Saga Elementos - Capítulo 47
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47: Monumental Palace 47: Monumental Palace El viaje duró un día y medio; llegaron a Washington D.C.
justo cuando el sol comenzaba a ocultarse.
El autobús llegó a la terminal de viajes más cercana.
Se estacionó y sus seis pasajeros bajaron.
Amy agradeció poder pisar suelo firme; Jordan fue con su suegro para ayudar a bajar las maletas.
Una vez todos desembarcaron, se subieron a un par de taxis que los llevaron directamente al hotel en donde se hospedarían: el Monumental Palace.
Desde afuera, se podían contar los cinco pisos del hotel.
Todos con ventanas que parecían estar polarizadas, dando total privacidad a los huéspedes contra miradas curiosas del exterior.
En todos los pisos se podían ver los balcones con plantas bellamente cuidadas.
Con solo ver el exterior, los hermanos Anderson pensaron que estaban ante una construcción divina, pero Jessica sintió algo particular viniendo del hotel, una calidez que abrazaba su pecho y la reconfortaba, pero no sabía a qué se debía esto.
Ahora, si el exterior parecía haber sido construido por un escultor griego, el interior fue tallado por el mismísimo Dios.
Lo primero que los recibió fue un lobby bellamente adornado.
Los muebles eran exquisitos y, con solo verlos, daban la sensación de ser muy cómodos.
El suelo, de mármol pulido, estaba tan reluciente que reflejaba las luces del candelabro en el techo como si fuera un espejo.
Las paredes estaban pintadas de oro champán y las columnas estaban pintadas de un blanco perla que les daba un aire clásico y sofisticado.
En cada una de las columnas había antorchas que ardían con elegancia y poder.
Las mandíbulas de Jessica y Jordan cayeron al suelo con asombro e incredulidad.
Aquello era un hotel de cinco estrellas que no escatimaba en lujos.
«Me siento como un sucio animal, entrando aquí», pensó Jessica.
«¿Acaso morí en la casa y estoy en el cielo?», pensó Jordan.
Amelia avanzó al escritorio del lobby; detrás de la mesa se encontraba un hombre alto, con piel color chocolate, calvo y con un porte elegante, misterioso e imponente.
Su mirada era tan penetrante que parecía poder ver el interior de tu alma.
Lo primero que pensó Jessica es que se parecía al recepcionista del hotel de la segunda película de John Wick.
Amelia lo miró con serenidad antes de hablarle.
—Hola, Steve —le dijo con seriedad, pero una sonrisa adornó su cara al segundo siguiente—.
Ha pasado un tiempo, anciano.
Ninguno de los presentes podía creer lo que acababan de escuchar.
Amelia acababa de llamar a ese hombre “anciano”.
¿En qué pensaba?
El hombre, por su lado, comenzó a reír y, en solo un instante, su mirada penetrante pasó a ser una acogedora y amable.
—Mira que has crecido, Brisita —dijo el hombre mientras saludaba a Amelia con un apretón de manos—.
¿Cómo te ha ido?
—su mirada reparó en el grupo de personas detrás de ella—.
Veo que tienes compañía —prestó especial atención a cierta pelirroja—.
¿Trajiste a tu novia a un paseo por la ciudad?
—Amelia sintió que se sonrojaba hasta las orejas.
—¡Ella no es mi novia!
—se apresuró a decir Amelia.
La joven peliblanca se aclaró la garganta para calmarse y continuar—.
Necesito dos habitaciones matrimoniales y dos individuales —Matthew miró a la joven, confundido.
—¿Por qué dos habitaciones matrimoniales?
—preguntó.
—Pues, pensé que Jordan y Amy dormirían juntos, así que… —las luces del hotel parpadearon levemente; aunque Matthew todavía tenía los brazos cruzados, su mirada era realmente siniestra.
—Primero tendrán que matarme para compartir la cama —y ahí estaba el lado sobreprotector de Matthew.
Amy rodó los ojos; se la veía avergonzada.
—¡Papá…!
—se quejó.
—Lamento decepcionarlo, señor, pero lamentablemente el hotel está casi lleno.
Solo nos quedan tres habitaciones —informó el hombre—.
La buena noticia es que todas se encuentran en el mismo pasillo y están ubicadas una después de la otra, así que estará cerca de su hija si lo necesita —Laura miró a Matthew buscando presionarlo.
El padre finalmente cedió.
—Jordan, como escuche algo más que risas en ese cuarto, te juro que voy a castrarte yo mismo —Jordan tragó saliva ante la amenaza de su suegro.
Jessica empezó a reír de la desgracia de su hermano, mientras Amelia suspiraba con ligereza.
—Supongo que compartiré habitación con Jessica —aventuró a decir Amelia.
Amy la miró con una ceja levantada, pensando que la chica de verdad era muy osada.
—Bien —el recepcionista, Steve, le alcanzó un lector de tarjetas a Amelia—.
Por favor, Amelia.
—Seguro.
Amelia pasó la tarjeta de crédito de la Orden por el lector e inmediatamente después se escuchó un sonido que indicaba que se había descontado el dinero.
Retiró la tarjeta y Steve se dio la vuelta para buscar las llaves de las habitaciones.
—Ustedes dormirán en las habitaciones número 68, número 69 y número 70.
Pueden encontrarlas en el segundo piso —comenzó a explicar—.
El hospedaje solo incluye la habitación, el servicio de internet, televisión satelital y telefonía de larga distancia.
La comida y otros servicios se cobrarán aparte y se agregarán a su cuenta cuando desalojen —Steve les entregó tres tarjetas con el logo del hotel mientras terminaba de explicar—.
Con esto podrán usar el ascensor y abrir sus habitaciones.
Por favor, no las pierdan.
Si lo hacen, nos veremos obligados a cobrarles la tarjeta.
—Gracias, Steve —Amelia tomó las tarjetas.
—La chica necesita entrenar —intervino Laura—.
Sus poderes despertaron hace poco y… —Estoy al tanto de la situación, señora Simons —interrumpió Steve—.
Le puedo asegurar que tenemos todo lo necesario para que Jessica entrene.
Sin embargo, les recomiendo descansar antes de cualquier otra cosa.
—Así lo haremos, Steve —Amelia hizo señas y el grupo dejó la recepción.
Fueron hasta el ascensor y seleccionaron el segundo piso.
El aparato comenzó a subir y, mientras lo hacía, una discusión familiar tenía lugar en el interior del aparato.
—Papá, ya te dije que no haremos nada —insistió Amy.
—Esto no está a discusión, jovencita.
Tu madre y yo dormiremos en la habitación contigua y fin del asunto —Matthew estaba cruzado de brazos y con una mirada muy seria.
—No me digas que sigues molesto por lo de hace seis meses.
—Confiamos en ti y abusaste —le recordó Matthew.
—No teníamos intención de llegar tan lejos… solo… pasó —Amy tenía la cara ligeramente roja.
—Esperen… ¿Me estás diciendo que Jordan y tú…?
—Jessica se echó a reír—.
No eres tan santurrón como pensaba, hermano —le dio un golpe suave a Jordan en el hombro.
—¿Mamá?
—Amy buscó apoyo en su madre, pero Laura solo pudo suspirar.
—Tu padre impuso su voluntad esta vez, hija —Amy gruñó frustrada—.
Ya sabes cómo es —Amy volvió a gruñir.
Jessica, por otro lado, dejó de reír y avanzó.
—Bueno, bueno.
Ya me reí un buen rato —extendió su mano frente a Amelia—.
Las llaves, por favor, Brisita —Amelia sintió que sus mejillas se sonrojaban un poco.
—Búscate un apodo más original —refunfuñó mientras entregaba las tarjetas.
Jessica las tomó y abrió su maleta, sacó una camiseta y envolvió las tarjetas dentro.
Luego la sacudió con fuerza por tres segundos ante la mirada confundida de los demás.
Se detuvo, sacó las tarjetas y las entregó a Amy, Laura y Amelia.
En ningún momento vio el número que había en ellas.
—Listo, ahora será justo para todos —Amy observó el número y se dio cuenta de que era la habitación 70.
—Jordan y yo dormiremos en la 70.
¿Y ustedes?
—la pregunta irritó un poco a Matthew.
—Habitación 68 —dijo claramente frustrado por no poder estar al lado de su hija.
—¡Ja!
Perdiste, viejo —se burló Amy.
—Sigue provocándome, niña —advirtió Matthew.
—Bueno, eso significa que nosotras dormiremos en la 69.
Amy contuvo una risa al escuchar las palabras de Jessica.
Luego de lo que había visto durante el viaje, estaba claro que había química entre ambas y la mención del número y su significado en el contexto más… adecuado, le parecía hilarante.
Desde luego, Jessica, en su inocencia, no entendía nada.
—¿Qué es tan gracioso, Amy?
—le preguntó al verla contener la risa.
—Nada, solo me acordé de algo muy divertido —su explicación confundió a Jordan también, quien tampoco entendía de qué se reía su novia—.
Es que… recordé cuando Jordan se cayó al intentar montar en patineta por primera vez —el rostro de Jordan enrojeció.
—¡Oye!
Eso no fue divertido, se me cayó un diente y tuve que mentirle a mamá diciendo que me había tropezado —la risa de Amy se convirtió en una auténtica carcajada.
Finalmente, llegaron al segundo piso y se separaron para ir a sus respectivas habitaciones.
Laura y su esposo entraron a la habitación 68, en contra de la voluntad de Matthew, mientras que Amy y Jordan entraron a la propia, al igual que Jessica y Amelia.
Nada más entrar, fueron recibidos por un enorme espacio y una imponente cama para dos personas.
Con solo verla, se podía notar lo mullido que era el colchón.
La habitación desprendía un aroma a incienso de vainilla y menta.
Había una enorme ventana con vista directa al Monumento a Lincoln y a toda la ciudad.
Las cortinas eran de un violeta profundo y las paredes estaban pintadas de blanco perla.
La cama, y las mesas de noche a cada lado de la misma, parecían estar hechas de caoba.
El televisor también era de primera categoría.
Un Smart TV con una pantalla amplia sin bordes visibles, con un tamaño de sesenta pulgadas, utilizaba sistema Android y era de la marca Samsung.
El baño también era una auténtica maravilla.
Una ducha ajustable, jabones, shampoo, perfumes y hasta cremas para la piel.
El baño lo tenía todo, menos un jacuzzi, pero eso ya sería ponerse quisquilloso.
Amy no pudo hacer otra cosa que suspirar mientras extendía los brazos y giraba en su propio eje.
—¡Este lugar es lo máximo!
—dijo para después dejarse caer en la cama, sintiendo cómo su cuerpo se hundía en el colchón—.
Esto es vida —Amy alargó deliberadamente cada palabra.
—Sí, lo es —Jordan estaba muy desanimado, cosa que Amy notó.
—Oye —Amy le sacudió el hombro—.
¿Todo bien?
—el chico no pudo sino reír.
—Sí, seguro.
Todo bien —dijo con una sonrisa temblorosa—.
Acabo de cruzar el país luego de enterarme de que las personas con poderes existen, después de que mi madre intentó matarme, de la muerte de John y de enterarme de que mi hermana tiene dentro al Fénix —las lágrimas empezaron a brotar—.
¿Por qué no estaría bien?
—su voz se quebró.
Amy lo abrazó y lo dejó llorar.
—Está bien, Jordan —le dijo mientras se aferraba a él—.
Estoy aquí.
Jordan comenzó a llorar sin control en el pecho de Amy.
Obviamente, el chico no había tenido la oportunidad de procesar adecuadamente los cambios en su entorno, no pudo despedirse de su madre antes de dejar Missouri, ni siquiera había podido hacer sus maletas.
La ropa que llevaba puesta era ropa que encontraron en el hotel de Elizabeth y no tenía más; todo sucedió demasiado rápido.
Tanto, que apenas tuvo tiempo de procesar el hecho de que su hermana ahora podía controlar el fuego.
Desde luego, el chico no la odiaba o le temía por eso; Jessica seguía siendo su hermana menor y siempre la amaría, pero es verdad que todo estaba cambiando demasiado rápido.
Jordan lloró por media hora antes de quedarse dormido, abrazado con Amy.
La joven hubiera preferido darse una ducha antes de ir a la cama, pero eso podía esperar; estaban demasiado cansados por el viaje, así que optó por dormir abrazada junto al chico.
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