Saga Elementos - Capítulo 68
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68: El Foro 68: El Foro Jessica observaba la web con mucho interés.
Si bien se parecía mucho a Facebook, su color dominante era el morado con letras blancas.
En la parte de arriba había varios apartados.
Miembros, Informes, Recursos, Oscuros, Chats y la foto de perfil de Amelia, la cual estaba vacía, al igual que el resto de la página.
En la barra de búsqueda había una dirección web que no tenía nada que ver con el código binario que Amelia escribió al principio: www.theelementalusers.com.
—Esto es lo que llamamos “el foro”, aunque más bien es una base de datos —comenzó a explicar Amelia—.
Toda la información de la Orden, sus miembros, investigaciones pasadas, Oscuros peligrosos y demás está disponible aquí.
—Asumo que tienen un informe de Lucía —Amelia volteó la mirada hacia Jessica y sonrió.
—Averigüémoslo.
La peliblanca hizo clic en el apartado Oscuros.
Dos segundos después, apareció una lista de nombres que parecía interminable.
En la parte de arriba, había un ícono con la forma de una lupa.
Amelia hizo clic y escribió el nombre de Lucía.
Inmediatamente después, la lista se redujo a tres nombres, pero solo uno tenía el distintivo apodo de Lucía.
Sin pensarlo demasiado, Amelia hizo clic en ese resultado y se abrió un informe con varios datos.
Entre ellos, el nombre, color de cabello, color de ojos, peso, edad aproximada y recuento de víctimas, un total de 87.
Lucía estaba catalogada como una amenaza nivel cometa medio, es decir, que solo los Cometas del sexto en adelante podrían pelear contra ella y ganar.
Sin embargo, había algo que llamó poderosamente la atención de Amelia y ese fue un detalle en el recuento de víctimas.
—Esto es… curioso —comentó la peliblanca en voz alta.
—¿Qué cosa?
—Jessica, aunque había estado prestando atención a todo lo que estaba haciendo Amelia, no entendía muy bien qué estaba sucediendo.
—Oh, bueno, este es un informe que hizo la Orden con toda la información reunida sobre Lucía.
Contiene datos sobre su apariencia, complexión, número de víctimas y su nivel de amenaza.
—Básicamente, es un informe de la CIA —bromeó Jessica, causando que una risita saliera de la boca de Amelia.
—Podría decirse que sí —respondió la peliblanca—.
Pero algo me llama la atención.
Aquí, en su recuento de víctimas, dice que solo mató a 12 Iluminados.
El resto eran civiles.
Es curioso porque matar civiles no los convierte en una amenaza nivel cometa medio, que no es poca cosa —Amelia ya se había encargado de explicarle a Jessica quiénes eran los Cometas y cuál era su función dentro de la Orden—.
Hay algo raro aquí.
Amelia se movió más abajo en el informe y halló una breve nota que decía lo siguiente.
“Casi todos los civiles asesinados por Lucía Johnson ocupan algún cargo dentro de la Iglesia (sacerdotes, curas, obispos, monjas, etc.), lo que podría señalar algún tipo de resentimiento o manía hacia las instituciones religiosas”.
Aquella nota llamó mucho la atención de ambas chicas, especialmente de Jessica.
Ella sabía de sobra que, no porque alguien fuera creyente, significaba que era una buena persona.
Ana era muchísimo más devota que la mayoría y aún así intentó matar a sus propios hijos.
Amelia siguió desplazándose hacia abajo.
Al final del informe encontró un vídeo adjunto, algo bastante habitual en estas investigaciones.
Los responsables solían subir videos al foro para compartir sus opiniones personales sobre casos sin resolver, con la esperanza de que alguien pudiera analizarlos y aportar soluciones.
En el caso de los Oscuros, estos vídeos generalmente incluían advertencias sobre el peligro que representaban.
Amelia hizo clic y el vídeo comenzó a reproducirse.
La cámara enfocaba a un hombre joven, entre sus 30 y 37 años.
De rasgos asiáticos y porte elegante.
«Es bastante apuesto», reconoció Amelia.
Desde niña siempre encontró atractivos a los asiáticos, aunque recientemente había desarrollado un gusto por las pelirrojas.
Una ventaja de ser bisexual es que podía ser versátil.
Volviendo al vídeo, la primera voz que se escuchó no fue la del hombre asiático, sino la de una mujer fuera de cámara.
—Buenas tardes.
Por favor, diga su nombre —pidió la mujer.
—Soy el doctor Liu Zheng, soy un Iluminado y psicólogo forense del FBI.
Fui contactado por la Orden para realizar el perfil psicológico de Lucía Johnson.
Habló el hombre con un tono sereno y calmado.
Le recordaba mucho a la forma de hablar del doctor Huang en la serie Law & Order: Special Victims Unit.
—Luego de analizar toda la evidencia disponible, llegué a la conclusión de que Lucía Johnson tiene mucha ira contenida, producto de un trauma ocasionado por alguna figura eclesiástica.
—¿Está diciendo que Lucía Johnson fue víctima de abuso por parte de un sacerdote?
—el tono de voz de la mujer, a pesar de ser calmado, tenía cierta burla, como si le resultara imposible creerlo.
—Sé que es difícil de creer, pero este tipo de casos han ido en aumento los últimos años —contraatacó el doctor Zheng—.
Una víctima de este tipo de abuso, que no reciba el tratamiento psicológico adecuado, puede acumular mucha ira en su interior y, si no tiene una forma saludable de lidiar con ella, buscará cualquier medio para desahogarse y lo hará con cualquier cosa que le recuerde su trauma.
Amelia pausó el vídeo.
Jessica suspiró al escuchar todo lo anterior.
Si lo que ese doctor decía era verdad, entonces explicaba muchas cosas.
Por ejemplo, la diferencia en su forma de matar Iluminados con respecto a los civiles.
Sin mencionar su aparente odio por los miembros de la Iglesia.
La peliblanca suspiró antes de voltear hacia Jessica.
—¿Qué pistas tienes?
—preguntó Amelia, causando que Jessica la observara con una ceja levantada—.
Si me pediste investigar esto, es porque tienes alguna pista, ¿no?
—Jessica sonrió.
—Martha me dijo que investigara el orfanato Sacred Heart Home y al Padre Mateo Barnes —respondió la pelirroja.
Amelia asintió y comenzó a teclear en la barra de búsqueda del foro.
Lo primero que buscó fue el orfanato.
La joven de cabello blanco no esperaba encontrar resultados en el foro, pero terminó encontrando dos.
Al hacer clic en uno de ellos, encontró un informe que detallaba toda la información que había sobre el incidente.
El orfanato Sacred Heart Home era un orfanato católico que sufrió un incendio en el año 2003.
Sin embargo, siguió operando hasta seis meses después del incendio.
La razón de su cierre fueron múltiples denuncias de abuso sexual a menores.
Denuncias que nunca llegaron a nada.
Al examinar las fotos del incendio, las chicas encontraron varias imágenes de una habitación totalmente consumida por las llamas.
No obstante, lo que más las impactó fueron las fotos de una joven.
Su cuerpo fue totalmente calcinado por el fuego y, según las anotaciones del investigador a cargo, la causa de la muerte fueron tres puñaladas del lado izquierdo del pecho, a la altura del corazón.
Al final del informe había un vídeo.
Esta vez había un hombre joven sentado frente a la cámara.
Las chicas sentían que conocían a ese hombre de algo, pero no conseguían ubicarlo.
Amelia hizo clic en el vídeo y este comenzó a reproducirse.
—Buenas tardes, por favor… —Malcolm Taylor, oficial de policía en Idaho, hago misiones para la Orden desde 1995 y estoy en medio de mi entrenamiento para entrar a la unidad de inteligencia —el hombre interrumpió a la persona detrás de la cámara.
Malcolm tomó un cigarrillo y lo encendió, lo que provocó que ambas chicas hicieran una mueca al comprender que estaban viendo a una versión joven de Malcolm.
Actualmente, Malcolm Taylor tenía 48 años, pero en este vídeo parecía tener entre 20 y 22 años como máximo.
—¿Usted estuvo presente en el orfanato luego del incendio?
—preguntó la persona detrás de la cámara.
—Sí, así es, mi supervisor y yo llegamos a la escena cinco minutos después que nos informaron sobre el cuerpo de la chica, no pudimos determinar su identidad, así que la bautizamos como Jane Doe hasta descubrir su nombre —explicó Malcolm—.
Y déjenme decirles que fue muy extraño.
—¿A qué se refiere con eso?
—Bueno, es la primera vez que un incendio desviste y apuñala a alguien —dijo Malcolm mientras expulsaba una bocanada de humo—.
La chica fue encontrada desnuda y con tres puñaladas en el pecho.
Además, tenía signos de abuso sexual que incluyen, pero no se limitan a: traumatismo en el área vaginal, himen desgarrado y marcas de mordiscos alrededor de sus senos y hombros.
Además, tenía dos costillas rotas producto de una paliza antes de la muerte.
Sin embargo, la causa oficial de la muerte fueron esas tres puñaladas que mencioné al principio.
Ahora, lo realmente extraño fue cómo inició el fuego y la razón por la que nos involucramos.
—Oficialmente, la causa del incendio fue el cortocircuito de unos cables expuestos cerca de una fuga de gas —dijo la mujer detrás de la cámara.
—Muy conveniente en mi opinión —Malcolm sacó el cigarrillo de la boca y lo sostuvo en su mano izquierda—.
Escuchen bien, mi superior y yo estamos convencidos de que ese incendio fue causado por un usuario de elemento rayo que luego escapó.
No encontramos otra explicación y el forense confirmó que Jane Doe estaba muerta antes del incendio, así que no fue ella.
Por lo tanto, había alguien más ahí —Malcolm volvió a ponerse el cigarrillo en la boca—.
Tratamos de interrogar al personal del orfanato para averiguar más, pero no conseguimos nada y, cuando intentamos obtener la lista de los niños y el personal del orfanato, el fiscal se negó a darnos una orden de cateo y nuestros superiores nos ordenaron desechar el caso.
Además, supe de buena fuente que el Vaticano reubicará al director del orfanato en Oklahoma apenas salga del hospital.
—¿Usted cree que el Vaticano está encubriendo algo?
—preguntó la entrevistadora.
Malcolm levantó una ceja en respuesta.
—No sería la primera vez —el vídeo finalizó tras esas palabras de Malcolm.
Las dos chicas estaban sin palabras por lo que acababan de escuchar.
Ambas lo sabían, pero ninguna se atrevía a decirlo en voz alta.
«Lucía estuvo en ese orfanato» era lo que pensaban las dos.
Amelia volvió a leer el informe sobre el incendio.
Tenía la costumbre de leer dos veces los informes para checar los detalles y asegurarse de no omitir ningún dato.
Haciendo esto, encontró un nombre que le llamó la atención.
—Jessica, hace un momento mencionaste un nombre… ¿Cuál era?
—preguntó Amelia.
Jessica tardó un momento en responder.
—Padre Mateo Barnes, ¿por qué?
—Amelia volteó la computadora y señaló una línea en particular.
Solo había un par de palabras, pero eran muy reveladoras: «El orfanato Sacred Heart Home era dirigido por el Padre Mateo Barnes».
Los ojos de Jessica se abrieron como platos al leer esto.
Amelia tomó la laptop y buscó el nombre en el foro.
Apareció un solo resultado.
Al abrirlo, encontró los informes de dos casos de homicidios.
Un homicidio doble y un homicidio simple.
El homicidio doble era protagonizado por el matrimonio de Lenny y María Garrett.
Había fotos de la escena del crimen.
Un hombre y una mujer, quienes parecían rondar los 32 años y tenían dos agujeros en el pecho, seguramente causados por la técnica Perforación.
Además de mencionar los nombres de las víctimas y detallar lo encontrado en la escena, no había nada relevante, excepto el letrero en el cuello de Lenny Garrett.
Colgado alrededor de su cuello había un cartel con la palabra “JUDAS” escrita en mayúsculas.
«Interesante», pensó Amelia.
Pasaron al siguiente asesinato, pero al ver la primera imagen del cuerpo del hombre, Jessica se levantó de la cama y fue corriendo al baño para vomitar todo el contenido de su estómago.
Era una vista horrible.
Un hombre, totalmente desfigurado, yacía crucificado con una herida de puñal en el pecho.
Al hombre le faltaba un brazo, tenía una mitad del rostro derretida, como una rebanada de pizza, y uno de sus ojos tenía una coloración lechosa, dejando claro que estaba totalmente ciego de ese lado.
Jessica regresó del baño con la boca mojada y sosteniendo una toalla en la mano.
Su piel estaba realmente pálida y parecía estar fría al tacto.
—¿Estás bien?
—preguntó Amelia, claramente preocupada.
—Sí, es solo que… —Jessica dejó de hablar cuando volvió a ver la foto.
Si no hubiera vomitado su desayuno hace un momento, hubiera vuelto al baño.
—No te culpo, hay que tener un estómago fuerte para aguantar estas cosas —Amelia buscaba tranquilizar a Jessica.
Comenzó a leer el informe para cambiar un poco el tema—.
Dice que el Padre Mateo Barnes fue asignado por el Vaticano a la ciudad de Altus, Oklahoma.
Fue encontrado por las monjas y acólitos la mañana del 18 de mayo del 2006.
Fue crucificado y murió por una hemorragia interna masiva.
El homicidio fue atribuido a La Tigresa del Rayo —luego, Amelia se fijó en otro detalle—.
Al igual que los homicidios de la familia Garrett, Mateo Barnes tenía un cartel en el cuello, pero este tenía las palabras «Proverbios 26:1-6» escritas con sangre.
—Recuerdo ese pasaje de la Biblia —comentó Jessica—.
Ana solía leerlo en voz alta cuando pasaba cerca de ella.
—Ya veo —Amelia suspiró y cerró su laptop para luego mirar a Jessica—.
De acuerdo, creo que está más que claro que Lucía estuvo presente en el orfanato y mató a Barnes.
—Sin mencionar el trauma hacia la Iglesia del que habló el doctor —Jessica suspiró—.
Ella nunca tuvo oportunidad —Amelia pensó un momento en esas palabras.
—Entonces… démosle una —Amelia volvió a abrir la computadora para buscar el nombre del orfanato.
—¿Qué haces?
—preguntó Jessica.
—Cuando busqué el nombre del orfanato, aparecieron dos resultados.
El primero era el informe del incidente y el segundo… —Amelia hizo clic en el segundo resultado y, cuando la página cargó, apareció una lista de diez nombres distintos—.
Es una lista de niños que crecieron ahí y que ahora pertenecen a la Orden.
Jessica estaba más que sorprendida y Amelia también.
Fue una verdadera sorpresa encontrar a diez personas que estuvieron en ese lugar.
Sí, nunca se pudo obtener la lista del orfanato y de quiénes vivieron o trabajaron ahí, pero no la necesitaban.
La Orden llevaba un registro del lugar donde encontraban a sus miembros y, si ese lugar era un orfanato católico lleno de monstruos, ¿qué culpa tiene la Orden?
Al investigar un poco los nombres, Amelia se encontró con otro golpe de suerte.
De los diez nombres en esa lista, tres estaban en la Washington D.C.
—De acuerdo, Roja, prepárate para salir —le ordenó Amelia, pero Jessica no sabía de qué hablaba Amelia.
—Pero acabo de llegar.
Sin mencionar que los Oscuros me atacaron y podrían… —Lo sé, pero acabo de descubrir que tres Iluminados crecieron en ese lugar.
Si alguien sabe qué pasaba ahí, son ellos —Amelia anotó las direcciones registradas en el foro en su teléfono—.
Y ahora que tenemos a Lucía y Martha, los Oscuros no se atreverán a atacarnos por temor a que les hagamos algo —Amelia luchaba para convencerse a sí misma—.
Además, esta vez no irás con una Desertora y su hija —la joven peliblanca tomó un cambio de ropa, una toalla y se dirigió al baño—.
Esta vez irás conmigo.
Dichas esas palabras, Amelia entró al baño, dejando a Jessica sin palabras por su actitud.
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