Saga Elementos - Capítulo 70
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
70: Nada ha cambiado 70: Nada ha cambiado —Abuelo Bruno.
Necesito tu ayuda.
Amelia había llamado a Bruno Rogers, la estrella del fuego, y sí, le había dicho “abuelo Bruno”.
El hombre no solo era el abuelo de Eve, su mejor amiga; también era lo más cercano a un padre que Amelia tenía en su vida.
Luego de cumplir seis años, Bruno y su esposa, Selma, la acogieron en su hogar.
Formar un vínculo profundo solo fue cuestión de tiempo.
Si había alguien en quien Amelia confiaba con su vida, además de Max y Evelyn, era Bruno.
Sin embargo, la paciencia del hombre siempre era puesta a prueba con estos niños.
Primero su nieta Evelyn, quien no podía controlar su lengua y decía obscenidades cada vez que se emocionaba más de la cuenta.
Y luego estaba Amelia, que lo llamaba a las 11:45 PM.
Inmediatamente, puso una mirada severa y molesta mientras se levantaba de la cama rascándose los ojos.
—Amelia, es casi medianoche aquí, será mejor que tengas una buena… —Bruno se cayó al ver la mirada asustada de la joven.
Suspiró mientras se sentaba en la cocina de su casa—.
¿Qué pasa?
—¿Abuelo, eres fiel a la Orden?
—Bruno endureció la mirada, claramente ofendido.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Bruno, además de ofendido, estaba muy molesto—.
Llevo 52 años sirviéndole a la Orden y daría mi vida por nuestra gente sin pensarlo —Amelia tomó aire antes de continuar.
—Hay un traidor entre las Estrellas —el rostro de Bruno se puso feo—.
Creo que podría ser Iván.
—¿Qué pruebas tienes para decir eso?
—preguntó el hombre con seriedad.
—Tenemos a dos hombres que dicen formar parte del programa de espionaje de la Orden —Bruno hizo una mueca.
—La Orden no tiene un programa de espionaje.
—Lo mismo pensé yo, pero estos tipos tienen información que solo un miembro de la Orden sabría —Bruno frunció el ceño.
—¿Conocen la ubicación de la ciudad?
—Amelia asintió, se la veía muy nerviosa.
Fue ahí que Bruno entendió que esto no era una broma—.
¿Conocían los códigos, las ubicaciones de los túneles?
—Amelia asintió a todas las preguntas—.
¿Quién más sabe de esto?
—Steve es el único que sabe, aparte de mí y la elemental de fuego —Bruno suspiró.
—De acuerdo —Bruno se veía agitado—.
No le digas a nadie más.
Yo investigaré… en silencio.
—Gracias, abuelo Bruno —el viejo sonrió.
—Cuando quieras, hija.
La llamada se cortó y Amelia suspiró cansada.
Toda esta situación era demasiado surrealista y estaba a punto de ponerse peor.
Amelia sintió una presencia acercarse a su cuarto; era Steve.
No tardó en escuchar cómo tocaban a su puerta.
—Pasa, Steve —le dijo.
—Oye, tu percepción está mejorando —reconoció el hombre mientras entraba al cuarto.
—Por favor, dime que tienes buenas noticias —Steve agachó la mirada.
—Elizabeth llamó —dijo Steve—.
Localizaron a Alfonso —Amelia suspiró aliviada.
—¡Al fin!
¡Buenas noticias!
—festejó la chica—.
¿Y bien?
¿Dónde está ese idiota?
—Steve mantuvo su mirada seria.
—Está en la ciudad —Amelia tuvo que sentarse en la cama para evitar caerse.
De todas las personas por las que debía preocuparse, Alfonso estaba casi en la cima.
La última vez que se encontraron, Alfonso intentó asesinar a Jessica y a toda la familia Simons.
Por suerte, Matthew lo obligó a huir tras apuñalarlo en el hombro.
Sí, Alfonso era más débil que Matthew, pero aun así se las arregló para dislocarle un codo durante su pelea.
Con ese contexto, Amelia solamente tenía una pregunta.
—¿Por qué Elizabeth no llamó antes?
—Amelia, hasta hace un mes, Missouri no era un lugar importante para nadie.
Ahora que todos se enteraron de que Jessica vivía ahí, los Oscuros han estado más activos que antes.
Elizabeth y Malcolm apenas pueden contener la situación.
Tuvieron que pedir refuerzos a Illinois, Kentucky, Tennessee, Arkansas, Iowa y Kansas —Amelia se rascó los ojos.
—Tal parece que alborotamos el avispero, ¿eh?
—se animó a bromear.
—Elizabeth apenas logró localizar a Alfonso ayer.
Subió a un autobús el mismo día que ustedes partieron —Amelia chasqueó la lengua con rabia.
Steve sintió cómo la temperatura de la habitación bajaba mucho y el aire se hacía cada vez más denso.
El gerente del Monumental Palace fue hasta la ventana para abrirla antes de que todo el oxígeno desapareciera.
—Si le quitas el oxígeno a los demás, te haré lavar todos los pisos del hotel con un cepillo de dientes —al escuchar la advertencia de Steve, Amelia se tranquilizó—.
Cálmate un poco y asegúrate de estar lo más cerca posible de los hoteles de la Orden.
Si algo sucede, tendrán refuerzos disponibles.
***** Jessica bajó al subnivel 4 y buscó a su hermano; no tardó mucho en encontrarlo.
Estaba en medio de una sesión de combate con su maestro Raymond Kue.
Empuñaba dos espadas de madera y trataba de golpear a Kue, quien lo bloqueaba con una vara bastante larga, la cual giraba con maestría y velocidad.
Lo siguiente que Jessica vio fue cómo Jordan era derribado luego de un barrido a sus piernas.
—Cuida tus pies, muchacho —aconsejó Raymond antes de fijar su mirada en Jessica—.
¿Puedo ayudarte, jovencita?
—Jordan levantó la vista para encontrarse con su hermana.
—Oh, hola —Jordan se levantó con agilidad.
—Hola, hermano —saludó la chica antes de mirar a Raymond—.
¿Le importa si le robo a mi hermano un rato?
—Seguro, de todas formas estaba por darle un descanso —Jordan entregó sus espadas a su maestro.
—¿Qué sucede, hermanita?
—Jessica se veía muy nerviosa.
—¿Podemos hablar… en privado?
—Jordan levantó una ceja y soltó una risa nerviosa.
—Sí, seguro —Jordan comenzó a preocuparse un poco y se notó en su tono.
Jessica llevó a su hermano a la azotea del hotel.
Quería un lugar apartado donde nadie más pudiera escucharlos hablar.
No porque se avergonzara, solo no quería que nadie más escuchase su conversación.
Era un tema muy sensible para Jessica y no sabía cómo lo iba a tomar Jordan una vez se lo dijera.
Por su lado, Jordan se estaba poniendo cada vez más nervioso.
No sabía de qué quería hablar Jessica, pero hace tiempo había decidido escucharla en todo lo que necesitara.
Al llegar a la azotea, la joven tomó una postura cohibida, abrazándose el pecho con nerviosismo y mirando al suelo.
—De acuerdo, ¿de qué querías hablar o solo quieres lanzarme desde la azotea sin testigos?
—Jessica soltó algunas risas.
Al poco tiempo, ambos estaban riendo—.
¿Qué sucede?
—Jessica suspiró al escuchar el tono suave de su hermano.
—¿Recuerdas a la familia Michaels?
—Jordan cerró los ojos y pensó un momento.
El nombre le sonaba familiar.
—Sí, se mudaron al vecindario hace 4 años.
Recuerdo que eras muy cercana a la niña… ¿Cómo se llamaba?
—Emma, su nombre era Emma Michaels —Jordan notó la sonrisa nostálgica en el rostro de Jessica.
—Cierto, ustedes eran muy cercanas, ¿no?
Estuviste deprimida dos semanas luego de que se fueran.
—Sí, se mudaron muy rápido y no pudimos seguir en contacto —la voz de Jessica tenía un aire nostálgico y algo triste.
Jordan decidió presionarla un poco.
—Apuesto que no me citaste aquí solo para hablar de eso, ¿qué sucede?
—Jessica suspiró con cansancio.
—Emma y yo no éramos solo amigas, ¿sabes?
—dijo la pelirroja, a lo que Jordan levantó una ceja—.
Éramos más.
—¿Qué quieres decir?
—el muchacho estaba cada vez más confundido—.
La única forma de que fueran más que amigas es… —la realidad golpeó a Jordan como un balde de agua fría—.
¿Ustedes…?
—Emma era mi novia.
Jordan tuvo que sentarse un momento para procesar lo que acababa de escuchar, todo mientras Jessica lo miraba con cierto temor y algo de resignación.
Ella no sabía cómo iba a reaccionar Jordan, pero tampoco iba a esconderse.
Ese siempre había sido su estilo: Directa y sin rodeos, no importándole el temor o las consecuencias.
Por otro lado, Jordan estaba sin habla.
En su vida hubiera imaginado que Jessica tuviera ese tipo de preferencias.
En la mente de Jordan, su hermana solo era una chica muy masculina y ya.
Jamás se imaginó esto.
Sí, tal vez la tendencia de Jessica por mantener su cabello corto y vestirse como un chico fuera una pista de sus preferencias, pero Jordan jamás se dejaba llevar por estereotipos.
Al levantar la mirada, Jordan encontró una mirada temerosa de parte de Jessica.
La chica estaba asustada por su reacción.
El muchacho lo entendía perfectamente.
Ana le había inculcado a él, y a sus hermanos, que cualquier persona que sintiera atracción por alguien de su mismo sexo era un monstruo, un engendro del Diablo que merecía morir de la forma más dolorosa posible.
Durante algún tiempo, Jordan creyó esto.
Su madre se había asegurado de hacerle saber cuál era su opinión respecto a los “sodomitas”, como ella los llamaba.
Hubiera seguido así si no hubiera conocido a Amy y su grupo de amigos, quienes le enseñaron lo que era la tolerancia, algo en lo que Ana falló.
Sin embargo, Jessica no sabía esto y estaba claramente nerviosa por cómo pudiera reaccionar tras descubrir su orientación sexual.
—Vale, eso sí que no lo esperaba —Jordan habló finalmente.
La joven sonrió sin ganas.
—¿En serio no sospechaste nada?
Digo, lo primero que la gente me pregunta, luego de descubrir que soy una chica, es si me gustan las mujeres.
—No me gustan los estereotipos —alegó el muchacho—.
No te mentiré, la idea cruzó mi mente un par de veces, pero no quería preguntarte.
—¿Estás molesto?
—el tono de Jessica parecía suplicante, como si le estuviera diciendo a Jordan “Por favor, no te enojes”.
El joven suspiró.
—Solo estoy sorprendido, es todo.
Jordan dio unas palmaditas a su lado para que Jessica se sentara con él.
La joven, aunque asustada, se sentó a su lado.
Sin pensarlo mucho, Jordan la rodeó con el brazo y la atrajo hacia él en un abrazo cálido.
Le besó la cabeza con ternura antes de hablar.
—Tranquila, no estoy molesto, ¿por qué lo estaría?
Eres mi hermana y la única familia que me queda.
Sería estúpido perderte por algo tan insignificante como eso, ¿no crees?
—Cállate, no te pongas cursi —a pesar de sus palabras, Jessica se derritió en los brazos de Jordan.
Se sentía a salvo a su lado.
—Gracias por decírmelo, Jessica —tal vez fuera la sensación de vulnerabilidad que sentía en ese momento, o quizás fuera otra cosa, pero Jessica se sentía lo suficientemente segura como para decir algo más.
—Hay alguien que me gusta —soltó la joven—.
No creo en esas tonterías de «amor a primera vista», pero desde que la conocí siento que ella es diferente de otras chicas.
—¿Es Amelia?
—aventuró el muchacho.
La única respuesta de Jessica fue asentir con la cabeza, para después esconder la cara en el hombro de su hermano.
A Jordan le pareció que se veía como una niña y eso era bastante adorable.
—No sé cómo o por qué, pero cada vez que está cerca siento que me vuelvo loca.
—Conozco el sentimiento —admitió el muchacho.
Cuando se enamoró de Amy sintió algo muy parecido—.
¿Y qué harás ahora?
—Jessica finalmente se separó del abrazo de su hermano.
—Tenemos que salir dentro de un rato, así que… supongo que pasaré tiempo con ella y veré si tengo oportunidad —fue ahí que Jordan se percató de algo.
Lo último que el muchacho supo es que Jessica, Amy y Laura habían salido a correr hace tres horas.
El plan era correr unos cuantos kilómetros hasta un parque calle arriba y luego regresar al hotel para continuar entrenando.
Sin embargo, Jessica tenía un aroma muy agradable.
Su cabello olía a limón y lavanda.
No era el olor que uno esperaría de alguien que corrió seis kilómetros en un día, por no hablar de que estaba usando una ropa diferente a la que tenía en la mañana.
Algo estaba pasando.
—¿A dónde irán?
—Jessica lo miró a los ojos y sonrió con cansancio—.
No quieres decírmelo ahora, ¿verdad?
—Te lo diré cuando vuelva.
Lo prometo —la joven se levantó—.
Gracias por escuchar, hermano —Jordan sonrió.
—Cuando quieras.
Ambos bajaron de la azotea rumbo a la planta baja.
Jordan debía volver al entrenamiento y Jessica tenía que reunirse con Amelia para buscar encontrar la información que faltaba del pasado de Lucía.
Le hubiera encantado decirle a Jordan lo que planeaba hacer, pero no estaba segura de cómo lo tomaría, por eso prefirió esperar para contarle los detalles.
Tenía pensado hacerlo en la noche.
Pese a estar preocupada por eso, en realidad Jessica se sentía extrañamente ligera, como si se hubiera deshecho de un enorme peso de sus hombros.
No pudo evitar sonreír.
Se reunió con Amelia en el vestíbulo.
Se la veía preocupada por algo, pero estaba lista para salir.
Así que, sin más demora, ambas salieron del hotel rumbo a la casa de la primera persona en la lista: Abel Clark.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com