Saga Elementos - Capítulo 63
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
63: Rendición 63: Rendición Con Martha detrás de ella, Lucía no sospechó nada.
¿Por qué sospecharía de su novia?
Eso fue lo que la condenó.
Mientras se preparaba para capturar personalmente a Laura, Martha levantó su mano silenciosamente antes de pronunciar dos palabras con dolor.
—Perdóname, cariño —dijo con tristeza.
Antes de que Lucía se diera cuenta de lo que estaba pasando, sintió un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza.
Sin entender nada, Lucía cayó inconsciente al suelo.
Tanto Sebastián como Amy y Laura estaban sin palabras, estaban en shock por lo que acababan de ver.
Martha, conocida como Yunque, una peligrosa asesina de Iluminados, acababa de dejar inconsciente a su novia, La Tigresa del Rayo, Lucía Johnson.
Desde luego que nadie sabía cómo reaccionar.
Sebastián fue el primero en moverse.
Saltó y giró para dar una patada y enviar una poderosa ráfaga de aire cortante hacia Martha, pero sintió que algo lo detenía a la mitad del giro; era el látigo de agua de Xing.
El hombre lanzó a Sebastián tan fuerte como pudo al balcón del segundo piso.
Sebastián terminó golpeando el barandal y, usando aire comprimido, cortó una sección del látigo, liberándose al instante y subiendo a suelo firme.
—¡¿Qué están esperando, idiotas?!
—les gritó a los Oscuros en el lugar—.
¡MATÉNLOS A TODOS!
Un Oscuro, usuario del elemento tierra, se lanzó sobre Martha, pero un chorro de fuego lo mandó a volar, alejándolo de la mujer.
Al mirar más de cerca, se podía ver a Jessica apuntando su mano en la dirección de la que había venido el hombre.
La joven pelirroja rápidamente se bajó del hombro de Martha y lanzó una bola de fuego hacia la cabeza del hombre que sostenía a Amy.
El sujeto la recibió de lleno y su cabeza comenzó a arder.
Soltó a Amy y comenzó a correr mientras gritaba sin control, buscando desesperadamente apagar las llamas, pero murió antes de poder hacerlo.
Amy se levantó y recibió la bola de fuego que Jessica le regaló.
Se colocó a su lado, mirando con recelo y cautela a Martha, Gabriel y Xing.
—Te explicaré todo, pero por ahora… —Jessica no tenía que terminar su frase; Amy le echó una última mirada a Martha y luego volvió a mirar a Jessica.
—Espero tengas una buena historia.
Ambas se colocaron en guardia y se prepararon para luchar.
Laura, por su lado, comenzó a disparar bolas de fuego directamente hacia Sebastián.
Estaban en lados opuestos del segundo piso, pero tenían una vista perfecta del otro.
Los ataques de Laura fueron desviados con éxito por el hombre, quien no tuvo muchos problemas para hacerlo.
Laura sabía que debía deshacerse de Sebastián o daría la alarma a más Oscuros.
Laura apuntó su encendedor hacia Sebastián y comenzó a disparar múltiples bolas de fuego.
El hombre las esquivó como pudo y los proyectiles ardientes comenzaron a impactar la tienda que estaba detrás de Sebastián.
Laura se detuvo un momento mientras analizaban la situación; estaba claro que seguir disparando no era una opción.
Se cansaría antes de acertar alguno de sus disparos.
La especialidad de ambos era el combate directo, luchar con sus propias manos y pies.
Los dos parecieron llegar a la misma conclusión y desviaron la vista hacia la misma dirección.
Los pasillos del centro comercial, en los pisos superiores, estaban construidos en una forma ovalada.
Por lo tanto, el lado izquierdo, donde se encontraba Sebastián, y el lado derecho, donde estaba Laura, se conectaban en los extremos.
No había nada más que pensar.
Comenzaron a caminar y, poco a poco, aceleraron el paso y lo que en principio fue una caminata lenta no tardó en convertirse en una carrera.
Ambos corrieron a toda velocidad hasta el otro extremo del pasillo, justo donde ambos balcones se conectaban.
Doblaron la curva y, una vez frente a frente, corrieron a toda velocidad para encontrarse en el centro del cruce.
Laura lanzó un jab, el cual fue esquivado por Sebastián, quien intentó golpear en la articulación del codo, buscando desarmar a Laura, pero la mujer anticipó este movimiento.
Levantó la rodilla y trató de conectar el golpe en sus costillas, pero Sebastián consiguió bloquear el ataque.
De nuevo, intentó atacar la articulación de la rodilla, pero Laura lanzó un golpe recto directo al rostro de su oponente, dejándolo con dos opciones: esquivar el ataque o recibirlo.
Sebastián saltó hacia atrás y envió una poderosa ráfaga de aire directo hacia Laura, pero la mujer no perdió el tiempo y usó el encendedor para lanzar un chorro de fuego en respuesta.
Los dos ataques chocaron, pero consiguieron anularse mutuamente, dejando a ambos contrincantes separados por una distancia de dos metros entre sí.
“Es más hábil de lo que creí”, reconoció Sebastián en su mente.
Laura era una luchadora bastante versátil.
Luego de su primer encuentro con Sebastián, sabía que tenía que encontrar una manera de contrarrestar el estilo de la mantis.
Desde luego, no podía superar el estilo de combate de su oponente, pero sí podía cambiar su forma de pelear y adaptarse.
No obstante, Laura estaba en serios problemas.
Luego de provocar esa explosión, apenas le quedaba energía para seguir peleando.
En ese momento, estaba utilizando sus últimas fuerzas para pelear.
Cada vez que utilizaba sus poderes, sentía que su cuerpo estaba a punto de colapsar.
Sin darse cuenta, su respiración se volvió pesada y errática, cosa que Sebastián notó.
“No debe quedarle mucha energía”, pensó para sí mismo.
“Puedo ganarle fácilmente”.
Sebastián se lanzó contra Laura.
La mujer se puso en guardia, pero, de la nada, su visión se nubló, lo que indicaba que su cuerpo había llegado al límite.
Sin embargo, esto no detuvo a Sebastián.
El hombre golpeó la articulación del hombro con sutileza, pero el impacto interno fue tal que todos los músculos de esa zona se adormecieron.
El brazo derecho de Laura quedó colgando, totalmente flácido y sin fuerzas.
Sin darle tiempo a reaccionar, Sebastián pateó la rodilla derecha de la mujer y, de nuevo, la extremidad quedó totalmente adormecida.
Laura cayó al suelo, indefensa.
Sebastián la miraba desde arriba con lástima y asco.
Esta mujer, sí, podía adaptarse y luchar, pero ¿de qué servía eso ahora?
Estaba totalmente agotada, sin energías.
¿Y aun así creyó que podía vencerlo?
¿Qué podría salvar a su hija?
“Patético”, pensó el hombre mientras apuntaba su mano directamente a la cabeza de Laura.
Su intención era volarle la cabeza a Laura de un solo ataque de aire comprimido.
Justo cuando Sebastián iba a liberar su ataque, una mano lo tomó de la muñeca y lo desvió.
La esfera de aire comprimido pasó a centímetros de la oreja de Laura, quien no podía creer lo que estaba viendo.
Xing Powell ahora estaba junto a ellos y sostenía el brazo de Sebastián.
Cualquiera que viera la situación desde lejos podía decir con total seguridad que el cruce de miradas entre ambos hombres desprendía chispas silenciosas.
Sebastián fue el primero en atacar.
Apuntando a las costillas de Xing, buscaba golpear su pecho para causarle daño a sus pulmones y, si tenía suerte, a su corazón, pero Xing dio una vuelta rápida y golpeó a Sebastián en el rostro con la palma de la mano.
Sebastián retrocedió dos pasos, tomando distancia de Xing, pero este ni siquiera se molestó en ir por él.
En su lugar, llevó el látigo de agua de su mano izquierda al cuerpo de Laura y la examinó.
—La zona solo está un poco adormecida; en un rato estarás bien —le dijo Xing para después comenzar a relajar sus hombros y piernas, adoptando su pose de combate—.
Hace tiempo que no peleo con alguien que valga la pena.
Sin embargo, Sebastián no era ningún tonto.
Con cada segundo que pasaba, sentía cómo las conexiones de sus compañeros comenzaban a extinguirse.
“¡Malditos inútiles!”.
Sebastián maldijo su suerte y a todos sus compañeros.
¿Cómo era posible que fueran tan débiles?
No, eso no importaba, no ahora.
Lanzó una potente ráfaga de viento a Xing y luego echó a correr.
El doctor Powell logró resistirla con éxito, pero para cuando comenzó a perseguir a Sebastián, este ya había saltado por la ventana.
Cuando se asomó, todo lo que pudo ver fue a Sebastián, huyendo por los techos de las casas.
—Se escapó —Xing chasqueó su lengua, antes de parar el golpe que Laura le había lanzado.
Al ver esto, Laura se separó del hombre y tomó distancia, pero mantuvo su guardia arriba en todo momento.
Xing la miró durante un rato antes de suspirar.
Él sabía perfectamente qué esperar cuando se revelara como un espía de los Iluminados.
Desconfianza, suposiciones, incertidumbre y dudas sobre a qué bando pertenecía.
No le importaba, estaba acostumbrado a todo eso.
Por esa razón su sonrisa nunca desapareció.
¿Qué sentido tendría molestarse o entristecerse por algo así?
—Parece que ya terminaron.
—Xing se alejó de Laura sin prestarle más atención—.
Y parece que hay todo un drama ahí abajo.
Al escuchar esto, Laura se acercó al barandal y pudo ver a su hija apuntando con un encendedor a Martha, mientras Jessica se interponía en su camino.
Sin pensarlo demasiado, saltó del segundo piso y aterrizó con gracia.
Xing la observó, pero no hizo nada para detenerla.
Laura corrió hacia el grupo, en el que se encontraban Jessica, Amy, Gabriel y Martha.
Lo primero que hizo fue sacar su encendedor y prepararse para pelear.
Sin embargo, Jessica le bloqueó el camino.
Tanto Laura como Amy no entendían qué estaba pasándole a Jessica.
¿Por qué estaba defendiendo a Martha?
—Jessica, hazte a un lado —ordenó Laura, pero la joven pelirroja no se movió ni un milímetro del lugar.
—Por favor, necesito que me escuchen —suplicó Jessica.
Laura miró a Martha con recelo y notó que la mujer estaba totalmente desarmada y su conexión parecía estar en estado de calma, es decir, no parecía tener intención de atacarlas.
En cuanto al hombre junto a ella, Gabriel, tampoco parecía tener intenciones hostiles hacia ellas.
Por otro lado, Laura sabía que Jessica no haría algo como esto sin una buena razón.
No obstante, la mujer detrás de ellos era una verdadera amenaza, eso sin mencionar a Lucía, quien yacía inconsciente en el suelo, y a los dos hombres misteriosos que estaban con Martha.
Sin saber qué hacer, Laura guardó silencio mientras pensaba y, antes de poder dar una respuesta, Martha avanzó y se puso delante de Jessica.
Laura y Amy se pusieron en guardia al instante, preparadas para luchar.
—Me rindo —solo fueron necesarias dos palabras para confundir a madre e hija—.
No pelearé con ustedes y me disculpo por el golpe de antes.
No pondré excusas por eso, ni por mis actos pasados.
Iré con ustedes, me entregaré a los Iluminados y, a cambio de darles toda la información que tengo, quiero que nos perdonen la vida —dijo lo último mirando a Lucía.
Aquellas palabras sonaban sinceras y parecía como si Martha se las hubiera guardado por mucho tiempo.
Laura, aunque tenía sus dudas al respecto, sabía que esta podía ser una oportunidad de oro.
Martha y Lucía eran Oscuras de un rango bastante alto dentro de su Orden.
No solo eran buenas luchadoras, también tenían información privilegiada que podría darles a los Iluminados una ventaja sin igual contra los Oscuros.
Pese a que el riesgo era grande, la recompensa era demasiado buena como para dejarla ir.
—Jessica, Amy, vayan a buscar algo para atarlos.
Busquen algo que no conduzca electricidad —ordenó Laura mientras preparaba su encendedor en caso de necesitarlo.
Jessica obedeció y no se opuso, pues sabía que Laura no haría algo como matarlos a todos después de que se rindieran y menos aún cuando las habían ayudado a librarse de los Oscuros hace un momento.
Por esta razón es que Laura accedió a llevarse a todas esas personas como prisioneras.
Jessica y Amy no tardaron en volver con lo que Laura les había pedido: unos cuantos alambres, que servirían para contener a Martha y a los dos hombres, y dos guantes de goma, los cuales evitarían que Lucía pudiera absorber electricidad de cualquier fuente cercana.
Xing bajó del segundo piso, solo para ser maniatado; Gabriel, Martha y Lucía corrieron con la misma suerte.
Sacaron a todos del edificio y los llevaron a una furgoneta que los Oscuros habían traído cuando los rodearon.
Al entrar en el vehículo, Laura lo encendió utilizando los cables y arrancó el auto rumbo al Monumental Place.
Al llegar, se dirigió a una zona donde no había cámaras de seguridad.
Debido a que nadie reconoció el vehículo y a que Laura no pudo contactar con nadie dentro del hotel, varios Iluminados, entre ellos Steve y Constance, rodearon la furgoneta.
Laura apagó el motor y salió lentamente del vehículo.
Ahora, todos estaban confundidos.
Laura les había dicho que saldrían y volverían a pie.
¿Por qué regresó en un vehículo?
Después de la mujer, salieron Amy y Jessica, cosa que solo aumentó la confusión de todos.
—Laura, ¿qué sucede?
—exigió Steve.
Sin decir una sola palabra, en parte por el cansancio y en parte porque era mejor enseñarles, Laura abrió las puertas traseras de la furgoneta.
Todos los Iluminados presentes reconocieron a Martha y a Lucía en el asiento trasero.
Inmediatamente, liberaron sus conexiones y se prepararon para atacar.
Algunos desprendían chispas de electricidad de sus cuerpos, otros retrocedieron y varios levantaron rocas para envolver sus puños, pero todos sabían que debían prepararse para luchar.
Steve miró a Laura, buscando una explicación para esta situación: —Llama a Amelia y dile que tenemos al Yunque y a la Tigresa del Rayo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com