Saga Elementos - Capítulo 73
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Capítulo 73: Ghali Thompson
¿Cómo describir la situación que se desarrolla ante Jessica y Amelia en una palabra? Bueno, “incómodo” sería un buen comienzo. Ambas chicas estaban sentadas en la sala del penthouse. Frente a ellas estaba Ghali Thompson y su tercera esposa, Kamra. Mientras Maryam y Zahira estaban en la cocina preparando té para todos. En el centro, separando a las chicas de Ghali, había una mesa de centro con 11 portavasos, uno para cada persona en el hogar.
Había un silencio incómodo en el lugar, el cual se estaba volviendo insoportable.
-—Vale, creo que debemos empezar con las preguntas —Amelia finalmente se animó a hablar.
—Primero díganme por qué están aquí —pidió Ghali para luego levantar una ceja con una sonrisa burlona—. Una novata, ¿eh? —Amelia rio nerviosamente.
—Bueno, es una larga historia, pero…
—Queremos saber sobre el orfanato Sacred Heart Home —intervino Jessica al ver que Amelia estaba titubeando—. Perdón, pero parecías necesitar ayuda —Kamra no pudo evitar reír, pero la mirada de Ghali se oscureció.
—Ya me caíste bien, niña —comentó Kamra.
—Me hubiera gustado no volver a escuchar el nombre de ese lugar —el comentario de Ghali llamó la atención de Kamra.
—¿Ghali? —el hombre suspiró.
—¿Qué quieren saber? —preguntó el hombre, ignorando a su esposa.
—Todo —esa sola palabra fue suficiente para alterar a Ghali.
—No volveré a pasar por esto. Por favor, váyanse —el labio inferior de Ghali estaba temblando, su mirada fija en el suelo.
—Señor Thompson, nosotras no queremos…
—Ya es tiempo de que se vayan —Kamra intervino para sacar a ambas chicas de su hogar.
—Por favor, señor Thompson —pidió Jessica—. Necesitamos su ayuda, es importante.
—No puedo —Ghali se levantó del sillón y miró por la ventana—. Ustedes no tienen idea de lo que sucedía ahí.
—Sabemos de las violaciones que organizaba el Padre Barnes —Ghali se giró para ver a Amelia—. ¿Usted fue una de sus víctimas? —Ghali asintió lentamente.
—¿Por qué quieren saberlo? —Amelia suspiró.
—Estamos… armando un caso —Kamra miró a Amelia con incredulidad.
—¿Quieren meter a un Oscuro al programa de rehabilitación? —la mujer de hijab rojo no podía creerlo.
—¿Qué tiene que ver eso conmigo? —preguntó Ghali.
—Ese Oscuro estuvo en el orfanato, ¿verdad? —la pregunta de Maryam llamó la atención de todos; ella y Zahira volvieron con una jarra de té para todos.
—Creemos que sí y que sufrió de los abusos de Mateo Barnes y sus seguidores.
—Y necesitan el testimonio de las víctimas para hacer el caso más sólido —concluyó Zahira.
—¿Por qué les importa tanto? —La pregunta de Kamra hizo que Jessica la mirara con cansancio. ¿Era tan difícil creer que quería ayudar a Lucía? La joven estaba harta de responder la misma pregunta una y otra vez.
—Porque la mujer por la que estamos haciendo esto me salvó la vida y no quiero que la ejecuten sin tratar de salvarla —Zahira volvió a la cocina al ver que Jessica estaba alterada, no porque se sintiera incómoda, más bien porque debía buscar algo importante—. ¿Es tan difícil creer que solo quiero ayudar a una persona que me salvó? Esa mujer fue lo más cercano que tuve a una verdadera madre en toda mi vida y…
Jessica dejó de hablar al sentir el agua que caía sobre su cabeza. Se giró buscando quién había sido y encontró a Zahira con una jarra de agua en una mano y la otra extendida hacia ella. Zahira era una usuaria del elemento agua y había usado su poder para tirarle agua encima.
—Lo lamento, pero tu cabello estaba en llamas y no quería que la alarma se activara —Jessica miró su reflejo en la ventana y encontró que salía humo de su cabeza.
—Perdón, todavía no controlo bien mis poderes —Jessica se disculpó avergonzada.
—Descuida, pero creo que mejor voy por más agua —Zahira se retiró a la cocina para volver a llenar la jarra.
—¿Cómo se llama? —preguntó Ghali. Su tono era compasivo y amable. Se lo notaba un poco más calmado.
—Lucía Johnson —el rostro de Kamra enrojeció de rabia al escuchar ese nombre.
—¡Esa mujer es un monstruo! —exclamó con rabia—. Si está con ustedes, su único castigo será la ejecución por todo lo que ha hecho —la cabeza de Jessica comenzó a humear.
—¡Kamra! —Maryam intervino al ver la reacción de Jessica; estaba claro que Kamra se estaba pasando de la raya. Además, lo último que necesitaban era una pelea entre Jessica y Kamra. Ambas eran usuarias de elemento fuego y, aunque Kamra no era muy fuerte, podía dirigir las llamas con mucha precisión.
—¡Por favor, Maryam! Todos en esta habitación saben bien que esa mujer merece la muerte.
—Señora, por favor, cállese —pidió Jessica mientras luchaba por contener su creciente furia, pero su cabello y puños se encendieron en llamas, traicionando su intención. Era la primera vez que Amelia la veía así.
—Perdón, niña, pero es la verdad.
—¡Kamra, basta! —esta vez fue Ghali quien levantó la voz. Kamra miró a su esposo confundida. La mirada en su rostro lo decía todo: “¿En qué estás pensando?”. Ghali ignoró la mirada acusadora de Kamra—. Esperen aquí, por favor.
Ghali salió de la sala y se fue corriendo a su estudio. Recogió una vieja foto de su escritorio. La había estado guardando por 20 años, siempre mirándola con nostalgia y dolor. El grupo de niños en esa foto se había separado por completo. Algunos habían encontrado a buenas familias, pero otros no pudieron funcionar en la sociedad. Cuando Ghali volvió con el grupo, pudo notar que Amelia hacía un esfuerzo por calmar a Jessica, manteniéndose a su lado y sujetando su mano. Para cualquiera podría parecer un gesto inofensivo, solo una amiga consolando a otra, pero Ghali no sabía lo que había sucedido en el autobús y que este gesto era mucho más significativo de lo que pensaba en un principio.
—Niñas, por favor, miren esta foto y díganme si alguno de estos rostros les parece conocido —Ghali les enseñó la foto a Jessica y Amelia.
La imagen era antigua, probablemente tomada a principios de los 2000. Sin embargo, era muy clara y se podían distinguir los rostros de todos. Fue fácil identificar a Mateo Barnes; solo había que mirar la mitad izquierda de su rostro. Claramente, era el hombre que más adelante tendría la cara derretida y desfigurada, pero que, en esta foto, se lo veía sonriente y feliz. «Así que ese era Mateo Barnes», pensó Amelia. Mientras lo veía, solo podía sentir asco y repulsión. Decidida a no ver el rostro de ese demonio en la Tierra, la joven pasó su vista a los niños parados frente a Barnes mientras sonreían.
No tardó mucho en encontrar a una joven rubia que no parecía tener más de 15 años. Esta chica era idéntica a Lucía y Jessica también lo notó. Amelia tomó la foto del marco y procedió a señalar a la chica con su dedo.
—Ella es Lucía Johnson —Ghali tomó la foto con una mirada abatida.
—Justo como pensé —de repente, los cables en el cerebro de Jessica soltaron chispas.
—Usted… la conoció —Ghali suspiró y se sentó frente a ellas.
—El orfanato era un lugar… peculiar. Todos recibíamos tutorías adicionales luego de las lecciones escolares normales, pero no tenían nada que ver con manualidades, literatura, historia o matemáticas. Eran más como… lecciones sobre cómo actuar de acuerdo a nuestro género. Niños por un lado y niñas por el otro. Al principio eran cosas simples, pero anticuadas, como que el hombre era quien debía trabajar para mantener el hogar y que las mujeres debían obedecernos sumisamente. Citaban varios pasajes de la Biblia para justificar cada una de sus lecciones —Ghali se tomó un momento antes de continuar—. A medida que los años pasaban, las cosas iban escalando al punto en el que llegaron a decir que las mujeres no podían ser violadas, calificando los abusos como actos desesperados de hombres que cayeron en las tentaciones de una cualquiera y que las “golfas”, como llamaban a las víctimas, estaban obligadas a casarse con sus violadores y servirles en matrimonio —Jessica tenía una expresión de asco, al igual que Amelia.
—Desde que vi su expediente supe que a Barnes le faltaba un tornillo, pero no sabía que le faltaba la caja completa —comentó Amelia con sarcasmo e ironía que no ocultaban su indignación—. ¿Qué sigue? ¿Las mujeres que desobedecen a sus maridos merecen que las golpeen y las niñas pueden casarse con un adulto?
—Esas eran las lecciones que nos daban a los 12 años —comentó Ghali, causando que Amelia se frotara los ojos para mitigar el estrés.
—Hablamos con un antiguo miembro de la Orden, un Desertor que se fue en buenos términos. Nos dijo que, si descubrían tendencias homosexuales en los niños, estos eran violados para “corregirlos”. ¿Sabe usted si eso es verdad? —Amelia decidió ir al grano. No quería seguir escuchando la porquería que enseñaban en ese lugar.
—Niñas, yo fui una de esas víctimas —la expresión en el rostro de Ghali dejaba claro que no era una broma.
Jessica y Amelia no podían creerlo. Estaban totalmente seguras de que Barnes y su gente solo abusaban de aquellos que fueran homosexuales, o sospechaban que lo fueran. Sin embargo, Ghali no parecía ser gay. El tipo era alto, midiendo 182 centímetros, era musculoso y con una barba de candado frondosa. Además, ¡tenía tres esposas! Un hombre que tenga tres esposas es todo menos gay, pero aún así Barnes lo violó.
Esto abría tres posibilidades. Uno: Barnes y su gente se equivocaron. Tal vez vieron a Ghali como un muchacho “afeminado”. Con lo anticuado y retrógrado que era el personal del lugar, era posible que un solo rastro de delicadeza en los varones fuera suficiente para que Barnes lo considerase homosexual y merecedor de su “terapia”. Tal vez Ghali era un muchacho que se preocupaba por su apariencia física o hablaba con más suavidad que el resto de los chicos de su edad. Incluso mostrar interés en algo tan simple como cantar o cocinar podría haber hecho que lo vean como un homosexual y por eso lo escogieron.
Dos: La tortura había funcionado. No se podía descartar la posibilidad de que Ghali en efecto fuera un hombre gay, pero debido al abuso que sufrió, reprimió sus deseos y sexualidad hasta el día de hoy. No era algo descabellado de pensar. Después de todo, era algo que sucedía con frecuencia en el mundo, sobre todo en lugares donde la terapia de conversión todavía era practicada y legal. Además, muchos hombres gay sometidos a estas terapias solían casarse con mujeres porque eso era lo que la sociedad esperaba de ellos. Entonces, ¿por qué no tomar tres esposas si estaba permitido? Si una sola daba a la sociedad una imagen de “normalidad”, entonces tres solo servirían para reforzar esa fachada, ¿verdad?
Y la tercera posibilidad: Barnes simplemente disfrutaba hacerlos sufrir, un pedófilo más que usaba la religión, la Biblia y a la Iglesia para justificar sus repugnantes acciones. Mientras todas estas opciones daban vuelta en la cabeza de Amelia, Ghali suspiró antes de continuar con su relato.
—Admito que encuentro a algunos hombres… físicamente atractivos —Ghali se aclaró la garganta antes de continuar. Su cara estaba ligeramente sonrojada—. Pero lo mismo me sucede con las mujeres.
—Usted es bisexual —concluyó Amelia.
—Sí, lo descubrí gracias a que algunos chicos del orfanato metían revistas porno, las cuales estaban prohibidas. Un día tomé una revista de la cama de mi compañero de cuarto y le eché un ojo por curiosidad. Resulta que me excitaba viendo a hombres y mujeres sin ropa. Tenía 12 años cuando esto pasó —Amelia soltó una risa por lo bajo.
—Conozco el sentimiento —admitió la joven.
—¿Tú también? —preguntó Zahira. Amelia asintió en respuesta.
—Bueno, el caso es que pude mantenerme oculto por un tiempo. Gracias a lo que me enseñaron ahí, sentía vergüenza por tener esas preferencias y traté de no pensar en el asunto hasta que se me hizo imposible y tuve que aceptar lo que era.
—¿Cómo logró mantenerse oculto? Digo, si los vigilaban tan de cerca, seguro que notaron que usted era diferente —cuestionó Jessica.
—Bueno, yo no me salía de su molde. Para ellos yo era un “hombre”… hasta que descubrieron mi diario —Amelia frunció el ceño con renovado interés—. Solía escribir ahí para documentar mis días y desahogar mis frustraciones. Por supuesto, escribí cuáles eran mis preferencias y… —Ghali suspiró mientras bebía un sorbo de té—. Digamos que a Barnes no le hizo gracia enterarse.
—Ghali, no tienes que… —Ghali miró a Kamra, su gesto era de cansancio. Claramente, necesitaba desahogar todo lo que guardaba dentro.
—Cuando Barnes me descubrió, me llevó a una habitación y me obligó a desvestirme. Me encadenó al techo y azotó mi espalda mientras me obligaba a recitar un pasaje de la Biblia y luego me forzó a tener relaciones con las monjas. Cuando terminaba con las mujeres, los hombres tomaban turnos para… —Ghali mostró un tic nervioso debajo de su ojo derecho y sus manos estaban sudando—. Cada uno de los curas se tomaba su tiempo para ponerse detrás de mí y hacerme todo lo que querían. Luego de eso, si no me arrepentía de mi “pecado”, volvían a encadenarme al techo para otra ronda de azotes y el proceso se volvía a repetir. Fueron seis horas de tormento.
Aquel relato era un calco casi exacto de la historia de Abel. Las dos Elementales se sintieron asqueadas, como si hubieran comido limón con sal y pimienta mientras olían estiércol de caballo. Para este punto, Amelia estaba feliz de que Lucía hubiera matado a Barnes antes de que pudiera hacerle daño a alguien más.
—¿Eso es todo lo que quieren? —el tono hostil de Kamra dejaba claro que quería a ambas chicas fuera de su hogar.
—Solo una pregunta más, señor Thompson —pidió Amelia—. Verá, en el Foro están documentados dos asesinatos vinculados a la Tigresa del Rayo. El primero es el asesinato de Mateo Barnes y el segundo es el de Lenny Garret y su esposa, un doble homicidio —los ojos de Ghali se abrieron de par en par al escuchar ese nombre.
—Espera, ¿Lenny?
—¿Usted lo conoce? —preguntó Jessica.
—No sé si sea el mismo, pero en el orfanato había un muchacho que compartía habitación conmigo llamado Lenny. Lo apodaban “Parásito” porque cada vez que se metía en problemas, acusaba a sus amigos de algo peor con tal de salvar su propio pellejo. Por eso nadie se juntaba con él. De hecho, ahora que lo pienso, él sabía en dónde estaba mi diario y la revista porno que encontré a los doce años era suya.
—¿Él era cercano a Lucía? —preguntó Amelia.
—Sí, solía pasar mucho tiempo con Lucía y con otra chica. Creo que su nombre era Rose. Mirando atrás, no volví a ver a esas dos luego del incendio y Barnes dijo que ambas habían muerto entre las llamas.
—Un momento, ¿estuvo en el orfanato cuando se incendió? —esta vez, fue Jessica la que habló.
—Fui adoptado tres meses después de que el edificio se quemara —de pronto, un detalle que Ghali no había notado hasta hoy, 20 años después—. El edificio que se quemó era el mismo en el que Barnes abusó de mí. —Amelia se dio cuenta de que esto era oro puro. Dejó de grabar la conversación, pues ya habían terminado.
—Muchas gracias por su tiempo, señor Thompson —Amelia se levantó y le estrechó la mano.
—No fue nada, espero que puedan ayudar a esa mujer —Kamra no lo soportó más.
—Ghali, amor, sabes que te amo, pero no entiendo por qué quieres ayudar a esa asesina —cuestionó Kamra. Ghali la miró con paciencia y ternura.
—Porque sé que si los Thompson no me hubieran adoptado, probablemente hubiera terminado como Lucía.
Las elementales se despidieron de Ghali y su familia. Tomaron el ascensor para salir del edificio y volver a la calle. Mientras bajaban a la planta baja, Amelia le envió las grabaciones de audio a Steve para que las guardara. Un respaldo en caso de perder su teléfono.
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