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Saga Elementos - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 La Noche Apenas Empieza
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35: La Noche Apenas Empieza 35: La Noche Apenas Empieza En pocos minutos, los refuerzos habían llegado, junto con Amelia, Amy, Laura y un enojado detective Taylor, quien no estaba muy contento de tener que trabajar fuera de su horario habitual, pero no era el único molesto.

Los líderes norte, oeste, este y sur, así como los otros 11 Iluminados que habían acompañado a Matthew a la casa de Jessica, estaban de muy mal humor después de despertar.

¿La razón?

La más simple de todas: un orgullo lastimado.

Mientras a ellos los dejaban inconscientes con golpes de piedras en la parte posterior de la cabeza, Matthew se enfrentó él solo contra los 4 que los habían atacado, logrando derrotarlos con un solo brazo y capturando a casi todos.

Matthew, por su lado, no estaba del todo bien.

Cuando su codo se dislocó, se llevó en el camino varios vasos sanguíneos, ligamentos y tendones, provocando que su codo se inflamara y convirtiendo cosas tan simples como estirar o doblar por completo su brazo en una tortura.

Afortunadamente, los sanadores llegaron a tiempo y comenzaron a tratar sus heridas, pero tomaría un tiempo para que Matthew pudiera regresar al combate.

Mientras lo trataban, La Lanza Relámpago comenzó a explicar lo sucedido.

Contando cómo se escucharon gritos de la residencia Anderson, las heridas y las palabras de Jessica, el ataque que sufrieron de parte de Alfonso, cómo fue que Jessica consiguió escapar.

Matthew no se guardó nada.

Desde luego, Elizabeth estaba escuchando la conversación por la radio y analizaba la información desde el hotel.

—¿Crees que sea un problema atrapar a Alfonso?

—preguntó Elizabeth.

Matthew respondió mientras los sanadores envolvían su codo en una burbuja de agua fría para comenzar el tratamiento.

—Logré herirlo antes de que escapara.

No podrá mover el brazo izquierdo; es probable que busque a un sanador que pueda curarlo.

Suponiendo que no vaya a buscar a Jessica antes, claro —respondió Matthew antes de empezar a gemir de dolor mientras los sanadores curaban sus heridas.

—No lo creo, Matthew —comentó el líder sur—.

Alfonso podrá ser impulsivo, pero no es estúpido; buscará un lugar para recuperarse antes de volver a la caza.

—Lamento interrumpirlos, pero hay algo más que me preocupa —dijo el detective Taylor, causando que todas las miradas fueran dirigidas a él—.

La chica dijo que, además de Amelia y Amy, también había apuñalado a su madre y que había matado a su hermano, ¿correcto?

—Matthew asintió con pesar—.

Bueno, si eso es verdad, entonces debe haber, como mínimo, un cadáver en esa casa —Taylor señaló la residencia Anderson—.

Hay que entrar ahí rápido.

—Tú eres el policía, ¿por qué no entras primero?

—preguntó Amelia.

—No es tan simple, niña.

Como detective, no puedo entrar a una casa sin una causa probable.

Si esa chica estaba equivocada y su hermano sigue vivo, entonces habré molestado a una “familia inocente” para nada y eso podría costarme la placa —explicó el detective—.

Sin embargo, si la pista anónima que recibí a mi número privado es verídica, entonces puedo saltarme el protocolo y entrar sin una orden del juez.

—Quieres que nosotros entremos —concluyó Amy.

—Vale, si así son las cosas, entonces no hay tiempo que perder —advirtió el líder norte.

—Sin embargo, dudo mucho que la madre nos deje entrar si lo pedimos amablemente —intervino Taylor.

—Justo pensaba en eso —la mirada de Amelia estaba fija en la ventana de la habitación de Jessica—.

Hay que dividirnos en tres equipos.

Uno que vaya por la puerta principal, otro por la entrada trasera y un tercero que entre por esa ventana —Amelia señaló el punto en cuestión; era la ventana del cuarto de Jessica.

—Asumo que te gustaría entrar a la casa, ¿correcto, Amelia?

—interrogó Elizabeth por la radio.

—Sí —respondió la joven peliblanca.

—Como sea, solo apresúrense —apuró el detective Taylor.

Amelia se volvió hacia Laura y Amy.

—Quiero que vengan conmigo.

—¿Por qué?

—Laura estaba muy confundida.

—El hermano de Jessica es tu novio, ¿no?

—Amelia miró a Amy.

Fue ahí que Amy cayó en cuenta de que no había visto a Jordan desde hace casi dos días.

La última vez que hablaron fue cuando se despidieron y prometieron verse en la escuela al día siguiente.

Justo antes de que estallara toda la pelea contra los Oscuros en el vecindario y las calles fueran destruidas.

La chica no lo había visto desde entonces.

Ahora que su padre le habló sobre el estado en el que vio a Jessica por última vez, estaba muy preocupada.

Ella no creía que Jordan le hubiera provocado las heridas a Jessica, pero sí que estaba convencida de que algo le había pasado.

Amelia también presentía que algo estaba mal.

Ella tampoco quería creer en la posibilidad de que Jordan hubiera atacado a Jessica, pero tenía la declaración de la propia chica donde confesaba haber matado a uno de sus hermanos, sin especificar cuál.

Lo que significaba que debía haber uno más en la casa y podría estar preparado para matar de ser necesario.

Amelia necesitaba a Amy por dos razones; la primera era para identificar el cuerpo del hombre muerto y la segunda era para calmar a Jordan en caso de ser necesario.

Los equipos se alistaron y Amelia, Amy y Laura subieron al árbol mientras los demás equipos tomaban posiciones; debían estar preparados en caso de que Ana Anderson los atacara.

La idea era entrar cuando Amelia y las Simons estuvieran en el cuarto de Jessica.

Ahora, en el árbol frente a la ventana, Amelia saltó y usó sus poderes para aterrizar en el marco; por suerte estaba abierto y pudo entrar fácilmente.

Una vez dentro, ayudó a Amy y a Laura.

Se tomaron un segundo para admirar el cuarto de la chica.

Podían ver que la ropa de Jessica estaba esparcida por todo el piso y parecía que el lugar había sido azotado por un tornado.

Sin embargo, no sabían si esto era por la falta de organización de Jessica o por obra de Ana, pues la cama estaba destrozada, con marcas en el colchón y las almohadas que exponían el relleno, que parecían haber sido hechas por un cuchillo.

Además, el colchón desprendía un olor bastante desagradable, dejando claro su mal estado.

Aquella escena les heló la sangre a las tres, especialmente a Laura.

Ella no era precisamente una santa; en sus años en la Orden asesinó a muchos Oscuros.

Sabía lo que era matar, había visto a auténticos monstruos a los ojos, gente que no sentía remordimiento por cometer atrocidades indescriptibles, pero el solo pensar en una madre capaz de matar a su propia hija le revolvía el estómago.

—Chicas, estamos en posición.

¿Cuál es su estado?

—preguntaron los Iluminados, sacando a las tres de sus pensamientos.

—Estamos en el piso de arriba, pueden entrar —respondió Amelia.

Al escuchar esto, los Iluminados que estaban en el exterior derribaron las puertas y entraron.

Amelia y las demás se animaron a bajar y encontraron a Ana Anderson siendo esposada.

Tenía una herida de puñal en el abdomen, pero se negaba a ser revisada.

Se retorcía demasiado; Amelia no podía saber si estaba viendo a una mujer o a un monstruo sacado de alguna película de terror.

La mujer tenía el cabello largo y enmarañado, su cara estaba llena de ojeras, era demasiado delgada, tanto que parecía estar desnutrida, vestía un camisón empapado en sangre y su olor era desagradable; estaba claro que llevaba varios días, tal vez semanas, sin tomar una ducha.

Al ver a Amelia, su mirada cambió y pareció entrar en una especie de trance.

Inmediatamente, se arrodilló frente a Amelia e intentó acercarse, pero no podía; los Iluminados la estaban sujetando firmemente.

Sin embargo, esto no le impidió hablar.

—Mi señor finalmente ha respondido a mis súplicas —comenzó a decir la mujer; su voz daba miedo—.

Él ha enviado a un ángel para llevarme al cielo a pesar de haber fallado en mi labor —los Iluminados querían llevársela, pero Amelia lo impidió, quería ver si podía sacarle información que la ayudara a determinar qué había pasado en la casa.

Detrás de la mujer había un cadáver, un hombre grande y gordo con una herida de puñal en el cuello; yacía muerto en un charco de su propia sangre.

—Ese es John Anderson —aclaró Laura.

—Oh… mi pobre niño… murió por culpa de ese maldito Demonio —Ana comenzó a llorar—.

Querido y venerado Ángel, hice todo lo que pude, pero ese asqueroso engendro de Satanás se escapó.

Solo pude herir uno de sus brazos —aquello llamó la atención de Amelia.

Concordaba con la historia que Jessica le contó a Matthew.

—Tengo entendido que tienes otro hijo.

¿En dónde está?

—preguntó Amelia.

Amy se mostró preocupada y ansiosa mientras esperaba la respuesta de Ana.

—Oh… mi querido Jordan… ese Demonio lo había seducido, lo manipuló para seguir el camino de la oscuridad —Ana miró a Amelia, el cabello caía sobre sus ojos desencajados, su mirada parecía perdida en algún lugar.

Esto provocó escalofríos en todos—.

Así que yo lo salvé… antes de que su alma fuera condenada al infierno.

Amy se estremeció.

No necesitaba una explicación detallada, sabía exactamente lo que Ana quería decir.

La joven corrió al piso de arriba y abrió todas las puertas mientras gritaba el nombre de Jordan.

Finalmente, llegó a un cuarto en particular; este estaba cerrado con llave.

No se lo pensó mucho y pateó la puerta para abrirla.

Nada más ver el interior, sintió las lágrimas brotar de sus ojos.

—¡JORDAN!

El joven yacía en el suelo, tirado boca abajo sobre un charco de su propia sangre.

Amy corrió a su lado y levantó la cabeza del chico, apoyándola en su regazo mientras le acariciaba la cara.

Laura llegó a su lado, alertada por el grito, y no podía creer lo que veía.

Amy miró a su madre mientras no podía dejar de llorar.

—Mamá… su piel está muy fría —Laura se apresuró al lado de su hija.

Puso los dedos en el cuello del muchacho y, aunque débil, podía sentir el pulso.

—Está vivo, pero perdió mucha sangre, su pulso es débil —informó la mujer.

Amelia llegó al lugar y examinó al chico; tenía suficiente conocimiento de primeros auxilios para saber que esto no pintaba nada bien.

Jordan había sido apuñalado en el abdomen, concretamente, en el esternón.

Lo peor de todo es que Ana usó el cuchillo para cortar la piel de Jordan y dibujar una cruz en su abdomen.

Por el tamaño de la herida, parecían haber usado un cuchillo de cocina y, por la cantidad de sangre que perdió, parecía tener una arteria dañada.

Lo bueno es que no fue en el cuello.

Si lo hubieran apuñalado en el cuello, hubiera muerto en menos de dos minutos.

—¡Amelia!

—la voz de Laura sacó a la chica de sus pensamientos—.

Hay que llevarlo afuera.

—¡Cierto!

¡Vamos!

Entre las tres, cargaron a Jordan al exterior y llamaron a un sanador que fue corriendo a ver el estado del chico.

Con solo un vistazo, confirmó lo que todos temían.

—Tiene una arteria dañada —dijo el sanador—.

Necesitará cirugía.

Debo llevarlo al hotel.

Amelia no tuvo problemas con esto y Amy optó por quedarse; sabía que sería de más ayuda en el exterior que sentada en una silla rezando para que Jordan se salvara.

Además, necesitaba distraerse y no pensar en el estado actual de Jordan.

La camioneta, con Jordan dentro, se alejó mientras la joven resistía el impulso de ir a quemar a Ana hasta los huesos.

Sabía que, a pesar de que lo apuñaló, Jordan amaba a su madre y sabía que necesitaba ayuda.

Mientras esto ocurría, los sanadores restantes terminaron de sanar el codo de Matthew.

—De acuerdo, esto debería bastar por ahora —dijo el sanador mientras terminaba de ajustar la codera ortopédica—.

Muy bien, Simons, escucha con atención: sanamos tus ligamentos y tendones desgarrados, paramos la hemorragia y drenamos la zona, pero aún no puedes usar el brazo izquierdo con toda su fuerza.

Necesitarás terapia para poder recuperarte por completo.

Por ahora, puedes seguir en la misión, pero procura no usar demasiada fuerza en este brazo.

—De acuerdo.

Gracias, Doc.

Matthew se levantó y probó su codo.

Le dolía estirarlo completamente; podía sentir los huesos del codo, brazo y antebrazo tocarse; claramente sus tendones seguían dañados.

Estaba claro que en un combate contra Johnson no sería de mucha utilidad.

Amelia se acercó a él para comprobar su estado.

—¿Cómo está, señor Simons?

—preguntó.

—He estado mejor —Simons comenzó a mover el brazo con cuidado, probando qué tanto podía hacer con él—.

¿Qué hay de mi hija?

—preguntó al ver a Amy devastada por lo de Jordan.

—Es duro para ella —fue todo lo que pudo decir Amelia—.

Escuche, si quiere… —No iré a ninguna parte, Amelia —la respuesta del hombre fue firme—.

Le prometí a Jessica que iría a buscarla —Amelia suspiró, comprendiendo que Matthew no iba a retirarse.

—De acuerdo —Amelia se aclaró la garganta y se subió al capó de un auto—.

¡Atención, todos!

La noche apenas comienza.

Jessica está herida y asustada; sus poderes están a punto de despertar y no sabemos en dónde está.

Necesitamos encontrarla rápido —la mirada de la chica se volvió hacia Malcolm Taylor—.

Detective Taylor, quiero que procese esta escena del crimen, por favor.

—De inmediato, niña.

—Líder norte y líder sur.

Tomen a diez hombres y trasladen a estas personas al hotel y asegúrense de que no escapen —Amelia señaló a Zhao, Carl y Sofía, quienes seguían atados e inconscientes—.

Todos los demás buscaremos a Jessica.

Sabemos que podría ir con Lucía Johnson; empezaremos por ahí.

¡Andando!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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