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Saga Elementos - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 El Nacimiento de la Elemental de Fuego
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38: El Nacimiento de la Elemental de Fuego 38: El Nacimiento de la Elemental de Fuego Jessica no entendía nada; hace un momento había un enorme ave rodeada de fuego, pero ahora había un hombre frente a ella ¿Qué estaba pasando?

El hombre medía 182 centímetros, tenía la piel bronceada y contextura atlética, con brazos musculosos y fuertes.

Su cabello era ligeramente largo y de color ceniza, y el iris de sus ojos brillaba en verde.

Vestía unos vaqueros negros ajustados y una camiseta de franela desabrochada, lo que dejaba al descubierto sus abdominales marcados y parte de sus firmes pectorales.

El rostro del hombre era bastante apuesto y bien parecido, con facciones cinceladas, un mentón estrecho y pómulos marcados.

Lo primero que Jessica pensó es que ese tipo parecía un supermodelo.

—¿Tú eres la nueva?

—preguntó el hombre, volvió a bostezar—.

Eres más vieja que la mayoría.

¿Qué edad tienes?

—le preguntó—.

Todavía no termino de despertar, así que necesito que me pongas al día mientras asimilo tus recuerdos y… —se detuvo al ver a Jessica reír mientras se arrodillaba.

Sin embargo, la risa de Jessica iba acompañada de un llanto desesperado; el hombre no entendía nada.

—Oye… ¿Estás bien?

—¡CLARO QUE NO!

—el grito de Jessica dejó claro que su mente estaba al borde del colapso—.

En solo una noche me enteré de que hay gente con poderes ahí fuera, Ana trató de matarme, maté a mi hermano y la única persona que me apoyaba me traicionó.

¡Por supuesto que no estoy bien!

¡TODA MI VIDA SE FUE A LA MIERDA EN SOLO UNA MALDITA NOCHE!

—De acuerdo… —el Fénix no sabía cómo proceder en este tipo de situaciones; no tenía nada de información sobre esta chica.

Fue entonces cuando tuvo una idea—.

Permíteme.

El Fénix tocó la frente de Jessica con los dedos índice y corazón de su mano derecha, sus ojos se iluminaron de color blanco, su cabello se levantó ligeramente y sus dedos brillaron de color naranja, como el fuego.

En la mente de Jessica, las imágenes de toda su vida se reprodujeron como si fueran una película.

El Fénix observó cada secuencia con atención y se detuvo hasta llegar a los eventos de esa noche.

El brillo de sus ojos y dedos se desvaneció y su cabello volvió a la normalidad.

El Fénix cerró los ojos y suspiró.

—Ya entiendo —Jessica comenzó a sollozar—.

Lamento mucho… —¡CÁLLATE!

—Jessica no quería la lástima del Fénix—.

Solo… mátame ya —el Fénix sabía que la joven estaba en su límite.

—Lamento decepcionarte, pero me temo que no puedo hacer eso —dijo mientras se sentaba a su lado—.

No puedo matarte, pero puedo hablar contigo.

—Ya viste toda mi vida —reprochó Jessica—.

No hay nada de qué hablar.

—Es cierto, pero quiero saber qué piensas tú —Jessica se recostó en el hombro del hombre; por alguna razón, sentía que podía confiar en él y permitirse ser vulnerable.

—Me duele —confesó—.

Todas esas noches en las que me despertaba sintiendo el agua fría en mi cuerpo.

Con mi madre rezando y gritándome todas esas cosas.

Las veces que tuve que aguantar hambre todo un día.

Las peleas que tuve en la escuela para defenderme… —la joven suspiró—.

Pero lo que más me duele… —¿Qué es lo que más te duele?

—preguntó el hombre—.

Vamos, dilo —la animó.

—Estar sola —Jessica volvió a llorar.

El Fénix esperó a que la chica se tranquilizara para poder continuar.

Era cierto, Jessica detestaba quedarse sola.

Algo irónico porque siempre lo estuvo y, por lo general, no le importaba.

Prefería estar sola a tener que compartir su tiempo con personas como sus antiguas “amigas” Karen y Nancy.

Sin embargo, como todos los seres humanos, ella necesitaba compañía.

De ahí que la presencia de Lucía fuera tan importante para la joven.

Esa mujer fue la única que se preocupó por ella y ahora la había traicionado.

La chica estaba devastada, pero finalmente se tranquilizó.

—¿Estás mejor?

—Jessica asintió débilmente—.

Escucha, entiendo la situación, pero no puedes morir aún.

Me gustaría decir que es porque hay algún destino de grandeza esperándote al final, pero la verdad es que no.

Sin embargo, si mueres ahora, te perderás de todo lo que la vida puede ofrecerte —Jessica miró al Fénix, sus ojos llorosos lo miraban suplicando por una respuesta—.

Además, ya no estarás indefensa —Jessica se estremeció al escuchar eso—.

Desde hoy tendrás total control sobre el fuego.

Las llamas harán tu voluntad, pero dependerá de ti aprender a controlar este poder y para qué lo usarás —el Fénix se levantó y le ofreció su mano.

Jessica se levantó junto a él.

—Yo… no creo que pueda aprender a controlar algo así.

—Bueno… creo que hay algunas personas ahí afuera que pueden enseñarte —el Fénix acarició la mejilla de Jessica con ternura.

Su cuerpo entero se iluminó con las llamas.

Sin embargo, Jessica no sentía el calor ni tampoco se estaba quemando—.

¡Alzate, Jessica Anderson!

¡Despierta!… Elemental de Fuego.

Jessica abrió los ojos y una gran explosión de fuego estalló con ella como su núcleo.

Lucía, que se hallaba en el pasillo, apenas tuvo tiempo de bajar las escaleras a toda velocidad, pero no pudo evitar que una varilla de metal le atravesara el hombro.

Llegó al exterior, pero se fue al sentir las conexiones cálidas de varios Iluminados acercarse al lugar.

Le dolió irse, pero no tuvo más opción, no podía atravesar las llamas.

Sin embargo, sabía que los Iluminados no le harían nada a Jessica.

Mientras tanto, en el cuarto donde estaba cautiva, Jessica se había liberado.

La explosión había destruido la mesa en donde estaba atada, destruyendo los amarres que la mantenían inmóvil.

La chica se tambaleó; la explosión, al parecer, había usado toda la energía de su cuerpo, en combinación con el calor que había estado acumulando durante toda la noche.

El humo negro inundaba la habitación, el fuego se extendía por todo el suelo, pero Jessica no sentía que tuviera calor ni tenía dificultades para respirar.

Era como si el humo y el fuego no le afectaran.

Sin embargo, se desmayó debido a la falta de energía.

***** La explosión se pudo ver a kilómetros de distancia.

Toda la familia Simons y Amelia pudieron verla, así como todos los Iluminados y los Oscuros en la zona.

Laura pisó el acelerador y dio la vuelta en una intersección, dirigiéndose al lugar de la explosión.

Era importante que llegaran antes que los equipos de rescate, los reporteros y sus enemigos.

Fueron los primeros en llegar y nada más bajar del auto los recibió la vista de un viejo edificio de oficinas envuelto en llamas.

La explosión fue tan grande que los edificios cercanos también se estaban incendiando.

Parecía una escena sacada de alguna película.

«¡El Fuego del Despertar!» concluyó Amelia.

Esas llamas solo indicaban que Jessica había despertado sus poderes.

No le preocupaba; ahora la joven pelirroja era completamente inmune al fuego, el calor y el humo tóxico.

Sin embargo, todavía podía morir por una caída.

Con cada segundo que pasaba, la estructura se debilitaba más bajo las llamas.

Si era un edificio abandonado, entonces la estructura no era muy estable.

—¡Esperemos refuerzos!

—gritó Matthew mientras se bajaba del auto.

—Si esperamos, el edificio colapsará con Jessica dentro —objetó Laura.

—Papá tiene razón —intervino Amy.

Sin embargo, cuando voltearon a ver, Amelia ya había entrado al edificio.

La joven corrió a toda velocidad, subiendo entre pasillos en llamas y llenos de humo.

Ella no era ninguna tonta, sabía perfectamente que entrar ahí sin protección sería un suicidio.

Por eso, antes de adentrarse en el incendio, envolvió su cuerpo en una burbuja de aire que mantenía su cuerpo fresco y le suministraba oxígeno.

Pues, aunque era inmune al frío y al calor natural, todavía podía quemarse si se acercaba al fuego, más si era El Fuego del Despertar.

Aquellas llamas eran producidas por un fuego primordial.

No era el fuego que normalmente controlaban los usuarios; estas llamas eran puras y salvajes, imposibles de domar.

Su único propósito era calcinar todo a su paso hasta que no quedara nada.

Amelia corrió hasta llegar al tercer piso.

Usaba ráfagas de aire para apartar el fuego de su camino y poder avanzar entre las llamas.

Lento, pero seguro, caminó hasta llegar al cuarto donde descansaba aquella conexión tan intensa.

Jessica había despertado sus poderes y eso se podía ver con solo sentir su enorme conexión, la cual era tan grande como la de Laura Simons, cuyo poder era considerable.

—Bueno, Roja.

Salgamos de aquí.

Amelia puso a Jessica en su espalda y comenzó su descenso por las escaleras en llamas del edificio.

Llegó al exterior justo a tiempo; varios equipos de rescate se estaban agrupando alrededor del edificio.

Tuvo que ir a la parte trasera para evitar ser vista.

Se reunió con los Simons a dos cuadras del incendio, subió a Jessica en el asiento trasero de la camioneta y arrancaron rumbo al hotel de Elizabeth.

Se tomaron un momento para respirar; la noche había sido muy agitada.

Jessica había despertado su conexión con el Fénix, La Tigresa del Rayo había escapado y desconocían el paradero de Alfonso.

Había muchos asuntos sin resolver, pero al menos no tenían que lamentar pérdidas de civiles.

Los Oscuros fueron lo bastante inteligentes para trasladar a Jessica a un lugar apartado, deshabitado y alto.

Llegaron al hotel diez minutos después; Elizabeth los estaba esperando afuera con varios Iluminados.

Amelia se sintió aliviada.

Laura estacionó el vehículo y Amelia cargó a Jessica en su espalda; la chica todavía no despertaba.

Se dirigieron hacia Elizabeth.

—Elizabeth, necesita… —Elizabeth levantó la mano y detuvo a Amelia de seguir.

—Tenemos una habitación preparada para ella —la peliblanca sonrió al escuchar aquello.

Entraron al hotel y pusieron a Jessica en la cama.

Elizabeth le encargó a dos sanadores que revisaran a la joven.

Mientras tanto, coordinó el traslado de Sofía, Zhao y Carl a otro hotel; tenerlos en el mismo lugar que Jessica luego de que intentaron matarla sería estúpido.

Finalmente, todos fueron a otro cuarto donde los esperaba un sanador con bata y guantes quirúrgicos, los cuales estaban manchados de sangre.

Elizabeth los presentó: —Amelia, familia Simons, quiero presentarles al doctor Nicolás Nikolaou.

Fue el doctor que operó a Jordan —Amy se estremeció al darse cuenta de que la sangre que cubría al doctor era la sangre de su novio.

—Es un gusto —dijo el doctor Nikolaou—.

El chico está bien —el hombre no tenía pelos en la lengua para hablar—.

Tuvo suerte de que lo encontraran.

Una hora más y habría muerto irremediablemente —el hombre los invitó a entrar—.

Acabamos de traerlo.

Ahora, hay que esperar a que despierte —Amy respiró aliviada.

—Gracias —dijo la chica.

—Ahora que eso está resuelto, necesito el reporte de lo que pasó hoy —les dijo Elizabeth.

Amelia le devolvió una mirada cansada.

—Será un placer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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