Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Saga Elementos - Capítulo 48

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Saga Elementos
  4. Capítulo 48 - 48 Cazadores al Acecho
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

48: Cazadores al Acecho 48: Cazadores al Acecho El reconocimiento de aquel día fue igual al anterior.

¿El resultado?

Las ubicaciones de más Iluminados y sus rutas de patrullaje.

Desde que llegaron a la ciudad, se encargaron de realizar expediciones, las cuales eran coordinadas por Gabriel y los Oscuros que los recibieron en la ciudad.

Lucía se mantenía ocupada hablando con el cabecilla local y coordinando los detalles para intentar capturar a Jessica.

La mujer, su pareja, su segundo al mando, el doctor Powell y otros cincuenta Oscuros habían llegado a la capital dos días antes que Amelia y su grupo.

¿Cómo?

Pues volando.

A diferencia de los Iluminados, los Oscuros podían darse el lujo de volar en avión, contrario a Amelia, que no podía permitirse el viaje por el riesgo que implicaba.

No era para menos; nunca faltaba el Oscuro que se ponía más loco que los otros y decidía derribar el avión con todos a bordo.

Ya había pasado antes.

El 23 de junio de 1985, el vuelo 182 de Air India explotó sobre el Océano Atlántico matando a las 329 personas a bordo.

Oficialmente, la culpa de todo cayó sobre un grupo extremista Sij, los cuales planearon el atentado para vengarse del gobierno indio por atacar el Templo Dorado de Amritsar en 1984, lugar sagrado para dicha comunidad.

Sin embargo, y aunque se comprobó que sí había una bomba a bordo del avión, la verdadera causa del accidente fue un Oscuro que viajaba como pasajero.

Resulta que en el avión viajaban tres de los diez Cometas de aquel entonces, específicamente los Cometas 7, 4 y 9, los cuales se dirigían a una misión en Londres, una de las escalas del vuelo en su trayecto a Bombay, actualmente conocida como Mumbai.

De alguna manera, los Oscuros se enteraron de esto y planificaron derribar el avión en un ataque suicida.

Que la bomba estuviera a bordo fue solo una coincidencia que sirvió para darle una causa al accidente sin necesidad de revelar la existencia de los usuarios.

Así como el vuelo 182, hay muchos más casos donde los Oscuros han decidido derribar un avión con tal de matar a un Iluminado.

No es común, pero sucede.

Por eso, a los Iluminados se les recomienda no tomar un avión comercial si los protocolos de cuarentena están activos, ya que ahí es cuando hay más posibilidades de que el avión sea un blanco.

Esa es la razón de que Amelia haya optado por un viaje terrestre.

No quería arriesgarse a viajar en avión con el riesgo de ser derribada.

Sin embargo, los Oscuros sí podían permitirse ese lujo.

A diferencia de ellos, los Iluminados nunca serían capaces de derribar un avión de pasajeros, sin importar quién estuviera a bordo.

De esta forma, pudieron llegar a tiempo a la capital y descubrir dónde se hospedaban Amelia y su grupo.

Mark, el cabecilla de los Oscuros en Washington D.C., al enterarse de dónde estaban sus objetivos, pensó en atacar inmediatamente, aprovechando que estaban cansados por el viaje.

Sin embargo, Gabriel no estaba para nada de acuerdo con esto.

—Atacarlos sería una gran estupidez —dijo el segundo al mando de Lucía—.

Es cierto que la elemental de aire y sus acompañantes están agotados, pero el resto de Iluminados que se hospedan en ese hotel están en perfectas condiciones.

—Además, no tenemos idea de lo que hay dentro del hotel o en dónde estarán durmiendo las Elementales —agregó Martha—.

Estaríamos entrando a ciegas —Mark no se tomó bien la intervención de la mujer.

—Cuando quiera tu opinión, Yunque, te lo haré saber.

Hasta entonces, cállate —Lucía, que había permanecido en silencio hasta el momento, miró a Mark con la rabia de una leona furiosa.

—Mark, te lo dejaré pasar esta vez, pero si vuelves a hablarle así a Martha… —las luces de la habitación parpadearon hasta explotar.

Mark no pareció inmutarse por la exhibición de fuerza de Lucía.

—Como sea —el hombre le restó importancia—.

Todo lo que digo es que debemos hacer algo antes que los Iluminados manden un avión a recogerlos.

—Nos sobra tiempo para eso —las palabras de Gabriel confundieron a todos—.

Los protocolos de cuarentena están activos.

No mandarán a nadie hasta que las cosas se hayan calmado un poco.

—Mark observó a Gabriel con sospecha.

—¿Cómo es que sabes tanto sobre los Iluminados?

—todas las miradas se volvieron hacia Gabriel, pero, pese a esto, el espía permaneció inmutable en su sitio.

—Fui parte de los Iluminados antes de entrar a la Orden de las Sombras.

Conozco los protocolos de pies a cabeza, eso es todo —explicó, pero Mark no parecía muy convencido.

—¿Y qué es lo que sugieres?

—el tono de Mark era despectivo; claramente no confiaba en Gabriel.

Sin embargo, el hombre mantuvo la mente fría.

—Lo mejor será vigilar el hotel y esperar a que salgan.

Si están en el exterior, será más sencillo actuar —propuso Gabriel.

Sí, era verdad que salir al exterior los dejaba expuestos, pero Gabriel no mencionó el hecho de que la Orden tenía a varios cientos de Iluminados dispersos por la capital.

Básicamente, los Oscuros eran como ratas trabajando en la guarida de un león.

Además del Monumental Palace donde se hospedaban las Elementales, había otros cinco hoteles en toda la ciudad que eran administrados por los Iluminados y todos estaban llenos.

Además, también había que contar a los miembros de la Orden que viven en la capital del país.

En total, había unos tres mil Iluminados en la ciudad a la espera de un movimiento de los Oscuros.

Claro, la cifra podía variar, ya que no todos podían combatir, pero incluso si solo hubiera mil quinientos Iluminados en la ciudad, la diferencia entre ellos y los Oscuros, que solo tenían trescientos combatientes disponibles, era aplastante.

Gabriel sabía que, incluso si salían del hotel, no había garantías de poder capturarlos o matarlos antes de que llegaran los refuerzos Iluminados.

Así que, de una u otra forma, la vida de Amelia y su grupo estaba a salvo.

—Es casi imposible que salgan del hotel —argumentó Mark.

—Tal vez, pero esperar es mejor que lanzarnos a un asalto suicida en territorio enemigo —contraatacó Lucía—.

Yo digo que esperemos.

Mientras tanto, asegúrate de que tu gente continúe con sus actividades normales.

No deben saber que estamos vigilándolos —Mark suspiró, claramente frustrado.

Mark Jobs, mejor conocido como Cerbero, era un hombre muy poderoso.

Era más fuerte que Lucía, pero nunca pudo ganarle debido a la velocidad inhumana y al estilo de combate errático de la Tigresa del Rayo.

Sin embargo, su nivel de control sobre su elemento, el fuego, lo hacía un peleador de temer.

Incluso Martha, que era una peleadora de alto nivel, nunca pudo ganarle a Cerbero.

En otras palabras, Mark podía acabar con ellos si lo hacían enojar.

No obstante, el hombre tenía una debilidad: su temperamento explosivo.

Se dejaba llevar muy fácilmente por las emociones y esto lo hacía fácil de engañar.

«Mucha fuerza y poco de cerebro», pensó Martha al verlo por primera vez.

El grupo de Lucía se dispersó por toda la ciudad en hoteles de mala muerte, pero se aseguraron de quedarse cerca del hotel Monumental Palace para vigilar a las Elementales.

***** Un autobús llegó a la terminal unas horas después del autobús de Amelia y compañía.

Sin embargo, este no era un autobús de la Orden, era un transporte normal de pasajeros.

Todos los ocupantes empezaron a desembarcar y entre ellos estaba un hombre hispano en sus treintas.

Se trataba de Alfonso.

El hombre cargó su equipaje y avanzó por la terminal hasta llegar al exterior; ahí esperó pacientemente durante una o dos horas hasta que apareció una camioneta Jeep Cherokee de color negro.

El vehículo se detuvo a su lado y el vidrio del lado del copiloto bajó lentamente.

Una hermosa mujer de cabello castaño y tez clara apareció, escaneó a Alfonso con sus ojos color ámbar antes de hablar.

—”El cuervo vuela a medianoche” —dijo la mujer.

—”El águila aterriza al mediodía” —respondió Alfonso.

La mujer lo observó por unos segundos más antes de volver a subir la ventana.

Alfonso no tardó en escuchar cómo la puerta trasera del vehículo se abría, una clara invitación a subir.

Alfonso entró a la camioneta y se encontró con el sueño de cualquier hombre que solo busca el placer.

El vehículo estaba ocupado por mujeres y todas eran muy hermosas.

La conductora era una mujer de rasgos asiáticos y facciones delicadas.

Junto a Alfonso había una mujer de color que lo miraba de forma feroz.

Alfonso volteó su mirada a la copiloto del vehículo, la mujer castaña.

—Así que ustedes son las Viudas Negras, ¿eh?

—Alfonso se mostró confiado en toda aquella situación.

—Una parte, sí.

Las demás nos esperan en el hotel —respondió la copiloto para después chasquear los dedos.

La conductora pisó el acelerador y comenzaron a avanzar por las calles de la capital.

—Ya veo.

Bueno, admito que podría acostumbrarme a trabajar con ustedes.

Quiero decir, ¿qué hombre en su sano juicio no disfrutaría trabajar con unas bellezas como ustedes?

—la mujer afroamericana chasqueó la lengua y rodó los ojos, claramente disgustada.

—Todos los hombres son iguales —murmuró para sí misma.

—En cualquier caso, asumo que ya saben en dónde están, ¿verdad?

—la copiloto no reaccionó.

—Sí, pero no haremos nada por el momento —Alfonso no podía creer lo que estaba escuchando.

—¿Por qué no?

—preguntó Alfonso, pero la copiloto suspiró.

—A diferencia de Carl y los demás, nosotros trabajamos con paciencia.

Esperaremos la oportunidad para atacarlos.

Mientras tanto, los vigilaremos —explicó mientras entraban al estacionamiento de un hotel de tres pisos.

El lugar no era tan lujoso como el Monumental Palace, pero tampoco estaba mal.

Todos bajaron de la camioneta y, antes de siquiera darse cuenta, la mujer afroamericana puso a Alfonso contra el vehículo y le colocó un cuchillo de caza en el cuello.

La copiloto y la conductora no hicieron nada para detenerla.

—Ahora escúchame bien, guapo.

La Estrella del Aire nos dio la orden de matarte si arruinas esto.

Así que más te vale apegarte al plan, ¿entendido?

—Alfonso solo pudo sonreír.

—Como digas, preciosa —la mujer se alejó de Alfonso y le permitió caminar con ellas.

El siguiente paso sería conocer al líder del grupo en esa ciudad.

Alfonso, luego de que Iván expulsara a Matthew y Laura gracias a su ayuda, recibió un trato y entrenamiento especial de parte de la Estrella del Aire.

Cuando su formación terminó, se había convertido en una Luz Fantasma.

Las Luces Fantasmas son asesinos entrenados para servir a la Orden de la Luz.

Si bien casi todos los Iluminados llevan a cabo misiones de asesinato, solo las Luces Fantasmas realizan misiones que implican matar a otros Iluminados y a civiles.

Dentro de las Luces Fantasmas había grupos; entre ellos estaban las Viudas Negras.

Mujeres que se encargaban de seducir y hasta acostarse con sus objetivos solo para que bajaran la guardia y matarlos más fácilmente, aunque también se las temía como letales luchadoras cuerpo a cuerpo.

Había más grupos dentro de las Luces Fantasmas, pero pocos eran tan destacables como las Viudas.

Alfonso no pertenecía a ningún equipo; él solo se encargaba de ir a donde Iván lo enviara y cumplir con su misión para después recibir su recompensa: una noche de bebida o sexo con dos, tres, cuatro o hasta cinco mujeres al mismo tiempo, lo que sea que Alfonso quisiera en el momento.

Él era un hombre sencillo que solo seguía una regla: “Solo me importa ser feliz.

Si para eso debo seguir órdenes y matar Iluminados pues que así sea”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo