero hubo un problema.
Un chico se le acercó y pidió hablar con ella en privado; ese día no tenía nada que hacer en la tarde y decidió que podía darse el lujo de perder el tiempo un rato.
Acompañó al chico a un pasillo de la escuela; se lo veía nervioso y ansioso.
El joven era igual de alto que ella, 160 centímetros, tenía mucho acné en el rostro, usaba lentes y había algunos moretones en sus brazos.
Jessica intentaba ser paciente con este chico; siempre había considerado que golpear a los débiles era una pérdida de tiempo y un acto cobarde, pero se le estaba haciendo difícil no hacerlo.
—¿Qué quieres?
—preguntó la joven.
—Él no quería nada, solo me hizo un mandado.
Al darse la vuelta, Jessica se encontró con un chico de 178 centímetros, brazos gruesos y cuerpo fornido; tenía algo de panza, pero sus brazos eran musculosos.
Para otros sería muy intimidante, pero no para Jessica.
El chico alto le entregó al enclenque unos billetes.
—Vete de aquí, perdedor —el enclenque contó el dinero y, con voz temblorosa, replicó.
—Esto… solo es la mitad de lo que me prometiste —la mirada del chico alto fue suficiente para hacerlo callar y retirarse con la cola entre las patas.
—¿Qué quieres de mí?
—preguntó Jessica, a lo que el joven alto sonrió de forma coqueta.
—Quiero que seas mi novia.
—¿Eh?
—fue todo lo que Jessica dijo en respuesta.
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