Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Saga Elementos - Capítulo 52

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Saga Elementos
  4. Capítulo 52 - 52 Judas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

52: Judas 52: Judas Al despertarse, Lucía se encontraba en una habitación que no reconocía.

La cama, si bien no era la mejor, tampoco era la peor.

La habitación parecía la de una casa normal, pero era obvio que algo andaba mal.

Lucía trató de levantarse e irse, pero nada más intentarlo sintió que había algo alrededor de sus muñecas y tobillos.

Al bajar la mirada, encontró guantes y botas de goma en sus manos y pies.

Además, había esposas en sus muñecas y tobillos.

—¿Qué…?

—Lucía comenzó a forcejear, tratando de soltarse—.

¿Qué es esto?

—¿Primera vez?

—preguntó el mismo anciano de la noche anterior.

El hombre se hallaba sentado frente a la cama.

Su expresión era muy relajada y, al mismo tiempo, enigmática.

Claramente, estaba escondiendo algo.

Lucía intentó utilizar su poder, pero era inútil.

Toda la electricidad que había acumulado la noche anterior se había disipado por completo.

—No te molestes —le dijo el anciano—.

Esas cosas aíslan la electricidad, así que no importa cuánto lo intentes, no podrás usar tus poderes —explicó en un tono calmado mientras señalaba las botas y guantes—.

Ahora responde a esta pregunta: ¿Por qué intentaste robarme?

—Lucía tardó un poco en contestar.

—Necesitaba el dinero —dijo finalmente.

—Oh, ya veo —el anciano pareció entender el plan de la chica; quería robar la cadena de oro para empeñarla y así ganar algunos billetes—.

¿Y tus padres?

—Lucía se mostró molesta ante la pregunta.

—No lo sé y no me importa —el odio y la ira eran palpables en sus palabras.

El anciano, extrañamente, se mostró complacido al ver aquella reacción.

—Entiendo —luego enderezó su postura—.

Niña, debes saber que lo que hiciste anoche es algo que no puedo pasar por alto —aquellas palabras pusieron nerviosa a Lucía—.

Sin embargo, veo potencial en ti.

Así que te ofrezco dos opciones: la primera es no hacer nada y dejar que te mate —Lucía miró al anciano con rabia; las palabras de aquel hombre, y su tono altanero, le recordaban al Padre Barnes.

—¿Y la segunda?

—el tono de Lucía era desafiante.

Lejos de molestarle, el anciano parecía contento con aquella respuesta.

—Puedes explotar todo ese poder que tienes y usarlo para algo más que solo robarle a la gente —el anciano se levantó de su silla y miró por la ventana—.

Imagina poder vivir una buena vida, ganar dinero y tener todo lo que siempre quisiste.

¿No te gustaría eso?

—los ojos de Lucía se iluminaron con un brillo ambicioso—.

Lo que te ofrezco es una oportunidad que solo los fuertes pueden tener —continuó el anciano—.

No necesitas decirme qué te pasó o contarme la historia de tu vida, niña.

Solo necesitas crecer y aprender a tomar las cosas que quieres en esta vida.

Lucía lo pensó con cuidado.

No conocía a este hombre de nada y él tampoco la conocía a ella; había intentado robarle, ¿y ahora le ofrecía una vida nueva?

¿Qué estaba pasando?

Lucía no confiaba en este hombre.

Sin embargo, la segunda opción era mejor que morir a manos de ese tipo.

—De acuerdo —dijo finalmente—.

Aceptaré la oferta —el anciano sonrió, complacido con la respuesta de la joven.

Después de eso, Lucía aprendió sobre los usuarios, los poderes elementales y la guerra que existía entre los Iluminados y Oscuros, desarrollando un odio profundo por los Iluminados.

Según los Oscuros, los Iluminados decían ser los protectores y guardianes del mundo, velando por la seguridad de todos, especialmente por la de los usuarios.

«¿Qué clase de mentira es esa?», pensaba Lucía.

«Si de verdad les importa nuestra seguridad y nuestras vidas, hubieran estado ahí para salvarnos.

Podrían haber salvado a Rose», eso era lo que siempre pensaba Lucía, pero, ni siquiera con todo su poder e influencia, pudieron hacer justicia para todos esos chicos que fueron abusados por el Padre Barnes y sus seguidores.

El hombre seguía vivo y predicaba todos los domingos sobre el amor y sobre cómo Dios lo salvó del incendio.

—Veamos si Dios te salvará cuando te encuentre, Barnes —murmuró Lucía, ahora de 19 años.

La mujer llevaba tres años con La Orden de las Sombras y su poder asombraba a todos, incluso a los más veteranos.

Su potencial era enorme y su manejo y control sobre la electricidad y el elemento rayo eran simplemente perfectos.

Su velocidad era imposible de igualar por sus compañeros y su habilidad estratégica era considerable.

Su único defecto era que siempre se ensañaba con sus víctimas.

Sobre todo cuando tenía que matar policías, sacerdotes o monjas; estos últimos quedaban irreconocibles luego de un encuentro con Lucía, con quemaduras eléctricas y marcas en su piel que parecían haber sido hechas por un animal salvaje.

Es por esto que Lucía, con solo 18 años, se ganó el apodo de La Tigresa del Rayo; casi todos los Iluminados tenían orden de atacarla con intención de matar.

Sin embargo, ninguno salía ileso de un encuentro con ella, siendo la única excepción hasta el momento La Lanza Relámpago: Matthew Simons.

Al cumplir los 21 años, Lucía fue asignada a una misión en Oklahoma, la cual cumplió con éxito antes de lo esperado.

Dedicó el tiempo que quedaba a descansar y relajarse, pero su paz se vio interrumpida cuando pasó frente a una parroquia.

El Padre Barnes era el líder de la congregación más grande de la ciudad de Altus, pero eso no era lo peor.

Lo que más enfureció a Lucía fue ver una cara familiar dentro de la parroquia; era Lenny, quien se encontraba sentado junto a una mujer muy hermosa y a una pareja de ancianos.

Lucía dedujo inmediatamente que se trataban de su esposa y sus padres adoptivos.

La ira se apoderó de ella y salió de la parroquia para tratar de controlarse.

Sin embargo, a pesar de que derribó un árbol luego de dispararle un rayo, la ira en su pecho no cesaba.

Le dolía el solo hecho de saber que esos dos seguían vivos y habían logrado hacer una vida normal.

No era justo, no después de haber provocado tanto dolor.

Lucía tomó una decisión en ese momento.

En el tiempo que estuvo en Oklahoma se dedicó a investigar a Lenny, el cual ahora llevaba el apellido Garret.

Descubrió que se había casado y trabajaba como chef en un buen restaurante.

También encontró su dirección.

Al llegar a la casa, entró por el jardín sin ser vista.

Era de noche y la esposa de Lenny estaba durmiendo en el piso de arriba, así que aprovechó para explorar la casa un poco.

Cortó los cables del teléfono para que no pudieran pedir ayuda y luego subió al cuarto principal.

Ahí encontró a la esposa de Lenny, María.

La ira comenzó a arder con fuerza en su pecho; no soportaba ver a la mujer.

María era la prueba viviente de que Lenny había vivido una vida feliz, oportunidad que a Rose le negaron.

Al despertar y ver a Lucía, María se asustó mucho y trató de huir, pero Lucía logró someterla en el suelo con una facilidad aterradora.

—Vas a llamar a ese… maldito que tienes por marido y le vas a pedir que venga —le ordenó mientras le alcanzaba el teléfono.

María, totalmente aterrada, llamó a Lenny y le dijo que necesitaba volver a la casa porque había surgido una emergencia.

Lenny, preocupado, dejó su puesto de trabajo en la cocina y salió corriendo a la casa.

Al llegar, y no encontrar a María en la sala, subió al dormitorio donde la encontró en la cama, pero no estaba sola.

Había una mujer rubia sentada a su lado que lo observaba con odio.

Lenny no tenía idea de quién era esa mujer, pero se le hacía conocida de algo.

—Bienvenido, Lenny —le dijo Lucía con total calma—.

Te estábamos esperando —el hombre pensó en correr, pero la mujer adivinó sus intenciones—.

Ni siquiera lo pienses —le dijo con calma—.

Corté todos los cables de teléfono antes de subir aquí.

No hay forma de pedir ayuda —Lenny trató de mostrarse fuerte ante ella.

— ¿Quién eres?

—preguntó con voz temblorosa—.

¿Qué quieres?

—Lucía, quien se encontraba sentada a un lado de la cama, no pudo contener la risa.

Una risa algo inquietante.

— Mira que has crecido… Pulga.

Lenny se estremeció al escuchar aquellas palabras.

Solo había dos personas en el mundo que lo llamaban así… y ambas estaban muertas.

Sus ojos se humedecieron y su cuerpo comenzó a temblar por el terror que estaba sintiendo.

—No… es imposible —dijo mientras trataba de no caer de rodillas—.

¡Tú estás muerta!

—Lucía sonrió.

—¿Eso fue lo que te dijo Barnes?

—preguntó con sarcasmo—.

Yo no morí esa noche, pero Rose sí —María decidió intervenir.

— Lenny, ¿la conoces?

—preguntó la mujer, claramente aterrada al ver la reacción de su marido.

—Oh, qué descortés de mi parte.

Permítanme presentarme, señora Garret.

Soy Lucía Johnson, la mujer a la que su esposo vendió para que la violaran —Lucía miró a Lenny, su actitud cambió, ahora estaba muy alterada—.

Resulta que tu esposo y yo estuvimos en el mismo orfanato, uno donde ser homosexual se castigaba con azotes y violación.

Tu marido, no solo me delató a mí, también expuso a mi novia y, como resultado… nos azotaron y violaron sin descanso por tres días seguidos hasta que mataron a mi novia frente a mí —María miró a Lenny, no podía creer lo que estaba escuchando.

—Yo… no lo sabía —Lenny, por su lado, parecía un conejo frente a un lobo—.

¡No tenía idea de lo que Barnes les haría!

—¡No me vengas con eso!

—Lucía se levantó de su asiento y las luces de la habitación comenzaron a parpadear—.

Sabías que no sería nada bueno y aun así… hablaste —el tono de Lucía no solo era de rabia, también había decepción en su voz—.

Después de todas esas veces que te protegimos.

Después de salvarte el culo de todos esos bravucones, ¡¿Y ASÍ ES CÓMO NOS LO AGRADECISTE?!

Lenny estaba sin palabras.

Él solía ser el chico marginado del orfanato.

Los niños mayores lo intimidaban y hasta llegaron a golpearlo, pero Lucía y Rose siempre lo ayudaban.

Ya sea avisándole a una de las monjas lo que sucedía o metiéndose en la pelea a riesgo de recibir un golpe también.

Le salvaron el trasero en múltiples ocasiones.

Un día, Lenny las encontró besándose en el armario de las escobas, lejos de la vista de todos, pero ambas chicas le hicieron prometer que guardaría el secreto.

No obstante, a pesar de esto, Lenny fue con la Madre Superiora dos días después y le contó lo que había visto.

En el orfanato siempre se les había inculcado que la homosexualidad era un pecado mortal y que aquellos que sentían una atracción por alguien de su mismo sexo irían directamente al infierno.

Por eso era importante que los niños hablaran y denunciaran estos casos, porque así, el Padre Barnes y la Madre Superiora podrían “ayudar” y “sanar” a estos niños de ese pecado mortal, pero Lenny no tenía idea de lo que realmente sucedía.

Solo era un niño de 12 años en ese entonces, ¿cómo iba a saberlo?

—Lucía, lo lamento mucho —Lenny se arrodilló frente a Lucía y comenzó a llorar—.

No tenía idea de lo que les harían.

De haberlo sabido… —Sabías que no era algo bueno y aun así nos delataste —interrumpió Lucía—.

¿Tienes alguna idea de lo que se siente ver a la persona que amas morir en tus brazos?

¿Ver cómo exhala su último aliento?

—Lucía sintió como una lágrima caía por su mejilla; el solo recuerdo de Rose le dolía y ver la cara de Lenny la enfurecía—.

¡Pues hoy lo vas a descubrir!

Sin mediar una palabra más, Lucía absorbió electricidad, la concentró en su mano derecha y atravesó el pecho de María sin ningún tipo de piedad.

La mujer observó a Lucía con horror mientras la sangre salía a borbotones de la herida.

Lucía retiró su mano del pecho de la mujer y esta cayó al suelo mientras continuaba desangrándose.

—¡NOOO!

—Lenny corrió al lado de su esposa y tomó su cabeza mientras la mecía y acunaba en sus brazos—.

Vas a estar bien, vas a estar bien, vas a estar bien… —repetía una y otra vez.

Con su último aliento, María miró a Lenny a los ojos; había decepción en su mirada.

—¿Qué fue lo que hiciste?

—esas fueron sus últimas palabras antes de morir en los brazos de su esposo.

Lenny estalló en llanto mientras abrazaba el cadáver de su esposa.

Lucía, por su lado, no sentía lástima por ese tipo.

—¿Recuerdas lo que nos enseñaron?

—preguntó Lucía por encima de los llantos del hombre—.

Sobre Judas y cómo traicionó a Jesús —Lleny siguió llorando desconsoladamente—.

Luego de traicionar a Cristo.

Judas no pudo soportar la culpa y se suicidó, colgándose de la rama de un árbol —una vez dichas esas palabras, Lenny fue atravesado por la mano de Lucía desde atrás—.

Debiste haberte colgado hace mucho tiempo, Pulga.

Lucía sacó la mano de la espalda del hombre y este cayó muerto junto a su esposa.

La mujer buscó unas sogas y llevó los cadáveres afuera, envolvió la soga en sus cuellos y los colgó de las ramas de un árbol.

Para rematar, al cuerpo de Lenny le puso una nota que solo tenía escrita una palabra, un nombre que no significaba nada y a la vez significaba mucho.

En la nota, escrita con la sangre del propio Lenny y en mayúsculas, estaba escrito el nombre de “JUDAS”.

Lucía dejó los cuerpos y abandonó la escena.

La noche era joven y todavía tenía que visitar a un viejo amigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo