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Saga Elementos - Capítulo 49

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  4. Capítulo 49 - 49 Sombras del Ayer
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49: Sombras del Ayer 49: Sombras del Ayer Al día siguiente, Jordan se despertó sintiendo un aroma muy familiar.

Al abrir los ojos, se encontró acostado en los brazos de Amy.

La joven se había quedado dormida junto a él luego de que comenzara a llorar.

Con mucho cuidado se apartó y fue al baño para lavar su rostro y ver si al menos había una menta para su aliento, el cual podría matar a un elefante.

Jordan también podía ver, y oler, que necesitaba una ducha urgentemente, pero el hecho de no contar con otro cambio de ropa complicaba mucho las cosas.

El joven se lavó la cara y limpió las lagañas de sus ojos, revisó bien y pudo encontrar dos mentas.

Sin dudarlo, las puso en su boca.

Cuando salió del baño, Amy seguía durmiendo pacíficamente.

Jordan no pudo evitar sonreír.

«Nunca fuiste el tipo de chica que se levanta temprano, ¿verdad?», pensó el joven mientras se sentaba a su lado.

Recordó el día que ambos se conocieron.

En ese entonces, solo tenía 10 años cuando se vieron por primera vez.

Amy era una niña activa y algo rebelde; no era como las demás chicas de su edad.

Solía usar marcadores de colores para teñir parte de su cabello de rojo, azul, verde, rosa o lo que quisiera en el momento.

Jordan solía verla jugar en la calle con los niños del vecindario, pero el día que cruzaron palabras por primera vez fue el día que ella lo defendió de unos matones.

Jordan estaba regresando de la escuela ese día, cuando unos chicos se acercaron a él y comenzaron a molestarlo, llamándolo de muchas maneras: “Niño de mami”, “Santurrón”, “Perro faldero”, entre muchas cosas más.

Solían burlarse de él y Jordan nunca se defendía.

Su madre siempre le había dicho que golpear a alguien, aunque fuera una sola vez, lo enviaría directo al infierno.

Tampoco podía responder a los insultos porque estaría cayendo en las tentaciones del mundo.

Así que solo aguantaba en silencio.

Sin embargo, ese día lo rodearon y comenzaron a empujarlo, le quitaron la mochila de la escuela y comenzaron a lanzarla de un lado a otro.

—De… Devuélvanmela —la voz de Jordan era muy baja y los chicos siguieron burlándose de él.

—Habla más fuerte, Santurrón —dijo uno de ellos.

No obstante, cuando iba a lanzar la mochila otra vez, sintió una mano agarrando su muñeca desde atrás; era Amy.

La chica le quitó la mochila y se la entregó a Jordan.

Los bravucones perdieron el interés y se fueron.

—Deberías defenderte —sugirió la chica—.

Al menos decirles algo, no puedes dejar que te traten así —Jordan se levantó, con piernas temblorosas.

—Gracias —la voz de Jordan apenas era un susurro.

Tomó su mochila y caminó a toda prisa hasta su casa.

—Qué chico tan raro —murmuró Amy.

Después de ese día, Amy solía buscar a Jordan en la escuela para hablar y pasar el rato, pero él siempre parecía cerrado a la interacción con Amy, la evitaba o trataba de negarse, pero la chica siempre lograba penetrar su caparazón y sacarlo afuera.

Los años pasaron y, cuando ambos cumplieron quince, Amy llevó a Jordan a un parque de atracciones para divertirse.

Ambos acordaron repartirse los gastos y entraron.

Atracciones como la casa del terror solo afectaron a Jordan, pero eso era normal.

El chico jamás había visto una sola película de terror en su vida.

Amy no pudo evitar reírse, disfrutando de las expresiones de Jordan cada vez que alguien saltaba para asustarlos.

Dejaron la casa del terror y fueron a la montaña rusa.

En esa fue donde Amy sufrió con cada giró y vuelta que daban en el vagón.

Al final, terminaron subiendo a la rueda de la fortuna.

Jordan, quien estaba experimentando todo esto por primera vez, miró a Amy y sintió una nueva sensación al verla.

La chica no estaba usando maquillaje, pero sí había acomodado su cabello detrás de su oreja derecha, dejando a la vista sus perforaciones; también había teñido su mechón de color rojo.

Para Jordan, lo que tenía frente a sus ojos era una vista muy hermosa.

Ese día fue cuando comenzó a enamorarse de Amy, pero no fue hasta seis meses después que se animó a confesarle lo que sentía.

Para su sorpresa, Amy también sentía lo mismo y así comenzaron a salir.

Un año entero pasó y, seis meses antes de que su madre se volviera loca y su mundo quedara de cabeza, Jordan y Amy finalmente tuvieron una noche de pasión.

La primera vez de ambos.

Fue un día que los padres de Amy llegaron tarde a casa debido al trabajo.

Matthew y Laura sabían que su hija era un espíritu rebelde y pensaron que, si no podían evitar que hiciera ciertas cosas, al menos podían asegurarse de que estuviera preparada para hacerlas.

Cuando Amy entró a la pubertad y recibió “la charla”, también le dieron unos condones en caso de que comenzara a salir con chicos y le explicaron exactamente para qué servían.

Amy utilizó uno esa noche, cuando tuvo relaciones con Jordan.

Al terminar, se quedaron abrazados mientras dormían, pero terminaron despertando cuando Matthew llegó a la casa y encontró la ropa de ambos por todo el piso de la habitación.

Jordan no pudo evitar reírse al recordar aquello.

—Todavía me pregunto cómo es que alguien como tú se enamoró de mí, Amy —murmuró para sí mismo—.

Eres fuerte, talentosa y poderosa.

Podrías haber estado con quien sea y me elegiste a mí.

Un fracasado con graves problemas familiares.

—Es porque me parecías normal —Jordan volteó a mirar; Amy estaba despierta y había escuchado todo.

La joven se levantó y se rascó los ojos mientras seguía hablando—.

“No digas esto”, “No digas aquello”, “Cuídate de no revelar demasiado”, eso es lo que solían decirme mis padres.

Tenía miedo de decirle algo a la persona equivocada y revelar lo que era —volteó a mirar a Jordan—.

Pero contigo sentía que las cosas eran diferentes.

Tú estabas descubriendo lo que es el mundo real y yo trataba de adaptarme a él —una sonrisa apareció en sus labios—.

Supongo que me ayudaste a sobrellevar todo —Jordan no pudo evitar reír.

—Juro que si no estuviera oliendo como un vagabundo, te besaría —le dijo el joven.

—Te lo dije antes: cuando te laves los dientes te besaré y no te soltaré por una hora completa —Amy se levantó y fue al baño para ducharse.

Luego de eso se reunieron en la cafetería para desayunar y discutir cuál sería el régimen de entrenamiento de Jessica.

Jordan se quedó en silencio escuchando todo.

—De acuerdo, para empezar creo que primero deberíamos establecer una dieta para Jessica —la joven pelirroja miró a Laura confundida—.

Jessica, seré honesta contigo, estás demasiado delgada, tanto que ni siquiera te has desarrollado correctamente —Jessica no pudo evitar levantar una ceja—.

Quiero decir, mira a Amelia y a Amy.

Deberías medir más o menos lo mismo que ellas.

—Pues perdón por ser una enana —dijo sarcásticamente mientras volvía a comer sus waffles.

—Todo lo que digo es que necesitas una dieta apropiada y una rutina de ejercicios para crecer y, de paso, ponerte en forma para el combate.

— Pregunta: ¿No se supone que solo le enseñarían a controlar sus poderes y por qué hablan de combate ahora?

—Laura suspiró ante la duda de Jordan.

—Jordan, seré honesto contigo —intervino Matthew—.

Ustedes dos son una carga —Jordan sintió como si lo hubieran golpeado en el estómago—.

Sé que suena duro, pero ponte en nuestro lugar: tenemos que protegerte a ti y a tu hermana de los Oscuros y aguantar hasta que la Orden envíe un avión por nosotros.

¿En serio crees que podemos hacer todo eso?

—Jordan no dijo nada—.

La mejor opción es que Jessica pueda defenderse por sí misma.

—Y el kickboxing es, relativamente, rápido de aprender.

El entrenamiento es muy intenso, pero si te esfuerzas, serás una verdadera bestia después de dos meses —explicó Laura a Jessica.

Amelia se aclaró la garganta.

—Disculpen, pero les recuerdo que no podemos descuidar el entrenamiento para controlar sus poderes —Laura sonrió.

—Por supuesto, de hecho, estaba pensando en alternar el entrenamiento.

Un día podría practicar kickboxing y el otro practicará con sus poderes —aclaró Laura.

Amelia no parecía convencida.

De ser posible, preferiría que Jessica practicara ambos para agilizar las cosas, pero sabía que eso era muy difícil, por no decir imposible, para una principiante.

Al final, la peliblanca terminó suspirando.

—De acuerdo, pero habrá que aprovechar el tiempo al máximo —Laura asintió con una sonrisa.

Tanto Amy como Matthew sabían lo que eso significaba.

—Por supuesto, Amelia.

El entrenamiento de Jessica comenzará a partir de mañana a las 7:30 AM y terminará a las 8:30 PM —se pudo escuchar cómo Jessica dejaba caer sus cubiertos en el plato.

—Oiga, ¿no podría ser un poco más flexible con el horario?

—suplicó la pelirroja—.

Quiero decir, normalmente solo se necesita practicar dos horas en la tarde, ¿no?

—Laura miró a Jessica con severidad.

—Es cierto, pero esta no es una situación “normal”, Jessica.

—La joven pelirroja suspiró, resignada.

Sabía que le esperaba un verdadero infierno—.

Además del entrenamiento, deberás seguir una dieta rica en proteínas para que puedas ganar masa muscular rápidamente —Jessica deseaba hacerse bolita y desaparecer.

—Bueno, con eso arreglado, deberíamos buscar un sitio para entrenar —Amelia terminó de beber su jugo—.

Tal vez Steve sepa de un lugar —todos estuvieron de acuerdo, excepto por Jordan.

—Disculpa, Amelia, ¿te molestaría prestarme esa tarjeta tuya?

—Amelia volteó a verlo sin entender por qué estaba pidiendo aquello—.

Es que necesito comprar ropa, llevo usando la misma por dos días.

Sin mencionar que necesito comprar un cepillo de dientes nuevo y… —Ya, está bien —le dijo la joven mientras entregaba la tarjeta junto a un papel con el código.

Jordan la miró sorprendido.

—¿En serio?

¿Así nada más?

—preguntó sorprendido.

—Sí.

Es verdad que necesitas reponer tu guardarropa y, bueno… —Se llevó su mano libre a la nariz—.

Una ducha no te caería nada mal —Jessica no pudo evitar reírse del sufrimiento del pobre.

—No tenías que decir lo último —Jordan le arrebató la tarjeta.

—Además, tampoco irás solo —Amelia señaló a Matthew.

—Espera, nunca dije que iría con él —dijo el hombre.

—Cariño, disculpa, pero no te necesitamos ahora, esto es solo para usuarios del fuego —le dijo Laura con una sonrisa dulce en su rostro.

Matthew suspiró.

—Bueno, supongo que tengo el día libre —Matthew terminó su desayuno y se levantó—.

Vamos, chico.

Iremos a conseguirte ropa para que puedas ducharte de una buena vez.

Y así se dividió el grupo.

Mientras Amelia, Laura, Amy y Jessica buscaban un lugar para entrenar, Matthew y Jordan irían de compras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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