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Saga Elementos - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 El Despertar del Fénix Parte 4
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33: El Despertar del Fénix Parte 4 33: El Despertar del Fénix Parte 4 —Ella ya está aquí; esperaremos a que entre a la casa para sacarla junto al resto de su familia —la respuesta de Martthew fue inmediata.

Habían pasado tres minutos desde que Jessica apuñaló a Amelia hasta que Matthew recibió la llamada, y la chica ya había regresado a su casa.

Todos lo habían notado, pero decidieron no intervenir porque no sabían si estaba huyendo, si había regresado para empacar sus cosas o si estaba pasando algo más.

No había pasado ni un minuto desde que vieron la puerta cerrarse cuando recibieron el aviso de Amelia.

Ahora sabían que debían ingresar a esa casa lo antes posible; los Oscuros habían sido muy audaces al realizar un ataque en un lugar público, aun si era un vecindario peligroso y solitario por la noche.

Esto indicaba que no les importaba ser descubiertos con tal de llevarse a Jessica.

—Prepárense para entrar, no tenemos tiempo que… —¿Desde cuándo el Desertor da las órdenes?

—el muchacho que interrumpió a Matthew era bastante joven, de apenas 18 años; obviamente, la reputación de Matthew y el respeto que inspiraba en los demás no significaban nada para él.

—Si vuelves a hablar así, regresarás al hotel, mocoso —le advirtió el líder del equipo oeste— Prepárense para entrar, ahora —ante esta orden directa, dada por un líder claramente molesto por la falta de respeto de un novato, todos se apresuraron.

—Tienes que enseñarme algunos trucos para cuando Amy se ponga difícil —el líder oeste no pudo evitar reír por lo bajo.

Las risas terminaron al escuchar unos gritos desgarradores saliendo de la residencia Anderson.

Todos voltearon la vista para ver qué lo había provocado; parecía haber sido el grito de una mujer, un grito que parecía un lamento espectral.

Luego, le siguió otro grito, esta vez de una joven.

Nadie entendía lo que estaba pasando y, antes de que alguien pudiera decir algo sobre el asunto, Jessica salió de la casa.

Se sujetaba el brazo izquierdo, parecía estar lastimada y en su mano derecha sostenía lo que parecía ser un cuchillo.

Al verla, una pregunta silenciosa se formó: ¿Qué había pasado?

***** Jessica corrió lo más rápido que pudo, dejó atrás a Amelia, Amy, Laura y a todos esos tipos que estaban lanzando piedras, fuego y agua como si fueran magos.

Corrió y corrió, ignorando al hombre que casi la atrapa, solo escuchando como este caía al piso.

Siguió corriendo hasta llegar a su vecindario.

¿Por qué no tocó la puerta de alguien más?

Porque nadie le creería.

Era imposible de creer que una persona tuviera esos poderes, pero entonces, ¿qué explicación podía darle a lo que acababa de ver?

No la tenía.

Solo quería regresar a su casa, tirarse en su cama y volver a dormir; a la mañana siguiente despertaría de esa pesadilla.

La chica llegó a su casa, abrió la puerta tan rápido como pudo, con las manos sudadas y temblando, además de estar resbalosas por la sangre de Amelia y Amy.

Cuando finalmente pudo entrar, cerró la puerta con ambas manos mientras luchaba por tranquilizar su respiración.

Había apuñalado a esas chicas; peor aún, había apuñalado a Amy, la novia de su hermano, con quien logró llevarse bien y reconstruir un vínculo.

Si antes no la odiaba, ahora sí que lo haría.

Las visiones en su cabeza se detuvieron y su cuerpo dejó de absorber esa energía tan extraña; ya no sentía aquellos escalofríos ni aquella calidez.

Ahora, solo había paz.

Jessica volteó y se recostó en la puerta; quería terminar de normalizar su respiración.

Sin embargo, sus ojos se enfocaron en la enorme figura de John, su otro hermano, y Ana.

Fue entonces que los escalofríos volvieron, pero esta vez se sentían más como un reflejo natural de su cuerpo que le indicaba que algo no estaba bien.

Jessica tragó saliva.

—¿Dónde estabas?

—exigió Ana, su voz parecía un lamento.

Jessica no podía verla bien; habían apagado las luces y solo podía distinguir vagamente su silueta.

—Solo fui a ver a unas amigas —mintió Jessica; obviamente no le contaría a Ana lo que acababa de ver, nadie le creería.

—¿Fuiste a corromper sus almas?

—Jessica notó que su madre estaba en medio de uno de sus episodios psicóticos más fuertes.

—Yo… iré a mi cuarto —Jessica trató de avanzar, pero se detuvo luego de dar un paso.

Sintió que la sangre de todo su cuerpo se congelaba.

John tenía un cuchillo en su mano y Ana también, pero… ¡Había sangre en el cuchillo de Ana!

Sin darle tiempo a reaccionar, John se lanzó sobre Jessica tratando de apuñalarla, pero la chica se hizo a un lado para esquivarlo.

Bien, había escapado por un pelo, pero ahora John y su gran cuerpo estaban bloqueando la salida.

John notó la sangre en la mano de Jessica y esto lo enfureció más.

Volvió a abalanzarse sobre su hermana y trató de apuñalarla.

No lo consiguió, porque Jessica volvió a moverse, pero sí logró cortarla y derribarla.

Ahora, la chica estaba a merced de su hermano mayor.

John levantó las manos y el cuchillo y recitó una oración.

—Dios, oramos por tu perdón y te suplicamos que envíes a este Demonio al Infierno.

Que arda en el fuego y el azufre por toda la eternidad y que reciba tu castigo eterno.

¡Amén!

Jessica sabía lo que su hermano haría una vez terminada aquella oración tan macabra.

No hubo pensamientos, no hubo sentimientos; todo eso vino después de que Jessica estiró su mano para agarrar la navaja suiza de su bolsillo y clavarla en el cuello de su hermano.

El hombre, con toda su gran anatomía, se levantó, sujetando su cuello y gimoteando de dolor mientras la sangre salía a borbotones y manchaba el piso de la casa.

Ana estaba tan aterrada que no sabía qué hacer.

John, en medio de convulsiones y contracciones, dejó el cuchillo en la mesa antes de colapsar en el suelo, muerto.

Jessica se levantó y observó lo que había hecho, su obra.

Había matado a un hombre, peor aún ¡Había matado a su hermano!

De la nada, las visiones volvieron.

Las imágenes del volcán y esos ojos verdes brillantes volvieron a mostrarse en su cabeza y su cuerpo volvió a calentarse, pero no tuvo tiempo de procesar nada de esto cuando se oyó el grito de Ana.

Un grito mezclado con el llanto de la mujer.

Al poco tiempo, Ana se abalanzó contra Jessica y logró apuñalarla en el brazo izquierdo.

Jessica comenzó a gritar, llena de dolor.

Las lágrimas comenzaron a caer en cascada por sus ojos.

«¿Qué es lo que está pasando?

¿Por qué?», pensaba la joven.

—¡Maldito, Demonio!

¡Mataste a mis bebés!

—gritó Ana mientras sacaba el cuchillo y trataba de apuñalar a su hija otra vez.

Jessica tomó el cuchillo que John había dejado en la mesa y lo clavó en el vientre de su madre para luego sacarlo y echar a correr.

La joven abrió la puerta y salió de aquella casa.

La fría brisa de la noche golpeaba su cuerpo, haciendo que su herida ardiera.

—¿Qué es lo que pasa?

—preguntó desesperada.

No sabía qué estaba pasando y entonces reparó en un detalle que había pasado por alto debido a la situación: el cuchillo de Ana estaba manchado con sangre desde antes del ataque.

Solo había una persona faltante de su familia: Jordan.

¿Dónde estaba?

¿Estaba vivo?

¿Estaba bien?

¿Acaso Ana lo había matado?

La chica no lo sabía, así como tampoco sabía que la estaban vigilando.

Matthew y su equipo estaban viendo la situación y mostraban una mezcla entre confusión y miedo.

—¿Qué pasó?

—preguntó el líder norte.

—Esos gritos… ¿Creen que la madre haya perdido la cordura por completo?

—preguntó el líder sur.

—No lo sé, pero no podemos dejar que se vaya —Matthew estaba de acuerdo con el líder oeste.

—Déjenme hablar con ella —pidió rápidamente—.

Me conoce, quizás confíe en mí —los tres líderes se miraron entre sí antes de asentir con la cabeza y dar su aprobación—.

De acuerdo, adelante.

Mientras Jessica corría con un solo destino en mente, un hombre envuelto en una luz azul parpadeante apareció frente a ella.

Al enfocar su vista logró reconocer a Matthew Simons.

El hombre la miraba con preocupación; no podía evitar ver a su hija reflejada en Jessica.

Como padre, uno de sus miedos más grandes era: “¿Qué pasa si no estoy ahí para mi hija?”.

Al ver a Jessica en ese estado, herida y asustada, supo cuál era la respuesta.

Jessica, por su lado, estaba a la defensiva.

Nada más ver al hombre, volvió a sentir aquella extraña calidez en su cuerpo.

Inmediatamente, levantó el cuchillo y lo apuntó hacia Matthew con las manos temblorosas.

Los Iluminados, quienes observaban la interacción desde los tejados, querían intervenir, pero los líderes sabiamente los detuvieron.

Esa niña no era una Oscura, no era una enemiga, solo era una niña asustada.

Matthew levantó las manos en señal de paz y mantuvo su distancia.

—Jessica, sé que estás asustada —comenzó a decir mientras bajaba las manos—.

Sé que tienes miedo.

—Usted… es uno de ellos —la voz de Jessica temblaba.

—Sí, lo soy, pero no quiero hacerte daño.

Solo quiero ayudarte—.

Matthew se animó a dar un paso al frente.

Su mirada era sincera.

Jessica no había visto una mirada así en otra persona que no fuera Lucía.

Por eso, creía que era un truco, porque nadie se había preocupado por ella además de su maestro.

—Yo… apuñalé a Amy —soltó Jessica y Matthew se estremeció, pero sabía que si su hija hubiera muerto, lo habrían informado en la radio.

Así que mantuvo la compostura—.

También apuñalé a Amelia, a mi madre… —la chica rompió a llorar—.

¡Dios, acabo de matar a mi hermano!

—Jessica estaba sollozando sin parar y las lágrimas no paraban de salir—.

¿Qué es lo que hice?

—Matthew dio otro paso y extendió la mano.

—Jessica, está bien.

Puedo ayudarte, pero tienes que darme ese cuchillo, ¿de acuerdo?

—Matthew se acercó más; sabía que Jessica estaba a nada de despertar sus poderes, pero no le importaba.

Jessica, por primera vez en su vida, sintió que no tenía otra salida más que confiar en alguien más.

Desde niña, siempre había puesto barreras para no tener que confiar en nadie, pero ahora… esas barreras habían caído.

La joven, con manos temblorosas, entregó el cuchillo.

Matthew lo lanzó al otro lado de la calle y luego miró a Jessica.

La chica, rota y frágil, se lanzó contra el hombre para abrazarlo y comenzó a llorar y gritar sin control.

Matthew la abrazó de vuelta, buscando consolarla.

Le acarició la espalda y el cabello para calmarla; eso siempre funcionaba con Amy cuando lloraba de bebé y parecía funcionar con Jessica.

Los líderes suspiraron aliviados; aunque todavía sentían pena por Jessica y les partía el corazón verla así, sabían que la misión aún no terminaba.

Por suerte, parecía que venían refuerzos a ayudar, pues sintieron cuatro conexiones cálidas acercarse.

Todos suspiraron aliviados.

Si lo que Jessica había dicho era verdad, entonces tendrían que informarle al detective Taylor de al menos un cadáver esa noche, por lo que se agradecía la ayuda.

Un auto se estacionó en la calle de arriba, pero la alegría duró poco cuando vieron a Alfonso bajar del vehículo y envolverse en rayos.

—¡Simons, cuidado atrás!

—le advirtió el líder sur.

Matthew alcanzó a darse la vuelta y detener a Alfonso, quien iba directo a atravesarlo con su mano.

Agarró a Alfonso por la muñeca, envolviendo de electricidad solo sus brazos; no quería electrocutar a Jessica por accidente.

La chica se alejó y Matthew por fin pudo activar su armadura por completo.

Al hacerlo, los rayos y la electricidad invadieron su cuerpo y pudo conectar una patada al estómago de Alfonso, haciéndolo retroceder, pero se recuperó muy fácil.

Matthew miró a su alrededor y notó que tenía otro problema.

Los líderes y el resto del equipo estaban inconscientes en los tejados.

Ahora, solo quedaba él contra Alfonso y sus tres amigos.

Normalmente, esto no representaría un problema, pero si tenía que proteger a Jessica mientras luchaba contra ellos, entonces la historia era otra.

Tomó a Jessica y corrió dos cuadras calle arriba.

Sabía que Alfonso lo seguiría, pero su plan no era escapar.

Se detuvo en una intersección y dejó a Jessica en el suelo.

—Jessica, escúchame bien: no puedo protegerte y pelear al mismo tiempo.

Estos tipos no son precisamente buenas personas —Matthew miró a Jessica a los ojos—.

Quieren matarte —Jessica sintió su cuerpo temblar—.

Debes irte —continuó el hombre mientras sus oponentes se acercaban a él—.

Te buscaré después, pero debes irte ya —Matthew detuvo otro ataque de Alfonso; esta vez estuvo a solo centímetros de la cara de Jessica—.

¡VETE!

—aquel grito sacó a Jessica de su trance y la joven comenzó a correr.

—¡Maldito!

—gritó Alfonso.

Zhao intentó alcanzar a Jessica, pero Matthew le lanzó a Alfonso con una patada.

Terminaron chocando contra un hidrante y Jessica desapareció en la siguiente cuadra.

Matthew tocó el poste de luz que había en la acera cercana, cerró los ojos y absorbió electricidad hasta que la lámpara encima de su cabeza se apagó.

Cuando finalmente abrió los ojos, todos pudieron ver que su mirada y apariencia habían cambiado.

Sus ojos emitían un leve brillo azul eléctrico, las puntas de su cabello se erizaron y los rayos en su armadura se volvieron más intensos que antes, pero cuando vieron sus manos supieron que estaban en problemas.

Sus manos estaban brillando de un tono azul celeste y soltando chispas eléctricas.

Matthew Simons estaba totalmente cargado y su conexión lo dejaba muy claro.

La conexión de Matthew alcanzó un nivel que nadie esperaba.

Este hombre era tan fuerte como el Cometa número 10.

Los ojos de Martthew se posaron sobre sus oponentes.

Su sola mirada dejaba claro que no estaba de humor para juegos.

Fue ahí que Alfonso, Sofía, Zhao y Carl entendieron la razón de por qué todos respetaban a Matthew Simons, por qué los Oscuros le temían y por qué fue considerado un candidato a Cometa a sus 19 años.

Su sola presencia lo dejaba claro.

—Si quieren a esa niña, tendrán que matarme primero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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