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Saga Elementos - Capítulo 56

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  4. Capítulo 56 - 56 Correr o Luchar
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56: Correr o Luchar 56: Correr o Luchar Amelia se encontraba sumergida en un profundo y cómodo sueño cuando su alarma, configurada para despertarla a las 7:00 AM, sonó.

La chica la pospuso para poder dormir otros cinco minutos y se dio la vuelta en la cama, acurrucándose, pero algo llamó su atención.

La mitad derecha de la cama estaba vacía.

Abrió los ojos solo para ver que su compañera de cuarto no estaba.

Se sentó en la cama y comenzó a escuchar unos resoplidos y gemidos de esfuerzo en el cuarto, acompañados de una voz que contaba.

—156… 157… 158… 159… —Amelia se asomó para ver qué estaba pasando y encontró a Jessica haciendo lagartijas en el suelo.

La joven pelirroja últimamente se despertaba antes que Amelia y comenzaba una rutina de ejercicios para empezar el día.

Amelia pudo notar que Jessica de verdad se había tomado en serio el entrenamiento.

Actualmente vestía su ropa de siempre para entrenar, su top y shorts; estaba empapada en sudor y justo debajo de su barbilla había una toalla que absorbía las gotas que caían de su cabeza al suelo.

Parecía no reparar en la presencia de Amelia y siguió contando sus lagartijas, las cuales se estaban haciendo más lentas.

—197… 198… 199… ¡200!

—con ese último número Jessica se levantó del suelo para estirar y relajar sus músculos.

Fue ahí que reparó en la presencia de Amelia—.

Oh, buenos días —le dijo de forma casual mientras recogía la toalla y comenzaba a secar el sudor de su frente y cuello.

—Buenos días —respondió Amelia un tanto sorprendida—.

¿Hace cuánto que llevas haciendo eso?

—preguntó.

—Una media hora —la respuesta de Jessica asombró todavía más a Amelia—.

Bueno, iré a ducharme —Jessica entró al baño sin decir nada más.

En solo dos semanas, Jessica había tenido que reponer su ropa en tres ocasiones diferentes debido a su crecimiento acelerado.

No solo creció seis centímetros y ganó peso y músculo, también se había vuelto talentosa con el uso de sus poderes.

Amelia sintió algo de envidia al ver el progreso de Jessica, pues la elemental de aire había tardado un buen tiempo en aprender a manejar sus poderes y usarlos en combate.

La joven desechó ese pensamiento y se levantó de la cama para comenzar a desvestirse, pues también quería tomar un baño antes de ir a entrenar.

Ya casi había perfeccionado su golpe giratorio y solo le faltaba un poco más de práctica.

Mientras tanto, en la ducha, Jessica se aseguraba de frotar con cuidado sus brazos, esto con el propósito de relajar sus músculos.

El agua caía sobre su cuerpo en cascada y a una presión agradable.

Permitiéndole lavarse con tranquilidad, sobre todo porque no podía sentir la temperatura.

De hecho, desde que sus poderes despertaron, no podía sentir ni frío ni calor.

Amelia le explicó que los Elementales eran inmunes a los cambios de temperatura.

Además de contarle que los cambios de zona horaria no les afectaban y que eran inmunes a sus propios elementos, es decir, Amelia no podía ser herida por ataques basados en aire y Jessica no podía ser lastimada por ataques de fuego.

Todo esto resultaba bastante útil, sobre todo porque ya no habría peleas por el agua caliente cuando alguna quisiera bañarse.

Al salir de la ducha, Jessica se tomó un momento para mirarse al espejo.

Su cuerpo, antes delgado y mal nutrido, ahora era atlético, con brazos y piernas fuertes, y un abdomen en el cual, si tensaba sus músculos, podía verse un six pack.

«Lo único malo es que estas dos no han crecido tanto como el resto», pensó Jessica con algo de resignación al ver sus pechos.

Nunca se había sentido acomplejada por su cuerpo, pero sí estaba algo decepcionada por no ser tan… llamativa como otras chicas.

En ese sentido, envidiaba a Amy y Amelia, pues ambas eran bastante atractivas, mientras que ella apenas podía ser distinguida de un chico.

En las últimas dos semanas, sus pechos apenas habían crecido, pasando de una copa doble A a una copa A simple, lo cual la decepcionaba un poco, aunque tampoco le quitaba el sueño.

Envolvió su cuerpo en una toalla y salió de la ducha solo para encontrar a Amelia revisando sus mensajes en el teléfono, también envuelta en una toalla.

Jessica comenzó a sentir cómo sus mejillas se sonrojaban un poco al presenciar aquella imagen.

Amelia sin duda era una chica hermosa que podía enamorar a chicos y chicas por igual.

No era para menos; su figura atlética, su inteligencia y su hermoso rostro la hacían un verdadero ángel caído del cielo.

Jessica se aclaró la garganta como pudo antes de hablar: —El baño ya está libre —dijo mirando a un lado.

Amelia levantó la vista de su teléfono y miró a Jessica.

Al verla así, recién salida de la ducha y con el cabello empapado, sintió que su corazón se aceleraba.

Dejó su teléfono a un lado y se levantó de la cama.

—Claro, gracias —Amelia entró al baño y dejó a Jessica en la habitación.

La peliblanca entró a la ducha y abrió la llave, dejando correr el agua sobre su cuerpo.

Sin embargo, lejos de ser algo agradable o relajante, Amelia se sentía bajo mucho estrés.

No era solo la misión.

Durante los últimos días, Amelia presenció todo el cambio físico de Jessica y no dejaba de parecerle una chica muy atractiva.

Su carácter fuerte y su actitud decidida le atraían bastante.

Amelia no lo podía negar más: le gustaba Jessica.

Sin embargo, no podía decirle nada.

No sabía si Jessica sentía lo mismo, ni siquiera sabía si le gustaban las chicas.

Por lo que se resignó a solo admirarla desde la distancia.

Al salir de la ducha, Jessica ya se había vestido y estaba esperando a Amelia, quien tomó su ropa y volvió al baño para cambiarse.

Al terminar y salir del baño, se reunieron con Laura, quien tenía preparado algo especial para ese día.

—Amelia, si no te molesta, me gustaría llevarme a Jessica fuera del hotel —Amelia se volvió a ver a la mujer.

—¿Por qué?

—preguntó la joven peliblanca.

—Lo que sucede es que me gustaría llevarla a correr al aire libre.

El aire acondicionado de aquí hace que el entrenamiento sea más ligero, pero no reflejaba el verdadero cansancio que se experimenta durante una pelea en el exterior —explicó Laura.

Tenía sentido lo que decía.

El aire acondicionado mantenía la temperatura siempre en el mismo nivel y, aunque las cintas para correr podían ayudar con la resistencia, es verdad que entrenar al aire libre podría ayudar más a Jessica.

Sin embargo, todavía estaba el problema de los Oscuros.

Si salían al exterior, corrían el riesgo de que los atacaran.

Al final, Amelia suspiró.

—De acuerdo, pero no se alejen más de dos kilómetros del hotel —Laura sonrió y asintió con la cabeza.

Trazaron una ruta que comenzaba en el hotel Monumental Place, avanzaba por dos kilómetros calle arriba y terminaba en un parque donde descansarían para después regresar al hotel.

Una vez trazada la ruta, las tres chicas no tardaron en pararse frente al hotel, preparándose para iniciar su recorrido.

Amelia se quedaría en el hotel, entrenando su golpe, el cual estaba casi perfeccionado, al igual que Matthew y Jordan, quienes seguirían con su régimen de entrenamiento.

Luego de unos cuantos estiramientos, las chicas comenzaron su carrera de dos kilómetros y no tardaron en aparecer los primeros idiotas.

A medida que avanzaban por la ciudad, guiadas por el GPS de Laura, varios hombres comenzaban a silbar de manera provocativa y a gritarles a las chicas.

—¡Oye, preciosa!

—¡Ven conmigo, mi amor!

Entre muchos más gritos desagradables que las chicas se limitaban a ignorar.

Habían recorrido medio kilómetro cuando Laura le echó un vistazo a Jessica.

La joven pelirroja parecía seguir el ritmo y todavía le quedaba energía; esto hizo a Laura sonreír.

Sin embargo, a medida que se alejaban del hotel, Laura comenzó a notar algo extraño.

Había dos autos, uno azul y otro naranja, los cuales parecían estar siguiéndolas.

Ya habían pasado junto a ellas dos veces y esto era bastante extraño.

Cuando el auto naranja cruzó a su lado por tercera vez, pudo ver a un hombre observándolas directamente desde la ventana.

Las estaban siguiendo.

Sin perder la calma, Laura le hizo señas a las chicas y las llevó a un centro comercial que estaba cerrado por remodelaciones.

Los trabajadores no estaban en el lugar; al parecer se habían tomado el día libre, por lo que fue fácil entrar al edificio.

Ni Amy, ni Jessica, entendían qué estaba pasando: —Nos están siguiendo —anunció Laura—.

Los mismos autos pasaron junto a nosotras tres veces —Laura sacó su teléfono, pero no hubo tiempo de llamar a nadie.

Varias conexiones frías aparecieron alrededor de las chicas; las estaban rodeando—.

¡Mierda!

—maldijo Laura—.

Amy, escúchame bien.

Toma el teléfono y ve con Jessica a la azotea, llamen a Amelia y díganle lo que sucede.

—¿Y tú qué harás?

—preguntó la joven Simons.

Laura suspiró.

—Ganaré tiempo —respondió—.

Esta es la única entrada que tienen los Oscuros.

Tendrán que pasar por aquí para entrar —Laura sacó su encendedor de bolsillo y creó una bola de fuego con su llama—.

Los distraeré tanto como pueda.

Ustedes deben irse e informar a Amelia.

—¡De ninguna manera!

—Amy jamás abandonaría a su madre—.

Puedo pelear contigo y… —¡Esto no es un juego, Amy!

—Laura, por primera vez en su vida, le levantó la voz a su hija, dejando claro que aquello era un asunto serio—.

Vayan e informen a Amelia —los Oscuros comenzaron a entrar al edificio—.

¡AHORA!

Sin más remedio, Amy tomó a Jessica del brazo y comenzaron a correr al interior del hotel.

Utilizando la bola de fuego, Laura creó una pared de llamas entre ellos y la entrada al centro comercial.

La pared tenía dos propósitos; el primero era servir como barricada entre ella y las chicas, y el segundo era ser el suministro de fuego de Laura durante el combate.

Después de esto, la mujer hizo tronar sus nudillos y se puso en guardia.

Había un total de doce Oscuros dentro, pero Laura no dudaba de que llegarían muchos más.

Uno de los Oscuros, el cual llevaba una katana en la espalda, avanzó y observó a Laura detenidamente.

—Esto será muy fácil —su voz destilaba arrogancia.

El tipo corrió hacia Laura e intentó cortarla desde arriba, pero Laura lo esquivó haciéndose a un lado, solo para después conectarle un fuerte golpe en la mandíbula.

El golpe causó que el hombre quedara inconsciente por unos segundos, tiempo suficiente para que Laura conectara una patada directamente a su cara, provocando que el cuello del hombre se doblara hacia atrás, rompiéndolo en el acto.

Laura mandó a volar el cuerpo de su oponente con una bola de fuego que lo hizo llegar a los pies de sus compañeros, los cuales estaban impactados por lo que acababan de ver.

Laura, por su lado, volvió a ponerse en guardia frente a sus oponentes; esta vez, una sonrisa adornaba su rostro.

—¿Quién sigue?

—preguntó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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