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Saga Elementos - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 El Despertar del Fénix Parte 1
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30: El Despertar del Fénix Parte 1 30: El Despertar del Fénix Parte 1 Y ahí estaba Jessica, frente a un tipo que se le había declarado y sin saber qué decir o hacer.

No porque estuviera interesada en aquel chico, para nada.

Sus únicos atractivos eran su altura y sus brazos musculosos; todo lo demás era basura.

Su forma de hablar dejaba muy claro que era uno de esos chicos problemáticos; cualquiera que fuera la pobre desgraciada que se animara a estar con él, probablemente terminaría convertida en una muñeca sumisa sin voluntad o en un saco de boxeo para este patán.

—Verás, me gusta mucho tu actitud.

Es justo lo que estoy buscando, alguien fuerte como tú —típico discurso de un hombre abusivo; resalta la fortaleza de su víctima para hacerle creer que tiene el control—.

Si te vuelves mi novia, todos en esta escuela, y en la calle, caerán a nuestros pies —y esa era la parte donde le ofrecía todo un mundo a su víctima; en realidad no planeaba compartir nada y la desecharía en cuanto dejara de serle útil.

—No estoy interesada.

Adiós —Jessica dio media vuelta y se fue, pero el patán no planeaba rendirse.

La tomó por el hombro y la hizo girar para verlo otra vez.

—Vamos, chica.

No te hagas la difícil —pidió el patán; su tono amable y cariñoso era solo una máscara para ocultar su verdadera cara—.

Sé que puedes ver el potencial.

Seríamos imparables —Jessica tomó su mano y la retiró de su hombro.

—Ya dije… —Jessica lo miró a los ojos con la misma expresión que tenía cada vez que entraba en una pelea—.

Que no estoy interesada.

Sin darle tiempo a reaccionar, Jessica levantó la rodilla y golpeó la ingle del pobre diablo, sacándole todo el aire con semejante golpe en los testículos.

El patán se arrodilló y luego recibió un gran golpe en la cara.

El chico cayó al suelo y Jessica se alzó victoriosa.

—No estoy interesada en tomar el control de esta escuela.

No estoy interesada en hacerme conocida en la calle y mucho menos estoy interesada en alguien como tú.

Ni siquiera eres mi tipo —con esas palabras, Jessica se alejó, dejando que el patán recupere el aliento y la poca dignidad que le quedaba, si es que aún conservaba algo de eso.

Al salir del recinto escolar, sintió un calor extrañamente familiar.

Una especie de abrazo cálido que la envolvía y la hacía sentirse segura.

Aquella sensación solo la había experimentado con otras tres personas en toda su vida.

Sin embargo, siempre había estado cerca de ellos cuando sintió aquel calor, no como ahora.

En ese momento, se encontraba sola en la calle.

Entonces, ¿por qué sentiría aquella calidez tan agradable?

Mientras permanecía en su sitio, desconcertada, una voz la llamó.

—Hola, Roja —Jessica giró la cabeza y se encontró con Amelia.

La joven pelirroja rodó los ojos.

—Creí haberte dicho que no quería volver a verte —aunque su boca decía una cosa, su cuerpo sentía otra totalmente diferente.

Una parte de ella estaba contenta por volver a ver a Amelia.

No entendía la razón, pero la sola presencia de Amelia tenía un efecto relajante en Jessica, un efecto mucho mayor al que podían tener Lucía o Jordan.

Jessica sabía que aquella calidez que sentía cuando estaba con su hermano y maestra se debía a la cercanía en su relación.

Jordan por ser su hermano y Lucía al ser lo más cercano que tenía a una madre.

Sin embargo, ¿por qué con Amelia sentía una calidez mayor?

¿Qué había de diferente en ella?

Amelia, por su lado, estaba ahí con el propósito de citar a Jessica en el parque por la noche.

¿Por qué en el parque y no en la escuela?

Porque sabía que la escuela era el territorio de la Tigresa del Rayo; intentar algo ahí, incluso a plena luz del día, sería muy peligroso.

Johnson contaba con la velocidad suficiente para matar a todos los estudiantes, maestros y cualquier posible testigo que estuviera en el área, secuestrar a Jessica y escapar, todo en cuestión de segundos.

Además, también estaba el asunto del Fénix y su inminente despertar.

Jessica no era diferente a una bomba de relojería puesta al lado de una gasolinera.

Si lo que el Grifo dijo era verdad, entonces revelarle todo de golpe podría detonar el despertar del Fénix y causar una enorme explosión.

Amelia tenía que hacerlo en un lugar apartado.

—Sé lo que dijiste ayer, pero… —¡Jessica!

—una voz masculina se escuchó detrás de ellas y Jessica soltó un gruñido de fastidio mientras se frotaba los párpados.

—Odio a los tipos que no se dan por vencidos —se dio la vuelta para encontrarse con el patán de antes, quien tenía un hilo de sangre bajando por su nariz—.

Te recomiendo que te apartes.

Algo me dice que este es de los duros —Jessica dejó su mochila a un lado e hizo tronar sus nudillos.

—¡Te ofrecí el poder de poner de rodillas a todos en esta maldita escuela!

—Gruñó el patán— ¡Y en vez de aceptar mi oferta, decidiste insultarme y patearme!

—Y romperte la nariz —agregó la pelirroja con una sonrisa sarcástica—.

Agradece que solo fue un golpe.

Vete antes de que te tire los dientes —Amelia advirtió que Jessica lo decía en serio.

—¡Pequeña puta!

El patán lanzó un golpe que Jessica esquivó sin problemas, pero cuando trató de responder con un derechazo, recibió un rodillazo en el estómago.

Sin aire, el patán la tomó por la espalda y la arrojó a unos contenedores de basura.

La peste inundó la nariz de Jessica al instante.

—¡Para que aprendas cuál es tu lugar, perra!

—gruñó el patán.

Amelia se sorprendió de que nadie interviniera para parar la pelea.

En cualquier otro lugar, si un chico atacaba de esa forma a una chica, la gente se lanzaría sobre él para lincharlo.

Sin embargo, la preparatoria Maple Grove se regía por la ley del más fuerte.

Nadie te salvaría, nadie te ayudaría, al menos, no sin esperar algo a cambio.

Amelia suspiró, pensó en ayudar a Jessica a levantarse, pero en el instante en que su atención se enfocó en la pelirroja, notó que la pelea apenas había comenzado.

Jessica tomó un cartón de leche vencida y se la lanzó al patán sin pensarlo dos veces.

El cartón explotó y dejó al pobre diablo cubierto de una gelatina blanca y apestosa.

El patán volteó para mirar a Jessica; su cara estaba roja de la ira, al igual que sus ojos, los cuales tenían las venas marcadas y las pupilas dilatadas.

Amelia no podía creerlo.

—¿Te vas tan pronto?

—preguntó Jessica con un tono burlón.

El patán cargó contra ella otra vez, pero en esta ocasión Jessica se hizo a un lado para esquivarlo.

Una vez Jessica estaba detrás del patán; le dio una patada en la entrepierna, haciendo que su oponente se arrodille de dolor, pero el ataque no terminó allí.

Jessica se puso frente a él y le conectó un rodillazo directo a la cara que lo hizo caer al suelo, para terminar rematándolo con dos buenos puñetazos al rostro que le tiraron tres dientes al patán.

Cumpliendo con su amenaza.

Amelia no pudo evitar hacer una mueca al ver los dientes salir disparados de la boca del tipo, pero también se sentía muy impresionada por lo que acababa de presenciar.

Desde el primer momento en que la vio, supo que Jessica era diferente, supo que era la más fuerte de su escuela, pero jamás imaginó que fuera tan brutal en sus peleas.

Claro, tampoco era su culpa; la vida que llevaba la obligó a hacerse fuerte para que nadie se aprovechara de ella.

Jessica se levantó, alzándose victoriosa sobre el patán que la había desafiado.

Había sangre en su puño derecho, la cual limpió de inmediato, y luego miró a Amelia; su respiración era pesada y agitada debido al esfuerzo y su frente estaba cubierta de sudor.

La parte trasera de su ropa tenía cáscaras y conchas de frutas viejas de cuando cayó a la basura y, desde luego, su olor no era el más agradable.

—Sí, era de los duros —alcanzó a decir mientras luchaba para controlar su respiración—.

¡Mierda!

Acababa de lavar mi ropa —se notaba la frustración en su voz.

Se agachó para recoger su mochila y se la llevó al hombro—.

Bueno, si me disculpas, iré a casa a darme un baño —la joven estaba a punto de irse cuando Amelia la tomó del brazo.

—Espera —fue todo lo que le dijo.

Jessica sintió el impulso de golpear a Amelia, pero algo la detuvo.

No fue el miedo, no, para nada.

Lo que la detuvo fue la sensación de que golpearla no solo estaba mal, también era como golpear a alguien muy cercano sin una razón válida.

Golpear a Amelia no sería diferente a golpear a su abuela, aunque Jessica no conocía a sus abuelos, pero entendía el punto.

Además, pudo sentir el firme agarre de Amelia y ahora que la miraba con más atención podía notar su físico.

Se notaba que la joven peliblanca entrenaba.

Por su cuerpo, Jessica podía deducir que no levantaba pesas, pues Amelia era delgada, pero se podían ver los músculos en sus brazos.

También era más alta que Jessica, aunque la joven pelirroja estaba acostumbrada a esto; debido a su dieta tan irregular, no había podido desarrollarse como el resto, pero aun así se sorprendió al ver que Amelia medía 170 centímetros.

Justo cuando Amelia soltó a la pelirroja, se escuchó un grito que venía detrás de ambas.

—¡Maldita perra!

—el patán se levantó y trató de golpear a Jessica, pero Amelia atrapó su puño y lo miró con un gesto de molestia, fastidio e indignación.

—Ya perdiste la pelea, patán —el chico no podía creer lo que estaba pasando.

Esta chica peliblanca había parado su puño como si nada—.

Vete a molestar a otro lado, idiota.

Amelia levantó su pierna y, con una técnica impecable, conectó una patada lateral al estómago del patán, quien cayó de rodillas mientras buscaba recobrar el aliento.

Jessica no pudo evitar sentir admiración por Amelia.

Con todos los problemas que ese idiota le había dado, y Amelia lo venció de un solo golpe.

Claro, seguro que Jessica había hecho una gran parte del trabajo, pero derribar a un chico de más de 92 kilogramos de una sola patada es toda una proeza.

Las sospechas de Jessica se confirmaron: Amelia no solo sabía cómo pelear, también era mucho más fuerte que ella.

La peliblanca, por su lado, suspiró con fastidio.

Estaba llamando demasiado la atención y sabía que muy probablemente Lucía la estaba vigilando.

«Con todo y que oculté mi conexión.

Al final, no sirvió de nada», pensó con fastidio.

Volteó a mirar a Jessica; aunque su expresión no cambió, Amelia podía notar un nuevo interés en sus ojos.

Suspiró; ya no había lugar para las sutilezas.

—Iré directo al grano —comenzó a hablar mientras Jessica la escuchaba con interés—.

Sé lo que te pasa, Jessica —la pelirroja sintió cómo se le congelaba la sangre—.

Tengo las respuestas que necesitas y estoy dispuesta a dártelas.

—No sé de qué estás hablando —Jessica, desde luego, no podía creerlo—.

Me largo —Amelia apretó los dientes antes de soltar la bomba.

—¿Hace cuánto que sueñas con el volcán?

—Jessica se detuvo en seco.

Sintió cómo su boca se secaba al darse cuenta de que Amelia sabía sobre su sueño.

Volteó de una forma casi robótica y encaró a Amelia.

—¿Cómo…?

—Ni siquiera podía terminar de formular la pregunta—.

¿Quién demonios eres?

—Amelia se acercó y se puso hombro con hombro junto a Jessica; la diferencia de altura entre ambas se hizo más evidente.

—Hay un parque cerca de aquí.

Ven esta noche, a las ocho, te explicaré todo lo que quieres saber —el tono de la joven era bajo, dejando clara la naturaleza delicada del asunto.

Esas fueron las últimas palabras que dijo Amelia antes de darse la vuelta e irse, dejando a Jessica confundida e impactada.

Desde luego, Lucía había visto todo desde el segundo piso de la escuela.

Sabía que ahora debía moverse.

La carrera por Jessica había empezado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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