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Saga Elementos - Capítulo 31

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  4. Capítulo 31 - 31 El Despertar del Fénix Parte 2
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31: El Despertar del Fénix Parte 2 31: El Despertar del Fénix Parte 2 Cuando Amelia se alejó, Jessica pudo sentir una repentina oleada de sensaciones.

Su mente no dejaba de mostrarle imágenes de aquel enorme volcán humeante, las cuevas subterráneas y sus piscinas de lava.

Todo transcurría muy rápido; las imágenes se mostraron ante ella como un flash intermitente cuya intensidad no paraba de aumentar.

La joven pelirroja comenzó a sentir un leve dolor de cabeza mientras veía la melena blanca de Amelia alejarse; sintió que algo cambió en la forma en la que miraba a la chica, sintió que algo las unía.

Nunca creyó en ese mito de las ”Almas Gemelas” o en “El Hilo Rojo del Destino”, pero sabía que Amelia era diferente, que tenían una especie de conexión a pesar de no haberse conocido nunca.

Finalmente, se recuperó lo suficiente para poder caminar de vuelta a su casa para una ducha muy necesaria.

Amelia, por su lado, regresó al auto donde la esperaba Matthew y su familia.

Todos miraron a la peliblanca como si estuvieran viendo a un monstruo.

—¿Qué?

—La joven ya se imaginaba las cosas que dirían sobre ella y sobre cómo derribó al patán de un solo golpe.

—Nada, solo… —Laura se quedó a media frase.

—¿De verdad te gustan las personas como Jessica?

—la mirada de Amelia pasó del fastidio a la confusión en solo un segundo—.

Se nota que le gusta meterse en problemas; entiendo que te atraiga, pero ¿en serio te gustan ese tipo de personas?

—la cara de Amelia se puso roja, tanto de la ira como de la vergüenza.

—Amy, te advierto que puedo sacarte todo el aire de los pulmones, así que mejor no me hagas enfadar —la joven Simons reparó en que estaba pisando terreno peligroso.

—No importa si quieres acostarte con ella.

Lo importante es saber si irá a tu encuentro esta noche —la intervención de Matthew evitó que hubiera un homicidio en su camioneta.

—Lo único seguro es que quiere respuestas y sabe que yo puedo dárselas.

Su poder está despertando y pronto… —Amelia suspiró—.

No les mentiré: Es casi seguro que esta noche su poder se active cuando le diga la verdad.

—Ya veo —Matthew encendió la camioneta—.

Volvamos al hotel para repasar el plan una vez más —Amelia asintió, sin darse cuenta de la sonrisa maliciosa del hombre—.

Entonces… ¿Te gusta Jessica?

—Amelia comenzó a respirar profundamente.

Tratando de tranquilizarse.

Tuvo que escuchar las risas de la familia Simons mientras volvían al hotel.

Una vez ahí, repasaron el plan con una información recién adquirida por el detective Taylor.

Gracias a sus conexiones, pudo encontrar la casa de Lucía Johnson.

Con esta información trazaron el plan, agregando nuevos objetivos.

Al final, optaron por dividirse en tres grupos.

El primero sería el grupo que acudiría a encontrarse con Jessica en el parque y estaría conformado por 7 integrantes: Amelia, Amy, Laura, dos luchadores de la orden y dos sanadores.

La razón de tanta seguridad para la reunión era obvia.

Si los Oscuros tenían a Jessica en la mira desde antes que los Iluminados la descubrieran, entonces era muy posible que estuvieran vigilando su casa esa misma noche y supieran el momento exacto en el que Jessica saldría a su encuentro con Amelia.

Sin embargo, esto abría dos posibles escenarios.

Uno donde la secuestraban ni bien pusiera un pie fuera de su casa y otro donde la seguían hasta el parque para matarla junto con Amelia.

Desde luego, el primer escenario era el más probable.

Visto desde un punto de vista estratégico, sería mucho más fácil secuestrar a Jessica cuando salía de su casa en vez de esperar a que se reuniera con Amelia, una Elemental entrenada que podía acabar con varios Oscuros sola, sin mencionar los obvios refuerzos que llevaría a la reunión.

Debido a esta posibilidad, se asignaron un total de 15 Iluminados, entre los cuales se encontraba Matthew, para vigilar la casa de Jessica.

Si había un ataque, ellos intervendrían.

Si Lucía decidía mostrarse, Matthew la enfrentaría con los otros 14 Iluminados que lo acompañaban.

Esto también tenía otro fin; Jessica conocía a Matthew porque lo había visto en el hospital cuando se desmayó; ella sabía que el hombre era el padre de Amy, la novia de su hermano.

Por lo tanto, confiaría en él.

Además, si la reunión en el parque no salía bien, Matthew y su equipo entrarían a la casa de Jessica y se llevarían a toda la familia para ponerlos a salvo.

Ahora, había un tercer escenario que asechaba la mente de Amelia: ¿Y si Jessica no regresaba a su casa?

¿Qué tal si, al sentirse abrumada por el inminente despertar de sus poderes, corría al único lugar donde podría sentirse a salvo?

Así es, Amelia estaba casi segura de que Jessica iría con la única adulta que podría ayudarla: Lucía Johnson.

Antes, había descartado la posibilidad de vigilar a Lucía porque no sabía en dónde vivía, pero ahora, gracias al detective Taylor, podían cubrir el tercer ángulo de este problema: La Tigresa del Rayo.

Amelia enviaría a 4 Iluminados, todos usuarios de elemento rayo, a vigilar la casa de Lucía.

¿Por qué vigilarla y no atacarla?

Porque sabían perfectamente que Lucía los vería llegar y los mataría en el acto.

Simplemente, era más viable vigilar la casa, asegurarse de que la mujer estuviera dentro e informar cuando saliera a buscar a Jessica.

Claro, todo esto era en caso de que la reunión saliera mal y hubiese una emboscada.

Si todo salía bien, entonces Jessica despertaría sus poderes y habría una gran explosión.

Si ese no era el caso y la chica decidía irse, entonces Amelia misma se acercaría desde atrás y la dejaría inconsciente para después trasladarla a un lugar aislado para evitar que el despertar del Fénix causara pérdidas mortales.

Lo anterior solo eran precauciones y contingencias en caso de que todo saliera mal.

Una vez terminó la reunión, Amelia fue a su habitación para dormir un poco antes de esa noche.

Se dejó caer en la cama y comenzó a respirar profundamente.

No dejaba de pensar en las palabras de sus compañeros que la estaban molestando con su supuesto enamoramiento por Jessica.

Le molestaba, le parecía muy irritante.

Sin embargo, ¿era posible que tuvieran razón?

Es decir, Amelia sí que tenía un tipo en lo que al amor se refiere y no, no era solo que le gustaban aquellas personas rudas y salvajes.

No, ella prefería a las personas fuertes y honestas consigo mismas.

Jessica parecía serlo; aunque a menudo trataba de esconderse tras esa máscara de rudeza, Amelia podía ver que en realidad eso solo era una armadura para evitar que la lastimaran.

Durante la vigilancia nocturna a su casa, notó el lado más sensible y artístico de la chica.

La peliblanca comenzó a rodar sobre la cama; había comenzado a sentir mariposas en el estómago.

«Claro, tenía que ser ahora, ¿verdad?», se regañó a sí misma.

¿Por qué ahora estaba comenzando a sentir estas cosas por Jessica?… No, en realidad empezó a sentirse así desde el día anterior.

Por increíble y contradictorio que suene, cuando Jessica vio a través de su máscara y le dijo que no estaba siendo del todo honesta, Amelia sintió la misma sensación en el estómago.

Jessica buscaba lo mismo que ella: sinceridad.

Aquello generaba otra pregunta en Amelia: ¿Acaso lo que sentía era solo una atracción física o de verdad tenía sentimientos hacia la pelirroja?

Amelia sí consideraba a Jessica muy atractiva, se le hacía bastante guapa, pero una cosa es sentir atracción por lo físico y otra es tener sentimientos por alguien.

Amelia miró al techo, suspiró pesadamente.

Decidió que no importaba lo que ella pudiera sentir; lo importante es lo que Jessica sentía.

Ella buscaba sinceridad en sus relaciones, sí, pero no porque estuviera buscando una pareja, para nada.

Jessica no necesitaba una novia, necesitaba una amiga, una guía y un apoyo para todo lo que se le vendría encima.

La joven peliblanca no pudo evitar reír para sí misma mientras daba otra vuelta en la cama: —Sí, claro.

¿Jessica y yo saliendo?

Qué tontería —Amelia suspiró—.

Para empezar, ni siquiera la conozco bien.

No sé si le gustan las chicas y… —se detuvo un momento.

Giró en la cama otra vez, quedando frente a la puerta—.

Y tampoco sé cuál es su tipo —otro suspiro escapó de los labios de Amelia mientras poco a poco se iba quedando dormida.

***** La noche cayó y Jessica se preparó para salir.

Había tenido que ducharse tres veces desde que llegó de la escuela para quitarse la peste de la basura, pero finalmente lo consiguió.

Sin embargo, en su mente no dejaban de aparecer imágenes del volcán y esas cuevas, pero ahora podía ver ese bulto naranja al final del puente de piedra.

Se preguntaba qué era lo que estaba pasándole; no lo sabía.

Quería atribuirlo a la repentina llegada de Amelia, pero la verdad es que el sueño del volcán empezó antes de que ella siquiera se presentara en su vida, aunque sí es cierto que la llegada de Amelia solo hizo que su mente se confundiera más.

Jessica quería respuestas y estaba dispuesta a todo con tal de conseguirlas.

No sabía si era real o si se trataba de una trampa, pero correría el riesgo.

No obstante, Jessica no era ninguna ingenua.

Ella sabía que ir a una reunión con una completa desconocida, por la noche, a un barrio conocido por su peligrosidad y sola, era probablemente la segunda cosa más estúpida que podría hacer en su vida; la primera sería volver a confiar en Karen y Nancy.

Así que, como cualquier persona normal, iría armada a la reunión.

No era fanática de los cuchillos, pero Lucía le había regalado una navaja suiza, la cual tenía, entre otras cosas, una pequeña hoja de metal con filo.

Su maestra se la regaló porque un día, mientras estaba en casa de Lucía, ella miró la herramienta y le gustó mucho.

Lucía no vio problema en regalársela.

Al final, aquella hoja de metal ni siquiera tenía un filo tan peligroso y la única forma de hacer daño con ella sería apuñalando a alguien, porque no servía para cortar.

Jessica lo sabía, por eso decidió llevarla y, para no tener que extender el filo manualmente, la metió en su bolsillo con la hoja ya extendida.

La joven Anderson comenzó a caminar a hurtadillas para salir de la casa sin que nadie la viera; no es que su madre fuera a detenerla, pero ese día Ana había estado más paranoica de lo usual, violenta y volátil para ser más específicos.

Por eso prefería no ser vista; lo que menos necesitaba era que su madre estallara en ira y se lanzara sobre ella.

Sin embargo, su plan de escabullirse sin ser vista tuvo un tropiezo.

—¿A dónde vas?

—La voz de Jordan la hizo saltar; apenas había recorrido la mitad del pasillo que daba a las habitaciones de todos los miembros de la familia cuando Jordan la descubrió—.

Ya es algo tarde —presionó el muchacho.

Jessica tuvo que inventar algo rápido.

—Quedé de verme con unas amigas para un paseo nocturno —se excusó Jessica; Jordan sabía que era una mentira y se lo hizo saber a su hermana.

Considerando la escuela en la que estaba Jessica, el joven prefería que su hermana no tuviera amigos.

Jessica se cruzó de brazos y miró al suelo, se sonrojó ligeramente; le molestaba haber sido descubierta—.

Vamos, no me veas así.

—Jessica, no creo que sea buena idea que salgas a esta hora.

¿Por qué no te quedas y jugamos algo?

Amy me prestó su Nintendo Switch antes de que la calle se derrumbara; tiene Pokémon Púrpura —ofreció el chico y, aunque era muy tentador, Jessica no podía aceptar.

—Perdón, pero en serio tengo que salir.

Prometo que no voy a tardar —Jordan suspiró.

—De acuerdo, pero regresa antes de las nueve —Jessica no pudo evitar reír.

—Gracias por preocuparte —las palabras eran sinceras.

Jordan solo le devolvió una sonrisa.

—Siempre lo haré.

Con esas palabras, Jessica salió de su casa con dirección al parque, en busca de respuestas.

Sin saber que, en los tejados de su vecindario destruido por las calles derrumbadas, estaban vigilándola.

—Jessica salió de la casa y va camino al parque.

Repito: Jessica se dirige al parque —informó el líder del equipo oeste por la radio.

—Entendido, la estamos esperando —respondió Laura.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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