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Saga Elementos - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Empacando
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45: Empacando 45: Empacando Amelia había salido para realizar un par de llamadas y arreglar todo para el viaje; Jordan permanecía en la habitación haciéndole preguntas a Matthew.

Las llamadas fueron una excusa para que Amelia pudiera escapar.

En cuanto a Jessica, ella estaba con Laura y Amy.

Habían decidido ir a una escapada de compras para reponer el guardarropa de Jessica antes de partir a la capital del país.

Normalmente, Jessica hubiera rechazado por completo la idea de ir a una tienda a probarse quince o veinte prendas para al final solo comprar dos o tres.

Siempre detestó ese tipo de actividades y solo iba al centro comercial cuando de verdad necesitaba comprar ropa nueva, o cuando tenía suficiente dinero para mandar a hacer estampados personalizados en sus camisas.

Sin embargo, la sorpresa más impactante fue la transformación de Amy.

Nada más poner un pie en el centro comercial de la ciudad, sus ojos se iluminaron, como si hubiera visto algo realmente precioso en lugar de las tiendas y sucursales de ropa.

Lo peor vino cuando tomó a Jessica y la obligó a entrar a los probadores mientras iba por blusas, pantalones, vestidos, zapatos y joyería.

Todo sería comprado con la tarjeta de la Orden que Amelia les había prestado; su nivel de crédito era prácticamente ilimitado y funcionaba en todos los países del mundo, salvo algunas excepciones como Corea del Norte, que se negaba a colaborar con la Orden de la Luz.

No obstante, lo que molestaba a Jessica no era probarse ropa en sí; eso era lo de menos.

Lo que realmente la hacía enojar era la elección de ropa que Amy le daba.

—Esto es difícil, pero me gustan mucho los desafíos y… —Para el carro —le dijo Jessica mientras la miraba desde el probador—.

Permíteme aclarar las cosas: no me gustan los vestidos, no me gustan las blusas y definitivamente no me gustan los tacones —Amy miró a Jessica de arriba a abajo mientras reflexionaba.

—Tiene sentido —dijo finalmente—.

Pensé que tendrías un lado femenino, pero veo que eres demasiado masculina —Jessica le entregó la muda de ropa a Amy y entró para vestirse otra vez.

—Si vamos a reponer mi guardarropa, entonces yo voy a elegir —dijo Jessica mientras salía del probador—.

Paso uno: salir de este “salón de princesas”.

Las tres salieron de la tienda y fueron a otra; esta era una tienda departamental que vendía ropa para ambos sexos.

Fue ahí que comenzó el paso dos: escoger lo que Jessica quería.

La joven optó por un estilo bastante masculino.

Prácticamente, todo lo que escogió, a excepción de su ropa interior, lo sacó de la sección para caballeros y lo más sorprendente era que toda esa ropa le quedaba muy bien.

Tenía un aura de rudeza, sí, pero también tenía un aire de delicadeza.

Su cabello pelirrojo, cortado al ras, atraía varias miradas hacia ella.

Ahora, Jessica vestía unos jeans negros, una camiseta roja con mangas largas y un chaleco negro.

Amy sintió que estaba viendo a una motociclista, pero el estilo realmente hacía ver bien a Jessica.

Muchos chicos, los cuales estaban cerca, volteaban a verla con curiosidad.

Algunos se quedaban embobados al escuchar su voz; ninguno podía creer que aquella persona en los probadores fuera una chica.

Jessica los ignoraba y seguía probándose más ropa, buscando la talla correcta y el estilo adecuado.

Al salir, las tres tenían varias bolsas muy llenas.

Se detuvieron en una joyería, ya que Jessica vio algo que le llamó poderosamente la atención: un par de aretes con dos rubíes incrustados, pero sabía que no podía comprarlos; costaban cinco mil dólares, por lo que desistió y siguió su camino.

Amy, al ver esto, le arrebató la tarjeta de crédito a su madre y los compró.

«Pobre de Jordan cuando tenga que llevarla de compras.

Si se descuida, lo dejará en quiebra en dos días», pensó Laura mientras suspiraba, reparando por primera vez en los agujeros que Jessica tenía en sus orejas.

Claramente, eran perforaciones.

Jessica no perdió el tiempo y se colocó los aretes; combinaban muy bien con su cabello y sus ojos, resaltándolos con esos preciosos rubíes.

Amy no pudo evitar sonreír y empujar a Jessica un poco.

—Parece que al final sí tienes un lado femenino, ¿eh?

—molestó Amy.

Jessica desvió la mirada y continuaron caminando.

Deteniéndose en una tienda de artículos deportivos.

Ni Amy ni Jessica entendían por qué estaban ahí.

Laura entró a la tienda sin decir una sola palabra y fue directamente a la sección de ropa para damas.

Una empleada vio esto y se acercó a ver qué necesitaban.

—Bienvenidas, ¿en qué puedo ayudarlas?

La mujer aparentaba estar a finales de sus veintes, tenía cabello castaño, piel blanca y ojos de color verde claro.

Vestía un uniforme con el logo de la tienda, pero que se asemejaba a ropa deportiva y transpirable, una combinación que dejaba muy en claro lo que se vendía en ese local y que realzaba su figura, haciéndola ver muy atractiva: —Buenas tardes, buscamos ropa deportiva para ella —Laura señaló a Jessica.

—¿Eh?

—La joven pelirroja no entendía nada.

—¿Tendrán algo de su talla?

—la empleada sonrió en respuesta.

—Claro, vengan conmigo —la empleada las llevó a la zona donde se exhibía la ropa de mujer—.

¿Qué es lo que estás buscando?

—Jessica se detuvo un momento y miró a Laura.

—¿Qué es lo que hacemos aquí?

—preguntó sin idea de nada.

—¿No escuchaste lo que hablamos hace rato?

—preguntó Laura; su expresión de pronto se volvió seria.

Amy reconoció esa mirada; era la misma que Laura le dio cuando comenzó a entrenarla para controlar sus poderes—.

Te dije que te enseñaría, pero mi entrenamiento será muy duro, así que es mejor que elijas algo para hacer ejercicio.

—¿De qué tipo de entrenamiento estamos hablando?

—Amy le puso la mano en el hombro a Jessica.

—De uno donde desearás estar muerta —Jessica tragó saliva.

La empleada no pudo evitar reír por lo bajo, lo que llamó la atención de Laura y las chicas.

—Disculpen, es solo que recordé cuando mi hermano recién empezó a entrenar.

Fue muy gracioso cuando llegó a casa llorando luego de su primera clase de combate —la mirada de la empleada cambió de una amable y jovial a una más cínica.

Laura notó cómo el hombre que estaba junto a la puerta las miraba.

Casi al instante de notar esto, sintió que aparecían dos conexiones cálidas; una de ellas venía de la empleada.

—Eres una Iluminada —dijo mientras se ponía frente a Jessica.

—Sí, y me temo que tengo que dar la orden para ejecutarlas a ambas —la empleada señaló con la mirada a Laura y Amy—.

Los Desertores tienen prohibido involucrarse en los asuntos de la Orden.

—Amelia, la elemental de aire, nos pidió ayuda y nos vimos obligados a asistirla en su misión.

Nuestro objetivo es el mismo: llevar a esta niña a Nepal para ponerla a salvo —la empleada levantó una ceja, parecía indecisa, no sabía si creerle o no.

—Digamos que te creo —propuso la empleada—.

¿Por qué la elemental de aire solicitaría la ayuda de un par de Desertores como ustedes?

—había un claro toque de desdén en la voz de la mujer.

Jessica no entendía nada.

Sabía, por las palabras de Amelia, que los Desertores eran aquellos que dejaban la Orden por voluntad propia, o eran expulsados, pero la actitud de la mujer era muy extraña.

Casi parecía que ser un Desertor era un tabú o un pecado mortal.

Amy no soportó más e intervino en la conversación.

—Quizás lo hizo porque sabía que ustedes no son de confianza —soltó la joven—.

Como ese maldito hijo de perra que intentó matar a mi padre —el rostro de la empleada mostró cierta intriga por aquellas palabras.

Suspiró y luego dijo.

—Esa niña necesita un sostén deportivo de copa doble A y pantalones transpirables —su mirada no cambió mientras decía esto—.

¿Qué tipo de entrenamiento le dará?

—preguntó a Laura.

—Kickboxing.

—Entiendo.

Ven conmigo, niña —Jessica dudó por un momento; la empleada la miró por encima del hombro—.

No las mataré, si eso es lo que piensas.

Si es verdad que la elemental de aire pidió su ayuda, entonces no puedo entrometerme —explicó—.

Mucho menos si hay un Meteorito Perdido por ahí —sentenció.

Jessica no entendía nada, pero estaba segura de que la mujer no las atacaría.

Laura también pensaba lo mismo, por lo que se limitó a acompañar a Jessica en silencio, siempre al pendiente de ella.

Ya en los probadores, Jessica optó por un pantalón largo y flexible para cubrir la parte inferior del cuerpo; para la parte superior, decidió dejar expuesto su abdomen y cubrir sus senos con un top de color negro flexible.

Pagaron la ropa y se fueron de la tienda sin decir nada más.

Pasaron por otra tienda más para comprar dos maletas de viaje, una para Jessica y otra para Jordan.

Finalmente, salieron del centro comercial y emprendieron su regreso al hotel.

Mientras regresaban, Jessica pensó en toda la situación.

Estaba dejando atrás su vida en Kansas City para irse a otro país.

Sin embargo, una duda azotó su mente.

«¿De verdad tengo una vida aquí?», se preguntó.

Es decir, tenía a su hermano, pero nada más.

Su madre iría a parar a un hospital psiquiátrico por casi matarla a ella y a Jordan; Lucía la estaba buscando para llevarla con los Oscuros, no tenía amigos, no tenía a otros familiares en la ciudad, no tenía pareja.

No había nada en Missouri para ella.

Llegaron al hotel y se dispuso a ir a su habitación; le informaron que, debido a que el hotel estaba lleno hasta el borde, tendría que compartir habitación con Amelia.

Amy dormiría en una habitación individual y sus padres en una conjunta.

Jessica aceptó esto y se fue al cuarto para descansar y guardar su ropa en la maleta.

Mientras hacía esto, escuchó dos toques en la puerta.

Al girar, se encontró con Amelia: —Hola, Roja —le dijo; su mirada, su sonrisa, sus ojos, todo en ella parecía cansado—.

¿Empacando para mañana?

—Amelia se acercó y se sentó a los pies de la cama.

—Sí —dijo Jessica en un tono apagado—.

¿Sabes?

Es gracioso.

Por más que pienso en alguna excusa para no irme de la ciudad, solo encuentro razones para largarme lo antes posible —comenzó a hablar mientras empacaba un conjunto de ropa interior y toallas sanitarias—.

No tengo nada en esta ciudad y aun así quiero quedarme.

Seguramente soy masoquista —Jessica rio para sí misma.

—Solo tienes miedo por todo lo que está pasando —dijo Amelia—.

Además, ¿qué importa si no tienes nada aquí?

Ahora tienes una oportunidad de empezar de nuevo —Jessica suspiró; realmente no estaba de ánimos para esa charla.

Amelia se rascó la cabeza antes de continuar—.

¿Recuerdas al detective Taylor?

—preguntó Amelia.

—¿Te refieres a ese larguirucho que parecía un zombie y apestaba a cigarrillo?

—se burló Jessica, causando risas en Amelia—.

Sí, lo recuerdo —ambas rieron un poco.

—Bueno, le pedí que trajera esto de tu casa, pero… —Amelia le entregó a Jessica una bolsa que contenía los restos quemados de varios lápices y bolígrafos, así como los restos de una libreta de dibujo.

Jessica sabía exactamente lo que era, pero no sabía cómo Amelia conocía su secreto más íntimo—.

Lo lamento, tu madre quemó todo antes de que llegáramos a detenerla.

—¿Cómo es que…?

—Jessica miró la bolsa y luego a Amelia—.

¿Cómo es que sabías de esto?

—Amelia bajó la cabeza y tomó aire antes de responder.

—La noche que la calle colapsó, te estábamos vigilando —soltó Amelia—.

Lo sé, no estuvo bien y me disculpo por eso, pero teníamos que asegurarnos de que estabas a salvo.

Sabíamos que los Oscuros estaban cerca y… —Amelia se llevó las manos a la cara—.

¿Parece algo que diría una acosadora loca?

—Jessica levantó una ceja ante la pregunta.

—Un poco —respondió Jessica.

Amelia se rio sin ganas.

—Bueno, el caso es que te observamos y te vi dibujar; me siento halagada por haber sido la modelo —Jessica se dio cuenta de algo.

—Entraste a mi cuarto mientras dormía —Amelia asintió, no quería guardar el secreto—.

Esa noche también me di una ducha… ¿Tú…?

—No te vi desnuda, tampoco vi cómo te desvestías, si es lo que preguntas —aclaró Amelia—.

En fin, solo… quería quitarme ese peso de encima y darte esto.

Amelia le entregó una caja sencilla envuelta con un listón rojo.

Jessica abrió la caja y lo primero que se encontró fue una nota que decía: “Perdón por espiarte, Roja”.

Debajo del mensaje había un dibujo de una carita triste.

Jessica miró a Amelia y esta solo pudo sonreír.

La joven Anderson levantó una ceja y revisó el resto del contenido, encontrándose con unos lápices de dibujo bastante caros, delineadores, sacapuntas, goma de borrar, pinturas y una libreta de dibujo completamente nueva.

Jessica estaba sin palabras: —Sé que no reemplazará la que perdiste, pero quería compensarte luego de… básicamente, arruinar tu vida —Jessica sonrió y miró a Amelia.

—Gracias, Amelia —le dijo; Jessica estaba genuinamente agradecida.

Dejó la libreta a un lado y terminó de empacar.

La caja con el regalo de Amelia fue lo último que guardó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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