Saga Elementos - Capítulo 75
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- Capítulo 75 - Capítulo 75: La Sombra en la Montaña Parte 2
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Capítulo 75: La Sombra en la Montaña Parte 2
Cuando la llamada terminó, Mark por fin pudo respirar con normalidad.
—Ya lo escuchaste, ordena a tus chicos que retrocedan —Sebastián se mostró escéptico.
—Mark, con todo respeto, no conocemos a este tipo. La identidad de la nueva Sombra del Viento ha sido un misterio desde que la anterior murió hace quince años. ¿Por qué deberíamos confiar en una voz distorsionada? —Mark rio por lo bajo.
—Hace dieciséis años atacamos un pueblo en el Himalaya ¿lo recuerdas?
—Desde luego —Sebastián no tardó ni un minuto en responder.
Por supuesto que Sebastián lo recordaba. El ataque al pueblo Bái lǎohǔ era recordado por todos los Oscuros, conocido por ser lo más cerca que han estado de encontrar la ciudad de los Iluminados escondida en el Himalaya. Fue una masacre total y, hasta donde se sabía, no hubo ningún sobreviviente. Sin embargo, pocos sabían realmente quién les había dado la ubicación del lugar.
—Bueno, fue la Sombra del Viento, antes de asumir ese título, quien nos dio la ubicación de ese lugar —Mark rio para después acariciar una gran cicatriz en el lado derecho de su pecho—. Muchos dicen que no hubo supervivientes, pero la verdad es que sí hubo uno.
—¿Quién?
—Una bebé. Su madre logró llegar a un túnel antes de que pudiera atraparla y el padre me hizo esto con su lanza —señaló la cicatriz con su dedo—. Aunque esa perra no se salvó. Logré lanzarle una espada y atravesarle la espalda. Estoy seguro de que le di al corazón. Nadie sobrevive a eso —Mark se veía muy orgulloso mientras hablaba de aquel evento—. Desde ese día, cada uno de nuestros ataques ha sido un éxito tras otro. Todo gracias a la información que la Sombra del Viento nos da.
—Entiendo, aunque igual no confío en él —Mark soltó una carcajada al escuchar esas palabras.
—¿Y crees que yo lo hago? —Cerbero siguió riendo—. En lo único que confío es en que puede matarme si desobedezco y no quiero morir. Ahora, llama a todos y diles que se retiren —Mark se levantó de la cama, se quitó la bata y fue con las chicas una vez más. Azotó el trasero de la chica de color antes de atraerla a él—. ¿En qué estábamos, preciosa?
Mark tiró a la mujer a la cama y se puso sobre ella para continuar donde lo había dejado. Sin más opción, Sebastián salió del cuarto de Mark y se fue para hacer las llamadas necesarias. Lo último que escuchó antes de cerrar la puerta fueron los gemidos y sonidos que la mujer hacía mientras Mark estaba encima de ella.
*****
El viento gélido e implacable azotaba las montañas del Himalaya. Sin embargo, la vida continuaba normalmente en la ciudad. Para combatir el frío, los Iluminados habían instalado hogueras en las áreas comunes para mantener el calor en la ciudad. El humo que estas hogueras producían se dispersaba con los fuertes vientos de la cordillera, evitando que cualquier persona ajena a la Orden descubriera el secreto.
Bruno se encontraba en la sala de reuniones, junto a Marcee, Iván y Tara. Ras no se encontraba por ninguna parte. Lo habían llamado a una cumbre de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, para discutir sobre la presencia de los Oscuros en Italia, Alemania, Francia, Canadá, Haití y Venezuela. Países donde la actividad de los Oscuros había aumentado mucho en los últimos años y donde, curiosamente, los Iluminados habían fracasado en frenar los ataques de los Oscuros.
En la ausencia de Ras, Bruno se quedó a cargo, principalmente porque él no convertiría la ciudad en un desierto helado bajo un toque de queda indefinido, cosa que Iván haría sin dudar. En cuanto a Tara y Marcee, bueno. A Tara nunca le interesó dirigir la Orden. El poder no era algo que le importara y Marcee, pese a ser una Estrella, todavía le faltaba experiencia para dirigir la Orden. Así que Bruno era la mejor opción para Ras.
Esa mañana, Bruno ya había consumido tres tazas de café e iba en camino por la cuarta. Estaba escuchando el informe de su hijo sobre la seguridad del templo y cómo le hacía falta personal para cumplir las peticiones de Iván.
—Tienes mil hombres a tu cargo, ¿y todavía nos exiges más? —se notaba que la Estrella del Aire no estaba feliz.
Resulta que Iván quería que se reforzara la frontera sur de la Orden, pero Tobías no tenía suficientes hombres para desplegarlos en el sur. Cosa que le hizo saber a Iván, quien siguió insistiendo, y al hijo de Bruno se le estaba haciendo cada vez más difícil contenerse para no gritarle a un superior.
—Iván, tenemos cosas más importantes en medio. Por ejemplo, la entrega de suministros médicos.
—A eso iba, señora Césaire —Tobías encendió su tablet y buscó el informe, agradecido por cambiar de tema—. Según mis datos, la entrega debería llegar al final del día.
—Bien, hijo. Prepara todo para recibir ese cargamento. Informa si hay algún problema —Tobías se retiró de la sala de reuniones.
Iván suspiró y se levantó de su asiento. Desde que Amelia lo había llamado la noche anterior, Bruno había estado muy atento a la actitud y acciones de Iván. ¿Sería cierto? ¿Iván tendría una unidad de espionaje? ¿Será una Estrella Caída? Bruno no lo sabía y eso le preocupaba mucho. Es cierto que Iván era el miembro más frío del Consejo, y de la Orden en general, pero una cosa es ser frío y otra muy diferente es ser un asesino, conspirador y traidor.
Las horas fueron pasando y, ya a las 2:30 P.M., Bruno vio a Iván con una ropa particular. Parecía que estaba a punto de irse de viaje, pues llevaba un equipaje de mano ligero y un abrigo grueso para el frío inclemente de la región. Esto le extrañó mucho a la estrella del fuego.
—¿Vas a algún lado, Iván? —le preguntó Bruno. Iván se volteó y observó a Bruno con su típico gesto de fría indiferencia.
—Uno de mis hombres tiene información importante que darme en Hong Kong —explicó Iván—. Estaré fuera tres días. Dejé a Robert encargado de la Unidad en caso de que ocurra algo —su tono dejaba claro que no quería dar demasiadas explicaciones.
Robert Fajuri era unos años más joven que Iván. En su momento, ambos fueron candidatos a ser Estrellas, pero Iván y su enfoque metódico, frío y calculador le hicieron ganar el cargo, dejando a Robert Fajuri como su segundo al mando en la Unidad de Inteligencia.
—De acuerdo, cuídate.
A pesar de sus buenos deseos, Iván no se despidió de Bruno y se alejó del templo, bajando las escaleras a paso lento, pero firme. Con Iván fuera, la estrella de fuego podría entrar a su oficina sin tener que preocuparse por darle explicaciones a su compañero.
Ahora, Bruno estaba frente a la puerta de la oficina de Iván y luchaba por abrirla, pero era inútil. «Esta cerradura… ya no las hacen como antes», pensó Bruno mientras trataba de forzar la puerta, sin mucho éxito. Estaba tan ocupado que no sintió llegar a las dos señoras que venían por el pasillo.
—No lo sé, a veces las cosas están bien y otras veces se sienten… secas, frías… ¿Entiendes? —esa era la voz de Marcee.
—Y por eso, nunca me casé —habló Tara luego de un suspiro pesado de parte de Marcee—. Escucha, si algo sé, es que las relaciones son de dos vías y solo funcionan si hay confianza.
—Confío en Jackie, es solo que no tenemos idea de qué hacer ahora. Sí, admito que al principio pensé que todo sería sexo y diversión después del trabajo una vez que Claude se fuera a la universidad, pero ahora… —Marcee se detuvo al ver a Bruno tratando de forzar la puerta—. ¿Bruno?
El viejo se dio la vuelta para encarar a sus compañeras. La expresión en su rostro dejaba claro que no esperaba aquella interrupción.
—¿Qué sucede, Marcee? —preguntó Tara—. Puedo sentir a Bruno frente a la oficina de Iván, pero no puedo decir qué está haciendo.
Debido a su condición particular, Tara mantenía sus ojos cerrados la mayor parte del tiempo, obligada a depender de su bastón para guiarse a través del entorno que la rodeaba, pero ese bastón no era su única herramienta. Tara había desarrollado un sexto sentido gracias a sus poderes. En concreto, una técnica del elemento tierra llamada “Radar”, la cual consistía en sentir las vibraciones del suelo a través de los pies. Con dichas vibraciones, los usuarios de esta técnica eran capaces de formar mapas mentales del entorno que los rodeaba. Se consideraba obligatorio aprender esta técnica, pues servía para detectar oponentes desde los puntos ciegos, algo bastante útil.
Sin embargo, aquellos que realmente podían sacarle todo el provecho a esta técnica eran aquellos usuarios con ceguera parcial o total. Solo ellos podían extraer todo el potencial de la técnica Radar, pues la falta de su vista agudizaba el resto de sus sentidos y aumentaba su percepción. Esta técnica, más que servirles para pelear, les servía para gozar el mundo que nunca pudieron ver.
Tara estaba dentro de este grupo de usuarios, pero pese a su percepción, no sabía qué estaba haciendo su compañero.
—Pasa que Bruno intenta forzar la puerta de la oficina de Iván —respondió Marcee. Bruno suspiró con cansancio.
—Necesito ver qué hay dentro —dijo el hombre. Marcee levantó una ceja con curiosidad.
—¿Por qué? —Tara fue quien lanzó la pregunta.
—Amelia me llamó anoche, dijo que tenemos una Estrella Caída —las cejas de Tara se arrugaron al escuchar aquellas palabras. Marcee también se mostró sorprendida.
—Y sospechas de Iván —concluyó la estrella del agua. Bruno asintió a sus palabras—. Haber, él siempre ha sido… una persona distante, pero acusarlo de algo así es…
—Lo entiendo, pero Steve me mandó la información mediante un canal privado. Capturaron a dos miembros de la Orden de las Sombras que dicen ser Iluminados infiltrados. Pensé que solo se trataba de dos Desertores con la mutación de los Camaleones, pero lo descarté cuando Steve me mostró el vídeo de los interrogatorios. Los detalles que esos dos tenían son prueba de que pertenecen a nuestra Orden.
—A ver, vamos a suponer que es cierto. ¿Por qué Iván tendría un programa de espionaje secreto? —Tara ladeó la cabeza en dirección a Marcee.
—¿Y por qué no? —intervino Tara—. Iván es el único de nosotros que ganaría algo con un programa de espionaje. Recuerda que él es el encargado de gestionar toda la información que llega del exterior.
—Además de eso, me informaron que, en Missouri, hubo un grupo de Iluminados que intentaron matar a la elemental de fuego —la expresión de Tara fue de sorpresa, Bruno lo notó—. ¿Sabías algo de esto, Tara? —Marcee miró a Tara, buscando respuestas. La estrella de la tierra tardó un momento en responder.
—El día que los chicos se fueron, Iván visitó la casa de Amelia. Según lo que pude oír, y lo que Amelia me contó, Iván le ordenó matar a la elemental de fuego —Marcee no lo podía creer.
—¿Esas fueron sus palabras exactas? —Tara asintió lentamente.
—Lo peor es que un miembro de ese grupo la siguió hasta Washington D.C. y algo me dice que no quiere ayudar. Creo que este tipo está siguiendo las órdenes de Iván —Marcee no podía creer lo que estaba escuchando.
—Esto es una locura —dijo en un susurro.
—Ahora que Iván se fue, pensé que lo mejor era empezar a investigar su oficina —Tara se acercó a la puerta con paso firme y decidido.
—Si Iván no está aquí, no hay necesidad de ser tan discreto —levantó la pierna y de una sola patada abrió la puerta, destrozando la cerradura y arrancando cientos de astillas.
Bruno suspiró, aliviado de encontrar el apoyo de su compañera. Marcee suspiró y decidió ayudarlos. Ella era consciente de que Iván no era una persona agradable y siempre tuvo un mal presentimiento relacionado con él, pero jamás imaginó que fuera un traidor. Sin embargo, ella sabía que su deber era seguir la evidencia y, en este momento, la evidencia estaba en contra de Iván.
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