Saga Elementos - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Un Juicio Frío y Un Rescate Cálido
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58: Un Juicio Frío y Un Rescate Cálido 58: Un Juicio Frío y Un Rescate Cálido Cuando Amy salió corriendo para ayudar a su madre, Jessica se quedó un momento en su lugar, procesando lo que acababa de suceder.
Mientras lo hacía, llegó a la conclusión de que debía seguir avanzando.
Amy y Laura estaban arriesgando el cuello para que ella sobreviviera; no podía desperdiciar esa oportunidad.
Con eso en mente, comenzó a correr escaleras arriba, buscando llegar a la azotea, maldiciendo en el camino al tipo que diseñó el centro comercial.
«Entiendo que se necesita espacio para todas las tiendas, ¿pero era necesario construir cuatro pisos?» Jessica comenzó a sentir que le faltaba el aire luego de llegar al segundo piso.
Ignoró la sensación de ardor en sus piernas y siguió avanzando hasta que finalmente llegó al piso cuatro.
Una vez ahí, tendría que subir otro par de escaleras para acceder a la azotea.
Sería algo sencillo de hacer si no fuera por la puerta metálica que bloqueaba su camino.
—¡Mierda!
—Jessica se rindió luego de unos segundos de forcejeo—.
Tendré que llamar desde aquí —no obstante, Jessica no se sentía muy cómoda en el pasillo donde estaba—.
Pero antes buscaré un lugar seguro para pedir refuerzos.
Jessica avanzó rápidamente por los pasillos hasta llegar a un lugar donde podía sentirse segura, a salvo y cómoda: el área de comidas.
El centro comercial en el que se encontraba era inmenso, pero eso mismo hacía que se necesitara más tiempo para completar las remodelaciones, además de que las mismas demandaban más espacio y equipo.
De ahí que todo el lugar estuviera cerrado al público.
En la planta baja se podían ver enormes secciones cubiertas por lonas plásticas y con equipo de construcción al lado.
Sin embargo, en el último piso, no había nada de eso.
Jessica asumió que las reformas no tomarían demasiado tiempo porque el área de comidas todavía guardaba los ingredientes y sus alimentos en las neveras.
Jessica tomó asiento y sacó el teléfono de Amy, introdujo la contraseña y el aparato se desbloqueó.
Ingresó a los contactos y encontró el número de Amelia; fue fácil identificarlo porque Amy la había guardado como “Chica Tornado” con un emoji de tornado incluido.
Quiso llamarla de inmediato, pero no pudo hacerlo porque sintió varios escalofríos recorrer su cuerpo antes de que un empujón la mandara a volar contra la barra donde se ordenaba la comida.
Al alzar la vista, encontró a tres tipos frente a ella, los cuales la miraban con expresiones diferentes.
El primero era un hombre hispano con un tatuaje de serpiente en su cuello y dos aretes en las orejas; este hombre mantenía una expresión neutral en su mirada.
El segundo, quien parecía ser el que la empujó, era un tipo con algunos kilos de más, con una barriga que escurría por encima del botón de sus pantalones, una barba frondosa y algunas manchas de sudor bajo los brazos.
Incluso desde su lugar, Jessica podía oler el hedor de este hombre, quien parecía llevar semanas sin bañarse y, para colmo, este tipo la miraba con deseo y hambre.
Finalmente, estaba el tercero.
Al igual que el primero, era un hombre de rasgos hispanos, pero este mantenía un peinado desordenado, con todos los mechones del centro de su cabeza teñidos de rubio, dejando los mechones del costado con su color castaño natural.
La mirada del tercero era de cansancio y fastidio, como si no quisiera estar ahí para empezar.
Jessica se levantó rápidamente.
Le dolía la espalda, pero no era tan serio como para impedirle moverse.
Al ponerse de pie, observó a los hombres y lo primero que hizo fue levantar los brazos y ponerse en guardia, justo como Laura le había enseñado las últimas dos semanas.
Al ver esto, los hombres estallaron en risas.
—Niña, déjate de tonterías —dijo el primero; su voz destilaba arrogancia, pero su forma de hablar parecía neutral y serena, como si quisiera mediar en este conflicto—.
Sabes que no tienes oportunidad de ga… Antes de terminar su frase, una bola de fuego golpeó al hombre gordo y lo mandó hasta el final del pasillo.
Jessica había lanzado el ataque.
«Menos mal y aprendo rápido», pensó para sí misma.
Ese ataque se lo enseñó Laura, algo básico en el manejo del elemento fuego.
Jessica no se dejó llevar por la emoción y volvió a mirar a los otros dos que quedaban.
—¿Qué decían?
—preguntó en un tono burlón.
El primer hombre frunció el ceño y miró a su compañero restante.
—Hazlo —ordenó y con un asentimiento de cabeza el tercer hombre se puso en acción.
Realizó unos movimientos extraños que confundieron a Jessica, pero antes de que la joven pudiera atacar, se escuchó un estruendo detrás de ella y después un tentáculo de agua agarró su mano izquierda.
El agua se congeló en toda su mano, formando una especie de esfera de hielo que encerró su puño, y quedó conectada al tentáculo de agua.
Jessica trató de escapar, pero otro tentáculo atrapó su mano derecha y luego la levantaron en el aire.
Después atraparon sus pies y repitieron el proceso de encerrar sus extremidades en esferas de hielo.
—¡Mierda!
—maldijo la chica mientras forcejeaba, pero era inútil, la tenían totalmente sometida.
Los tentáculos de agua que la sujetaban salían desde las tuberías de las cocinas detrás de la barra.
Jessica intentó forcejear y trató de derretir el hielo con sus poderes, pero fue inútil.
Las llamas simplemente no encendían.
Lo único bueno es que, a diferencia de los demás, el frío extremo no la afectaba.
El hielo no podía lastimarla, a menos que la apuñalaran con un pico de hielo; las bajas temperaturas no afectarían su cuerpo debido a su inmunidad ante estos estímulos, pero ¿de qué servía eso en esta situación?
—Listo, no podrá escapar de ahí —dijo el tercer hombre.
El segundo hombre estaba volviendo.
El ataque de Jessica le había quemado la camisa y había dejado su torso al descubierto.
Jessica tuvo una vista privilegiada de su pecho y estómago llenos de pelos y de sus axilas, de las cuales se asomaba un auténtico bosque.
El primer hombre miró a su compañero por encima del hombro con indiferencia, como diciendo: “Ah, ¿sigues vivo?”.
El gordo avanzó hacia Jessica y la observó con un deseo enfermizo.
—¡Aléjate de mí, maldito!
—Jessica intentó patearlo, pero sus piernas estaban bien sujetas.
—¿Puedo jugar con ella en lo que llegan los demás?
—preguntó, haciendo que la sangre de Jessica se congelara.
—Haz lo que quieras —dijo el primero, pero el tercero parecía descontento.
—¿Seguro?
Lucía podría enojarse mucho —cuestionó el tercer hombre, el de cabello teñido.
Sin embargo, el gordo ya estaba bajando el cierre de la sudadera de Jessica, dejando expuesto su estómago y su pecho cubierto por su top deportivo.
—¡Qué linda es!
—exclamó el gordo—.
¡Eres tan linda!
¡Me gustan cuando son lindas!
—la mirada del gordo degenerado comenzó a pasearse por el abdomen de Jessica—.
Qué bonita eres.
¡Voy a tratarte muy bien, princesa!
Las manos del hombre fueron hacia el pantalón deportivo de Jessica con la clara intención de desnudarla.
Jessica estaba aterrada, no sabía qué hacer, estaba totalmente a la merced de este hombre asqueroso y pervertido.
Trató de forcejear, pero fue inútil y justo cuando las manos del gordo iban a despojarla de su pantalón, se escuchó un estruendo, seguido de otro y luego otro más, cada uno más cerca que el anterior.
Todos voltearon a ver de qué se trataba.
De las puertas de las escaleras salió una mujer que parecía una fisicoculturista, con un cuerpo ancho y musculoso.
En su mano derecha se había formado una garra de piedra y su pierna izquierda estaba totalmente envuelta en rocas.
En cuanto a su mano izquierda y su pie derecho, ambos estaban cubiertos por un guante y una bota de rocas, respectivamente.
La mujer miró a los hombres, parecía evaluar la situación, miró al tipo que parecía liderar al grupo, el hombre del tatuaje de serpiente en el cuello.
—Lucía dejó en claro que no quería que la lastimaran —el hombre del tatuaje rodó los ojos.
—No me importa lo que quiera esa mujer.
No trabajo para esa perra —fue todo lo que dijo.
—Entiendo.
Antes de que el hombre del tatuaje, o cualquiera de los presentes, pudiera reaccionar, la mujer sujetó la cabeza del hombre con su garra de piedra y lo levantó del suelo como si no pesara nada, mientras comenzaba a apretar el agarre alrededor de su cabeza.
Al mismo tiempo que el hombre empezaba a gritar y patalear, buscando salvarse.
—¡¿Qué haces?!
—preguntó el hombre mientras se retorcía de dolor mientras la sangre comenzó a brotar alrededor de los lugares donde la garra lo sujetaba y, poco a poco, podía verse cómo el cráneo del hombre comenzaba a hundirse—.
¡Mark te va a…!
—la cabeza del tipo explotó a media frase, dejando un desastre de sangre y materia gris por todos lados.
—No me importa lo que haga ese idiota.
No trabajo para ese imbécil —respondió la mujer, devolviéndole al tipo la frase de hace un momento.
El gordo y el hombre con el pelo teñido estaban sin palabras.
El de cabello teñido intentó atacar a la mujer, pero una sola patada de ella en la cabeza lo hizo salir volando contra la barra.
El golpe tenía tal fuerza que le había sacado un ojo de la cuenca al pobre desgraciado y su cabeza quedó totalmente aplastada.
Él era el usuario de elemento agua encargado de las ataduras de Jessica, por lo que, con su muerte, las cadenas y el hielo se disolvieron y Jessica quedó libre.
El gordo miró a la mujer y, por el olor que desprendía y la charca que se había formado a sus pies, estaba claro que su vejiga no aguantó el miedo.
Con un solo golpe a la cabeza, el gordo fue enviado a volar a la cocina, muriendo al instante.
Jessica, luego de ser liberada, observó todo esto desde el suelo; estaba sin palabras y no entendía nada.
La mujer, por otro lado, se fijó en ella una vez mató a los tres tipos.
Caminó hacia ella con calma, pero Jessica, totalmente aterrada, cerró los ojos cuando esta mujer se agachó a su lado.
Esperaba recibir un golpe y morir, pero, en su lugar, escuchó cómo algunos objetos pesados caían al suelo, para luego sentir un calor agradable a su lado.
La mujer tomó el cierre de su sudadera y lo volvió a subir, tapando su cuerpo una vez más.
—¿Estás bien?
—Jessica abrió los ojos al escuchar aquella voz en un tono amable y cálido.
Encontró a la mujer mirándola con una sonrisa; sus ojos color turquesa la veían fijamente—.
Parece que llegué a tiempo —continuó la mujer—.
¿Ese gordo apestoso alcanzó a hacerte algo?
Jessica recobró el sentido y se apartó de la mujer, alejándose varios pasos.
Su respiración se agitó mientras la observaba.
Pese a ya no tener las piedras cubriendo sus extremidades, la mujer seguía siendo imponente.
Estaba claro que, si ella lo quisiera, le destrozaría todos los huesos a Jessica sin esfuerzo a base de fuerza bruta, pero, al concentrarse en la conexión de aquella mujer, Jessica se sintió confundida.
Durante las dos semanas que entrenó con Laura y Amy, había aprendido a reconocer las conexiones de otros usuarios, pero jamás había sentido algo así.
La conexión de aquella mujer, al salir de las escaleras, era fría, pero, tras matar a los tres hombres, se había vuelto completamente cálida.
«¿Qué diablos significa esto?», se preguntaba Jessica.
Sin embargo, lo que más le llamaba la atención sobre esa mujer, y lo que más la asustaba, era que reconocía a quien tenía en frente.
—Eres… —el nombre había quedado atorado en su garganta—.
¡Tú eres Martha!
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