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Saga Elementos - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 El Despertar del Fénix Parte 5
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34: El Despertar del Fénix Parte 5 34: El Despertar del Fénix Parte 5 —Imposible… —Alfonso no podía creer lo que estaba viendo.

Ninguno de los cuatro podía creerlo; pese a que Alfonso entendía lo que había pasado, seguía sin poder creerlo.

Matthew había llevado su armadura de rayos a un nivel superior.

Alfonso se apresuró a llegar a un poste de luz y recolectar tanta electricidad como pudo, pero seguía estando lejos de igualar el nivel de Matthew.

El Desertor, por su lado, miró a cada uno de sus oponentes y no pudo evitar sonreír cuando sintió las conexiones de sus oponentes llegar a su límite; todos tenían un nivel inferior al suyo, pero su superioridad numérica igualaba la situación.

—Cuatro contra uno —dijo Matthew enseñando sus dientes— Por fin, una pelea justa.

Matthew tenía muy en claro que razonar con estos tipos era imposible, así que eligió dejar de lado esa idea y disfrutar de la pelea.

Siempre y cuando Alfonso no huyera, Jessica estaría a salvo; los demás no tenían forma de rastrear a la chica, pero aun así no podía dejar que se fueran, pero tampoco podía matarlos, eso solo le traería problemas con los Iluminados.

¿La solución?

Golpearlos hasta la inconsciencia.

Con lo anterior en mente, Matthew adoptó una postura de combate: el torso de lado, mirando a la izquierda, la mano derecha con los dedos extendidos al frente y la palma hacia arriba, la mano izquierda apretada en un puño en la cintura, pierna derecha al frente y pierna izquierda atrás.

Matthew no recordaba cuándo fue la última vez que adoptó aquella pose.

«Cierto.

Fue en mi último entrenamiento con mi maestro.

Me pregunto cómo estará ese viejo cascarrabias», pensó Matthew con nostalgia.

Alfonso se lanzó contra el Desertor, pero su puño izquierdo fue desviado por la mano derecha de Matthew, la cual apenas lo empujó hacia abajo.

Alfonso sonrió; él había esperado esto y siguió su ataque con su puño derecho.

Lanzó el golpe con toda su fuerza y a toda velocidad, pero de nuevo fue desviado por la mano derecha de Matthew.

«¡Imposible!

¿Cómo es que es tan rápido?», pensó Alfonso mientras comenzaba una tormenta de golpes que iban a 350 kilómetros por hora.

Sin embargo, a pesar de esta gran velocidad, Matthew solo estaba moviendo su brazo derecho para bloquear y desviar los ataques de Alfonso.

Zhao y los demás apenas podían creer lo que veían; Alfonso estaba siendo rechazado con suma facilidad por Matthew, el cual ni siquiera estaba retrocediendo.

Sin embargo, Carl no se quedó quieto.

Levantó dos grandes pedazos de piedra del suelo y los lanzó hacia Matthew desde ambos lados.

Eran lo bastante grandes como para herirlo de gravedad, pero no lo suficiente como para aplastarlo; tenía que tener cuidado de que Alfonso no quedara atrapado en medio del ataque.

Matthew notó esto; para él, el mundo se movía en cámara lenta.

Cuando desvió el siguiente golpe de Alfonso, hubo un estallido y su oponente dejó de atacar.

Alfonso había recibido una descarga eléctrica en su mano; el poder de Matthew era muy superior al suyo, tanto como para atravesar su armadura de relámpagos que, se suponía, debía protegerlo de descargas eléctricas.

Matthew aprovechó el momento para saltar hacia atrás antes de que las rocas lo golpearan.

Cuando las rocas se quebraron en una gran nube de polvo y tierra, Matthew reapareció y le dio una fuerte patada en el estómago a Alfonso que lo mandó a volar calle abajo.

Sofía intentó atacar a Matthew.

Ella había sido la última en unirse a la pelea y Matthew entendió la razón.

La mujer tenía dos látigos de agua que corrían desde sus hombros y se extendían hasta alcanzar la impresionante longitud de 3 metros.

Por el color y el olor, supo que era el agua de las alcantarillas que habían colapsado en su vecindario.

La mujer se había tomado el tiempo en ir y recolectar el agua para poder pelear en condiciones.

Un latigazo de agua casi lo alcanza, pero Matthew pudo esquivarlo fácilmente; también evitó que la mujer lo agarrara de las piernas con el otro látigo.

Sin embargo, sí que lo sorprendió cuando formó una esfera de agua y lanzó varios proyectiles de hielo en su dirección.

Esto no era algo raro, pues los usuarios del agua son capaces de bajar su temperatura al punto de congelarla para poder atacar usando el hielo.

No obstante, aunque le sorprendió el ataque, Matthew pudo esquivarlo sin mayores problemas.

Carl formó un puño de roca en su mano y cargó contra él, pero Matthew mantuvo la mente fría y en calma.

Esquivó el ataque y, con su mano derecha, disparó un fuerte rayo a quemarropa en el abdomen de Carl.

No fue suficiente para matarlo, pero sí que lo dejaría fuera de combate por ahora.

Al percatarse de esto, Zhao intentó lanzar una fuerte llamarada, pero su ataque fue esquivado al instante.

Matthew se dirigió a incapacitar a su oponente y le lanzó un golpe con la mano izquierda directamente al abdomen.

Sin embargo, su puño se detuvo en seco y lo siguiente que sintió fue un dolor agudo y punzante, como si un puñal ardiente atravesara su codo hasta su hombro.

Al mirar hacia su brazo, se dio cuenta de la razón: Alfonso lo había agarrado desde la muñeca y la parte media del antebrazo y lo había torcido hacia la izquierda.

¡Le había dislocado el codo!

El dolor fue inmediato.

Sintió su visión nublarse mientras un gruñido escapaba de sus dientes apretados, los cuales rechinaban.

Matthew se obligó a sí mismo a no cerrar los ojos; sabía que hacerlo le costaría la vida.

El rostro de Alfonso se deformó en una mueca siniestra y confiada; su sonrisa maliciosa enseñaba sus dientes.

—Veamos cuánto puedes durar sin tu preciada Lanza —lo siguiente que Matthew supo fue que Alfonso lo golpeó en el rostro.

Matthew trató de tomar distancia, pero solo pudo alejarse dos pasos porque Alfonso se pegó a él.

No iba a dejarlo escapar.

Puso su pierna izquierda atrás para más estabilidad y la pierna derecha adelante.

Alfonso comenzó una lluvia de golpes; buscaba atravesarlo con la técnica Perforación, pero Matthew comenzó a desviar sus ataques con una sola mano.

Sin embargo, cada vibración, cada leve movimiento, enviaba ondas de dolor desde su codo lesionado a todo el cuerpo.

«Carajo, esto duele», pensaba Matthew mientras seguía desviando los ataques de Alfonso.

Ahora estaba totalmente acorralado.

Si echaba a correr, Alfonso lo perseguiría, pero si se quedaba quieto, cualquiera de los otros tres lo atacaría.

Como si quisieran darle la razón, Carl lo atacó con su puño envuelto en rocas.

Matthew saltó hacia atrás para evitar el ataque, pero Alfonso llegó desde su costado izquierdo.

Obviamente, quería aprovechar la enorme desventaja que tenía, ahora que su brazo izquierdo estaba lesionado.

Matthew apenas pudo cambiar de posición a tiempo para desviar el ataque de su oponente.

Sin embargo, La Lanza Relámpago notó que algo había cambiado en el estilo de combate de Alfonso.

Su oponente ahora apuntaba a su muñeca y antebrazo derecho.

«¡Quiere desarmarme!» dedujo al instante.

Los golpes de Alfonso, los cuales eran enviados en forma de garra, no pretendían atravesarlo con la técnica Perforación.

Sus manos se aflojaban justo antes de que Matthew desviara sus golpes; aquello solo podía indicar que Alfonso buscaba torcer su brazo derecho también.

«Esto es malo.

Si consigue restringir la movilidad de mi brazo derecho, estaré acabado», concluyó el hombre.

Alfonso ensanchó su sonrisa mientras aumentaba su velocidad con cada golpe que lanzaba.

Con cada ataque, estaba más cerca de poder agarrar el brazo derecho de su oponente.

¿Acaso podría haber algo mejor?

El hombre que lo había humillado en el pasado y que provocó que lo enviaran a una evaluación psicológica, ahora estaba a su merced, acorralado.

En su momento, el psicólogo que evaluó a Alfonso lo había diagnosticado con trastorno narcisista de la personalidad, derivándolo con un psiquiatra.

Si Iván no lo hubiera ayudado, no podría haber realizado misiones fuera del templo sin estar bajo estricta supervisión y tratamiento médico.

Sin embargo, a pesar de la ayuda de Iván, todos dejaron de hablarle.

Incluso sin que el médico revelara su diagnóstico, todos sabían que algo no estaba bien en Alfonso y preferían alejarse de él, pero ¿qué importa eso?

Tenía todo lo que podía desear.

Su vida era grandiosa y sería perfecta cuando acabara con el hombre que se atrevió a humillarlo frente a todos.

La ilusión de Alfonso se vio interrumpida al sentir dolor en su pierna derecha, seguido de un fuerte golpe en la mandíbula desde abajo.

Matthew estaba acorralado, sí, pero notó una apertura en la postura de Alfonso, apertura que no dudó en aprovechar.

Su oponente solo usaba sus manos y estaba demasiado concentrado en el brazo de Matthew, cuidándose de su Lanza derecha; esto provocó que descuidara sus piernas.

Matthew no lo pensó dos veces.

Apenas notó esta apertura, lanzó una patada baja con todas sus fuerzas a la pierna derecha de Alfonso, solo para después conectarle un uppercut que dejó aturdido a su rival.

«No creas que ya ganaste solo porque me dislocaste el codo, niño.

Llevo casado 19 años con una luchadora de kickboxing, desde luego que aprendí algunas cosas de ella», pensó Matthew mientras las imágenes de sus entrenamientos con Laura pasaban por su mente, especialmente aquellas donde Laura casi le rompe las piernas a base de patadas bajas.

Alfonso estaba aturdido y Matthew pudo conectarle un rodillazo en la quijada mientras saltaba, daba un giro y luego una patada que mandó a volar a Alfonso calle abajo.

¿Por qué Zhao, Carl y Sofía no intervinieron para ayudar a su compañero?

Simple, porque todo este intercambio ocurrió en solo 10 segundos.

Así es, solo pasaron 10 segundos, desde que Alfonso y Matthew comenzaron su intercambio de golpes, hasta que el Desertor lo mandó a volar al Iluminado.

No obstante, Matthew seguía incapacitado de un brazo; era su oportunidad de acabar con él.

Matthew sabía que tenía que actuar rápido.

Con la mandíbula apretada, agarró su antebrazo con la mano no lesionada.

El primer movimiento hizo que su visión se estrechara; un grito sofocado se escapó de su garganta mientras sentía una oleada de dolor blanco, cegador.

Cuando comenzó a aplicar presión, el dolor fue inmediato, ardiendo a través de cada fibra de su ser como una corriente eléctrica, la cual él no podía controlar.

Era como si cada nervio en su brazo gritara a la vez, una cacofonía de agonía que le cortaba la respiración.

Sintió el crujido y rechinar de los huesos al volver a su lugar, un sonido que sólo intensificaba el tormento.

Era un dolor que parecía interminable, pulsante, que reverberaba desde su codo hasta su hombro y hacia el centro de su pecho.

Todo su cuerpo temblaba con el esfuerzo de no perder el conocimiento, mientras el mundo a su alrededor se desdibujaba en una neblina de sufrimiento.

Finalmente, con una última torsión y un grito de pura determinación, sintió que la articulación encajaba.

El dolor no desapareció, pero la intensidad disminuyó lo suficiente como para que pudiera moverse.

Respiró hondo, recuperando el control, sabiendo que aún tenía que enfrentar a los otros tres.

Zhao y los demás se mantuvieron en sus lugares.

Estaban impactados de ver cómo Matthew pudo reacomodarse el codo sin desmayarse.

Sin embargo, se recuperaron rápido y atacaron.

Carl intentó golpear a Martthew cuando todavía estaba aturdido por el dolor, pero su ataque fue esquivado sin mayores esfuerzos.

Matthew le conectó una fuerte patada en las costillas, cargada con unos cuantos miles de voltios, que mandó a volar a Carl calle abajo.

No lo mató, pero sí lo dejó inconsciente en el acto.

«Ahora que Alfonso no está estorbando, será fácil vencer a estos tres» concluyó Matthew y no se equivocaba.

Alfonso era el más rápido del grupo; él fue quien lo mantuvo a raya y le provocó las heridas.

No porque fuera más fuerte, fue porque aprovechó la distracción que sus compañeros le daban.

El siguiente en caer fue Zhao, quien recibió varios golpes en el pecho y un derechazo en la cara, todos cargados con electricidad, que lo dejaron inconsciente en el acto.

Sofía fue la última en caer; ella fue la más sencilla de derribar.

Bastó con lanzarle un rayo a uno de sus látigos de agua para que se desmayara y cayera inconsciente.

Matthew suspiró, pues su trabajo todavía no terminaba; ahora tenía que buscar a Jessica.

—Chicos, tenemos una situación aquí —comunicó por la radio—.

Se trata de Alfonso y su grupo; ellos… —tuvo que detenerse a media frase para esquivar el ataque de Alfonso, quien se había levantado para continuar peleando—.

Eres muy persistente, niño.

—¡Cállate!

Alfonso trató de golpearlo otra vez, pero se detuvo al sentir que algo le atravesó la parte superior del pectoral izquierdo.

Al bajar la vista, encontró la mano derecha de Matthew dentro de su cuerpo, envuelta en un manto celeste.

Alfonso gimió de dolor y se apresuró a desviar la electricidad alrededor de la herida para no desmayarse.

Empujó con una patada a Matthew y se separó de él.

«¿Esa es su famosa Lanza?» se preguntaba Alfonso mientras tomaba distancia.

Matthew se puso nuevamente en guardia.

Con esa herida, Alfonso no podría usar su brazo izquierdo.

Ahora, él también estaba desarmado de un brazo.

Con el campo de juego igualado, estaba seguro de que podría ganar, pero Alfonso no estaba dispuesto a perder, no contra él, no contra Matthew.

Envolvió su cuerpo en electricidad y escapó del área tan rápido como pudo.

Matthew pudo respirar y relajarse un poco, pero ahora que la adrenalina no estaba corriendo por sus venas, pudo sentir el verdadero dolor de su herida.

Al bajar la mirada, notó como toda el área del codo estaba inflamada.

Usó las pocas fuerzas que le quedaban para correr y atar a Zhao, Carl y Sofía a un poste de luz.

No sabía cuánto tiempo estarían inconscientes y todavía había más problemas.

Empezando por la ubicación de Jessica, no sabía en dónde estaba y tenía que encontrarla rápido, antes que los Oscuros.

Fue entonces que recordó algo de golpe.

«Un momento.

Jessica salió de su casa herida y escuché gritos antes».

Matthew se llevó la mano al comunicador en su oído de inmediato.

—Aquí Simons, necesito refuerzos en la residencia Anderson y a varios sanadores —por más que no quería, tuvo que decir lo último—.

E infórmenle al detective Taylor de un posible homicidio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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