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Saga Elementos - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59 - 59 Refugio de Piedra
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59: Refugio de Piedra 59: Refugio de Piedra En una modesta casa en Kansas City, Missouri, una niña pelirroja de doce años, que aparentaba tener nueve, se encontraba leyendo un libro de matemáticas mientras se rascaba la cabeza, frustrada por no entender.

Todo mientras una hermosa mujer rubia se encontraba preparando el almuerzo.

Al cabo de un rato, la niña lanzó un grito infantil al techo mientras se jalaba el cabello.

—¡No puedo!

¡No entiendo nada de este tonto libro!

—la niña recostó la mejilla en las páginas del libro y comenzó a hacer algunos pucheros.

—Jessica… —¡No!

Estoy cansada —Lucía ni siquiera tuvo tiempo para terminar su oración.

—Bueno, supongo que entonces no quieres este delicioso plato de pasta que acabo de preparar —Jessica levantó la cara con renovado ánimo—.

Es una lástima, le había puesto pimienta, salsa y mucho queso parmesano, justo como te gusta —Lucía continuó burlándose.

—¡¿Qué?!

¡No, espera, me estoy muriendo de hambre!

—aunque esas palabras podían ser normales en cualquier niño, en Jessica se sentían más como una verdad que una exageración infantil.

La mirada de Lucía se suavizó un poco.

—Entonces ven a comer —le dijo la mujer y le sirvió el plato, se sentó junto a Jessica y ambas comenzaron a comer.

Ese día, Lucía se encontraba realizando una limpieza en su casa.

Era fin de semana, así que había aprovechado que tenía tiempo libre para organizar algunas cosas que tenía guardadas en el ático.

Mientras comían, la mirada de Jessica se posó sobre una de las tantas cajas que había en el suelo, específicamente en una foto enmarcada que había entre un montón de otras cosas.

La foto mostraba a Lucía, junto a una mujer bastante alta y musculosa.

En ella, Lucía estaba besando la mejilla de la mujer mientras esta la agarraba de la cintura.

Esto no pasó desapercibido por Lucía y, al darse cuenta de lo que Jessica estaba mirando, suspiró y levantó la foto.

—Se llama Martha —comenzó a decir mientras miraban la foto con nostalgia—.

Es mi novia.

Al escuchar estas palabras, dichas en un tono tan cálido y algo meloso, Jessica dejó caer sus cubiertos.

Es cierto que nunca había visto a Lucía interesada en hombres, a pesar de que muchos se le habían insinuado, pero jamás esperó que Lucía fuera lesbiana.

La niña miró a la mujer con expresión incrédula.

Ella no era ajena a lo que significaba ser homosexual, pero sí que la tomó por sorpresa descubrir que su maestra lo era.

—¿Qué?

—preguntó Lucía al darse cuenta de la intensa mirada de Jessica.

—Nada… —Lucía suspiró con una sonrisa cansada y dejó la foto a un lado para seguir comiendo.

—¿Crees que estoy enferma?

—preguntó Lucía mirándola de reojo.

Jessica se sorprendió un poco.

—¡No!

¡Yo no creo eso!

—se apresuró a decir—.

Es solo que… —Lucía soltó una risilla.

—Está bien, lo entiendo —dijo Lucía—.

Es normal que pienses así, considerando lo que tu madre opina sobre la gente como yo —al decir esto, una sonrisa amarga se asomó en su rostro.

Volvió a enfocarse en la foto y comenzó a hablar sobre Martha, pues no podía ignorar la mirada curiosa de Jessica—.

Ella es muy fuerte y protectora conmigo —Lucía soltó una risilla antes de continuar—.

A veces sabe lo que necesito, aunque yo no —Jessica no se animó a interrumpirla.

—¿Dónde está ahora?

—preguntó la niña con un tono inocente.

—Está en Louisiana por trabajo —respondió Lucía.

***** Jessica jamás podría olvidar el rostro de Martha, aunque había cambiado un poco de como se veía en aquella fotografía.

Su cuerpo era más robusto que en la foto de ese entonces; sus brazos parecían tener la fuerza para aplastar ladrillos y ni hablar de sus piernas, que parecían las de un fisicoculturista con esteroides.

De no haber sido por las dos montañas que se asomaban en su pecho, y por su voz, Jessica fácilmente podría haberla confundido con un hombre.

La joven pelirroja ignoró este pensamiento y se concentró en el problema frente a ella.

«En ese entonces, Lucía dijo que Martha estaba trabajando en Louisiana.

¿Acaso estaba en una misión para los Oscuros?

¿Y cómo cambió su conexión?», pensó mientras intentaba mantener la calma.

Lo que más la hacía sentirse preocupada era la intensidad de su poder, el cual parecía estar al nivel de Matthew, y aunque su conexión era cálida, si podía hacerla cambiar a voluntad para hacerla pasar por fría, entonces no podía decir de qué lado estaba.

Necesitaba salir de ahí, rápido.

Echó un vistazo rápido al pasillo, el cual conducía hacia las escaleras.

«Si puedo llegar a las escaleras…», pensó Jessica y se preparó para correr.

Rápidamente, concentró su poder en sus palmas y creó una llamarada que lanzó hacia Martha.

La mujer, al ver esto, llamó a las piedras que había dejado caer y formó un escudo de rocas que bloqueó el ataque.

Las rocas se ensamblaron en un escudo circular que resistió el golpe y el calor abrazador del fuego.

Jessica anticipó esto; las llamas solo eran una distracción.

Una vez que Martha bloqueó su ataque, comenzó a correr por el pasillo en dirección a las escaleras.

Martha esperó a que las llamas se extinguieran para ir tras Jessica.

—¡Espera!

—gritó, mientras salía corriendo a buscar a Jessica, pero era tarde.

Jessica avanzó confiada, pero tuvo que parar de golpe al ver que no había más escaleras.

Todo lo que quedaba era una maraña de metal aplastado al fondo de un agujero de cuatro pisos de altura.

Jessica quedó sostenida sobre un solo pie y estaba perdiendo el equilibrio.

Trató de sujetarse a cualquier cosa cercana o usar sus brazos para equilibrarse y evitar la caída, pero no funcionó.

Jessica pudo sentir cómo su cuerpo comenzaba a caer.

Una sensación de vacío y cosquilleo inundó su cuerpo mientras veía toda su vida pasar ante sus ojos, pero, justo cuando llegaba a la paliza que recibió por culpa de Karen y Nancy, alguien la agarró del tobillo y Jessica quedó colgada como un murciélago.

—¿Eh?

Miró hacia arriba y pudo ver a Martha sosteniéndola sin esfuerzo con una sola mano.

Al ver que Jessica estaba bien, Martha soltó un suspiro de alivio.

Al parecer, sostener a la pelirroja no representaba ningún esfuerzo para ella, pero ¿cómo alguien acostumbrada a levantar pesas de noventa kilos al día podría esforzarse en levantar a una joven de apenas 65 kilogramos?

Martha volvió a subir a la Jessica a la seguridad del pasillo.

La joven tenía la respiración agitada, aunque la sensación de casi morir por esa caída fue algo que no le afectó tanto como esperaba.

Al parecer, ya había asimilado el sentimiento luego de casi morir a manos de los Oscuros, de su madre y de unos Iluminados locos.

Martha miró a Jessica con una mezcla de alivio, porque Jessica estaba viva, y enojo, por haber hecho algo tan imprudente.

«Es tal y como la describiste», pensó mientras recordaba una conversación que tuvo con Lucía un mes antes.

En esa videollamada, hablaron de muchas cosas, entre ellas sobre Jessica.

Lucía la describió como imprudente, terca y algo agresiva, pero amable, tierna y compasiva una vez te ganabas su confianza.

En cualquier caso, Martha no pudo evitar sonreír.

«Supongo que ahora tendré que aprender a ser una buena madrastra», pensó mientras sonreía.

Se acercó a Jessica, luego se agachó y la miró con suavidad.

—¿Tratarás de quemarme otra vez?

—preguntó; su voz no tenía ni una pizca de hostilidad.

Jessica negó con la cabeza y se relajó un poco, entendiendo que no podía escapar de Martha—.

Bien, ahora necesito que me escuches.

—Eres una Oscura —dijo Jessica con voz desafiante, pero había algo de temor en su voz.

—No después de hoy —respondió Martha mientras se sentaba a su lado—.

Traicioné a la Orden de las Sombras.

Ya no les serviré más, pero necesito hacer algo antes de irme.

Debo salvarla —Jessica supo inmediatamente de quién estaban hablando.

—Lucía… —Jessica apretó los puños—.

Ella solo fingió ser mi amiga.

Se acercó a mí solo para poder vigilarme; pensé que me quería.

¡Yo la quería!

—Jessica no entendía por qué se estaba abriendo de esa forma con una mujer que acababa de conocer, pero aun así continuó—.

No esperaba convertirme en su hija, pero sí quería tener a alguien en quien confiar y ella solo actuó —Jessica suspiró, totalmente abatida—.

Al final, nada fue real.

¡Todo fue una mentira!

—Martha le dio tiempo para calmarse antes de hablar.

—¿Eso crees?

—Jessica se volvió a ver a Martha al escucharla decir aquellas palabras—.

No puedo negar que lo que hizo estuvo muy mal, te traicionó en tu momento más vulnerable y eso sí que es algo bastante bajo, pero, antes de eso, te ofreció su hogar como un refugio para esconderte de tu madre.

Te ayudó con tus tareas, te aconsejó, alimentó y vistió durante años.

¿En serio crees que alguien que estuviera fingiendo haría todo eso por una niña que ni siquiera es su hija?

—Jessica se quedó en silencio.

—Si tanto me quería, ¿entonces por qué…?

—Orfanato Sacred Heart Home, Padre Mateo Barnes —Martha interrumpió a Jessica con esas palabras—.

Investiga eso —al escuchar esas palabras, Jessica anotó la información en su mente.

—Suponiendo que salgamos vivas de aquí —dijo con un tono sarcástico—.

Tus amigos están ahí abajo, Amy y Laura se quedaron luchando y nosotras estamos atrapadas aquí porque alguien destruyó las escaleras y el elevador no funciona —Jessica enumeró todos los problemas en los que estaban.

—¿Puedes pedir ayuda a la elemental de aire?

—preguntó Martha buscando opciones.

Jessica se levantó y buscó el teléfono de Amy.

Lo encontró, pero otro problema surgió.

El teléfono estaba totalmente destruido, con la pantalla rota y, al presionar el botón para encenderlo, el aparato soltó chispas.

—Espero que Amy haya guardado sus playlists en la nube —Jessica no sabía si reír o llorar—.

No puedo comunicarme con nadie.

—Volteó a mirar a Martha—.

No tendrás un teléfono por ahí, ¿verdad?

—Martha negó con la cabeza.

—Lo destruí para evitar que me rastreen.

—Fantástico.

Martha sabía que era poco probable que Sebastián, el usuario de elemento aire y luchador del estilo de la mantis, permitiera que las Iluminadas, Amy y Laura, hicieran una llamada de socorro.

«Cuando llamaron, dijeron que las chicas estaban trotando cerca del hotel», recordó Martha.

—Jessica, respóndeme algo: ¿A dónde se dirigían cuando los Oscuros las interceptaron?

—preguntó Martha.

—Nos dirigíamos a un parque calle arriba.

«El Monumental Place está a medio kilómetro calle abajo y el único parque que hay calle arriba está a kilómetro y medio.

Eso significa que sería un trote de dos kilómetros de ida y dos kilómetros de vuelta.

Si salieron hace una hora, eso quiere decir que planeaban trotar todo el día.

Como mínimo pasarían cuatro horas para que volvieran al hotel y apenas ha pasado una hora.

No es probable que alguien venga a buscarlas pronto», concluyó Martha.

Ahora que sabía que estaban solas, lo mejor que podía hacer era apegarse a su plan original.

—Jessica, escúchame bien —la joven pelirroja volteó a mirar a la mujer musculosa—.

Lucía y dos amigos vienen en camino.

No temas, yo me encargaré de Lucía.

—¿Qué hay de los otros dos?

—Jessica no quería, pero, dadas las circunstancias, sabía que la única forma de salir de ahí con vida era confiar en Martha.

—No te preocupes por ellos.

Son espías de los Iluminados, no te harán nada —hizo una pausa para asegurarse de que Jessica entendiera sus palabras—.

Cuando lleguen, vamos a eliminar a tantos Oscuros como podamos y luego nos entregaremos a ustedes.

—Suena demasiado bueno para ser verdad —puede que Jessica sea joven y nueva en el mundo de los usuarios, pero no era estúpida—.

¿Por qué debería confiar en ti?

—Martha guardó silencio por unos segundos.

—¿Qué opciones tienes?

—la pregunta de Martha sacudió a Jessica.

Ella sabía que nadie saldría a buscarlas en varias horas.

Jessica estaba a salvo; Martha se aseguró de eso destruyendo las escaleras, pero Laura y Amy no.

Ellas estaban ahí abajo con los Oscuros buscándolas por todas partes.

Solo era cuestión de tiempo para que las encontraran y las mataran.

Suponiendo que encontrara la forma de bajar sin matarse o romperse las piernas, todavía tendría que enfrentar los más de veinte Oscuros que había abajo.

Al final, Jessica gruñó al techo y miró a Martha directamente.

«Lucía no mentía al decir que se ve adorable cuando está enojada».

Martha rio internamente, aunque los muchos matones a los que Jessica golpeó no estarían de acuerdo en que se ve adorable; más bien, pensarían que es un verdadero monstruo.

—Vale, está bien —refunfuñó Jessica, resignada.

—Bien, ahora vámonos —Martha le hizo señas para que la siguiera.

—Solo una duda: ¿Cómo vamos a bajar si no hay escaleras?

—Martha sonrió al escuchar aquella pregunta.

—Yo me encargaré de eso —dijo mientras hacía volver las piedras a su cuerpo—.

Sube a mi espalda —pidió Martha mientras se agachaba y le daba la espalda a Jessica.

—¿Qué?

– La joven, desde luego, no entendía nada.

—Solo hazlo.

—No, gracias.

Todavía tengo mi orgullo —Martha suspiró molesta.

—No le diré a nadie, ¿bien?

Ahora sube.

Aunque renuente, Jessica decidió obedecerla.

Subió a su espalda y enroscó sus brazos alrededor del cuello de Martha y sus piernas alrededor de la cintura; la chica parecía un koala agarrándose a la rama de un árbol.

«¡Qué vergüenza!», pensaba Jessica.

El aroma de Martha invadió sus fosas nasales.

Un olor a césped mojado y a margaritas recién cortadas, mezclado con un leve aroma a sudor, se desprendía de la mujer a la que abrazaba.

Al sentir este aroma, Jessica se relajó un poco, por alguna razón le resultaba familiar.

—Bien, aquí vamos —Martha se levantó y fue al hueco de las escaleras—.

Agárrate bien, Jessica.

—la joven miró hacia abajo por un momento y luego, cual niña pequeña, escondió su cabeza en el cuello de Martha—.

¿Qué sucede?

¿Te dan miedo las alturas?

—No… no lo sabía hasta hoy —Martha no pudo evitar reír por lo tierna que se veía Jessica en ese momento; parecía una niña.

—Solo sujétate fuerte —la voz de Martha se suavizó un poco antes de continuar—.

Y cierra los ojos.

Por alguna razón, al escuchar su voz, Jessica se relajó un poco y se sintió segura.

¿Por qué?

Se supone que Martha es una Oscura, entonces, ¿por qué le inspira tanta confianza?

Jessica no sabía la razón, pero le hizo caso de todos modos.

Cerró los ojos y la abrazó más fuerte.

Lo último que supo después es que Martha saltó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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