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Saga Elementos - Capítulo 66

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  4. Capítulo 66 - 66 Debate Moral
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66: Debate Moral 66: Debate Moral La expresión de Amelia solo podía describirse como la de alguien que no sabía ni en dónde estaba parada.

No era para menos.

Jessica le estaba pidiendo algo que realmente no solía hacerse.

Sí, era cierto que los Iluminados tenían un programa de rehabilitación para los usuarios que abandonaran La Orden de las Sombras, pero la cantidad de personas aceptadas en este programa era muy baja.

Principalmente porque, incluso aquellos Oscuros que decidan desertar, no dejaban de ser monstruos en la Tierra.

La única diferencia que solía haber entre los Oscuros y los Renegados, nombre dado a los desertores de La Orden de las Sombras, era que los Renegados no tenían a nadie que supervisara sus acciones o los controlara, transformándolos en auténticos demonios.

Principalmente por eso la Orden no investigaba el pasado de los Oscuros.

Su proceso de pensamiento era: «¿Para qué investigar a estos asesinos si casi ninguno quiere cambiar?», y visto desde una perspectiva objetiva tenía sentido.

No tenía ninguna lógica gastar tiempo y recursos investigando a estas personas.

Además, también había motivos personales de fondo.

Todo se resumía en una simple pregunta: «¿Ahora hay que ayudar a los asesinos de nuestros padres, hermanos, hijos y amigos solo porque “se arrepienten”?».

Muchos Iluminados guardaban resentimiento hacia los Oscuros.

Cualquiera que perteneciera a La Orden de la Luz tenía una historia sobre cómo perdieron a un amigo o familiar a manos de los Oscuros.

Nadie quería poner las manos en el fuego por ellos.

Sin embargo, ¿Y si la persona que busca defender a los Oscuros fuera inmune al fuego?

Amelia tardó mucho en responder a lo que Jessica le había dicho, dos minutos y medio para ser exactos.

—Jessica… —Amelia habló con dificultad—.

Sé que ustedes tienen historia, pero… —No lo hagas —interrumpió la pelirroja y Amelia notó cómo apretaba los puños—.

Te juro que si terminas esa oración, este hotel va a arder como Troya.

—Amelia suspiró al escuchar esa amenaza y su expresión cambió radicalmente de una mirada estoica a una de total enojo.

—Entonces no tiene caso seguir con esta conversación —por primera vez, desde que se conocieron, Jessica veía un lado nuevo de Amelia.

La elemental de aire había dejado atrás sus bromas y actitud casual para mostrar un rostro más serio.

Por alguna razón, Jessica sintió un hormigueo en el estómago al ver esta faceta de Amelia.

Era una mezcla entre nervios por hacerla enojar, ya que Jessica sabía que no podría ganarle en una pelea, admiración y algo más.

Amelia, por su lado, aunque ya había aceptado que tenía sentimientos por Jessica, no podía dejar que sus emociones afectaran su juicio.

Debía separar la emoción de la razón si quería completar su misión con éxito No obstante, conocía lo suficiente a Jessica para saber que no iba a rendirse con esto.

—Al menos escucha lo que tengo que decir —ahora el tono de Jessica era casi suplicante, cosa que sorprendió a ambas jóvenes.

—No, tú eres la que debe escuchar —pidió Amelia mientras se frotaba los ojos y se preparaba para unas palabras que nunca salieron.

—Voy a detenerte justo ahí antes de que digas algo que luego lamentarás —la voz familiar del Grifo resonó a sus espaldas.

Al darse la vuelta, se encontró con el árbol de manzanas y con la bestia, quien había adoptado su forma humana, sentado en su base.

—No tengo tiempo para esto, Grifo.

—Pues será mejor que hagas tiempo, porque tengo que decirte algo —el tono del Grifo era severo y autoritario, suficiente para que la chica se tranquilizara un poco.

Amelia suspiró, cansada.

Estos últimos días, la situación la había obligado a cargar con una enorme presión para completar la misión de forma exitosa.

Tenía que coordinarse con Steve para mantener vigilancia sobre los Oscuros, hablar con Elizabeth para saber si habían encontrado a Alfonso, o si su grupo había dicho algo, y reportarse al templo diariamente con los informes de misión.

Pensó, inocentemente, que luego de perfeccionar la Palma de Vacío podría relajarse un poco, pero luego se enteró de que habían capturado a Lucía, Martha y otros dos Oscuros, que Jessica, Amy y Laura fueron atacadas cuando salieron del hotel y que se les había ofrecido un trato a los prisioneros a cambio de información.

Lo último que necesitaba era que Jessica le pidiera investigar a Lucía o que el Grifo la llamara, pero el destino le dio exactamente eso.

Amelia estaba a nada de explotar.

—Amelia, debes escuchar lo que Jessica tiene para decir y, si es posible, ayudarla —Amelia no podía creer lo que estaba escuchando.

—Dame una sola razón para creer que eso es una buena idea —se notaba a leguas el sarcasmo ácido de Amelia—.

Lucía asesinó, que sepamos, a 87 personas.

Casi todas sus víctimas eran Iluminados que se metieron en su camino.

Además, manipuló a Jessica durante seis años, fingió ser su amiga y le dio su apoyo solo para traicionarla.

La pobre de Jessica seguro está traumatizada y por eso se niega a creer que Lucía sea una mala persona, pero la realidad es innegable: Lucía Johnson es peligrosa.

El Grifo dejó que Amelia hablara, escuchando atentamente cada palabra y sus razones, pero la bestia tenía una perspectiva diferente de las cosas.

—Si es tan peligrosa y fuerte como dices, ¿por qué los Cometas no fueron enviados para matarla?

—increpó el Grifo.

Cuando un Oscuro se volvía un problema o un peligro muy grande para los Iluminados, se alertaba a los Cometas y se ponía al Oscuro en cuestión en una lista de diez objetivos prioritarios, similar a los 10 más buscados del FBI.

Sin embargo, hasta donde Amelia sabía, Lucía jamás estuvo en esa lista de objetivos.

—Además, también se dice por ahí que todas, o casi todas, sus víctimas son Iluminados, pero ¿puedes nombrar a alguna de sus víctimas?

Si mató a tantos Iluminados, al menos uno de ellos debería resaltar del resto —continuó—.

Por último, si de verdad tenía sus ojos puestos en Jessica, ¿por qué no la mató antes de que ustedes llegaran?

Sí, puedes argumentar que ella solo quería confirmar que Jessica era la elemental de fuego.

Sin embargo, durante la noche que sus poderes despertaron, su identidad estaba más que confirmada y aun así la dejó inconsciente y se la llevó a un lugar apartado para que sus poderes despertaran sin lastimar a nadie.

—¿A dónde quieres llegar?

—Amelia comenzaba a perder la paciencia.

—Mira, no puedo obligarte a nada.

Lo que decidas hacer ahora dependerá de ti.

Mi único consejo es que recuerdes lo que hablamos la última vez.

No todo en el mundo es blanco o negro, Amelia.

A veces, hay maldad en la bondad, pero también hay bondad en la maldad.

Dichas esas palabras, Amelia regresó al mundo real, pero de una forma algo incómoda.

En vez de despertarse en el mismo lugar en el que había estado parada antes, ahora estaba en la cama.

«Maldita sea», maldijo para sus adentros.

Cada vez que el Grifo la llamaba, corría el riesgo de quedarse en El Todo por más tiempo del que le gustaría.

Mientras divagaba en sus pensamientos, pudo escuchar el sonido de un botón abrochándose.

Al girar la cabeza, encontró a Jessica en ropa interior.

Acababa de ponerse el sostén cuando Amelia despertó.

***** Diez minutos antes.

Justo cuando Amelia estaba por discutir con ella, Jessica notó cómo sus ojos giraban hacia arriba antes de desmayarse.

Jessica corrió a su lado y la atrapó antes de que pudiera golpear el suelo.

La pelirroja no entendía qué estaba pasando, pero sabía que no podía dejarla en el suelo, así que la levantó y la recostó en la cama, siempre teniendo cuidado con su cabeza.

Por un momento, la idea de tomar el teléfono y pedir ayuda pasó por su mente, pero algo en su interior le decía que todo estaba bien y que no era necesario llamar a nadie.

Esto no era igual a cuando la propia Jessica se desmayó por saltarse el desayuno semanas antes.

Lo que sea que provocó el desmayo de Amelia, no era ningún tipo de enfermedad.

Sin más remedio, Jessica suspiró.

Ya habría tiempo para hablar más tarde.

Por ahora tenía que vestirse.

Confiaba en que Amelia no despertaría pronto, por lo que se dio la vuelta y retiró la bata de baño de su cuerpo, tomó un par de bragas y se las colocó rápidamente.

Seguido a esto, tomó su sujetador y se cubrió sus, apenas visibles, pechos.

Nada más abrocharse el sostén, escuchó cómo las sábanas se movían detrás de ella.

Al voltearse, se encontró con Amelia, recién despierta, quien tenía una vista privilegiada de su cuerpo semidesnudo y bien tonificado.

Estaba muy lejos de ser una fisicoculturista, pero aquella chica escuálida y flacucha de hace un mes había desaparecido.

Sus brazos ahora eran más gruesos y firmes, al igual que sus piernas, y sus hombros eran dos centímetros más amplios que antes de empezar su entrenamiento con Laura.

Sin embargo, lo que hizo que Amelia tragara saliva fue la vista de su espalda llena de viejas cicatrices.

Las más recientes parecían haber sido hechas hace poco, quizás dos meses.

Jessica continuó vistiéndose como si nada hubiera pasado.

No tenía razón para sentirse avergonzada.

Las dos eran chicas, por lo que Jessica no tenía nada que Amelia no tuviera.

Claro, si Amelia la hubiera visto desnuda, se hubiera sentido muy avergonzada, pero eso no importaba si tenía puesta su ropa interior.

En cuanto a sus cicatrices, sí se sentía algo apenada, pero tampoco era para tanto.

Tarde o temprano se enteraría.

—¿Estás bien?

—preguntó Jessica mientras se ponía los pantalones, unos vaqueros grises.

Amelia suspiró antes de responder.

—Sí, solo fue el Grifo que me llevó al Todo.

—¿«El Todo»?

—cuestionó Jessica.

—El lugar en el que están las bestias —Jessica asintió en señal de comprensión.

Hubo un minuto completo de silencio.

Ninguna de las dos sabía qué decir a continuación.

Ambas chicas sabían que todavía debían discutir un tema muy importante.

Por un lado, Amelia tenía una postura clara: investigar el pasado de Lucía era una pérdida de tiempo.

Por más trágica que hubiera sido su vida, nada le quitaría responsabilidad por sus acciones.

Mientras que Jessica… ¿Cuál era la postura de Jessica en todo esto?

¿Por qué de pronto quería investigar a su antigua maestra de matemáticas?

Bueno, no era algo que surgió de la nada.

Jessica siempre tuvo la intención de investigar a Lucía, pero no sabía por dónde comenzar, y ahora que sabía qué buscar, Amelia le ponía un muro en el camino.

¿Cómo superaría este obstáculo?

Jessica buscaba la respuesta de esta pregunta mientras se colocaba su camisa morada con un estampado que decía «CALIFORNIA».

Cuando terminó de vestirse, se volteó hacia Amelia.

—Escucha, Amelia —Jessica finalmente se animó a hablarle—.

No te estoy pidiendo que la defiendas.

Soy consciente de que ha hecho cosas horribles.

No sé el qué exactamente, pero si Matthew se pone nervioso cada vez que se menciona su nombre, entonces debió haber hecho algo horrible.

Por eso, no quiero defenderla… —Amelia guardó silencio, esperaba a que Jessica terminara de hablar—.

Lo que quiero es saber si todo fue falso.

Me niego a creer que solo fingió ser mi amiga por seis años.

No puedo aceptarlo, no sin pruebas.

Durante un buen rato, Amelia permaneció en silencio.

No sabía cómo responder a ese argumento.

Lo único que podía hacer era recordar las palabras del Grifo.

«Conque hay bondad en la maldad, ¿eh?», pensó la joven.

Fue entonces que llegó a una realización.

El Grifo quería decirle que muchas veces hay personas que son capaces de hacer el mal mientras hacen el bien y viceversa.

Eso ya lo sabía, pero entonces recordó a Alfonso y su grupo.

Ellos son Iluminados, pero sus acciones eran más parecidas a las que tomarían los Oscuros.

Sin mencionar la actitud de Iván, la cual siempre le había parecido demasiado severa y cruel, casi maquiavélica.

Si había Iluminados capaces de actuar como Oscuros, ¿podría haber Oscuros capaces de actuar como Iluminados?

Amelia suspiró.

No entendía qué pretendía el Grifo o por qué le importaba todo esto, pero estaba claro que quería darle una lección.

Al menos, esa era la impresión que tenía Amelia.

Sin embargo, la chica peliblanca todavía necesitaba saber algo más.

Sí, es cierto que Lucía formó un vínculo cercano con Jessica, pero ¿qué tan profundo es ese vínculo y cuál es su naturaleza?

—Antes de aceptar ayudarte quiero que me digas algo —Jessica miró a Amelia, su mirada era cansada y abatida—.

¿Por qué insistes tanto?

Listo, Amelia había soltado la bomba.

Ahora dependía de Jessica responder a esta pregunta.

La pelirroja fue tomada por sorpresa y, sin esperarlo, una lágrima comenzó a rodar por su mejilla.

—Porque ella salvó mi vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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