Saga Elementos - Capítulo 57
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57: Sin Salida 57: Sin Salida Las chicas corrieron por los pasillos a todo lo que daban sus piernas.
El centro comercial tenía tiendas de ropa femenina y salones de belleza.
Alcanzaron a divisar tiendas de lencería, ropa de marcas como Gucci en las fachadas de algunas tiendas y joyerías con artículos bastante caros; sería un verdadero paraíso para las chicas más adineradas, pero ni a Amy ni a Jessica les importaba en ese momento.
Corrieron hasta llegar a una puerta que daba a las escaleras del edificio, pero Amy se detuvo en seco para mirar hacia atrás.
—¡Amy, vamos!
—le instó Jessica, quien ya había subido cinco escalones.
La joven pelirroja podía ver la cara de preocupación de Amy—.
Laura estará bien, pero tenemos que pedir ayuda —Jessica trataba de convencer a la novia de su hermano de seguir.
Sin embargo, la reacción de Amy fue otra.
—¡Carajo!
—Amy corrió junto a Jessica y le entregó su teléfono, conservando el de su madre—.
La contraseña es 5834, busca el número de Amelia y llámala —Amy habló tan rápido como pudo.
—¡¿Qué?!
¿Y tú?
—Volveré a ayudar a mi madre.
—Laura dijo que… —la mirada en los ojos de Amy dejaba claro que no aceptaría quejas.
—Recuerda: la contraseña es 5834 —luego de decir esas palabras, Amy salió corriendo.
Amy no quería dejar a Jessica, pero tampoco iba a abandonar a su madre.
No fue una decisión que tomó sin pensar.
Primero evaluó los riesgos, se aseguró de que no hubiera Oscuros cerca de Jessica cuando la dejó y solo cuando estuvo segura de que estaban solas fue que se separó de ella.
Al volver al estacionamiento, se encontró con una pared de fuego bloqueando su camino.
***** «Había olvidado la sensación de romperle el cuello a alguien con una patada», pensó Laura mientras encaraba a los Oscuros que estaban bloqueando su camino.
Pese a la sonrisa que adornaba su rostro, por dentro estaba verdaderamente asustada.
No había luchado contra nadie en 20 años y, aunque siempre se aseguró de entrenar y mantenerse en forma, la verdad era que su resistencia no era la misma que en antaño.
«Solo espero que esas dos estén bien».
Por un momento, la sonrisa de Laura vaciló.
Sus oponentes, los cuales la veían desde lejos, finalmente atacaron.
Primero le lanzaron una lluvia de bolas de fuego que Laura pudo desviar sin muchos problemas, pero esto solo era una distracción.
Un usuario de elemento tierra, con las manos envueltas en rocas, la atacó desde el costado.
Laura bloqueó el primer golpe con los brazos, pero aun así recibió daño.
«Otro golpe así y me romperá los brazos», el usuario de tierra siguió con su ataque.
Laura empezó a retroceder, esquivando los ataques mientras se aseguraba de mantener la distancia.
Su oponente, sin embargo, no tenía una guardia sólida.
Lo único que hacía era lanzar golpes al aire sin ningún tipo de estructura o técnica.
Esto, sumado a una muy baja velocidad, hizo que Laura no tardara en leer su patrón de ataque.
«Te tengo», justo cuando su oponente lanzó un derechazo a su rostro, Laura lo esquivó agachando su cuerpo.
Acto seguido, golpeó la mandíbula de su oponente desde abajo con un uppercut.
El ataque lo hizo tambalear y Laura aprovechó para darle una patada baja directo a su pierna izquierda.
Se pudo escuchar cómo algo crujía y su oponente cayó al suelo sujetándose la rodilla.
Justo después de verlo caer, Laura escuchó dos chispazos a su espalda, seguidos de dos conexiones frías que se movían a gran velocidad.
La mujer saltó hacia delante y rodó, para amortiguar la caída.
Al girar, se encontró con dos usuarias del elemento rayo, sus atacantes.
Las mujeres ignoraron a su compañero caído y corrieron hacia Laura.
La madre de Amy usó las llamas del muro para hacer un barrido de fuego y frenar a las mujeres en seco.
Una de ellas la rodeó y trató de golpearla por la espalda, pero Laura ya la esperaba con una bola de fuego que hizo explotar en su estómago.
Su oponente salió volando hacia atrás y Laura aprovechó las llamas del barrido para lidiar con la otra.
Usó el fuego como un brazo para intentar agarrar a su oponente, pero esta logró apartarse a tiempo.
—¡Tengan cuidado!
Esta mujer es la esposa de La Lanza Relámpago, sabe cómo luchar contra usuarios del rayo —advirtió un Oscuro mientras este se lanzaba a atacar a Laura.
El Oscuro lanzó una ráfaga de aire al pecho de Laura que la mandó a volar contra una pared, pero no la dejaron respirar.
Nada más chocó contra el muro, la usuaria del rayo restante le dio un rodillazo en el estómago.
El cuerpo de esa mujer estaba envuelto en electricidad, por lo que, además de sacarle todo el aire de los pulmones, también recibió una descarga.
La usuaria del rayo comenzó a lanzar una lluvia de golpes a Laura desde todos los ángulos.
La madre de Amy no tuvo más opción que levantar los brazos y cubrir sus puntos vitales, pero no sería suficiente.
Los golpes de esa mujer estaban cargados de electricidad, por lo que, poco a poco, los músculos de Laura comenzaban a entumecerse y dejaban de responder a sus órdenes, sin mencionar el dolor que implicaba recibir este tipo de ataque sin descanso.
«Esto es malo», pensó Laura.
Sabiendo que no podía seguir recibiendo los golpes de esa mujer por más tiempo, Laura decidió actuar.
En medio de la lluvia de golpes, controló las llamas del muro para lanzar un proyectil a la espalda de la mujer.
La bala llameante golpeó a la usuaria y la desestabilizó, Laura aprovechó esto para salir de su alcance.
Aprovechando su nueva libertad de movimiento, Laura llamó más fuego y envolvió a la usuaria del rayo en las llamas y pronto la mujer, y el usuario de tierra que seguía en el suelo sujetándose la rodilla, comenzaron a consumirse en gritos de dolor y agonía.
El usuario de aire que la había mandado a volar no tardó en unirse al combate.
Lanzó una ráfaga de aire hacia Laura, pero, ahora que conocía el truco, Laura pudo prepararse.
Utilizó un escudo de fuego que bloqueó el vendaval y la mantuvo a salvo.
Las llamas, bajo el control de Laura, se doblaron hacia atrás, rodeando su cuerpo, absorbiendo el impacto del viento para mantenerla a salvo.
Una vez el viento dejó de golpear el fuego, Laura apartó las llamas solo para ser recibida por el usuario de viento, el cual la atacó directamente, algo muy inusual en ellos, pues preferían mantener la distancia.
Laura no se dejó impresionar y esquivó el golpe, pero notó algo bastante peculiar y crítico de este tipo.
El ataque parecía ir dirigido a su garganta.
«¿Será por la diferencia de altura?», se preguntaba.
Laura era una mujer de 176 centímetros de estatura y su oponente medía unos 172.
Esta diferencia de altura hizo pensar a Laura que este hombre en realidad planeaba golpearla en el rostro, pero, al ser más bajo que ella, calculó mal y el golpe fue directo al cuello.
Sin embargo, esta teoría se derrumbó por completo al presenciar el estilo de pelea de su oponente.
Cuando Laura lanzó una patada a sus costillas, su oponente respondió bloqueando el ataque y dando un golpe Ippon Ken en su entreceja.
Laura retrocedió, pero se aseguró de mantener la guardia en alto para evitar más ataques al rostro, pero su contrincante apuntó a las costillas.
El golpe que recibió se sintió como un impacto de bala.
Al intentar contraatacar, su oponente esquivó el golpe con gracia y después le propinó un ataque a la articulación del codo.
No fue un golpe, más bien fue un toque que, si bien no le provocó dolor, sí que tuvo un efecto en ella.
Inmediatamente después de recibir el toque de su oponente, Laura sintió como su brazo izquierdo se adormecía y caía, totalmente flácido.
Sin poder levantarlo, Laura quedó expuesta a un ataque por su flanco izquierdo, el cual llegó en forma de una patada a las costillas.
No contento con eso, su oponente la envió a volar al centro del estacionamiento con una ráfaga.
Ahora, estaba totalmente a merced de los Oscuros.
«¡El estilo de la mantis!», pensó Laura al volver a ver a ese usuario de elemento aire.
El estilo de la mantis, perteneciente al kung fu, se caracterizaba por sus golpes a puntos vitales, ataques flexibles y su adaptabilidad.
Eso explicaba aquellos ataques tan extraños.
«¡Mierda!
Sabía que había algo raro».
No era normal que un usuario de aire se acercara para un combate directo, Laura debió utilizar las llamas del muro para luchar a distancia.
«Caí en su trampa».
Laura maldijo su suerte mientras los Oscuros comenzaban a rodearla.
—Peleaste bien, Laura Simons —las palabras del usuario de elemento aire hicieron estremecer a Laura.
—¿Quién les dijo mi nombre?
Amelia les había asegurado que solo los Iluminados sabían su identidad y la de su familia.
Entonces, ¿por qué los Oscuros la conocían?
El usuario de elemento aire sonrió.
—Digamos que uno de nuestros jefes tiene acceso a información privilegiada.
Dichas esas palabras, un usuario de elemento tierra apareció dispuesto a aplastar la cabeza de Laura, pero fue enviado a volar por una llamarada que lo golpeó directamente en el pecho, el ataque vino del muro de fuego, ella no había sido la causante de aquel ataque.
Laura no entendía nada, hasta que se enfocó en el muro, de donde salieron tres corrientes de fuego a gran velocidad y golpearon a otros tres Oscuros.
Luego, salió una más potente en dirección al usuario de elemento aire que peleaba con el estilo de la mantis.
El hombre alcanzó a crear una barrera de viento a su alrededor para bloquear las flamas y permitir que lo rodearan sin quemarlo.
—¡Demonios!
—una voz juvenil se escuchó desde atrás del muro—.
Los que manejan el viento de verdad que son un verdadero fastidio, ¿verdad, mamá?
Las llamas se abrieron y revelaron la figura de una joven de 16 años, atlética y con un mechón de pelo teñido de color azul.
Laura, lejos de alegrarse por ver a su hija, estaba muy molesta y ahora se preguntaba en dónde estaba Jessica.
—¡¿Qué haces aquí?!
—le preguntó entre molesta y asustada—.
¡Les dije que se fueran!
—¿Y desde cuándo soy buena siguiendo órdenes?
—preguntó Amy con sarcasmo antes de cruzar las llamas, volver a cerrar el muro y crear dos bolas de fuego—.
Vamos, mamá.
No creas que voy a dejarte toda la diversión.
Laura, aunque conocía el carácter rebelde y algo desafiante de su hija, jamás esperó que hiciera semejante locura.
El adormecimiento en su brazo derecho se iba desvaneciendo poco a poco, hasta que Laura por fin pudo volver a mover su extremidad.
«Parece que el efecto es temporal, pero…» Laura se levantó lentamente y cerró su puño izquierdo tan fuerte como pudo, para su mala suerte, aunque había recuperado la movilidad en su brazo, su fuerza se había reducido considerablemente.
«Lo sabía.
Todavía no recupero toda mi fuerza».
La mujer miró a su hija mientras tomaba una de las bolas de fuego que había creado.
—¿Dónde está?
—preguntó Laura mientras analizaba la situación.
—La envié a la azotea —respondió Amy—.
Ya debería estar ahí.
—Es bueno saberlo —la voz de una mujer interrumpió la conversación.
La silueta de una mujer se formó frente a la madre y su hija.
Medía 178 centímetros y su espalda era bastante ancha, al igual que sus brazos y piernas.
«Carajo.
Ya quisiera yo tener ese cuerpo», pensó Laura con una mezcla de miedo y admiración por aquella mujer.
Sin embargo, Amy se sintió intimidada al verla.
«Si ese… oso me llega a golpear, terminaré en China».
Amy tenía razones justas para pensar eso.
Mientras entraba al estacionamiento, pedazos de roca se iban reuniendo alrededor de su cuerpo.
En la mano izquierda de la mujer se formó un guante hecho de rocas, en su pie derecho, un zapato.
Una garra de piedra y roca maciza se formó en todo su brazo derecho hasta el hombro y su pierna izquierda quedó totalmente envuelta en las rocas hasta el muslo.
Los pasos de la mujer resonaban en todo el estacionamiento en forma de ecos que anunciaban su poder.
Amy tragó saliva al darse cuenta del tremendo lío en el que estaban, la conexión de su nueva oponente era tan intensa como la de su padre.
—¿Qué haces aquí, Yunque?
—preguntó el usuario del elemento viento.
—Pensé en ayudar a mi chica con su trabajo.
Además, estaba aburrida en el hotel —respondió la mujer con un tono de voz que reflejaba fastidio y cansancio—.
Iré por la elemental de fuego —Amy y Laura se prepararon al escuchar aquellas palabras.
—¡Primero tendrás que pasar sobre nosotras!
—la desafió Amy.
La mujer sonrió y, utilizando las rocas que envolvían sus pies, se impulsó hacia Amy y su madre a gran velocidad, pero eso era lo de menos.
Amy y Laura estaban acostumbradas a entrenar con Matthew, conocían de primera mano lo que era un “ataque veloz” y esta mujer era demasiado lenta, pero aun así, era bastante rápida para alguien de su tamaño.
Ese detalle, por insignificante que parezca, las tomó desprevenidas y no vieron venir el golpe que recibieron en el estómago.
Fue un golpe suave, considerando quién lo había dado, pero aún así terminaron en el suelo sin aire.
La mujer cruzó el muro de fuego sin decir otra palabra y comenzó a correr.
Laura se levantó como pudo, sujetándose en el estómago con fuerza.
«¡Mierda!
Eso sí me dolió.
Han pasado años desde que alguien me golpeó así».
La última vez que Laura sintió un dolor como ese fue 25 años atrás, durante un combate de kickboxing contra uno de sus compañeros, el cual le propinó un fuerte rodillazo en el estómago.
El usuario de elemento aire se acercaba y había más de veinte Oscuros rodeándolas.
Amy se levantó y miró a su madre, ambas tuvieron la misma idea.
Cruzaron el muro y, nada más llegar al otro lado, liberaron una llamarada hacia sus oponentes.
No les importaba que el ataque pudiera fallar, solo buscaban distraerlos para salir de ahí.
Se alejaron corriendo a todo lo que daban sus piernas y fueron con rumbo a las escaleras.
—Por su conexión, diría que está en el último piso —dedujo Laura—.
Ahora hay que subir y… —Laura se quedó a media frase al ver que las escaleras al segundo piso habían sido destruidas, ya no podían subir.
—¡Mierda!
—mientras Amy maldecía, sintieron muchas conexiones frías acercarse a donde estaban.
—¡No hay tiempo!
¡Vamos!
—corrieron más al interior del centro comercial.
—¿Qué hay de Jessica?
—preguntó Amy con preocupación.
Laura suspiró.
—Tendremos que confiar en que podrá esconderse hasta que llegue la ayuda.
Dame el teléfono —Amy le entregó el dispositivo a Laura—.
Llamaré a tu padre y pediré refuerzos, pero hasta entonces habrá que resistir.
—Si ese es el caso, entonces lo mejor será separarnos —propuso Amy mientras señalaba los baños.
—Buena idea, hay que confundirlos.
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