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Saga Elementos - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - 44 Cuarentena
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44: Cuarentena 44: Cuarentena Lucía se despertó y sintió su cama vacía, algo muy extraño, ya que esperaba encontrarse con Martha al abrir los ojos.

Se levantó con pereza y bostezó tratando de espantar el sueño que quedaba en su cuerpo.

—¿Ya despertaste, dormilona?

—Martha entró a la habitación con un plato de pasta con carne molida y queso rayado.

Lucía se sorprendió al verla.

—Martha, cariño, es muy temprano para comer pasta.

—En realidad, son las dos de la tarde, amor —Lucía revisó su teléfono y confirmó que era verdad.

—Soy un desastre —dijo mientras tomaba el plato y se disponía a comer.

—Pues me gustan mucho los desastres.

Martha se sentó a su lado y Lucía pudo apreciar que la mujer solo estaba usando su camisa y su ropa interior, dejando al descubierto sus piernas largas y tonificadas.

Martha sabía que Lucía estaba disfrutando de la vista y se acercó más a ella.

Lucía terminó su almuerzo y se levantó para ir a darse una buena ducha y cepillarse los dientes.

Sin embargo, no pasaron ni dos minutos desde que abrió la llave del agua del baño hasta que Martha la puso contra la pared de la ducha, la tomó por el cuello y la obligó a besarla.

Lucía la encaró y no pudo evitar morderse el labio; la imagen del cuerpo desnudo de Martha siendo empapado por el agua, marcando cada una de las líneas de sus músculos, la encendía.

Sin duda, era una muy buena forma de comenzar el día.

Lucía besó a Martha y, a diferencia de la noche anterior, Martha tomó las riendas y se encargó de que Lucía disfrutara su ducha al máximo.

Al salir, Martha cargó a su chica hasta la cama, donde se recostaron un rato sin ganas de nada más que disfrutar la compañía de la otra.

No obstante, Lucía recibió una llamada y, al confirmar que se trataba de Gabriel, se vio obligada a contestar.

—Mejor que sea importante, Gabriel —dijo nada más abrir la línea.

—Tranquila, Johnson, solo llamaba para avisarte que está hecho.

Esas dos no podrán salir del país en un buen rato —las palabras de Gabriel hicieron un nudo en el estómago de Lucía.

—Vale, gracias —Lucía colgó la llamada y suspiró.

Martha notó que algo pasaba.

—¿Todo bien?

—Lucía le regaló una sonrisa cansada en respuesta.

—Sí, solo… —volvió a suspirar—.

Han pasado muchas cosas últimamente —se abrazó al pecho de Martha—.

Me alegra que estés aquí.

Martha la besó en la cabeza y se relajó a su lado; ambas pasaron el resto del día disfrutando de la calidez de la otra.

***** En el hotel de Elizabeth, Jordan se encontraba devorando un plato de ensalada de pollo, un bistec, sopa de fideos y jugo de naranja.

Amelia no podía culpar a ninguno de los hermanos por elegir la ensalada; era deliciosa.

Mientras comía, Jordan hizo una pregunta.

—Bueno, antes que nada quiero saber: ¿quiénes son los Oscuros?

—Amelia suspiró.

—Antes de responder a eso, primero quiero que me digas algo —la mirada de Amelia era seria—.

¿Eres creyente?

—Jordan bebió un sorbo de su jugo antes de hablar.

—Si lo que estás preguntando es si voy a volverme loco como mamá, la respuesta es no —dijo el joven—.

A ver, creo en Dios, pero sé que hay otras cosas en la vida además de rezar y orar —Amelia sonrió.

—Bien, porque lo que voy a contarte tiene que ver con la Iglesia Católica.

Amelia le relató la misma historia que el Grifo le había contado.

Cómo los Oscuros surgieron del resentimiento de los miembros de La Ley Natural, su deseo de venganza y cómo pensaban que estaban haciendo lo correcto.

Al terminar, Matthew, Laura, Amy y Elizabeth no podían creer lo que escuchaban.

—Amelia, ¿estás segura de lo que dices?

—preguntó Elizabeth—.

Es que… —No aparece en los registros de la Orden.

Lo sé, pero fue lo que me dijo el Grifo.

De ser cierto, entonces podemos entender la razón del odio de los Oscuros.

Claro, algunos solo quieren matar por placer, pero muchos otros solo están enojados con el mundo —Amelia miró a Jessica—.

Lo último podría ser el caso de Lucía —Jessica no entendía nada.

—Lucía me secuestró y se hizo pasar por mi amiga durante seis años solo para entregarme a sus jefes —se notaba la rabia en sus palabras.

—Tal vez, pero en las dos ocasiones que sentí su conexión, había algo de calidez entre tanta frialdad —Jessica no entendía nada.

—¿Cómo que “sentiste su conexión”?

—preguntó la pelirroja.

—Digamos que es como el ki de Dragon Ball.

Cuanto más intensa sea una conexión, más fuerte es el dueño de esta.

Ahora, si la conexión es fría, entonces la persona no será un angelito precisamente, pero si es cálida, entonces será una persona de fiar.

Sin embargo, si hay calidez en una conexión fría, puede significar que esa persona, muy en el fondo, es buena.

Y si hay frialdad en una conexión cálida, entonces la persona tiene intenciones… no muy buenas —explicó Amy.

—Exacto —confirmó Amelia—.

Es posible que Lucía esté cambiando —la mirada de Jessica dejaba muy claro que no le creía nada—.

Permíteme recordarte que estoy interpretando al abogado del diablo.

También me cuesta creerlo, pero es una posibilidad que me gustaría tener en mente.

Además, piénsalo bien, Lucía podría haberte raptado cuando confirmó que eras la elemental de fuego.

Tu madre no movería un solo dedo para buscarte, tu hermano tampoco podría hacer mucho, así que no tendría que preocuparse de que alguien te buscara.

—Pero no lo hizo… —sentenció Jessica.

La idea de que Lucía no era realmente mala la llenó de esperanza, ya que, a pesar de todo lo que la hizo vivir la noche anterior y el dolor de esa traición, la seguía queriendo.

Después de todo, Lucía la salvó de cometer una locura en más de una ocasión.

La conversación se vio interrumpida por Elizabeth, quien había salido para atender una llamada y ahora volvía con una expresión preocupada en el rostro.

—¿Qué pasa, Elizabeth?

—preguntó Amelia.

Elizabeth no dijo nada y, en su lugar, encendió el televisor de la habitación.

Colocó el noticiero y todos pudieron ver lo que quedaba de una fila de tres hangares en el Aeropuerto Internacional de Kansas City.

Amelia trató de mantener la compostura, pero no tuvo mucho éxito.

Una fuerte ráfaga de aire ascendente le dejó claro a todos que la joven estaba furiosa.

—Algo me dice que es mejor correr mientras podamos —susurró Amy a los hermanos.

—Sálvense ustedes —les dijo Jordan, quien obviamente no podría correr debido a estar conectado a las intravenosas.

—Asumo que había algo importante en el aeropuerto —aventuró Laura, ignorando las bromas de los chicos.

—Oh, no, no era nada importante —dijo Amelia en un tono sarcástico que dejaba ver su enfado—.

Solo el avión que nos llevaría a Nepal —la joven peliblanca volteó a ver a Elizabeth—.

¿Los pilotos?

—Muertos —respondió la mujer—.

También se activó el protocolo de cuarentena.

Acabo de recibir el aviso del templo —Amelia chasqueó la lengua.

—¿Qué sucede?

—preguntó Jessica.

—En resumen: los Oscuros descubrieron dónde guardábamos el avión que nos llevaría a Nepal, lo destruyeron y, ya que estaban ahí, mataron a los pilotos —explicó Amelia.

—Hay algo más —todos voltearon a mirar a Elizabeth—.

La información de dónde estaba guardado el avión solo la tenían los Iluminados de la ciudad y del hotel.

—¿Estás diciendo lo que creo?

—Tenemos una fuga de información.

—¡Fantástico!

—Amelia se frotó las sienes, claramente estresada—.

Vale, necesito pensar en una forma de sacar a estos dos del país rápido.

—Amelia, el protocolo de cuarentena ya está en marcha.

No mandarán otro avión hasta dentro de dos meses —le explicó Elizabeth.

—Se volvieron más flexibles; antes había que esperar 4 meses para recibir apoyo —comentó Matthew.

—¿Puedo preguntar de qué están hablando?

—pidió Jordan.

—Los protocolos de cuarentena se usan en caso de una fuga de información, como ahora.

No enviarán más ayuda, ni refuerzos, hasta que haya pasado un tiempo prudente, en el cual debemos reagruparnos y prepararnos para lo peor —explicó Laura.

—Si ese es el caso, entonces no podemos quedarnos en la ciudad —dijo Amelia—.

No sabemos qué tan grande es la fuga.

Los Oscuros podrían descubrir en dónde estamos y atacarnos esta misma noche.

Hay que irnos —Elizabeth suspiró.

—Te recomiendo ir al hotel de Steve en Washington D.C.

—Amelia se giró a verla—.

Es el hotel más grande que tiene la orden en el país y está totalmente lleno de Iluminados.

No se me ocurre un mejor lugar para esperar a que las cosas se calmen —Amelia estuvo de acuerdo.

—Lo único malo es que no podemos irnos por aire —se lamentó la chica.

Un viaje aéreo sería mucho más rápido.

—Haré las llamadas y prepararé un autobús para ustedes —Elizabeth salió de la habitación.

—Señor y señora Simons, no puedo pedirles esto, pero… —Iremos contigo —Laura ni siquiera lo dudó—.

Necesitarás ayuda para proteger a esos dos —señaló a los hermanos—.

Además, alguien debe enseñarle a Jessica a controlar sus poderes; de lo contrario, podría terminar incendiando algo por accidente —Jessica tragó saliva, en un claro gesto nervioso.

Amelia suspiró.

—Y en una nota relacionada, Alfonso y Lucía siguen por ahí.

Necesitarás a alguien que pueda enfrentarlos —agregó Matthew.

Amelia respiró hondo y sonrió.

—Me aseguraré de hablar con Ras para hacerlos volver —prometió Amelia.

—Disculpa, Amelia —Jessica habló—.

¿Cómo es eso de que podría incendiar algo?

Laura suspiró y comenzó a explicarle a Jessica.

***** Alfonso tuvo que recurrir a buscar los servicios de un sanador Errante para curar sus heridas.

Le costó mucho, pero pudo pagar por el tratamiento completo.

La conexión del sanador no era ni fría ni caliente, era tibia.

Lo que significaba que el hombre no estaba del lado de los Iluminados, pero tampoco estaba con los Oscuros.

Una vez sanó sus heridas, Alfonso mató al sanador y recuperó su dinero.

¿Por qué gastaría un centavo en un sujeto ajeno a él mismo?

Además, en su interacción con el sanador, se dio cuenta de que el hombre solo creía en el dinero.

Si un Oscuro iba con él, y le ofrecía una generosa cantidad de billetes, el Errante cantaría como un canario.

Una vez que se largó del lugar, Alfonso se hospedó en un hotel que no estaba manejado por Iluminados, lo que garantizaba su privacidad y soledad.

Luego de provocar un cortocircuito en las cámaras del hotel, llamó a su jefe, al hombre que le había ordenado matar a Jessica.

La línea no tardó en abrirse.

—Alfonso, más te vale que tengas una explicación para este fracaso —la voz del hombre era fría y tan afilada que, incluso a través de los altavoces de la laptop, Alfonso sentía que podía cortarlo en pedazos.

—Lo lamento mucho, señor —el tono de Alfonso era sumiso y dócil, algo que contrastaba bastante con su actitud arrogante de siempre—.

Sé que el fracaso es inaceptable.

Sin embargo, nos enfrentamos a un oponente de nivel Cometa —los ojos del hombre se cerraron ligeramente—.

La elemental de aire está trabajando con La Lanza Relámpago —algo parecido a la sorpresa se dejó ver en la expresión del hombre—.

Matthew Simons protegió a la elemental de fuego de nosotros.

De haber sido cualquier otro usuario, habríamos conseguido matarla —el hombre mantuvo el silencio mientras pensaba.

—Por suerte, me aseguré de poner en marcha un plan de contingencia en caso de que esto sucediera —dijo finalmente—.

Los Oscuros destruyeron el avión donde la joven Green transportaría a la elemental de fuego.

Ahora, el protocolo de cuarentena se activó.

Si todo sale como lo tengo previsto, entonces irán a la capital a esperar que las cosas se calmen.

Dirígete allá y espera a que te contacten con nuevas instrucciones —Alfonso inclinó la cabeza.

—Sí, señor Iván.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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