Saga Elementos - Capítulo 62
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- Capítulo 62 - 62 Plan de Escape en Marcha
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62: Plan de Escape en Marcha 62: Plan de Escape en Marcha Una semana antes, mientras Jessica y su grupo comenzaban su entrenamiento, Gabriel Mousses y Xing Powell recibieron dos notas muy extrañas; ambas fueron impresas y entregadas en sus puertas.
Lo curioso es que, mientras la nota de Gabriel decía que Xing lo había citado para una reunión, la nota que Xing decía todo lo contrario.
Los dos acudieron a la reunión, pero ambos estaban al tanto del hecho de que aquellas notas no fueron escritas por ninguno de los dos.
¿Cómo lo sabían?
Porque los nombres usados en ambas notas eran los alias que habían escogido para infiltrarse en los Oscuros y no sus verdaderos nombres.
Cuando llegaron a la azotea del hotel, donde se suponía sería la reunión, lo hicieron armados y listos para pelear.
Procedieron con cuidado.
A pesar de que no parecía haber nadie, el ambiente se sentía pesado, como si hubiera tensión en el lugar.
Luego de dos minutos esperando, escucharon la puerta cerrarse detrás de ellos y, al voltear, se encontraron con Martha.
La imponente mujer les bloqueaba el paso, lo que solo podía significar una cosa.
«Nos descubrió y ahora quiere silenciarnos», pensó Xing con amargura.
Pese a ser una Oscura, Martha era una mujer muy agradable, carismática y con un buen corazón en el fondo, por eso la consideraban una candidata viable para una rehabilitación y posible incorporación a la Orden de la Luz, pero ahora parecía que se habían equivocado.
Sin embargo, Martha estaba totalmente desarmada y, en vez de atacarlos, levantó las manos y se alejó de la puerta, lo que confundió a ambos hombres.
Luego de acercarse un poco, Martha se detuvo y habló.
—Necesito su ayuda —dijo con un tono suave que confundió a ambos hombres.
Antes de que supieran qué estaba pasando, Martha liberó su conexión.
Al principio se pusieron en guardia, pues era la misma conexión fría que habían sentido cientos de veces, pero luego esta conexión se volvió cálida, dejando a ambos hombres impactados.
—¿Acaso eres…?
—Gabriel ni siquiera podía terminar su pregunta.
Que un usuario cambie la naturaleza de su conexión con tanta facilidad solo puede significar una cosa—.
Eres un Camaleón.
Los Camaleones son usuarios raros que tienen la capacidad de alterar sus conexiones a voluntad.
Siendo capaces de volverlas frías o cálidas según se les antoje o lo requieran.
Gabriel y Xing eran Camaleones, por eso pudieron infiltrarse en la Orden de las Sombras y volverse amigos cercanos de Lucía, haciendo pasar sus conexiones como frías, engañando a los Oscuros.
Sin embargo, los Camaleones eran especiales por otra razón.
Debido a su capacidad de cambiar la naturaleza de su conexión, detectar a un Camaleón era una tarea monumental, casi imposible de conseguir.
Al menos, para los usuarios comunes.
Ahora, entre Camaleones las cosas son completamente diferentes.
Un Camaleón podía detectar a otro con facilidad; eran capaces de distinguirse entre sí y por esa razón Martha pudo descubrirlos.
Además de todo lo anterior, había algo más.
Solo otros Camaleones podían decir con seguridad cuál era la verdadera naturaleza de la conexión de estos usuarios.
Es decir, no importaba si intentaban mantener una conexión fría; otro Camaleón podía ver a través de esa máscara.
Por eso, tanto Xing como Gabriel sabían que Martha, ahora, no era una amenaza para ellos.
—¿Hace cuánto que sabes de nosotros?
—le preguntó Xing.
—Desde que nos reunimos en Missouri —Martha no pudo evitar reír por lo bajo—.
Honestamente, me sorprende que no hayan dicho nada hasta ahora.
—Tú mejor que nadie deberías saber que así no funciona —replicó el doctor Powell.
Una curiosidad adicional de los Camaleones es que, para detectar a otro Camaleón, debían concentrarse.
Por eso nunca se percataron de que Martha era como ellos, porque nunca habían podido mirarla bien y sentir su conexión con ese nivel de concentración.
—¿Qué es lo que quieres?
—preguntó Gabriel.
Lo que menos quería era perder el tiempo.
Martha lo miró con ojos cansados.
—Necesito su ayuda —ambos hombres se miraron de reojo y luego volvieron a mirar a Martha—.
Quiero dejar a los Oscuros, pero no quiero hacerlo sin Lucía.
Ella… no pertenece aquí —Martha suspiró antes de continuar—.
Los tres sabemos que se está volviendo cálida y permanecer aquí no es bueno para ella.
—Vamos a suponer que nos tragamos esta historia de rendición; aun si accediéramos, Lucía nos mataría por meternos en sus asuntos —explicó Xing.
—Por eso no puede saber que hablé con ustedes —Martha parecía decidida—.
Miren, estaba pensando, ustedes saben dónde están las Elementales y conocen a los Iluminados.
Entonces, podríamos dejarla inconsciente y llevarla al hotel.
—Ajá, y entraremos tomados de las manos, cantando y bailando —respondió Xing con sarcasmo.
—Créeme, amigo.
No quieres bailar conmigo, soy pésima —Martha rio para sí misma—.
Y no.
No planeo escapar o eludir esto de ninguna manera.
Voy a entregarme —Xing estaba incrédulo por lo que escuchaba.
—Viejo, ayúdame con esto —se volteó a ver a su amigo, Gabriel, quien permanecía callado, escuchando todo.
—Martha, seré directo contigo.
Tú accediste a dejar la Orden de las Sombras, nos buscaste y nos pediste ayuda, pero eso no significa que los Iluminados vayan a perdonarte.
Lo más seguro es que decidan ejecutarte.
Ni hablemos de Lucía, que tiene un recuento de cuerpos más alto que el tuyo —hizo una pausa para asegurarse de que Martha lo estaba entendiendo—.
Lo que estoy diciendo es que, aunque cooperes, no hay garantía de que las dejen vivir.
¿Lo entiendes?
—Sí —Martha ni siquiera dudó en su respuesta.
A ojos de Martha, era mejor morir intentando hacer algo bueno en su vida que seguir desperdiciándola.
Al oír su respuesta, la cual era sincera, Gabriel suspiró.
—Bien —Xing volteó a ver a su compañero.
No podía creerlo.
—¿En serio?
—preguntó el doctor.
—Sí —confirmó Gabriel—.
Ahora la pregunta es: ¿Cómo realizamos esta… intervención para sacarlas de aquí?
***** Tras esa conversación, estuvieron una semana entera pensando en cómo llevar a cabo el plan, pero, cuando recibieron la llamada de los patrulleros, diciendo que Jessica, Amy y Laura estaban trotando afuera, no perdieron el tiempo y se pusieron en marcha.
Primero, informaron a Sebastián.
Luego, Martha salió a acompañarlos para interceptar a Jessica y ponerla a salvo.
Finalmente, Xing y Gabriel avisaron a Lucía para que acudiera a ver a Jessica; sabían que ella no podría resistirse a ayudar a la chica que, en esencia, era su hija.
Lo que no esperaban era que, nada más llegar, asesinara a un Oscuro sin miramientos.
No obstante, aunque no era parte del plan, sabían que era algo que podía ocurrir.
Lucía sacó la mano del pecho del hombre y miró al otro sujeto que sujetaba a Amy con fuerza.
El pobre hombre se puso tan pálido que parecía un cadáver.
Comenzó a lanzar miradas nerviosas a Sebastián, diciéndole silenciosamente a Lucía que solo estaban siguiendo órdenes del segundo al mando de Mark.
Lucía se alejó de Amy y encaró a Sebastián, quien la miraba con una expresión molesta, pero resignada.
Sebastián solo creía en la jerarquía del más fuerte.
Para él, solo los fuertes tenían el derecho de dar órdenes a los demás.
Entonces, solo aquellos más poderosos que él podían decirle qué hacer y al único al que respetaba era a Mark, su jefe.
Sin embargo, Lucía era mucho más fuerte que él, pero no era parte del equipo de Mark.
Desde su perspectiva, era como si la reina de una tierra vecina hubiera llegado a su hogar.
Sí, la trataría con prudencia debido a su rango y, en este caso, su poder, pero no la respetaría.
Lucía, por otro lado, ignoró la mirada desdeñosa de Sebastián y señaló a Amy.
—¿Sabes quién es ella?
—preguntó claramente molesta.
Sebastián se quedó en silencio—.
Es la hija de La Lanza Relámpago y tú estuviste a punto de matarla.
—Actualmente, La Lanza Relámpago no es ni la sombra de lo que fue en el pasado —respondió Sebastián, cuidando su tono, pero dejando claro que él no tomaba en serio a Lucía y mucho menos la respetaba—.
Es solo una reliquia que perdió su valor con el tiempo.
—Tal vez sea cierto, pero sigue siendo tan poderoso como tú, Sebastián —le aclaró Lucía—.
Si lo haces enojar, es capaz de limpiar el piso contigo, y si matas a su hija, ten por seguro que el infierno no será nada comparado con lo que ese hombre podría hacerte.
—¿Qué importa si muere?
—Ahora el tono de Sebastián era arrogante, frío e indiferente—.
Si es tan fuerte, debió haber criado a una hija fuerte.
En cambio, mira eso… —señaló a Amy como si no fuera nada—.
Ella solo es basura sin valor.
Es débil y me parece patético que un hombre con tanta reputación tenga una descendencia tan lamentable —Lucía no se inmutó al escuchar esto.
—No la mataremos y se acabó el asunto —luego hizo salir toda electricidad que había acumulado en su cuerpo.
Dejando claro, para todos los presentes, quién era la más fuerte en ese lugar—.
¿Entendiste?
—Sí —se notaba el esfuerzo que hizo Sebastián para pronunciar esa simple palabra; parecía estarse tragando un cactus.
—Bien —Lucía apagó su armadura de rayo y se volvió hacia los demás—.
Nos llevaremos a la chica al hotel y la interrogaremos —luego se volvió hacia Amy—.
Te conviene cooperar, niña.
Esta era la primera vez que Amy y Lucía se veían cara a cara y la joven Simons debía admitirlo: Lucía era hermosa.
Sin embargo, aquella belleza era opacada por su mirada inexpresiva y su conexión fría.
Al escuchar sus palabras, Amy frunció más el ceño, en un claro gesto de protesta.
Lucía ignoró esto y se volvió hacia Sebastián.
—Revisen el lugar y hagan un recuento de cuerpos.
Tráiganlos, nos los llevaremos a otro lugar para… Lucía dejó de hablar al sentir una conexión cálida desde uno de los balcones del segundo piso.
Movió la cabeza a tiempo para esquivar la bola de fuego que iba dirigida hacia ella.
La persona que lanzó el ataque no era otra que Laura Simons.
—Esa mujer está comenzando a molestarme —gruñó Sebastián.
Mientras que Lucía, Sebastián y los demás Oscuros analizaban la situación, Martha les lanzó una mirada discreta a Xing y Gabriel.
Acto seguido, le dio dos palmadas a Jessica en la pantorrilla.
Era el momento de actuar.
Xing abrió dos botellas de agua que traía consigo, teniendo cuidado de no ser visto por la gente alrededor.
Algo bastante común entre los usuarios de elemento agua.
Utilizando el líquido, creó dos látigos de dos metros y medio de largo que se sujetaban a sus antebrazos.
Gabriel se mantuvo en silencio y Martha se colocó detrás de Lucía.
Estas acciones no parecían sospechosas; después de todo, Martha cargaba a la elemental de fuego y, justo ahora, debían evitar que Jessica resultase herida en el fuego cruzado.
Laura observó la situación y entendió lo complicada que era.
Luego de escapar de la tienda, se tomó unos minutos para descansar, pero, tras dos minutos escondida, decidió que era hora de continuar.
Cerca de donde estaba, justo afuera de la tienda, había unas escaleras de emergencia que llevaban al segundo piso.
No dudó en subir por ahí y, una vez arriba, se aseguró de buscar una posición adecuada para esconderse y analizar la situación.
Al ver que apareció Martha, cargando a Jessica en su hombro, supo que las cosas estaban mal, pero, al ver a Lucía aparecer, entendió que, si no luchaban, estarían perdidas.
En cualquier otra situación, Laura hubiera huido, pero con Jessica y Amy capturadas no podía.
Por más que fuera lo más sensato, por más que salir y pedir refuerzos fuera la mejor opción, simplemente no podía.
¿Cómo podría una madre abandonar a su hija en manos de personas así?
Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, la situación dio un giro de 180 grados.
Y las cosas parecían haberse puesto a su favor.
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