Saga Elementos - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 El Despertar del Fénix Parte 3
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32: El Despertar del Fénix Parte 3 32: El Despertar del Fénix Parte 3 Amelia se encontraba en el parque, sentada en la fuente que había al centro.
Al igual que la preparatoria Maple Grove, todo el vecindario parecía ser peligroso.
Viéndolo bien, no era el mejor lugar para una reunión de este estilo, pero debido a que no quería que Jessica se asustara, eligió ese parque en particular.
Bueno, eso y porque el parque no quedaba lejos de la escuela.
El lado bueno es que las pocas personas alrededor estaban demasiado borrachas, o drogadas, para poder describir un posible enfrentamiento entre usuarios.
La joven peliblanca, luego de un sueño reparador, ahora estaba concentrada en su tarea.
No necesitaba pensar en sus sentimientos o reflexionar sobre los mismos, solo necesitaba concentrarse en poner a salvo a Jessica lo antes posible.
Aquello no pasó desapercibido para Amy; sin embargo, eligió no comentar nada al respecto porque sabía que también debía estar alerta.
No tuvieron que esperar mucho; a las 8:15 PM, Jessica apareció.
Su peculiar corte de cabello, sus mechones rojos y su vestimenta la delataban en medio de la noche.
Vestía unos jeans flexibles y una camisa de manga corta de color negro con el estampado de un atardecer en el pecho.
Además de lo anterior, llevaba una chaqueta y tenía las manos en los bolsillos.
Esto no extrañó a Amelia, pues, aunque no podía sentir ni frío ni calor, gracias a sus poderes sabía cuál era la temperatura del ambiente en ese momento; la noche era fría.
Amelia avanzó para encararla y Jessica la miró directo a los ojos.
—Antes que nada, quiero que sepas que no voy a tolerar juegos —le dijo con una expresión muy seria en su rostro.
—Lo sé y te prometo que seré honesta, Jessica —lo primero que Jessica notó es que ya no la llamaba “Roja”, como solía hacerlo antes.
Esto, aunque de forma sutil, dejaba clara la seriedad del asunto.
—De acuerdo, primero quiero saber: ¿Quién demonios eres?
Y quiero la verdad.
—Por supuesto —Amelia no pudo evitar sonreír—.
Mi nombre es Amelia Green y no soy de Kansas City, como te dije antes —Jessica pareció relajarse un poco.
—Bien, entonces, ¿de dónde eres?
—Soy de Nepal, pero, por lo que sé, mis padres eran británicos.
—¿”Eran”?
—Jessica se sorprendió al escuchar que Amelia hablaba de sus padres en tiempo pasado.
—Murieron en un ataque hace 16 años, tres meses después de mi nacimiento —explicó Amelia—.
Me crio la Orden.
—¿Qué “Orden”?
—preguntó la pelirroja.
Amelia suspiró.
—Verás, Jessica, pertenezco a un grupo de personas llamado La Orden de la Luz.
Podría decirse que somos… un grupo de personas especiales —Jessica levantó una ceja.
—¿Cómo psíquicos?
—Amelia negó con la cabeza.
—No, en realidad somos personas con… poderes.
Podemos controlar los elementos naturales —el arco que hacía la ceja de Jessica se hizo más pronunciado—.
Pero nosotros no somos los únicos, también hay personas malas.
Son los miembros de La Orden de las Sombras y ellos vienen tras de ti porque… bueno, digamos que eres especial.
Eres… —Jessica sacó una mano de su bolsillo y detuvo a Amelia de seguir.
—¿Me estás diciendo que me hiciste venir a este parque a la mitad de la noche solo para contarme… la fantasía de un juego de rol?
—Jessica estaba claramente indignada—.
No sé por qué pensé que tendrías respuestas a mi problema.
Al final, solo eres una loca.
—Jessica… —Amy salió desde atrás de la fuente—.
Amelia no está mintiéndote.
La presencia de Amy cambió por completo la forma en la que Jessica veía la situación.
Si esto era una fantasía, una broma o el guion de algún juego de rol, entonces Amy estaba involucrada, pero Jessica no podía creerlo.
Ella podía intuir que le estaban diciendo la verdad.
No solo porque Jordan jamás saldría con alguien que vistiera de caballero o bruja en su tiempo libre y fingiera lanzar poderes y hechizos en un parque por la tarde.
Además, Amy no parecía ser ese tipo de chica.
También lo dudaba porque aquella sensación extraña en su interior la estaba volviendo loca; le decía que todo era verdad y que debía creerle a Amelia.
No era su mente, no, era algo más.
Amelia extendió la mano con la palma hacia arriba, buscando que Jessica la sujetase.
—Puedo mostrarte que es verdad, pero tendrás que confiar en mí —el tono de Amelia fue suave, más de lo que pretendía, pero también fue firme, dejando clara su intención.
Jessica estaba por soltar la navaja de su bolsillo y tomar la mano de Amelia, pero de repente sintió un enorme escalofrío recorriendo su columna.
Se sentía como si algo estuviera arrastrándose por su espalda, subiendo poco a poco.
¿Lo más extraño?
Se sentía como si hubiera alguien más con ellas, como si no estuvieran solas.
Era una sensación poderosa y no fue la única en sentirlo; Amelia y Amy también pudieron sentir aquello, no estaban solas.
Amelia divisó a dos hombres acercarse por detrás de Jessica; eran los dueños de aquellas conexiones, dos Oscuros.
Amelia tomó a Jessica del brazo y la puso detrás de ella y Amy.
—Quédate atrás y no te alejes —la voz de Amelia se notaba preocupada y pronto le darían la razón.
Otras diez conexiones aparecieron desde varios flancos del parque, rodeando a las chicas—.
¡Mierda!
—maldijo Amelia.
Uno de los hombres que se les acercaban sonreía muy confiado—.
¡Váyanse ya!
—ordenó Amelia, pero el hombre comenzó a reír.
—¿O qué?
¿Vas a matarnos a todos?
—la pregunta, al igual que su voz, era burlona y despectiva—.
Ni siquiera tú, una Elemental, podrías matarnos a todos y proteger a la chica al mismo tiempo —soltó otra risa mientras miraba a Amy—.
Y esa zorrita no será más que un estorbo para ti.
—Lo dice el cobarde que necesita a once de sus amigos para asaltar a tres adolescentes —replicó Amy.
El otro hombre, que se encontraba al lado del primero, trató de atacarlas, pero el primero lo detuvo.
—Esto es muy simple, niña.
Ven con nosotros y nadie saldrá lastimado —dijo el tipo dirigiéndose a Jessica.
Era justo como Amelia sospechaba: habían venido por Jessica, pero su intención no era matarlos, al menos no al instante.
Seguramente, Lucía quería reunirse con Jessica y contarle su propia versión de la historia.
Jessica, por su lado, no entendía por qué ese hombre, que no conocía de nada, se dirigía a ella.
—¿Quiénes son ellos?
—preguntó Jessica a la peliblanca, buscando una respuesta.
—¿Recuerdas a La Orden de las Sombras que mencionó Amelia?
Bueno, ellos son miembros de esa Orden.
Se hacen llamar Oscuros y no querrás irte con ellos.
A menos que te guste matar, secuestrar, violar, robar, abusar y torturar a la gente.
—le explicó Amy mientras comenzaban a retroceder poco a poco hacia la fuente—.
Amelia, estos tipos se están acercando mucho —susurró Amy.
—Lo sé —Amelia quería llevarse la mano al comunicador y ordenarle a los demás que entraran, pero si había un usuario del rayo entre sus atacantes, la matarían antes de que pudiera hablar por la radio—.
Esto no es bueno —Amelia notó que ya habían llegado a la fuente; no había lugar a dónde correr.
—Ya no pueden escapar, chicas —la voz del hombre era burlona y nefasta, pero mantenía una calma y serenidad que desesperaba a Amy, quien quería quemarlo hasta los huesos.
—Solo dilo y lo convertiré en una pila de cenizas —pidió Amy mientras sacaba su encendedor.
—Todavía no —le ordenó Amelia para después bajar la voz y continuar—.
Cuando dé la señal, atácalos con todo lo que tengas.
Haz tanto ruido como puedas, necesitamos llamar a los demás —Amy no pudo evitar sonreír.
—Será un placer.
—Jessica, tú no vayas a moverte de aquí.
Quédate cerca de nosotras, ¿de acuerdo?
—La joven Anderson, desde luego que no entendía nada de nada.
—¿Qué es lo que van a hacer?
—preguntó; se la podía oír asustada.
Amelia suspiró mientras ella y Amy dejaban al descubierto sus conexiones.
Al instante de hacerlo, Jessica sintió una gran calidez que la envolvía, sintiéndose a salvo junto a ambas chicas.
—Vamos a armar un alboroto —fueron las últimas palabras de Amelia antes de que comenzara la tormenta.
Amelia lanzó una patada que envió un fuerte barrido de aire hacia los hombres que se estaban acercando a ellas, causando que estos salieran volando seis metros hacia atrás.
Seguido a esto, Amy destapó su encendedor y envió dos bolas de fuego que explotaron en el aire contra dos pedazos de roca que un Oscuro había enviado contra ellas.
«¿Qué…?», fue todo lo que pudo pensar Jessica antes de que su mente fuera bombardeada por imágenes del volcán y la cueva nuevamente.
Sin embargo, esta vez podía ver como aquel bulto afelpado de color naranja se estremecía y una cabeza emergía con ojos de un verde muy brillante.
Se llevó las manos a la cabeza mientras sentía que algo crecía en su interior, al mismo tiempo que su cuerpo absorbía el calor del ambiente.
«¡¿Qué es lo que está pasándome?!», pensaba desesperada.
Ni Amelia ni Amy notaron esto; estaban demasiado ocupadas tratando de evitar que las mataran.
Habían decidido que combatirían a distancia, resguardando a Jessica en el centro detrás de ellas, bloqueando los ataques a distancia de los Oscuros y tirando al suelo a los que fueran lo suficientemente estúpidos como para acercarse.
Amelia era buena peleando con los puños, pero era mejor en el uso de sus poderes y el combate a distancia, por lo que solía alejar a sus oponentes con ráfagas de viento y atacarlos con tajos de aire comprimido.
Amy, por su lado, era todo lo opuesto; su especialidad era el combate cercano y lo complementaba con el uso de sus poderes.
Cada vez que un pobre incauto se acercaba más de la cuenta, Amy lo recibía con una patada a la rodilla y después un gancho que los terminaba de alejar.
También les daba patadas giratorias directamente en la cara cuando necesitaba despacharlos rápido.
Pronto, ambas sintieron como llegaban los refuerzos.
Laura y los otros dos Iluminados se sumaron a la pelea, mientras los sanadores se quedaban en la retaguardia, atentos por si había algún herido.
Aunque todavía no podían cantar victoria, pues seguían superándolos en número, tuvieron un pequeño respiro.
Amelia y Amy ahora solo debían preocuparse por los ataques a distancia; el número de Oscuros que cargaban contra ellas se redujo a casi cero.
Esto les elevó un poco la confianza y no se dieron cuenta del problema que había detrás de ellas.
La cabeza de Jessica no dejaba mostrarle aquellas imágenes; sentía que se congelaba y al mismo tiempo sentía una calidez imposible de describir.
Su cuerpo parecía estar a punto de explotar por aquella extraña energía que se acumulaba en su centro y ni hablar de la situación tan insólita.
«¿Personas con poderes?
¿Esto es posible?
¿Cómo?
¿Por qué?
¿Qué quieren de mí?» eran las preguntas que se acumulaban en su dolorida cabeza.
Jessica apretó la navaja en su bolsillo y tomó una decisión.
Debía salir de ese lugar, tenía que ponerse a salvo; estas personas eran peligrosas.
Impulsada por el dolor en su cabeza, el miedo y la confusión apuñaló a Amelia en el costado.
La peliblanca gritó de dolor mientras la navaja salía de su cuerpo.
Luego, antes de que Amy pudiera voltear y ver qué sucedía, Jessica la apuñaló en la pierna y echó a correr.
Todos se dieron cuenta de esto, tanto Iluminados como Oscuros, y trataron de atraparla: —¡Jessica, espera!
—Laura intentó alcanzar a la chica, pero fue azotada en las piernas por un látigo de agua—.
¡Maldito hijo de perra!
—apuntó su encendedor a su atacante y le lanzó una llamarada directo al rostro.
Laura se incorporó y trató de alcanzarla, pero fue detenida por dos Oscuros.
Los otros dos Iluminados estaban igual, intentaron llegar con Jessica, pero sus enemigos les impidieron el paso.
Debido a la superioridad numérica y a que ahora la elemental de aire estaba herida, podían capturar a la elemental de fuego; era su oportunidad.
El primer Oscuro que se les había acercado antes trató de alcanzarla, pero se detuvo cuando sintió que algo atravesaba su costado.
Se tambaleó hacia atrás mientras Jessica se alejaba corriendo.
El hombre tosió sangre mientras luchaba por respirar; era como si sus pulmones se estuvieran llenando de agua o algún líquido, su sangre.
Miró hacia donde se encontraba Amelia y notó que tenía su mano izquierda levantada, con sus dedos índice y corazón apuntando en su dirección; el pulgar de la chica estaba doblado de tal manera que la forma de su mano asemejaba a la silueta de una pistola.
El hombre lo entendió cuando su cabeza se estrelló contra el suelo una vez que sus piernas perdieron fuerzas.
La joven Elemental, una niña de apenas 16 años, le había disparado una bala de aire comprimido que atravesó su cuerpo como si fuera mantequilla.
La revelación llegó justo cuando la vida abandonó su cuerpo.
Amelia, sin tiempo para asimilar lo que había hecho, se levantó con las pocas fuerzas que tenía.
El dolor en su costado era inmenso, pero aun así lo soportó mientras juntaba sus brazos y formaba una X en su pecho.
El aire comenzó a acumularse y comprimirse a su alrededor mientras una gran burbuja de viento envolvía su cuerpo.
«Van a ver por qué soy la elemental de aire», pensó mientras sus ojos brillaban de un color blanco intenso.
Su mirada reflejaba su furia y frustración; todo lo que podía salir mal en su encuentro salió mal y su paciencia se había terminado.
—¿Amelia?
¿Qué vas a…?
—¡AL SUELO!
—el grito de Amelia resonó en todo el parque.
Amelia liberó todo el aire que había acumulado.
Laura y sus aliados se agacharon tan rápido como pudieron y menos mal, porque cuando levantaron la cabeza, vieron como los cuerpos de sus enemigos caían al suelo cortados en pedazos y no solo sus enemigos, también los árboles, postes de luz, la fuente; todo lo que fuera más alto que un perro fue cortado por el ataque de Amelia.
Se levantaron y Amelia estaba luchando para respirar, estaba sangrando por el lado derecho del torso; estaba claro que le habían perforado un pulmón.
Amy trató de levantarse, pero su herida no se lo permitió.
Los sanadores llegaron rápido y comenzaron a atenderlas, pero la mente de Amelia solo pensaba en una cosa.
—Matthew, la reunión salió mal.
Jessica está volviendo.
Los Oscuros nos atacaron, tengan cuidado —su voz era débil y le faltaba el aliento, pero Matthew alcanzó a escuchar todo.
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