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Saga Elementos - Capítulo 74

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  4. Capítulo 74 - Capítulo 74: La Sombra en la Montaña Parte 1
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Capítulo 74: La Sombra en la Montaña Parte 1

Al salir del edificio, las chicas estaban bastante seguras de que, al presentarle este caso a las Estrellas, Lucía sería admitida en el programa de rehabilitación al llegar a la ciudad. El único problema que tenían era Iván. No obstante, como la mayoría de las decisiones requerían un voto mayoritario, solo bastaba con tener los votos de un mínimo de tres miembros del consejo para ganar el caso. Ahora, un detalle importante que debían resolver era lograr que Lucía se pasara al bando de los Iluminados y los ayudara a vencer a Mark y a sus Tres Cabezas, pero eso podía esperar.

Por ahora, estaban en las calles de Catonsville en medio de la noche. Podían sentir el frío nocturno del ambiente pese a que sus cuerpos no se veían afectados por la temperatura del ambiente.

—Se nos hizo tarde —comentó Amelia mientras veía su reloj. Eran las siete de la noche—. Será mejor que volvamos al hotel —Jessica asintió.

—Me parece bien, pero… —Jessica sintió un ligero dolor en el estómago, tenía hambre—. ¿Podemos buscar un lugar para cenar antes de volver? —Amelia se volvió a verla con una ceja levantada—. ¿Qué?

—Jessica, he convivido contigo el tiempo suficiente para saber que vas a pedir doble ración de todo —Amelia había visto a Jessica comer el doble de lo normal el último mes y medio. Si no había engordado, es porque Laura la mantenía en forma y la ayudaba a convertir toda esa comida y exceso de grasa en músculo.

—Oh, por favor —Jessica no pudo evitar reírse—. Solo porque coma más que tú no significa que no pueda conformarme con una sola porción.

—Hasta que lleguemos al hotel y pidas servicio a la habitación —ambas chicas rieron bajo. Sus voces eran melódicas y tiernas, algo que las sorprendió a las dos. Cuando las risas pararon, sus ojos se encontraron y Jessica le dedicó a la peliblanca una mirada que reflejaba lo agradecida que estaba.

—Oye, gracias por ayudarme en todo esto —Amelia suspiró.

—No es nada, Roja.

Comenzaron a caminar en busca de un restaurante o puesto de comida callejera. No se dijeron nada durante un buen rato, pero el silencio en el que se encontraban no era incómodo en lo absoluto. De hecho, era bastante agradable. Bajo las luces de las lámparas de la calle, Amelia se veía bastante bien. Su cabello blanco y sus ojos parecían estar hechos de la plata más pura y brillante del mundo. “Ella es bisexual, significa que tengo una oportunidad, ¿no?” Jessica no dejaba de preguntarse esto y, mientras lo hacía, Amelia decidió romper el silencio.

—Si soy sincera contigo, no quería ayudarte a investigar a Lucía. Solo lo hice porque el Grifo me lo pidió.

—Pero ahora no es así, ¿verdad? —la expresión en el rostro de Amelia era sincera.

—Luego de descubrir todo lo que pasó con ella, me di cuenta de que merecía una oportunidad. Supongo que me siento identificada —esto último llamó la atención de Jessica.

—¿Ah, sí?

—Sí —Amelia suspiró con una sonrisa cansada—. Yo nací en un pueblo que estaba cerca de la sede de la Orden, un pueblo llamado Bái lǎohǔ, que significa Tigre Blanco en chino —Jessica no pudo evitar reír.

—¿Hablas chino? —preguntó entre risas. Amelia también rio un poco.

—Dāngrán, luó yà —la joven de cabello blanco habló en chino, dejando a Jessica totalmente sorprendida. Sin embargo, Amelia fue un paso más allá—. Vāstavamā, ma aṅgrējī ra nēpālī pani bōlna sakchu —se detuvieron en un pequeño restaurante y Jessica miró a Amelia como si estuviese poseída. La peliblanca había cambiado de idioma otra vez y habló en nepalí.

—¿Qué? —Amelia rio con gracia antes de responder.

—Dije: “Claro que sí, Roja. De hecho, también sé hablar inglés y nepalí”. —una mesera se acercó a la mesa donde estaban las chicas para tomar su pedido.

—Buenas noches, señoritas. Aquí tienen el menú, avísenme cuando estén listas para ordenar —la mesera les entregó la carta y fue a atender otra mesa.

—¿En qué estaba? Ah, cierto. Te contaba que nací en el pueblo Bái lǎohǔ. Bueno, resulta que tres meses después de nacer, los Oscuros atacaron y mataron a casi todos. Solo hubo dos supervivientes: mi hermano y yo —Jessica casi se va de espaldas al escuchar eso último.

—Lo lamento, Amelia —la peliblanca le dedicó una mirada triste, la cual trataba de disimular con una sonrisa cansada.

—Desde ese día he vivido con los Iluminados, entrenando —Amelia suspiró—. Sin embargo, aunque tengo una buena vida y todo, realmente no elegí nada de eso. Solo tuve suerte de que mi madre me entregara a la persona correcta. De lo contrario, bien pude haber terminado muerta o convertida en una Oscura como Lucía. En ese sentido, somos iguales.

—Por eso quieres ayudarla —concluyó Jessica.

—Sí, ahora, ¿qué te parece si ordenamos algo? No sé tú, pero se me antoja una pizza con extra de champiñones y pepperoni.

—Vale, pero solo si también tiene queso extra —objetó Jessica, causando risas en Amelia.

—Está bien —Amelia levantó la mano para llamar a la mesera para pedirle su orden.

Luego de un rato, ambas degustaron una pizza deliciosa con dos vasos de Pepsi bien fría. Amelia pagó por todo y salieron del restaurante para dirigirse a la parada de autobús en la esquina. Al llegar ahí, se sentaron a esperar al último autobús de la noche, pero Amelia sentía que estaba a punto de explotar. Había algo que se había estado guardando durante el último mes, pero no había encontrado el momento para soltarlo. Sin embargo, ahora que estaban las dos solas, Amelia sintió que era su oportunidad.

—Jessica… —la llamó Amelia luego de pensar por un momento. Jessica se volvió a verla. Ambas estaban nerviosas—. Hay algo que he querido decirte desde hace algún tiempo —Jessica sintió que su corazón estaba por salirse de su pecho. En el fondo, intuía de qué se trataba.

—¿Qué… quieres decir? —preguntó la pelirroja con el rostro ardiendo.

—Yo…

Amelia dejó de hablar al ver una camioneta blanca y sin ventanas aparecer por la esquina. Avanzaba a gran velocidad, pero lograba apreciarse que el vehículo no tenía matrícula y parecía dirigirse en dirección a las chicas. Las dos se pusieron nerviosas, pues parecía la típica escena de algún documental de crimen o alguna película de mafiosos donde secuestraban a los protagonistas.

La camioneta se detuvo frente a ellas. Al frenar, se escuchó el rechinar de las llantas. Las chicas ya estaban pensando en escapar a toda velocidad, pero sus dudas se calmaron cuando sintieron una conexión cálida venir del interior de la furgoneta, la cual solo podía pertenecer a un Iluminado. Sin embargo, Amelia no bajó por completo la guardia. Había algo extraño en esta conexión. Era cálida, sí, pero al mismo tiempo era más fría que la mayoría de conexiones de los Iluminados. Además, Jessica también tenía sus reservas, pues sentía que esa conexión le era muy familiar, pero no podía ubicarla.

Antes de que las chicas pudieran hacer cualquier otra cosa, la puerta lateral de la furgoneta se abrió. Lo último que vieron fue un destello proveniente del interior. Quedaron inconscientes tras recibir una poderosa descarga eléctrica. Alfonso se asomó del interior del vehículo y las atrapó, solo para meter a las dos jóvenes a la furgoneta.

—¡Las tengo, arranca!

La conductora pisó el acelerador hasta el fondo y la furgoneta aceleró rechinando sus ruedas en el asfalto antes de marcharse a toda velocidad. Ninguna de las chicas estaba consciente para saber a dónde las estaban llevando.

*****

El Refugio B estaba a rebosar de actividad. Sebastián se encontraba coordinando a los Oscuros para organizar los equipos del lugar y reubicarlos para alejarlos un poco del Monumental Palace. Luego del incidente en el centro comercial, los Iluminados intensificaron su vigilancia en los alrededores del hotel, así que ahora debían reubicar a los Oscuros para evitar problemas.

Todo estaba bien, era estresante, pero manejable… hasta que recibió esa llamada. Ahora, Sebastián se dirigía a la habitación personal de Mark para informarle. Al entrar al cuarto encontró una imagen incómoda, pero familiar. En la cama había un hombre musculoso, lleno de tatuajes y cicatrices de batalla. Frente a él había una joven de piel color chocolate con un gran tatuaje en la espalda. Estaba apoyada en el colchón sobre sus manos y rodillas mientras el hombre la embestía desde atrás. Sobra decir que ambos estaban totalmente desnudos.

Junto a ellos había otras tres mujeres. Una chica delgada de ascendencia asiática, posiblemente coreana, estaba recostada a la derecha del hombre musculoso y la mujer de color. A la derecha de la chica coreana había una mujer hispana de cabello castaño, caderas anchas, algo rechoncha y regordeta, pero seguía siendo muy atractiva. Era lo que comúnmente se conocía como «una mujer rellenita». Del lado izquierdo, había una mujer rubia de grandes pechos, un generoso trasero y un brazo lleno de tatuajes. Todas estaban desnudas, sudorosas y jadeando después de que Mark terminara con ellas. La habitación también estaba impregnada de un olor a sudor, tabaco y otras sustancias que es mejor dejar a la imaginación.

Cualquier otra persona hubiera apartado la mirada al instante, pero, para bien o para mal, Sebastián ya había visto, y olido, escenas como esta más seguido de lo que le gustaría. Al mismo tiempo, cuando cualquier otro hubiera levantado la voz al ver a un extraño irrumpir durante su «hora feliz», Mark, aunque se lo veía ligeramente molesto, no era la reacción que normalmente se esperaría de esta situación.

—Sebastián… ¿Qué quieres? Estoy ocupado —Mark no detuvo sus movimientos.

—Lamento interrumpir, Mark, pero recibí una llamada de mis hombres en Maryland —Sebastián ignoró los gemidos de la mujer mientras hablaba con su típico tono estoico.

—¿Y qué dijeron?

—Antes de decírtelo, será mejor que la dejes un momento. Este asunto requiere de tu atención, Mark —con un gruñido exasperado, Mark se apartó de la chica quién se mostró muy molesta por la interrupción.

—Eres un maldito, Sebastián —le reprochó la mujer. Mark la tomó desde atrás y la atrajo a su pecho.

—Ya, ya, amor. Volveré contigo en un momento —prometió con una voz ronca que no ocultaba su deseo por continuar donde lo dejaron—. ¿Por qué no bebes algo en lo que termino aquí? —cuando los dientes de Mark se hundieron en su oreja, la chica no pudo contener su gemido.

A regañadientes, la chica se apartó de Mark y fue a servirse una copa de vino. Las otras chicas también se levantaron para seguirla. Sin decir una sola palabra, Cerbero le dio una fuerte nalgada a la chica hispana. El golpe hizo eco en toda la habitación, pero lejos de molestarse, la chica hispana sonrió de forma coqueta antes de seguir caminando hacia la mesa donde estaba el vino. Claramente, le había gustado.

Mark bajó de la cama y se puso una bata para cubrir su desnudez. Abrió una cerveza y bebió un trago antes de volverse hacia Sebastián. Si hubiera sido Artem o Daisy, los hubiera matado al instante, pero Sebastián no era como ellos. Pese a tener todo en contra, Sebastián se ganó su lugar entre Las Tres Cabezas. No era el más fuerte, pero sí el más listo y preciso. Por eso Mark confiaba en sus habilidades, pero no confiaba en él como tal, pues sabía que, si aparecía alguien más fuerte que él, Sebastián no dudaría en traicionarlo a la primera oportunidad. Después de todo, su filosofía se basa en la supremacía del más fuerte. No obstante, su astucia, precisión e inteligencia eran realmente útiles para Cerbero y estaba dispuesto a usar estos talentos mientras estuvieran a su alcance. Por eso, sabía que Sebastián no irrumpiría en su habitación sin un buen motivo.

—¿Y bien? ¿Qué es tan importante como para interrumpirme durante la mejor parte? —preguntó Mark para luego beber otro sorbo.

—Recibí una llamada de mis hombres en Maryland, vieron a las Elementales en Catonsville —Mark lo miró en silencio durante algunos segundos mientras procesaba lo que acababa de escuchar.

—¿Por qué salieron del hotel? Luego de lo que pasó hoy…

—Yo tampoco lo sé, pero esta podría ser nuestra oportunidad para acabar con ellas —Mark sopesó la idea un momento antes de responder.

—Dile a tus hombres que las maten —ordenó sin pelos en la lengua. Mark sabía que capturarlas no era una opción. Apenas se estaban instalando en el Refugio B. No podían darse el lujo de albergar prisioneros, mucho menos si se trataba de dos Elementales.

—Los llamaré de inmediato. Te dejaré… terminar tu asunto —Sebastián estaba por irse de la habitación cuando la laptop de Mark comenzó a sonar.

Cerbero se acercó con cautela y examinó la pantalla. Era una videollamada entrante de Skype de un perfil que él no tenía agregado a su lista de contactos. La laptop siempre estaba conectada a una VPN para ocultar su ubicación mientras estaba conectada a internet, así que no le preocupaba ser rastreado. Sebastián decidió quedarse para ver qué sucedía. Mark contestó la llamada, pero en vez de aparecer el rostro de la persona al otro lado, solo se veía la foto de perfil y un visualizador que mostraba que había sonido en el micrófono de la persona que llamaba.

—¿Quién es? —preguntó Mark en un tono hostil nada más abrir la línea.

—Cuando las sombras cubran este mundo y la sangre de los falsos inocentes cubra la tierra… —la voz del otro lado había sido alterada por un filtro. Sonaba grave y plana. La expresión de Mark cambió al escuchar esas palabras.

—Los monos conocerán el dolor, los tontos que dicen ser sabios se verán expuestos en sus mentiras y los verdaderos reyes tomarán lo que les corresponde del reino que les fue arrebatado —continuó Mark.

Aquellas palabras no eran otra cosa que el mantra de la Orden de las Sombras. Una promesa de los Oscuros para el mundo y todo aquel que fuera un no usuario.

—¿Quién habla? —preguntó Mark. Esta vez su tono era más calmado.

—Habla la Sombra del Viento —Mark y Sebastián sintieron que la sangre en sus cuerpos se congelaba.

Las Sombras eran para los Oscuros lo que las Estrellas eran para los Iluminados. Los líderes de la Orden. Los más viejos, sabios y poderosos luchadores de la Orden de las Sombras. Casi nunca se comunicaban con sus miembros, pero cuando lo hacían, era porque o querían matarte o tenían una misión especial para ti.

—¿Qué puedo hacer por usted, señor? —el tono de Mark dejaba claro que no quería hacer enfadar a la persona del otro lado de la línea.

—Mis hombres acaban de capturar a las elementales de fuego y aire —a pesar de estar usando un filtro para alterar su voz, Mark podía notar que la persona al otro lado de la línea hablaba en serio—. Aleja a tu gente del Monumental Palace y espera nuevas órdenes.

—Sí, señor —fue lo último que dijo Mark antes de que la llamada se cortara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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