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Saga Elementos - Capítulo 65

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  4. Capítulo 65 - 65 Interrogatorios
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65: Interrogatorios 65: Interrogatorios Steve se retiró de la habitación de Lucía.

No se sintió decepcionado ni molesto por su negativa a cooperar.

Él sabía lo que tantos años con los Oscuros le hacían a la cabeza de las personas, bueno, a las personas con un mínimo de moral.

Suspiró y se dirigió a la siguiente habitación.

Al entrar, se topó con una mujer cuyo físico le daba envidia.

¿Cuántos hombres no matarían por tener unos bíceps como los de Martha?

La mujer, si bien estaba lejos de ser una culturista, tampoco era un palito de madera.

Todo su cuerpo había sido moldeado en una escultura perfecta que reflejaba poder y fuerza, pero sin perder sensualidad.

Steve sentía que terminaría con la mano rota si intentaba golpear el abdomen de esa mujer.

Por su lado, la impresión que Martha tenía de Steve era la de un hombre intrigante, pero imponente.

A primera vista, no parecía ser la gran cosa, pero Martha sabía reconocer a las personas que podrían darle problemas en una pelea.

Steve tenía manos callosas y los nudillos endurecidos, señales evidentes de que tenía entrenamiento en las artes marciales.

Martha suspiró con fastidio.

—¿Saben?

Entiendo que deban tomar precauciones y todo eso, pero… ¿En serio es necesario atarme como a un cerdo?

Steve había ordenado a sus hombres inmovilizar a Martha, pero rápidamente encontraron un problema.

La idea original era atar sus manos y pies con esposas de titanio, pero eso dejaría a Martha en una situación muy incómoda cuando tuviera que ir al baño o darse una ducha.

Sin embargo, tampoco podían dejarla andar a sus anchas, sobre todo considerando que era una usuaria del elemento tierra cuya especialidad era el combate cuerpo a cuerpo.

La solución fue inmovilizar solamente sus pies para limitar sus movimientos y dejar libres sus manos.

—Agradece que sigues viva, Yunque —exclamó el hombre de los nunchakus mientras se acercaba a ella hasta quedar a solo centímetros de su rostro—.

Si no tuvieras información, ya te habríamos cortado la cabeza —Martha arrugó la nariz cuando un olor desagradable llegó a ella.

—Tu aliento huele a cebolla.

Aléjate de mí, por favor —le pidió Martha, pero el hombre solo enfureció aún más.

—¡Maldita!

Estaba por golpearla con los nunchakus, pero recibió un fuerte golpe en la boca del estómago que lo hizo incarse.

Su compañero, el tipo que llevaba la espada, trató de atacarla, pero Steve lo detuvo y volvió su mirada a Martha para después regresarla al sujeto en el piso.

—Los dos, esperen afuera —les ordenó Steve con tono severo.

—Steve, ella es una Oscura.

No tiene derecho de… —el hombre de la espada guardó silencio al ver la mirada furibunda de Steve.

—Afuera, ahora —volvió a ordenar.

Sin más opción, el tipo de la espada suspiró y agarró a su compañero para sacarlo de la habitación.

Martha se quedó parada en su sitio, observando la situación en silencio.

Si el hombre de los nunchakus solo la hubiera insultado, no le habría hecho nada, pero al ver sus intenciones de atacarla, lanzó un golpe por instinto.

Steve, por su parte, observó a la mujer.

Estaba ligeramente impresionado por la fuerza que tenía en los brazos.

Incluso con los pies inmovilizados y sin poder mover la cadera con comodidad, su golpe tenía fuerza suficiente para dejar en el piso a un Iluminado bien entrenado.

—Lamento eso —se disculpó Steve; pese a lo que decían sus instintos, tenía la sensación de que podía relajarse un poco con Martha.

Su conexión era cálida y, a pesar de ser un Camaleón, Steve no sentía que fuera una amenaza.

—Está bien —Martha se encogió de hombros mientras respondía—.

No esperaba menos cuando me entregué —Steve asintió en señal de comprensión.

—De acuerdo, necesito que me diga todo lo que sabe, si miente… —No tengo los detalles de la operación en Missouri, tendrás que preguntarle a Lucy sobre eso —la mujer no dejó terminar a Steve—.

En cuanto a los hombres que atacaron a las chicas en el centro comercial, no eran nuestros.

Esos imbéciles seguían órdenes de una de las Tres Cabezas —ese detalle llamó poderosamente la atención de Steve.

—¿Cerbero está involucrado en esto?

—aunque mantuvo la compostura, se notaba la urgencia en la voz de Steve.

—Eso es decir poco, Mark Jobs, más conocido como Cerbero, dirige una operación aquí en la capital.

Desconozco los detalles exactos de la misma y toda la información que tengo al respecto son rumores, pero sí sé que se le asignó la tarea de ayudar a Lucía a matar a las elementales de fuego y aire.

Ahora que Lucía falló, es seguro decir que él será quien termine el trabajo —explicó Martha con calma y serenidad.

—¿Eso es todo lo que puede decirme?

—Martha asintió—.

¿Qué hay de la ubicación de su base?

—la pregunta de Steve hizo que Martha levantara una ceja.

—No consideré decirlo porque sería inútil —respondió.

—¿A qué se refiere?

—Si la ubicación de su base llega a oídos de los Iluminados, por el motivo que sea, Mark y sus hombres tomarán todo lo que sea valioso, destruirán el lugar y se trasladarán a un refugio alterno —Martha pudo escuchar cómo Steve chasqueaba la lengua.

—Comprendo, si esta información resulta ser cierta, entonces mantendremos nuestro trato —el hombre se dio la vuelta para irse y continuar con los interrogatorios.

—¿Qué hay de Lucía?

—preguntó la mujer con preocupación.

Steve suspiró y se giró hacia ella.

—Hablé con ella antes de venir con usted, pero se niega a cooperar.

Si sigue con esa actitud, será muy difícil que la acepten en el programa de rehabilitación —los hombros de Martha cayeron; de pronto se sentían pesados.

—Entiendo.

Sin nada más para decirle, Steve salió de la habitación.

Tenía que interrogar a los otros dos, por lo que se dirigió al próximo cuarto.

Esta vez se encontró con un hombre de ascendencia asiática.

No parecía tener más de 26 años, tal vez 30 como máximo.

De complexión delgada y atlética.

Sus manos parecían delicadas y finas, sin una sola aspereza, todo lo contrario a Martha.

Según lo dicho por Laura, Amy y Jessica, este hombre también era un Camaleón, lo cual llamó la atención de Steve.

El Elemento Madre, también conocido como Energía Natural, estaba presente en todos los seres vivos, desde las plantas hasta los seres humanos.

La razón por la que los usuarios tenían poderes era porque tenían una mayor concentración de esta energía en sus cuerpos.

Sin embargo, al igual que en la genética, se podían presentar mutaciones.

Los Camaleones eran producto de una mutación poco común, la cual se presentaba en 1 de cada 10 usuarios.

Lo que significa que por cada 100 usuarios en el mundo habría 10 Camaleones.

Sin embargo, la sorpresa de Steve no venía por la presencia de estos tres usuarios especiales en su hotel, sino de la actitud de este hombre.

Se había quitado las esposas y ahora estaba pasando los canales en el televisor como si Steve no estuviera ahí.

Lo que podía significar que no le importaba o no le preocupaba la situación.

—Oh, hola —saludó el hombre tras percatarse de la presencia de Steve—.

Me preguntaba cuándo vendría.

Su actitud era jovial y alegre, como si no fuera un prisionero, aunque… ¿Se podía considerar un encierro?

Es decir, estaba en la habitación de un hotel 5 estrellas con todas las comodidades del mundo, ¿eso podía considerarse un encierro?

Steve desechó ese pensamiento de su mente y se concentró.

—Bueno, pues aquí estoy, doctor Powell, y… —Ese no es mi nombre —corrigió el doctor, lo que confundió aún más a Steve.

—¿Disculpe?

—Xing Powell es solo uno de mis alias —explicó el hombre; Steve chasqueó la lengua.

—De acuerdo, entonces… ¿Cuál es su verdadero nombre, señor?

—Me llamo 2578 —la respuesta generó más preguntas.

—Señor, ¿entiende que está en una situación muy seria y que todo lo que diga determinará su sentencia?

—Steve quería asegurarse de que este hombre entendiera la gravedad de su situación, pero la respuesta del hombre fue una risa.

—¿“Setencia”?

¿Por qué?

Al final, estamos del mismo lado —Steve comenzaba a pensar que este hombre le estaba tomando el pelo y ya planeaba salir de la habitación, hasta que…—.

El cuervo vuela a medianoche —Steve sintió que la sangre en su cuerpo se congelaba al escuchar esto.

“El cuervo vuela a medianoche y el águila aterriza al mediodía”.

Ese era el código de identificación que los Iluminados utilizaban para diferenciarse entre ellos.

Si un Oscuro lo sabía, entonces había dos posibilidades.

La primera es que un Desertor de la Orden se haya unido a los Oscuros, pero, por la edad de este hombre, resultaba muy difícil.

No es que no hubiera Desertores con menos de 30 años, pero eran casos muy raros y pocas veces se llegaba a saber de ellos una vez entraban a La Orden de las Sombras, ni hablar del hecho de que fueran Camaleones.

Sin embargo, si no se trataba de un Desertor que se pasó al otro bando, entonces se trataba de un Iluminado infiltrado entre los Oscuros, pero eso era imposible.

Ningún Iluminado con dos dedos de frente haría semejante estupidez.

Intentar meterse en La Orden de las Sombras como espía no era diferente a suicidarse.

Por eso, por improbable que fuera, la única explicación creíble para Steve era que se trataba de un Desertor.

—Se supone que ahora usted debe responder —el doctor parecía impaciente por la respuesta—.

Ah, ya entiendo.

Cree que soy un Desertor —el hombre comenzó a reírse por lo bajo—.

Le aseguro que no lo soy —comenzó a reírse sonoramente—.

Bueno, ya fue suficiente.

Ahora, que dejamos los juegos a un lado, necesito darle el informe de la operación.

***** —Si nos quedamos atrapados en el ascensor, juro que me va a conocer enojada, señor Simons —advirtió Amelia al ver las luces parpadear y escuchar ruidos extraños provenientes del motor.

—Niña, mi esposa y mi hija acaban de escapar de una emboscada —chispas eléctricas saltaron del cuerpo de Matthew mientras hablaba, su tono de voz era peligroso—.

No me pidas que me calme —Amelia suspiró mientras un escalofrío recorría su espalda.

Las puertas finalmente se abrieron y, nada más sentir las conexiones de su familia, Matthew salió disparado hacia ellas.

Su primera parada fue Amy, la cual estaba en un cubículo mientras una doctora curaba sus costillas rotas, pero encontró a su hija en una situación comprometedora.

Tenía su torso desnudo y sus pechos al descubierto.

Al ver a su padre parado ahí, soltó un grito como de película de terror, tomó una bandeja de metal y la lanzó hacia su padre.

—¡Cierra la cortina!

—gritó Amy con su rostro totalmente rojo de la vergüenza.

La doctora suspiró y fue hasta la cortina.

—Señor, aunque sea el padre, no puede entrar de esa manera —le recriminó la doctora.

—Discúlpeme, doctora, pero quiero saber si mi hija está bien —al ver la mirada de preocupación en el rostro de Matthew, la doctora suspiró.

—Evidentemente, sus pulmones están bien.

Solo se rompió dos costillas —informó la doctora—.

Estará bien, al igual que su esposa, pero solo si nos deja hacer nuestro trabajo.

—¿Qué hay de Jessica?

—preguntó Amelia; trataba de parecer calmada y serena, pero el tono de su voz delataba su creciente preocupación.

—Esa chica está más sana que todos nosotros juntos.

Le hicieron un chequeo rápido y la enviaron a su habitación.

Ahora, si me disculpan, tengo que sanar dos costillas —Matthew suspiró.

—Ve con Jessica, yo me quedaré —dijo el hombre dirigiéndose a Amelia.

Sin más opción, Amelia regresó al ascensor.

Cuando volvió al cuarto, encontró a Jessica saliendo de la ducha, envuelta en una bata de baño mientras se secaba el cabello.

Al verla, Amelia se sonrojó un poco, pero suspiró aliviada.

Jessica, por su lado, también estaba aliviada de verla.

—Hola, Roja —Jessica no pudo evitar reír.

—Tenemos que dejar de vernos así, Brisita —ahora ambas estaban riendo—.

Dios, en serio necesitaba esa ducha.

Creo que mi cabello todavía apesta.

—Eso no importa.

¿Estás bien?

—Jessica asintió suavemente—.

Bien, ahora que Lucía está encerrada, no podrá hacerte daño.

—Sí, sobre eso… —Jessica se sentó en la cama y suspiró—.

Necesito que me ayudes a investigar el pasado de Lucía.

La cara de Amelia dejaba claro que no podía creerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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