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Saga Elementos - Capítulo 50

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50: Viaje de Compras 50: Viaje de Compras Había un centro comercial no muy lejos del hotel.

Ahí fueron a parar Jordan Anderson y el padre de su novia, Matthew Simons, quien no estaba muy contento de estar ahí, pues tenía otros planes para el resto del día.

“Qué fastidio.

Quería buscar a un sanador para continuar con mi rehabilitación y un lugar para comenzar a entrenar”, pensó el hombre con frustración.

Siguió a Jordan por todo el centro comercial hasta llegar a una tienda de ropa.

La siguiente hora y media la pasó en esa misma tienda comprando camisetas, ropa de salir, ropa casual, deportiva, ropa interior, etc.

El chico, básicamente, repuso todo su guardarropa en ese tiempo.

Luego de eso, Jordan se dirigió a una tienda de artículos electrónicos para comprar otro teléfono, ya que el suyo se había quedado en Missouri y no tuvo tiempo de recuperarlo antes del viaje.

Al comprar su nuevo aparato, también se aseguró de ir a un local para desactivar el chip de su teléfono anterior.

Aprovechó que tenía un crédito ilimitado para comprar el teléfono más caro de la tienda, un Samsung Galaxy S24.

“Vale la pena aprovechar”, pensó Jordan con cierta malicia.

Matthew vio esto, pero no le dio importancia.

¿Por qué?

Porque no era su tarjeta, no le importaba y porque él también habría hecho lo mismo en esa situación.

Salieron de la tienda de electrónica y Jordan realizó otras tres paradas más.

La primera fue a una zapatería para comprar varios pares de zapatos nuevos.

Se demoró otra hora en ese lugar.

Su siguiente parada fue una tienda de artículos para viajar donde compró dos maletas extragrandes para meter todo lo que había comprado hasta ahora.

Finalmente, fue a parar a una tienda de artículos deportivos.

Allí compró tres conjuntos de ropa masculina.

Esto último alertó a Matthew.

El hombre, rápidamente, entendió lo que Jordan estaba haciendo.

Salieron del centro comercial y emprendieron el camino hacia el hotel, pero, a mitad del trayecto, Matthew se detuvo y miró fijamente a Jordan.

El hombre conocía perfectamente las intenciones del muchacho: quería entrenar y volverse fuerte.

Algo que era imposible.

No porque no pudiese, había varios no usuarios dentro de la Orden que, con entrenamiento y preparación, podían luchar contra usuarios, pero tiempo es algo que no tenían.

Si Jordan tomaba aquel camino, no sería diferente a suicidarse.

—Ni siquiera lo intentes —le dijo el hombre, Jordan, desde luego, no entendía nada.

—Disculpe, pero no… —¡No te hagas el tonto conmigo, muchacho!

—el tono de Matthew se volvió duro y autoritario—.

Se te nota a kilómetros —Jordan endureció su mirada en respuesta.

—Usted no sabe lo que estoy pensando —el muchacho trató de irse, pero Matthew siguió hablando.

—No pudiste proteger a tu hermana antes, así que quieres protegerla ahora —Jordan, quien ya había caminado más allá de donde Matthew estaba parado, se detuvo en seco al escuchar esas palabras—.

Te sientes culpable por la muerte de tu hermano y por no haber podido ayudar a tu madre —continuó Matthew.

El muchacho sintió cómo sus manos empezaban a temblar—.

Estás pensando que, si no puedes pelear a nuestro nivel, al menos puedes intentar seguirnos el ritmo —Jordan no dijo nada y dejó que Matthew hablara—.

Muchacho, esta vida, este camino, es uno muy duro.

Demasiado para alguien como tú.

—¿”Alguien como yo”?

—había cierta molestia en la voz de Jordan, una ira creciente que surgía de la impotencia en su pecho.

—Sí, alguien como tú —repitió Matthew—.

Eres un gran chico.

Amable y educado.

Ideal para cualquier chica, pero en este mundo, en el mundo de los usuarios, debes ser duro y, en ocasiones, despiadado.

—Matthew miró a Jordan y el chico pudo notar la frialdad en los ojos de su suegro—.

Lo que estoy diciendo es que debes estar preparado para matar a otro ser humano si la situación lo requiere —el cuerpo de Jordan comenzó a temblar ante la sola mención de la idea.

Matthew suspiró y su mirada se suavizó un poco—.

Eres un buen chico, el mejor que pudo escoger mi hija, pero no tienes lo que se necesita para pelear con nosotros —Jordan no aguantó más.

—¡¿Y Jessica sí?!

—El tono de Jordan sorprendió a Matthew, no podía creer que aquel chico tranquilo y apacible le hubiera levantado la voz.

Por primera vez, desde que lo conoció, pudo ver fuego en su mirada—.

Sé que soy débil —el chico suspiró—.

No tengo poder sobre ningún elemento y no puedo sentir las mismas cosas que ustedes.

—Jordan miró a los ojos a Matthew, su expresión era decidida—.

Pero no dejaré que mi hermana pase por esto sola y mucho menos quiero que Amy se preocupe por mí todo el tiempo.

Si para eso tengo que matar a un montón de asesinos y psicópatas que querrán atacarme, pues que así sea —los ojos de Jordan, aunque luchaban para contener las lágrimas, mantenían una expresión decidida.

Matthew no dijo nada, no suspiró y apenas parpadeó al escuchar la respuesta de Jordan.

Pasó de largo al chico, quien ya había decidido, de una forma u otra, comenzar un entrenamiento para aprender a pelear.

«Si no puedo protegerla, al menos no seré un estorbo», repetía una y otra vez la misma frase en su cabeza.

Jordan estaba decidido y no le importaba si Matthew lo apoyaba o no.

El hombre, quien ya había caminado cinco metros, lo miró por encima del hombro antes de hablarle.

—¿Vas a quedarte ahí todo el día?

—le preguntó.

Jordan finalmente salió del trance y caminó hasta alcanzarlo—.

Mañana a las 7:30 AM —Jordan lo miró sorprendido.

No podía creer lo que estaba escuchando—.

Empezarás a entrenar conmigo, muchacho.

—¿Qué?

Yo no… no lo entiendo.

—No te confundas, muchacho —Matthew ayudó al chico con una de las maletas—.

Si algo te llega a pasar, Amy se pondrá muy triste.

Solo estoy cuidando a mi hija —obviamente, era una excusa, la verdad es que Matthew no quería que Jordan muriera.

Todavía era demasiado joven y tenía mucho por vivir—.

Te advierto que no seré tan suave como Laura —Jordan sonrió al escucharlo.

—No espero que lo sea, señor.

***** En el hotel Monumental Palace, las cuatro chicas fueron con Steve para informarle de sus necesidades.

Requerían un espacio amplio, fresco y con todo el equipo necesario para comenzar el entrenamiento de Jessica.

Al escuchar esto, lejos de mostrarse impresionado, Steve sonrió.

—¡Constance!

—una mujer apareció por el pasillo.

La mujer parecía rondar los cuarenta y siete años.

Su cuerpo era delgado, pero fuerte, sus brazos y piernas eran bastante robustos; se notaba que la mujer entrenaba y se mantenía en forma.

Su conexión era intensa, más que la de Laura, y su expresión denotaba experiencia en combate.

Laura supo, nada más al verla, que no podría ganarle en un combate y, si por algún motivo conseguía golpearla, era porque Constance así lo quiso.

—¿Qué pasa, Steve?

—preguntó la mujer.

—Por favor, dale a estas hermosas señoritas un recorrido por el hotel —Steve miró a Constance directo a los ojos—.

Un recorrido a fondo —Steve hizo énfasis en las últimas palabras.

—Entiendo —la mujer miró a Laura y luego caminó hacia ellas—.

Acompáñenme, por favor.

Constance llevó al grupo por los pasillos del hotel hacia un cuarto cuya puerta tenía un cartel de “Solo personal autorizado”.

Entraron solo para encontrar a tres sujetos sentados viendo un partido de fútbol en un televisor de 32 pulgadas pegado a la pared.

Saludaron a Constance con un gesto de la cabeza, parecía no importarles la presencia del grupo, como si fuera lo más normal del mundo ver a los huéspedes del hotel entrar a la habitación cuando se suponía que no deberían estar ahí en primer lugar.

Constance fue hasta el fondo del cuarto, hasta una pared pintada de un color gris opaco, pero elegante.

“Hasta los cuartos de descanso parecen sacados de un castillo”, pensó Jessica con algo de fastidio.

Todo ese lujo le parecía excesivo, pero no podía evitar sentirse impresionada.

Cuando llegaron a la pared, la mirada de Constance se concentró en un calendario de bomberos.

Esos típicos calendarios que tienen la foto de un hombre diferente por cada mes del año, sin camisa y exhibiendo sus músculos.

Amy nunca le encontró el atractivo a ese tipo de cosas, Amelia tampoco y Jessica menos.

Constance apartó el calendario a un lado, revelando un botón.

Al presionarlo, este se iluminó y, en pocos segundos, una compuerta se abrió en la pared y el botón fue succionado al interior.

Una serie de líneas horizontales y verticales de luz blanca aparecieron por toda la pared y luego, como si fuera una película, el muro se abrió, revelando un ascensor gigante, con unos siete metros de ancho por cuatro metros de largo.

Jessica, Amy, Laura y hasta la propia Amelia estaban sin palabras al ver esto.

Constance entró al ascensor y les hizo señas para que la siguieran.

Ahí comenzó a explicarles cómo funcionaba todo.

—Las llaves de sus habitaciones les permitirán utilizar este ascensor.

Hay otros cinco iguales a este dispersos por toda la planta baja.

Ahora mismo, solo se hospedan Iluminados en el hotel, así que no hay problema, pero, si en el futuro vuelven a hospedarse aquí, deben asegurarse de que nadie las vea entrar a ninguno de los accesos.

Todos están marcados con un letrero de “Solo personal autorizado” —explicó Constance.

La mujer introdujo su tarjeta en un lector que había en el panel de control del ascensor.

Al hacerlo, los botones se iluminaron.

Constance cerró la puerta y tocó el botón con el número uno.

Al instante, todas sintieron cómo el aparato comenzaba a descender, cosa que debería ser imposible.

Mientras bajaban, Constance continuó hablando.

—Para el público general, este hotel solo tiene cinco pisos —dijo Constance—.

Sin embargo, hay otros cuatro niveles escondidos bajo tierra y cuyo acceso está restringido solo para los Iluminados que se hospedan en el hotel.

Las puertas del elevador se abrieron, revelando un enorme depósito de comida del tamaño total del hotel.

Tomando en cuenta que el hotel fácilmente ocupa un radio de dos cuadras y media de ancho, y tres cuadras de largo, entonces este depósito era más grande que los almacenes de alimentos de uso industrial.

En su inmensidad, se podían ver enormes refrigeradores en el fondo usados para conservar la carne, el pescado y alimentos instantáneos.

Mientras que las frutas y verduras eran mantenidas en las enormes repisas repartidas a lo largo y ancho del lugar.

Las chicas estaban sin palabras.

—Este es el subnivel 1.

Aquí, como pueden apreciar, se guardan las reservas de comida del hotel, las cuales se usan en el restaurante y son reemplazadas regularmente —explicó Constance.

La mujer tocó otro botón, esta vez el botón con el número 2.

Las puertas volvieron a cerrarse y el aparato comenzó su descenso.

No tardaron mucho en llegar al siguiente nivel.

Esta vez, al abrirse las puertas, revelaron lo que solo podía describirse como un hospital.

Había numerosos doctores y habitaciones con diferentes letreros.

Desde un laboratorio, hasta un quirófano, incluso tenían una sala de radiografías y tomografías.

—Este es el subnivel 2.

Aquí atendemos cualquier herida o complicación médica que puedan llegar a tener.

Contamos con un equipo de doctores y sanadores altamente calificados.

Podemos atender casi cualquier cosa, desde una fractura, hasta una amputación —al finalizar su explicación, Constance presionó otro botón.

Las puertas se cerraron y el elevador descendió todavía más.

Constance había pulsado el botón número 3.

Al llegar a su destino, se encontraron con lo que posiblemente sería el sueño para cualquier amante de las armas, la Edad Media, la cultura japonesa o un fan de anime con complejo de ninja samurái.

Era una auténtica armería.

Había de todo, desde arcos y flechas, pasando por una gran variedad de hachas, lanzas y espadas, hasta armas más exóticas como abanicos y guadañas de gran tamaño.

Todas estas armas venían en diferentes formas y tamaños.

Por ejemplo, había hachas de batalla como las que usaban los vikingos en las películas, pero también había hachas modernas que se usaban para talar árboles.

Lo mismo aplicaba para las espadas y las lanzas.

Por el lado de las lanzas había variaciones como alabardas, jabalinas y lanzas clásicas.

Mientras que, por el lado de las espadas, había katanas, espadas medievales, floretes, sables, entre muchas otras variantes.

Había armas para todo y para todos.

La cantidad era inmensa y todas estaban ordenadas por tipo y variaciones.

Era como un centro comercial con letreros que indicaban lo que podías encontrar en cada pasillo.

—Ahora mismo nos encontramos en el subnivel 3.

Esta es la armería.

Si necesitan reponer su armamento, pueden venir aquí.

No es necesario pagar por estas armas, pero, si van a llevarse alguna, deben notificarlo —Constance apretó el último botón, el número 4, nada más finalizar su explicación.

El ascensor bajó al último subnivel.

Lo que Laura vio la hizo saltar de emoción por dentro.

Cuando las puertas se abrieron en el subnivel 4, se reveló un auténtico gimnasio.

Había de todo, desde un área de levantamiento de pesas, hasta un ring de boxeo.

Constance miró a las cuatro chicas.

—Y este es el subnivel 4, el último del hotel.

Aquí pueden entrenar a gusto.

Sin embargo, les pedimos de favor, sobre todo si son usuarios del elemento tierra, que moderen el uso de sus poderes aquí abajo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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