Saga Elementos - Capítulo 55
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55: Filo y Voluntad 55: Filo y Voluntad Los días fueron pasando y, poco a poco, los hermanos Anderson vieron los resultados del entrenamiento, especialmente Jessica.
En solo quince días, la joven había crecido hasta alcanzar los 173 centímetros, siendo casi tan alta como Amelia, quien medía 175.
También había desarrollado un cuerpo más fornido.
Su abdomen se veía más duro y fuerte, sus brazos y piernas ahora tenían un contorno más definido y detallado, dejando claro que la chica había desarrollado músculos en todo su cuerpo.
No era para menos; el entrenamiento de Laura incluía el levantamiento de pesas y, aunque al principio comenzó con solo cinco kilos, Jessica ahora podía levantar sin esfuerzo diez kilogramos en cada brazo.
Amelia estaba en lo cierto cuando dijo que los usuarios podían volverse más fuertes en menos tiempo que los no usuarios.
Su habilidad con sus poderes tampoco se quedó atrás.
En los quince días que habían estado entrenando, Laura y Amy se encargaron de que Jessica practicara con su poder y, para su sorpresa, en solo cinco días, se quedaron sin cosas para enseñarle.
Jessica devoró cada cosa que le decían como si nada.
La chica aprendía casi instantáneamente y, si no lo hacía al momento, no tardaba en asimilar la información y aprender las técnicas.
Su talento era tan grande que, incluso Amelia, estaba sorprendida.
«Puede que Jessica sea un prodigio», y Amelia no estaba equivocada al pensar esto.
Sin embargo, Jessica sí tenía un problema serio y ese era su resistencia.
La joven se cansaba demasiado rápido al usar sus poderes, pero eso era algo bastante normal que se arreglaba conforme más los utilizara.
En cuanto a Jordan, él no tuvo un crecimiento tan abismal como Jessica, pero tampoco era un holgazán.
El joven se dedicaba en cuerpo y alma al entrenamiento y, aunque no sufrió un cambio tan abrupto como su hermana menor, sí que se lo podía ver más fuerte.
No obstante, los músculos no le ayudarían en nada a la hora de enfrentarse a los Oscuros; necesitaría utilizar armas, pero no armas de fuego.
Esos objetos estaban totalmente prohibidos, tanto por los Iluminados como por los Oscuros.
Los miembros de la Orden de la Luz eran personas que se regían por el honor y el respeto al oponente.
Ese respeto incluía luchar con los puños o con herramientas forjadas a mano.
Las pistolas eran un verdadero insulto para ellos, sus oponentes y su estilo de combate.
Mientras tanto, los miembros de la Orden de las Sombras consideraban el uso de las armas de fuego como una verdadera burla a sí mismos.
Los Oscuros eran peleadores orgullosos y arrogantes que preferían masacrar a sus oponentes con sus propias manos.
Por lo tanto, ninguno de ellos utilizaría un arma de fuego, pues eso solo mancharía su orgullo como peleador.
Además, ¿qué podrían hacer las armas de fuego contra personas capaces de desviar las balas utilizando el aire, levantar muros de roca, frenarlas con agua, derretirlas con fuego o simplemente esquivarlas a la velocidad del rayo?
Es por todo lo anterior que Matthew prefirió que Jordan aprendiera a pelear con armas.
Sin embargo, había un problema: Matthew no sabía cómo enseñarle esto.
El hombre, en su vida, había sostenido una… ¿Por qué lo necesitaría?
Sus manos, si bien no eran tan resistentes como las de un maestro Shaolin, eran bastante duras y fuertes.
En esencia, podían ser consideradas armas mortales.
El hombre pensó en una solución a su problema mientras Jordan hacía sus ejercicios matutinos: golpear el tazón de agua.
Fue entonces que encontró a la persona que podía ayudarlo.
En la parte de atrás del gimnasio, se encontraba un hombre que sostenía una espada de madera y estaba practicando con un maniquí.
Lo que sorprendió a Matthew fue que este hombre realizaba solo tres movimientos con una elegancia y velocidad casi imperceptibles para el ojo humano normal, pero, para un usuario del elemento rayo acostumbrado a la velocidad, era como ver el ataque en cámara lenta.
No obstante, Matthew supo que, si ese ataque llegaba a conectar con más fuerza, el maniquí se habría hecho pedazos.
El hombre no pudo evitar sonreír al ver esto.
Dejó solo a Jordan por un momento y se dirigió al hombre con la espada de madera; mientras más se acercaba, más detalles podía reconocer.
El hombre aparentaba unos cuarenta años, era un tipo de piel morena y brazos musculosos, contextura atlética y cabello rizado color negro azabache recogido en una cola de caballo.
Utilizaba una camisa sin mangas, lo que permitía ver sus brazos totalmente cubiertos de tatuajes de estilo hawaiano, y tenía una cicatriz en su mano derecha.
El tipo estaba tomando agua cuando Matthew llegó junto a él.
—Debo estar soñando —dijo el hombre con una sonrisa—.
No todos los días puedes ver a la legendaria Lanza Relámpago —Matthew sonrió al escuchar esto.
—Ese es solo mi apodo —Matthew extendió la mano, buscando un apretón—.
Soy Matthew Simons.
—Raymond Kue —Raymond estrechó la mano de Matthew—.
Bueno, señor Simons, ¿qué puedo hacer por usted?
—Necesito un favor.
¿Ve a ese muchacho de allá?
—Matthew señaló a Jordan.
—Desde hace dos semanas —respondió Raymond—.
¿Qué hay con él?
—Es un no usuario, hermano de la elemental de fuego.
Me pidió que lo entrenara, pero la verdad es que… —No tiene oportunidad contra los Oscuros en un combate directo —afirmó Raymond.
—Así es —confirmó Matthew—.
Sin embargo, por mucho que intentemos esconderlo, la verdad es que ser el hermano de una Elemental lo convierte en un objetivo.
Por eso quiero entrenarlo, para que sepa defenderse; el problema es que sin poderes sus opciones son muy limitadas.
—¿Ya pensó en entrenarlo en el combate con armas?
—preguntó Raymond.
—Justo por eso vine con usted —Matthew suspiró—.
Nunca he sostenido una sola arma en toda mi vida.
Siempre preferí luchar con mis propias manos, pero eso no es lo que el chico necesita —Matthew observó a Jordan; estaba por terminar sus ejercicios.
—Entiendo la situación —dijo Raymond mientras tomaba su espada de madera y se la llevaba al hombro—.
Vengan a verme después del almuerzo.
Con esas palabras, Raymond se marchó para ir a comer algo.
Matthew no pudo evitar sentirse aliviado.
Cuando se acercó a él, no tenía idea de si lo ayudaría o no, pero al final, acabó por aceptar.
Después del almuerzo, Matthew y Jordan estaban en el subnivel 4, esperando por Raymond.
El esposo de Laura comenzó a impacientarse después de solo diez minutos.
Temía que Raymond solo fingiera ayudarlos.
Después de todo, Matthew era solo un Desertor y los Iluminados podían hacer lo que quisieran con él y su familia.
Detestaba ese sistema, pero no había forma de cambiarlo; bueno, él no podía.
Después de quince minutos de espera, Raymond apareció cargando una bolsa en su espalda.
La bolsa contenía varias armas de madera, las cuales se usaban para practicar.
Las había conseguido en el subnivel 3, la armería, y las había traído para que Jordan escogiera qué arma utilizaría.
Para este punto, Matthew le había explicado la situación al muchacho.
—Lamento la demora, señor Simons —se disculpó Raymond—.
Tuve problemas para encontrar las armas de práctica.
Raymond sacó todo el contenido de la bolsa y lo organizó en el suelo frente a Jordan y Matthew.
Había bastones largos, espadas de madera, guadañas y hoces.
Las únicas armas que no estaban hechas de madera eran los cuchillos, el arco y las flechas.
Jordan observó las armas, intrigado.
—Bueno, chico, tómate tu tiempo y escoge sabiamente —le dijo Raymond.
La razón por la cual había escogido una colección tan amplia de armas era porque no tenía idea de cuál era la afinidad de Jordan.
Sabía que el muchacho era un no usuario, pero necesitaba saber qué arma podía manejar con más facilidad.
Para los usuarios, un arma era una extensión de su cuerpo, una que complementaba su estilo de combate.
Por ejemplo, las clásicas espadas.
Eran sencillas de dominar en comparación con otras armas, pero eso no las hacía menos peligrosas; se las conocía por su versatilidad y compatibilidad con casi cualquier estilo de combate.
Podían ser agresivas, salvajes, precisas, certeras, lo que sea que su portador necesitara.
Claro, también había armas más exóticas, como guadañas, látigos e incluso abanicos de combate, pero todas estas armas eran mucho más complicadas de dominar.
Jordan lo intuía, por lo que las descartó inmediatamente.
No tenía tiempo para dominarlas todas.
Así que optó por las espadas.
Tenía la urgencia de fortalecerse lo antes posible, pero tampoco era un tonto.
Decidió que su estilo de combate se basaría en el uso de espadas y cuchillos.
Por lo que eligió dos katanas de madera y dos cuchillos.
Al ver esto, Raymond sonrió.
—Buena elección, muchacho —apartó al chico y lo guio—.
Empecemos.
Matthew dejó a Jordan en las capaces manos de Raymond y fue a continuar con su entrenamiento personal.
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