Saga Elementos - Capítulo 69
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69: Conspiración 69: Conspiración Amelia tardó veinte minutos en salir del baño.
Ahora vestía unos jeans azules, una blusa gris y un collar de Buda en su cuello.
Era una vista simplemente hermosa.
Amelia, sin dudas, era una chica muy bella, tanto que Jessica no pudo evitar sonrojarse ante la vista y tuvo que apartar la mirada para terminar de vestirse.
Por su lado, la pelirroja vestía como una motociclista, con pantalones grises de mezclilla, camisa roja y un chaleco de cuero negro.
Al verla, Amelia solo podía pensar en una cosa.
«Por Dios, ella es muy guapa».
—¿Nos vamos ya?
—preguntó Jessica.
—Sí, claro.
Ambas chicas salieron de su habitación y se dirigieron al elevador.
No eran capaces de mirarse a los ojos.
Mientras descendían por el ascensor, se podía sentir una gran tensión.
Los últimos días, no habían pasado mucho tiempo juntas, pero las dos eran conscientes de que había algo entre ellas, solo que ninguna quería dar el primer paso.
«Por favor, que las puertas se abran rápido».
Suplicaba Jessica en silencio.
Finalmente, el elevador se detuvo en la planta baja.
Salieron y fueron a la recepción.
Cuando Constance vio a las chicas, casi salta de su asiento.
«¿A dónde van esas dos?», se preguntaba la mujer.
Dejó su asiento en el escritorio y fue a interceptarlas.
—Oigan —las llamó Constance—.
¿Se puede saber a dónde van?
—Amelia suspiró, ya esperaba algo así.
—Tenemos algo que investigar —contestó Amelia.
—Pues tendrán que hacerlo desde aquí.
Los Oscuros están muy activos ahora y, si cualquiera de las dos sale, especialmente tú, podrían terminar muertas —Constance señaló a Jessica mientras hablaba.
—Lo entiendo, pero es muy importante.
La información que estamos buscando es… —No importa.
Las dos se quedan y punto final.
Amelia suspiró y dedicó una mirada de disculpa a Jessica.
De verdad quería ayudarla, pero no iba a discutir con Constance cuando tenía un buen argumento.
Sí, es cierto que nada le impedía irse sin decir nada, pero no quería imponerse o parecer una adolescente malcriada.
Se consideraba a sí misma un poco rebelde; después de todo, había roto muchas reglas perdonando a los Simons y permitiéndoles trabajar con ella.
Sin embargo, no era como esos chicos malcriados que le levantaban la mano a cualquiera que les llevaran la contraria.
—¿Qué está pasando aquí?
Todos voltearon al escuchar esa voz familiar; era Steve, quien había terminado con sus interrogatorios a los cuatro prisioneros que tenían en custodia.
Su semblante era el de un hombre cansado y abatido, pero no parecía ser por fatiga, sino por estrés.
—Amelia quiere salir con Jessica —habló Constance, delatando a Amelia sin pensarlo dos veces.
La joven peliblanca apretó los dientes con molestia—.
Dicen que necesitan obtener información para algo importante, pero con la situación actual… —Steve entrecerró los ojos con intriga, tenía un brillo particular en sus ojos y parecía estar analizando la situación.
—Chicas, vengan conmigo, por favor.
Amelia suspiró, obviamente molesta porque ahora iba a recibir una reprimenda, pero lo que más le molestaba es que había arrastrado a Jessica consigo.
«Bien hecho, Green», se regañó a sí misma.
Steve las llevó a un cuarto aislado y cerró la puerta cuando Jessica entró.
—Anciano, si estás pasando por la crisis de la mediana edad, puedes buscarte a una prostituta para satisfacer tus necesidades —Jessica se alejó de Steve y se puso en guardia, encendiendo sus puños en fuego a modo de advertencia.
El hombre hizo una mueca.
—Graciosa —comentó Steve antes de cruzarse de brazos y mirarlas—.
¿Qué pretendes, Amelia?
Nunca pensé que romperías tantas reglas.
El amor es algo muy hermoso, pero no puedes dejar que te ciegue —Amelia decidió responder antes de que su rostro se convirtiera en un tomate.
—Tengo información sobre Lucía Johnson.
El foro tenía casi todo lo necesario, pero todavía hay detalles que nos gustaría revisar —el rostro de Steve cambió al instante.
—¿Estás investigando su pasado?
—Steve soltó un par de risas—.
¿Acaso perdiste la razón?
Es una asesina.
—¡Una asesina que no tuvo opción!
—protestó Jessica.
—Siempre hay opciones.
—No cuando prácticamente toda la sociedad está en tu contra —intervino Amelia antes de que Steve le diera un interrogatorio brutal a Jessica.
—Chicas, Lucía Johnson mató a 87 personas.
Casi todas sus víctimas eran de los nuestros.
—En realidad, de sus 87 víctimas, solo 12 eran Iluminados.
Todos los demás eran civiles —aclaró Amelia.
—¿Y eso la hace menos culpable?
—No, pero si consideras su pasado, te das cuenta de que todas sus víctimas eran un recordatorio constante de su trauma —Steve levantó una ceja.
—¿Sabes cuántos asesinos se justifican en sus traumas?
—¿Y cuántos fueron violados por sacerdotes?
—la cara de Steve cambió al instante al escuchar el contraataque de Jessica.
—¿Qué?
Al igual que una buena parte de las personas en el mundo, Steve era cristiano y no era ajeno a los abusos que muchos sacerdotes cometían hacia los niños.
No obstante, a pesar de eso, sus valores morales le decían que Lucía Johnson era una mujer incorregible.
Sin embargo, lo que había descubierto recientemente dejaba claro que necesitaban toda la ayuda posible.
Se frotó los ojos antes de responder.
—Aunque eso sea cierto, ella tuvo muchas oportunidades para hacer lo correcto.
Pudo elegir no matar a nadie, pero se unió a los Oscuros y masacró a 87 personas.
—Quizás no tuvo elección —Jessica solo podía ver a Amelia como una abogada profesional—.
Yo solo era una bebé cuando mi madre cruzó el túnel y me entregó a Bruno.
La Orden me crió y entrenó para, básicamente, ser una asesina en serie.
—Bueno, sí… pero eso es diferente —estaba claro que Steve luchaba para refutar los argumentos de Amelia—.
La Orden te crió en un ambiente saludable.
Sabes diferenciar entre el bien y el mal, y no matarías a nadie si no fuera absolutamente necesario.
—¿Qué hay de mí?
—preguntó Jessica—.
Yo crecí en el peor lugar posible.
Mi madre me golpeaba, no me alimentaba y me llamaba “Demonio Asqueroso”.
—Y eso prueba mi punto, tú no te volviste una asesina a pesar de todo.
—Cierto, pero si no hubiera conocido a Lucía, la historia podría ser muy diferente —esas palabras hicieron retroceder a Steve.
Jessica suspiró antes de hablar—.
Intenté suicidarme a los 10 años… ya no aguantaba más la situación… el dolor era insoportable y pensé que quizás estaría mejor muerta.
Si Lucía no hubiera aparecido esa noche, probablemente hubiera cometido una locura.
—Y esa es otra cosa que me llama la atención —Amelia tomó la palabra—.
Entiendo que los primeros años no estuviera segura, pero Lucía estuvo con Jessica por seis años, tiempo suficiente para confirmar que era la elemental de fuego, y aun así no la mató, ni la entregó a los Oscuros.
Todo lo contrario, le dio apoyo, comprensión y un lugar en el cual refugiarse de su madre —la peliblanca suspiró—.
Sé que me puedo meter en serios problemas por actuar a su favor, pero… hay algo que no encaja en todo esto y, cuanto más lo pienso, más creo que esa mujer merece una oportunidad.
—¿Por qué?
—preguntó Steve con tono severo.
Amelia suspiró.
—Porque nunca la tuvo —una respuesta simple, pero directa y sincera que causó que Steve suspirara.
Amelia genuinamente creía que Lucía merecía redimirse.
No le gustaba la idea, pero tampoco podía darse el lujo de ser exigente.
Ahora mismo tenían un problema mayor entre manos.
—De acuerdo, vayan —ambas chicas miraron a Steve sin poder creerlo—.
No se ilusionen mucho.
Si les permito ir es porque tengo problemas más grandes con los que lidiar —Amelia notó la preocupación en la voz del hombre.
—¿De qué hablas?
—Steve suspiró.
—Los dos hombres que estaban con Lucía y Martha dicen ser miembros de la Orden —la expresión de sorpresa de Amelia no se hizo esperar—.
Sí, tampoco podía creerlo, pero dieron detalles muy específicos sobre la Orden.
—¿Por ejemplo?
—presionó Jessica.
—Ambos sabían la ubicación exacta de la ciudad —Amelia se mostró aún más sorprendida si cabe—.
También conocían las ubicaciones exactas de los túneles de emergencia, conocen los códigos de identificación y los nombres de varios pueblos, todos bajo la protección de la Orden.
—¿Cómo es posible?
—Dijeron ser espías, miembros de un programa de espionaje —fue ahí que Amelia comenzó a reír.
—Eso es imposible, la Orden no tiene espías —Jessica hizo una mueca.
—Bueno, creo que el punto de un programa de espionaje es que nadie sepa de su existencia.
—En cualquier caso, sospecho que podemos tener una Estrella Caída —Amelia sintió como la sangre de todo su cuerpo se congelaba.
«Estrella Caída» es el código usado por la Orden para referirse a una de sus peores emergencias: Un miembro del Concejo de las 5 Estrellas que ha traicionado a los Iluminados.
Sabiendo que las Estrellas son los usuarios más fuertes de cada elemento, solo por debajo de los Elementales, entonces tener a uno de ellos como enemigo es una sentencia de muerte asegurada.
Solo un elemental bien entrenado, varios usuarios poderosos u otro miembro de las Estrellas podrían enfrentar a alguien así.
Amelia recuperó la compostura.
—¿Tienes idea de quién puede ser?
—preguntó con un nudo en la garganta.
Steve se llevó las manos a la cintura, miró al piso con especial interés mientras suspiraba—.
¡Steve!
¿Quién es?
—Amelia insistió con urgencia y miedo.
—No tengo pruebas, pero solo hay una persona que ganaría algo poniendo espías dentro de La Orden de las Sombras —Amelia abrió los ojos como platos, sintió que estaba a punto de caer al piso.
—No… —Sí —reafirmó Steve—.
El único que ganaría algo con todo esto, y aquel que tiene todos los recursos para esconder un programa de espías, es quien se encarga de manejar toda la información que llega al templo: La Estrella del Aire, Iván.
Amelia suspiró, tratando de controlarse.
No quería perder el control frente a Jessica.
Ella ya presentía que Steve le diría eso; era lo más lógico.
Solo Iván tenía el poder para hacer esto, pero Amelia no entendía nada.
Sí, es obvio que un programa de espionaje debe ser ultrasecreto, pero la Orden tampoco soltaba toda la información disponible a cada uno de sus miembros.
Los ciudadanos comunes, es decir, aquellos que preferían quedarse en la ciudad haciendo vida normal, no tenían acceso al Foro o a la información disponible en el templo.
Solo aquellos miembros que hacían misiones alrededor del mundo podían acceder a dichos registros, entre ellos, archivos altamente secretos de la Orden.
Por lo tanto, si hubiera un programa de espías, toda la información relevante debería estar en el Foro, disponible para cualquier Iluminado en una misión.
Si la información no estaba ahí, quiere decir que, o no es algo oficial o no existe.
Mientras Amelia luchaba por tranquilizarse, Jessica lanzó una pregunta.
—¿Qué tiene que ver Lucía con todo esto?
—preguntó—.
Ustedes tienen razones de sobra para odiarla y desconfiar de ella, pero está claro que no es una espía ni nada parecido, entonces… —“¿Por qué el interés en ella?” —Steve adivinó la pregunta de Jessica inmediatamente—.
Bueno, Jessica, Estrella Caída significa que uno de nuestros jefes se pasó al bando contrario, lo que lo vuelve peligroso porque, hasta que alguien se dé cuenta, puede dar órdenes a cualquiera que esté bajo su mando, como… —Como Alfonso —sentenció Amelia.
—Sí, Elizabeth me llamó hace una hora para informarme que el maldito tomó un autobús para llegar a la capital.
—¡¿Está aquí?!
—Steve asintió con la cabeza—.
¿Por qué hasta ahora nos estamos enterando?
—Hay muy pocos Iluminados en Missouri, Elizabeth tardó mucho en investigar lo que pasó —explicó Steve.
La expresión de Amelia cambió; ahora ya entendía mejor lo que pretendía este hombre.
—Ahora entiendo —dijo mientras se cruzaba de brazos—.
—¿Quieres que Lucía y Martha se unan a nosotros para mayor seguridad?
—el hombre asintió.
—No podemos pedir que vengan los Cometas porque alertaríamos a Iván, pero si esas dos se pasan a nuestro lado, la situación cambia.
Ambas están al nivel de un Cometa, por lo que podrían ayudar contra Cerbero y sus Tres Cabezas.
—¿Él también está involucrado?
—preguntó Amelia.
No hubo respuesta del hombre—.
De acuerdo.
—Miren, esto no me gusta y, si pudiera, pediría refuerzos al templo, pero como no sé en quién confiar, tendré que improvisar —Steve abrió la puerta—.
Vayan a investigar lo que necesitan, regresen cuando tengan todo lo necesario para ayudar a Lucía y recemos para que quiera ayudarnos luego de confrontarla.
Ambas chicas salieron de la habitación con dirección a la salida, pero Amelia se detuvo en la recepción un momento.
Estaba claro que quería decir algo, pero las palabras se quedaban atoradas en su garganta.
—Jessica, escucha… lo de hace rato.
—Tranquila, también estoy nerviosa —Amelia asintió, de acuerdo con la pelirroja.
—¿Puedes esperar unos minutos?
Es que tengo que llamar a alguien.
—Claro, de todas formas necesito hablar con mi hermano sobre algo.
—Nos vemos aquí en media hora.
Las dos se separaron y Amelia volvió a su habitación para realizar la llamada.
Necesitaba un lugar privado y su cuarto de hotel era el único sitio donde tenía privacidad en ese momento.
Sacó su teléfono y marcó el número para una videollamada con la única persona en la que podía confiar.
La línea no tardó en abrirse.
—¿Hola?
—habló un anciano de ascendencia hispana.
Aparentaba unos setenta y dos años de edad, pero en realidad era mucho mayor.
—Hola, abuelo Bruno —habló Amelia—.
Necesito tu ayuda.
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