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Saga Elementos - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 Revelación
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43: Revelación 43: Revelación Jordan terminó de dar su testimonio al detective Taylor.

El muchacho se veía pálido y muy afectado debido a todas las emociones que estaba sintiendo en ese momento.

Se sonó la nariz y miró al suelo con mucho interés.

Malcolm, por su lado, terminó de escribir en su anotador.

—Bien, ya tengo todo lo que necesito —dijo mientras cerraba su anotador.

—¿Qué pasará con mi madre?

—preguntó Jordan; su hermana también se mostró interesada.

El detective suspiró.

—Niño, seré honesto contigo: tu madre está loca y solo por eso no la ejecutarán —una respuesta clara y contundente—.

Hablaré con algunos contactos en la oficina del fiscal y veremos que la sentencien a una vida en un hospital psiquiátrico, pero es todo lo que puedo hacer por ella.

Jordan, aunque aliviado, se mostró muy confundido.

No entendía de qué estaba hablando ese hombre.

Cuando mencionó que tenía “contactos” en la oficina del fiscal, pensó que tal vez estas personas formaban parte de alguna mafia y comenzó a ponerse nervioso.

Malcolm notó esto y se inclinó hacia Amelia.

La joven no pudo evitar arrugar la nariz; no soportaba el olor a cigarrillo y tabaco que emanaba de este hombre.

El detective ignoró la reacción de la chica y le susurró.

—Ese chico ya está muy involucrado en esto.

Tendrás que explicarle todo, niña.

Esas fueron sus palabras antes de irse para realizar algunas llamadas.

Amelia se quedó ahí parada; sabía que el detective tenía razón.

Jordan estaba demasiado involucrado en todo este asunto.

Además, era el hermano de Jessica y, por extensión, un blanco potencial para los Oscuros y para cualquiera que quisiera atrapar a la pelirroja.

Si querían a la elemental de fuego, entonces podían atraerla utilizando a su hermano como cebo.

“De todas formas planeaba decirle la verdad”, sentenció la chica para sí.

Jordan, por su lado, sentía que ese lugar no era seguro y que debía tomar a su hermana y escapar.

No se podía culpar al joven; su propia madre casi lo mata y solo se salvó de puro milagro.

Desde luego que estaría paranoico y, al darse cuenta de que no estaba atado, comenzó a moverse.

—Miren, les agradezco por salvarnos a mi hermana y a mí, pero ya debemos irnos —dijo mientras llevaba su mano izquierda a la intravenosa de su brazo derecho—.

Lo mejor será que nos vayamos… El joven se detuvo al ver una mano en su muñeca izquierda.

Al levantar la vista, se encontró con Matthew; el hombre estaba envuelto en una capa de relámpagos que chisporroteaban a su alrededor.

Matthew respiró hondo y lo miró con paciencia.

Sabía que el mundo de este joven, que le había robado el corazón a su hija, estaba a punto de cambiar.

—Jordan, es mejor que te quedes y escuches —dijo el hombre.

Al ver a su suegro con una expresión seria y envuelto en electricidad, Jordan supo que lo mejor era quedarse y escuchar.

Amelia respiró hondo; sabía que debía darles respuestas a ambos hermanos.

Dio un paso al frente y encaró a Jordan y a Jessica.

—Me presentaré de nuevo —dijo la joven peliblanca—.

Mi nombre es Amelia Green y vengo de Nepal.

Nací y crecí en las montañas del Himalaya, cerca del Monte Everest, y fui criada por los miembros de La Orden de la Luz, conocidos como los Iluminados —Jordan entendió todo, hasta que mencionó a la Orden.

—Disculpa, pero esa última parte no la entiendo —dijo el joven—.

Cuando hablas de “La Orden de la Luz” y los “Iluminados”, ¿es una metáfora o…?

“Ahora entiendo por qué decían que esta parte era la más difícil”,pensó la joven.

Había escuchado historias de los Buscadores, los encargados de encontrar a nuevos usuarios y llevarlos a la Orden para su protección, donde decían que las personas como Jordan, tipos normales que vivían ignorantes de este mundo, se negaban a creer en la existencia de los usuarios.

Historias que siempre terminaban resaltando la importancia de la paciencia que se debía tener con estas personas.

Amelia suspiró antes de proseguir.

—Es más como una… —Amelia no tenía otra forma de describirlo, así que solo soltó lo primero que se le vino a la mente—.

Sociedad secreta —Jordan seguía sin entender nada.

Amelia suspiró, exasperada—.

Al diablo con esto.

Utilizando sus poderes, creó un torbellino alrededor de Jordan.

El viento golpeó la piel del muchacho e hizo revolotear su cabello, todo mientras observaba cómo aquella joven de cabello blanco lo observaba con una cara seria.

Amelia chasqueó los dedos y el viento se detuvo, dejando a Jordan con la boca abierta ante lo que veía.

El joven trató de buscarle una explicación a lo que acababa de pasar.

“Tal vez fue el viento de afuera”, pensó mientras volteaba, pero la ventana estaba cerrada.

Además, sería imposible que semejante torbellino solo lo hubiera afectado a él y no a los demás.

Y, como si quisieran confundirlo más, Amy sacó su encendedor de bolsillo y creó una bola de fuego que posó sobre su mano, todo mientras Jordan miraba.

El chico no podía negarlo más; la única conclusión a la que pudo llegar fue la siguiente.

—Los Iluminados tienen poderes —dijo el joven.

Amelia suspiró mientras una leve sonrisa adornaba sus labios.

—No, pero vas bien encaminado —le respondió.

—¡Espera!

¿Qué tiene que ver mi hermana con ustedes?

¿Sabían algo sobre lo que pasaba en casa?

¿Tuvieron algo que ver con la situación de mamá?

—Jordan se detuvo y miró a Amy.

La joven Simons sabía bien lo que significaba esa mirada; las palabras no eran necesarias.

—Tranquilo, Jordan.

Vamos por partes —le dijo Amelia—.

Primero que nada: no, no teníamos idea de la condición mental que tenía tu madre y mucho menos tuvimos algo que ver con lo que pasó —aclaró Amelia.

Al ver la sinceridad en sus ojos, Jordan se relajó—.

Segundo: por favor, no culpes a Amy; estoy segura de que quería decírtelo, pero no podía debido a la situación de sus padres —la mirada de Jordan cambió por una de curiosidad y preocupación—.

Verás, los padres de Amy son lo que en la Orden llamamos Desertores, término que utilizamos tanto para aquellos que deciden abandonar la Orden por su propia voluntad como para los que son expulsados de la misma.

—En ambos casos, los Desertores deben seguir las mismas reglas: mantener sus poderes ocultos, no involucrarse en los asuntos de la Orden y, el más importante de todos, jamás revelar la existencia de la Orden o los usuarios a nadie —aclaró Elizabeth.

—Nosotros estamos metidos en esto debido a… circunstancias especiales —Laura miró a su hija con cierta molestia, mientras que Amy solo se limitó a silbar—.

Sin embargo, Amy jamás tuvo intención de mentirte —Jordan respiró profundo, buscando tranquilizarse y asimilar lo que acababa de oír.

—Ahora, en cuanto a qué tiene que ver Jessica en todo esto, bueno, es una larga historia —Amelia suspiró y se aclaró la garganta—.

Hace millones de años, cuando recién se formó la vida en la Tierra, apareció una entidad.

Dicha entidad… —Separó la tierra, el mar y el cielo, creó la noche y el día y dio vida a los animales y seres vivos.

Lo sé, conozco esa historia, es lo primero que aparece en la Biblia —Amelia sonrió.

—Siempre hay dos versiones de la misma historia, amigo —dijo la peliblanca—.

La entidad de la que te hablo no era Dios, era el primer elemento de la naturaleza.

Hoy en día tiene muchos nombres, pero es más conocida como: La Energía o El Elemento Madre.

Esta entidad, al menos por lo que se sabe, no creó la vida en la Tierra; más bien la dejó evolucionar a su antojo y velaba por mantener el equilibrio entre la vida y la muerte en el mundo.

Asegurándose de que no hubiera sobrepoblación o una extinción masiva.

Para ello dividió su poder en cinco entidades más pequeñas y menos poderosas.

Las encarnaciones de los elementos que conocemos hoy: fuego, tierra, aire, agua y rayo —Amelia hizo una pausa para ver si Jordan estaba prestando atención.

—De acuerdo, pero sigo sin entender qué tiene que ver eso conmigo —habló Jessica.

—A eso iba, Roja —Amelia se aclaró la garganta para continuar—.

Estas entidades se encargaban de dar y quitar vida según fuera necesario, estableciendo así un equilibrio en el mundo.

Creando los mares, las corrientes de viento, las cuevas, los relámpagos y los incendios.

Todo con el fin de mantener el equilibrio de la vida.

Esto permitió la evolución de las especies hasta llegar a la nuestra: los humanos.

Aquí, las entidades se dieron cuenta de que, a pesar de no tener garras y colmillos, a pesar de no ser grandes y fuertes, se las habían ingeniado para crear cosas como la rueda, armas e incluso podían encender fuego por sus propios medios.

Viendo esto, el Elemento Madre decidió otorgarles el poder de controlar los elementos naturales y así fueron naciendo los usuarios.

Sin embargo, La Energía también le ordenó a las entidades vigilar a los humanos sin intervenir en sus conflictos, pero asegurándose de seguir cumpliendo con su deber de mantener el equilibrio.

En resumen: las entidades elementales entraron en los cuerpos de cinco niños que recién estaban naciendo, creando así a los primeros Elementales —Amelia hizo una pausa y luego miró a Jessica—.

Tú, Jessica, eres una Elemental, al igual que yo —Jessica negó con la cabeza, todavía digiriendo las palabras de Amelia.

—¡Espera!

Por cómo cuentas esa historia, parece que todo eso sucedió hace miles o millones de años.

—Te explico, los Elementales estamos atrapados en un ciclo eterno de reencarnación.

Cada vez que un Elemental muere, renace en una nueva persona —explicó Amelia.

—Si todo lo que dices es cierto, entonces… ¿Jessica ha vivido y muerto miles de veces?

—preguntó Jordan; se notaba que la noticia le pegó fuerte.

—¿Entonces por qué vi al Fénix en mis sueños?

—Jordan volteó a mirar a su hermana—.

¿Y qué era ese volcán?

—Verás, antes de introducirse en el cuerpo de los primeros Elementales, las entidades adoptaron la forma de unas bestias para poder convivir con los humanos.

La entidad del fuego adoptó la forma del ave Fénix.

La entidad del viento, que reside dentro de mí, adoptó la forma del Grifo.

La entidad de la tierra tomó la apariencia del Minotauro.

La entidad del rayo se transformó en el Raijū.

Y la del agua en el Dragón —Jessica se mostró confundida al escuchar el último.

—¿Cómo que la entidad del agua es un dragón?

—preguntó la joven—.

Los dragones representan el fuego, ¿no?

—En realidad, los primeros mitos sobre dragones los relacionaban más como criaturas acuáticas o guardianes del agua.

Las lagartijas gigantes con alas que escupen fuego son una interpretación de los europeos y, por diversos motivos, se volvieron la versión más popular —intervino Matthew.

—Sí, y las entidades convivieron con los humanos antes de entrar en los primeros Elementales.

De ahí surgieron los primeros mitos relacionados con estas bestias —Jessica pareció entenderlo—.

Y respecto a lo que viste, en realidad no fue un sueño.

Tu conciencia fue transportada al plano donde residen las bestias.

Lugar al que llamamos El Todo.

Básicamente, es lo que sería la Tierra sin la presencia de los humanos.

—Entiendo todo lo que nos has dicho.

Bueno, casi todo, pero aún tengo una duda —habló Jordan—.

¿Qué es lo que quieren ustedes, los Iluminados, con mi hermana menor?

—Verás, Jordan, lo que sucede es que, así como hay usuarios buenos, también hay usuarios malos —habló Laura.

—Se hacen llamar los Oscuros, y pertenecen a La Orden de las Sombras.

Es lo opuesto a La Orden de la Luz.

Su objetivo es, en esencia, acabar con todos los humanos que no sean usuarios, es decir, aquellos que no tengan poderes elementales.

Para eso, tienen como objetivo principal capturar a los Elementales y convertirlos a su causa —explicó Amelia—.

De ahí que tengamos que llevarnos a tu hermana; necesitamos ponerla a salvo.

Al menos, esa es mi misión.

—Honestamente, no lo entiendo bien, pero asumo que me explicarás más —Amelia asintió a las palabras de Jessica.

—Responderé todas las dudas que tengan.

Y así comenzó otra ronda de preguntas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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