Saga Elementos - Capítulo 46
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46: Viaje en Carretera 46: Viaje en Carretera Al día siguiente, todo el grupo estaba reunido en la estación de autobuses.
Jordan fue dado de alta por el doctor Nikolaou, mientras que Matthew tendría que continuar con sus inyecciones diarias de Complejo B, así como su rehabilitación del codo, pero su recuperación estaba casi completa.
En la estación se encontraba Peter Hall, un usuario del elemento aire, pero cuya especialidad no estaba en el combate, sino en la movilización y distribución de recursos, en este caso, el traslado de Iluminados desde Kansas City a cualquier parte del país.
Se notaba que no era un peleador.
El hombre era gordo, con mejillas redondas y rosadas.
En general, su aspecto no era para nada agraciado.
Amelia, al verlo, suspiró.
Dicen que los gordos son personas alegres, despreocupadas, amables y cariñosas, pero no siempre es así.
—Siempre estás dándome problemas, Amelia —refunfuñó el hombre; tenía un ligero, pero notorio, acento británico.
—¡Vamos!
¿Todavía sigues enojado por lo que pasó en Londres?
—Amelia no podía creerlo, eso fue hace un año.
—Me trasladaron aquí por tu culpa, niña —Jessica no entendía nada.
Amy tampoco, así que buscó una forma de cambiar de tema.
—Disculpe, ¿dónde puedo comprar pastillas para el mareo?
—preguntó; los viajes largos siempre la mareaban.
—A la derecha podrás encontrar a alguien, pregúntale a él, tal vez le importe —un mechón de cabello fue cortado por el aire comprimido de Amelia, quien lo miraba con rabia.
Su actitud era insufrible.
Peter suspiró—.
Al fondo a la izquierda hay una farmacia; pregunta ahí.
Amy agradeció poder apartarse de Peter por un rato.
Detrás del grupo estaba el autobús que los llevaría a la capital del país, el cual se encontraba cargando combustible.
Había dos pilotos, ambos eran Iluminados.
El vehículo estaba equipado con lo último en tecnología, tenía Wi-Fi satelital de alta velocidad, televisores encima de cada asiento con auriculares individuales, sillas reclinables con control de temperatura y dos baños.
Un modelo usado exclusivamente por miembros de la Orden.
El viaje duraría más de un día, así que necesitaban ir cómodos.
Amy regresó con una bolsa llena de pastillas para el mareo y las náuseas.
El autobús terminó de reabastecerse y llamaron a sus pasajeros.
Amelia se despidió de Peter y montaron en el vehículo.
Escogieron asientos y, en poco tiempo, el motor arrancó y comenzó el viaje.
El autobús avanzaba sin problemas por la autopista.
El tráfico era poco y moderado.
Desde afuera, parecería que el enorme vehículo iba lleno de personas, pero por dentro la situación era otra.
El interior era lujoso, con luces de neón en el piso, entre las hileras de asientos, y en el techo.
Tenían la función de ser luces de emergencia, pero también eran personalizables, la combinación perfecta entre lujo y seguridad.
En la parte delantera había una puerta metálica que separaba a los pasajeros del conductor.
Un poco más atrás, justo antes de llegar a los asientos, se encontraban dos refrigeradores llenos de comida instantánea y bebidas, así como un microondas.
Claro, harían una parada para almorzar más tarde, pero siempre viene bien tener algo de comida extra en caso de querer algún refrigerio.
Ya en la parte trasera del autobús se encontraban dos baños totalmente equipados para hombres y mujeres.
¿Cómo funcionaba todo esto?
Simple, el autobús tenía un total de cuatro baterías.
La primera era la del motor que se encargaba de darle energía al vehículo y a todas las luces, la segunda se encargaba de alimentar los sistemas de entretenimiento y los routers Wi-Fi, la tercera se encargaba de mantener operativos los refrigeradores, microondas y los sistemas de control de temperatura de los asientos.
La última era solo un respaldo de la batería del motor y todas se mantenían en línea gracias al combustible del autobús, el cual tenía tanques más grandes que el promedio.
Lo que le permitía hacer viajes mucho más largos.
—La Orden no se quedó corta con estas cosas —comentó Matthew luego de que Amelia explicara las características del autobús—.
En nuestros días, estas cosas no eran tan modernas.
—¿Podrían bajar la voz, por favor?
—pidió Amy mientras se dejaba caer en su asiento y se tapaba la cara con su abrigo.
Se habían sentado en parejas: Jordan con Amy, por supuesto, Matthew con Laura y Jessica con Amelia.
La joven Simons estaba sufriendo de un mareo horrible y apenas habían empezado el viaje.
Solo pasaron dos horas desde que comenzó el recorrido.
Amy ya había consumido una pastilla para las náuseas y trataba de dormir un rato, pero no lo conseguía.
Jessica se encontraba recostada en su asiento, el cual estaba manteniendo su espalda y glúteos fríos gracias a su control de temperatura, todo mientras ella disfrutaba de una película en el televisor que había sobre su cabeza.
Amelia estaba hablando con Matthew, Jordan se encontraba junto a su novia tratando de hacerla sentir mejor y Laura había ido a usar el baño.
Luego de cuatro horas de viaje, por fin se detuvieron.
Hicieron una parada de hora y media para almorzar y comprar algunos bocadillos para el camino.
Regresaron a la ruta y la noche no tardó en caer.
Jessica seguía viendo películas en el televisor sin signos de mareo, cosa que sorprendió a todos, pero llegó la hora de ir a dormir.
Apagaron todo a las nueve de la noche y cayeron dormidos en sus asientos.
Sin embargo, Jessica no tuvo oportunidad de soñar.
Nada más cerrar los ojos, fue transportada al volcán donde la esperaba el Fénix.
Había adoptado la forma del hombre con apariencia de supermodelo.
El lugar ahora se había convertido en un auténtico paraíso tropical.
El volcán ahora escupía un delgado hilo de humo blanco que ascendía al cielo; las plantas alrededor eran hermosas, había flores de colores extravagantes, un césped increíblemente verde, árboles de troncos gruesos e imponentes con fruta madura en sus ramas y el aire era fresco y puro.
Nada que ver con el paisaje árido de la última vez.
—¿Ya terminaste de admirar el paisaje, niña?
—le preguntó el Fénix con una sonrisa.
—¿Cómo es que…?
—El tiempo transcurre diferente en este lugar.
Para mí, han pasado dos mil años desde la última vez que nos vimos —explicó el hombre.
—Pues no has envejecido ni un día, pero bueno, supongo que es otro de los beneficios de ser inmortal, ¿verdad?
—el Fénix rio ante las palabras de la chica—.
Solo para aclarar, ¿tú me llamaste?
—su sonrisa fue toda la respuesta que necesitaba—.
Claro, por supuesto.
—No pareces muy sorprendida —Jessica se echó a reír.
—Con todo lo que ha pasado, ¿en serio crees que esto puede sorprenderme?
—el Fénix rio antes de responder.
—Buen punto, niña.
—¿Y bien?
¿Qué quieres?
—el Fénix señaló el brazo derecho de Jessica.
—Antes que nada, mira tu brazo.
Jessica bajó la mirada y se encontró con una marca muy extraña en su hombro derecho.
La marca tenía la forma de un ave de color naranja con detalles en rojo levantando el vuelo, dejando tras de sí una estela de fuego, la cual comenzaba en un color azul y se volvía naranja cuanto más se alejaba de las alas y cola del ave.
Obviamente, no era un lunar o una marca de nacimiento; más bien parecía un tatuaje.
Jessica se sorprendió mucho al ver esa marca en su brazo.
—¿Cuándo…?
Jessica no necesitó terminar su pregunta porque recordó lo sucedido durante su Despertar.
Cuando el magma la rodeó, una burbuja de lava se formó en la línea del círculo y explotó, salpicando su brazo derecho en la zona del hombro.
—Esa es tu Marca Elemental —dijo el Fénix—.
Con esa marca tendrás total acceso al poder del fuego.
Podrás controlarlo a voluntad y hacer cosas que, para otros usuarios del fuego, resultan imposibles.
—¿Cómo qué?
—preguntó la chica.
—Por ejemplo, crear tus propias llamas —Jessica se mostró muy confundida.
El Fénix lo notó—.
Verás, los usuarios del elemento fuego no pueden crearlo a voluntad.
Ellos solo pueden controlar la forma y dirección de las llamas.
Lo máximo que pueden hacer es convertir una chispa, o unas brasas humeantes, en un incendio.
—Apuesto que no me llamaste solo para decirme eso —aventuró Jessica.
—De hecho, sí, solo quería decirte eso —dijo el Fénix con una sonrisa—.
Te llamé para eso… y para que lo otro fuera una sorpresa.
Antes de que Jessica pudiera preguntar a qué se refería, fue transportada de regreso a su cuerpo.
Se sintió como estar cayendo al vacío.
«Maldito loco», pensó Jessica.
Al girar la cabeza a la derecha, se encontró con Amelia.
Estaba dormida y sus rizos blancos caían con gracia sobre sus hombros flácidos.
«Qué guapa es», pensó Jessica para sus adentros.
La belleza física nunca le preocupó realmente, pero sabía reconocer cuando alguien era atractivo y Amelia era bastante bonita.
Sin embargo, tenía sus defectos.
Por ejemplo, tenía la boca abierta y estaba babeando.
Jessica no pudo evitar soltar una risa al ver esto.
Luego de reír un poco, miró con cuidado su hombro derecho.
Efectivamente, la marca estaba ahí.
Al verla, pensó en las palabras del Fénix.
«Si todo lo que dijo es cierto, entonces se supone que puedo crear fuego a voluntad».
Jessica abrió la palma de su mano izquierda y realizó varios movimientos que había visto hacer a Amy, pero no pasó nada.
La joven, después de dos minutos moviendo la mano de diferentes formas, se hundió en su asiento, frustrada.
«Tal vez estoy haciendo algo mal», pensó.
Decidió recordar los eventos sucedidos la noche que sus poderes despertaron.
Cada vez que algo la alteraba, asustaba o estresaba en general, podía sentir cómo una especie de energía se introducía en su interior.
La sensación era muy extraña; era como si su cuerpo fuera una esponja absorbiendo agua, solo que Jessica no parecía tener límites sobre cuánto podía absorber.
«Ahora que lo pienso.
Desde que desperté, he estado absorbiendo esa misma energía sin parar».
No se equivocaba.
Su cuerpo siguió absorbiendo la energía de su entorno sin parar desde que se desmayó en el edificio, pero, a diferencia de la noche del Despertar, ahora lo hacía en menor medida.
Era tan sutil que solo se pudo percatar ahora que se estaba enfocando en ello.
Fue entonces que un recuerdo llegó a su mente.
Cuando abrió los ojos, después de hablar con el Fénix por primera vez, pudo sentir cómo toda la energía que había absorbido era expulsada fuera de su cuerpo en una explosión.
Recordar la sensación le dio una idea.
«Si esa energía dentro de mi cuerpo es el fuego, entonces…» abrió la mano y se concentró en expulsar un poco de esa energía.
Luego de un par de segundos apareció una llama tímida en la palma de su mano.
«…solo debo expulsarlo».
Jessica no pudo evitar sonreír al ver que lo había conseguido.
Cerró su mano y apagó el fuego, volvió a abrirla y expulsó la energía; otra llama se formó junto a una sonrisa en su rostro.
Jessica hizo este ejercicio durante un tiempo, pero comenzó a sentirse mareada y con migraña luego de solo tres minutos, malestar que empeoraba cada vez que encendía otra flama.
—Debí pedirle a Amy una pastilla para el mareo —dijo para sí misma.
—No serviría de nada —Jessica se giró a ver a Amelia, quien se había despertado y le regaló un buen susto cuando le habló.
Amelia solo se limitó a limpiar la saliva de su mentón y continuar—.
Gastaste casi toda tu energía, por eso te sientes mareada.
—¿Desde cuándo estás despierta?
—preguntó Jessica con un tono de preocupación.
Podía ver las bolsas bajo los ojos de Amelia y sabía que ella no estaba descansando bien.
Por alguna razón, que ni siquiera ella misma podía explicar, se sintió preocupada por la peliblanca.
—No hace mucho —aseguró Amelia mientras bostezaba—.
Desde que empezaste a encender el fuego —eso significa que había estado despierta unos tres minutos, viendo a Jessica encender y apagar esas flamas—.
Me sorprende que hayas descubierto el secreto sin ayuda.
A mí me tomó dos semanas descubrir cómo expulsar viento de mis manos —a pesar de que Amelia reía, Jessica la miraba con expresión seria.
—Vuelve a dormir —le ordenó Jessica.
Amelia se giró a verla; la expresión de la pelirroja era firme—.
No creas que no me he dado cuenta de que no has dormido bien estos días —Amelia rio para sí misma.
—No pasa nada.
Estoy bien, Roja —aseguró Amelia.
—No es sano que te desveles —insistió Jessica.
—De acuerdo, en cinco minutos vuelvo a dormir, mamá —Amelia comenzó a reír por lo bajo, pero, al ver la cara de Jessica, dejó de hacerlo.
Finalmente, se rindió—.
Está bien, dormiré otro poco —la expresión de Jessica se suavizó.
—Gracias —dijo mientras se frotaba la frente y se acomodaba en el sillón—.
Yo también necesito dormir —Amelia acomodó un poco mejor su cabello para dormir un poco mejor.
—Sí, las primeras veces el desgaste es muy grande y… Amelia dejó de hablar al sentir algo en su hombro izquierdo.
Jessica había caído dormida en el hombro de Amelia.
La joven peliblanca sintió el calor del cuerpo de Jessica al mismo tiempo que sentía su rostro sonrojarse.
«¿Ahora qué hago?», pensó en pánico.
Su cuerpo estaba tenso.
Por un momento, la idea de mover a Jessica cruzó su mente, pero eligió no hacerlo al verla dormir tan plácidamente.
Amelia suspiró y se acomodó mejor a su lado.
—Eres un caso, Jessica.
En poco tiempo, Amelia estaba durmiendo con su cabeza apoyada en la de Jessica.
Amy, quien había despertado para tomarse una pastilla contra el mareo, vio la escena y sonrió antes de volver a dormir.
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