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Saga Elementos - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - Capítulo 78: ¡Pelea!
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Capítulo 78: ¡Pelea!

En otra habitación, en los pisos superiores, se encontraba Amelia, quien no estaba mejor que Jessica. La chica de cabello blanco recién acababa de despertar solo para descubrir que estaba encadenada al suelo semidesnuda. «Genial, solo esto me faltaba», pensó con frustración mientras analizaba su entorno.

La habitación donde se encontraba estaba totalmente vacía, a excepción de ella, y apenas era iluminada por las tiras de luz en las esquinas. Puso su atención en las cadenas que la sujetaban. Con solo verlas, podía deducir que eran de titanio, lo que las hacía casi indestructibles, casi. Amelia tenía justo lo necesario para escapar de ahí.

Abrió su mano y comenzó a formar su esfera de aire comprimido. En las últimas semanas había logrado perfeccionar un poco más su control sobre el elemento aire, lo suficiente como para crear una esfera pequeña de menor potencia, pero igual de destructiva. Además, consiguió bautizar su nuevo ataque, llamándolo: Espiral del Vacío. Justo cuando estaba a punto de usar el ataque en las cadenas para liberarse, las puertas se abrieron y pudo ver que entraba un hombre realmente desagradable.

—Yo en tu lugar no lo haría —al levantar la mirada, se encontró con Alfonso.

El hombre estaba igual en apariencia, pero había cambiado mucho. Su conexión, antes cálida, ahora rozaba la frialdad. Amelia no se fiaba para nada de este hombre, pero sintió que debía escucharlo.

—Este lugar tiene un sistema extractor de oxígeno. Si intentas liberarte, te ahogaremos.

Amelia apretó los dientes en señal de frustración. Disipó la esfera de viento en sus manos. Ni siquiera ella, la elemental de aire, tenía la capacidad de sobrevivir si le quitaban el oxígeno. Sí, podía generar más utilizando su propio poder, pero era un proceso demasiado agotador para ella, por lo que no serviría de nada. Tras disipar su ataque de aire, miró a Alfonso. No parecía asustada. Más bien, parecía estar analizando a su captor.

—¿Qué es lo que quieres? —le preguntó con un tono serio.

—Justo ahora, nada —respondió Alfonso con una sonrisa—. Ya tengo dinero, tengo un techo para vivir, la mejor comida del mundo, los mejores lujos y, sobre todo, tengo a las mujeres más hermosas solo para mí —sacó su teléfono de última generación y le enseñó un vídeo a Amelia de él en pleno cuarteto con tres chicas, enfatizando los dos últimos puntos exitosamente—. Y todo lo que se necesitó fue seguir las órdenes de Iván.

—Sabes que Iván podría ser un traidor, ¿verdad? —Alfonso se encogió de hombros ante aquellas palabras.

—¿Y eso qué? En tanto tenga placer, lujo y comodidad, no me importa nada más.

Esa respuesta sirvió para darle una idea a Amelia sobre con quién estaba lidiando. Alfonso era un hombre hedonista. Lo que significa que solo vive por y para su propio placer.

—¿Qué es lo que quieren de mí? —Amelia optó por cambiar la pregunta.

—De ti, nada. Esa chica, por otro lado, podría tener información útil para nosotros.

Amelia sabía que Alfonso se refería a Jessica. Fue entonces que cayó en cuenta de que había varios baldes de agua en el fondo de la habitación y una cámara que apuntaba directamente a ella. La joven sabía muy bien que lo que venía a continuación no sería nada bueno y, como si quisieran darle la razón, las luces de las esquinas cambiaron a color azul intenso y la luz del techo se atenuó un poco. Alfonso sonrió al ver esto y su cuerpo comenzó a brillar por la electricidad que recorría su sistema. Amelia, por primera vez en toda su vida, se sintió aterrorizada.

*****

En la otra habitación, Jessica se encontraba con la mujer de color, quien seguía mirándola con desdén. La mujer sacó un control remoto de su bolsillo y encendió el televisor que estaba detrás de Jessica. La joven pelirroja apenas reparó por primera vez en el aparato a sus espaldas. Se levantó y encaró a la mujer tratando de parecer valiente.

—¿Quién te dio permiso de levantarte? —la pregunta de la mujer vino acompañada de una patada interna al muslo de Jessica.

En otras circunstancias, Jessica habría resistido el golpe. Laura y Amy se habían asegurado de fortalecer sus piernas a base de sentadillas, sesiones de patadas bajas y golpeando sus muslos con un palo de madera. Así que Jessica hubiera podido recibir esa patada y permanecer de pie, pero estaba muy débil. Sus músculos se sentían flácidos y su cuerpo todavía no despertaba completamente.

—Solo responderás mis preguntas, Elemental —el tono de esa mujer destilaba odio, desprecio y desdén. Era como si su aliento fuera venenoso—. Hace seis años, Lucía Johnson, mejor conocida como La Tigresa del Rayo, hizo contacto contigo. ¿Qué información compartió sobre la Orden de las Sombras? —Jessica estaba muy confundida. Lucía nunca le dijo nada sobre la Orden ni los Oscuros. Siempre mantuvo su fachada de maestra hasta hace poco que fue descubierta.

—Lucía no me dijo nada sobre eso —la respuesta de Jessica fue inmediata y firme, pero no convenció a la mujer.

—¿Crees que es buena idea mentirme, niña? —presionando otro botón del control, el televisor mostró la imagen de Amelia, quien estaba atada en la misma posición que Jessica—. Si me mientes, ella sufrirá las consecuencias —advirtió la mujer—. Intentémoslo una vez más: ¿Qué información te dio Lucía Johnson sobre la Orden de las Sombras? —el labio inferior de Jessica comenzó a temblar al pensar en lo que le pasaría a Amelia.

—¡Ella no me dijo nada! —repitió Jessica con miedo en su voz.

La mujer frunció aún más el ceño y sacó otro control remoto, presionó el botón y las luces del cuarto donde estaba Amelia cambiaron a color azul. El hombre que estaba junto a ella se acercó con su cuerpo envuelto en electricidad. Jessica solo pudo mirar aterrorizada cómo este tipo electrocutaba a Amelia durante cinco segundos. Los gritos de la joven peliblanca se transmitieron en la sala donde estaba Jessica mientras la imagen de Amelia retorciéndose en el suelo se quedaba grabada a fuego en sus ojos. Aquel sonido tan desgarrador parecía salir de las paredes.

—¡Basta! —Jessica gritó desesperada. Luego de cinco segundos eternos, las descargas se detuvieron y las luces del cuarto donde estaba la chica volvieron a ser blancas. Amelia estaba en el suelo, jadeando y llorando por el dolor y las heridas.

—¿Cuándo planeabas unirte a la Orden de las Sombras? —la mujer siguió con las preguntas.

—¡Yo no sabía de la existencia de los Oscuros hasta que Amelia apareció! —tras escuchar esa respuesta, la mujer volvió a presionar el botón y la habitación se iluminó de azul una vez más.

Otra descarga recorrió el cuerpo de Amelia mientras gritaba y se retorcía. En esta ocasión, la tortura duró diez segundos continuos hasta que la mujer soltó el botón y las luces volvieron a la normalidad. En este punto, Jessica ya había estallado en llanto y Amelia apenas tenía fuerzas.

—¿Cuáles son los planes de los Oscuros? —la mujer siguió cuestionando a Jessica.

—¡YA LE DIJE QUE NO SÉ NADA! —a pesar de la evidente desesperación en sus ojos, la mujer no se ablandó con ella.

Presionó otro botón y esta vez las luces de la habitación cambiaron a un tono violeta. El hombre se alejó por un momento, antes de volver y vaciarle un balde de agua encima a Amelia. La mujer presionó de nuevo el primer botón y las luces cambiaron a azul. El hombre junto a Amelia comenzó a electrocutarla una vez más. Ahora que estaba empapada, las descargas le dolían muchísimo más. Jessica solo podía llorar al ver aquella tortura.

—¡HAZ QUE SE DETENGA!

Jessica se levantó del suelo y se estiró lo más que pudo, tratando de agarrar a la mujer y quitarle el control, su desesperación fue tal que olvidó por completo que estaba encadenada y lo único que consiguió fue tensar la cadena cuando esta se estiró por completo. La mujer, se mantuvo fuera del alcance de Jessica y este arrebato de la chica solo la enfureció.

—¡¿Quién te dio permiso de levantarte?! —la pregunta vino acompañada de una patada directa a la cara de Jessica que la devolvió al suelo.

La mujer soltó su dedo del botón y el hombre detuvo las descargas. Amelia permaneció en el suelo, inconsciente, pero aún viva. Sin embargo, continuar con esto podría matarla.

—Jefa, la chica no resistirá otra ronda —Alfonso habló directamente a través de la cámara donde se transmitía todo.

—Mañana lo intentaremos otra vez —respondió la mujer.

Jessica, por su lado, ya estaba comenzando a incorporarse, pero la joven estaba llorando a mares. La mujer no mostró ni un poco de compasión por la chica.

—¿Por qué nos hacen esto? —preguntó Jessica entre lágrimas. La mujer solo rio. Una risa burlona y cínica.

—¿En serio crees que eres importante? ¿Qué tienes algún derecho, voz o voto? No, estúpida —le conectó una patada al estómago de Jessica, quien se encogió en posición fetal. La tomó del cabello y le levantó la cabeza, forzando a Jessica a mirarla directo a los ojos—. Escúchame bien, niña. No eres humana, ni siquiera un animal. Solo eres un arma, un recurso descartable para la Orden de la Luz. No tienes ningún derecho y no mereces ser tratada como una persona. Tu único propósito es obedecer y, si piensas algo más, eres una idiota.

Dichas esas palabras, la mujer golpeó a Jessica en el rostro y la dejó tirada en el suelo para luego salir de la habitación y dejar a la joven sola. Lo que no sabía la mujer es que, justo después de recibir ese golpe en la cara, Jessica fue transportada al Todo por el Fénix. El ave, transformada en hombre, miraba a la chica con una expresión de decepción en su rostro.

—En serio, no puedo creer que tenga que llamarte aquí para tener esta conversación, niña —el Fénix se notaba algo molesto.

Ahora se encontraban en un área completamente diferente del volcán. Anteriormente, siempre se habían reunido en la costa, pero ahora se encontraban tierra adentro, específicamente en un área boscosa con árboles cuyos troncos eran gruesos y macizos. El Fénix estaba de pie junto a Jessica, mirándola desde arriba con los brazos cruzados. Jessica permaneció con la cabeza pegada al suelo. No podía parar de llorar.

—Jessica, mírame —le ordenó el Fénix. La joven levantó la cabeza lentamente. Cuando sus ojos se encontraron con los del Fénix, la bestia pudo ver que estaban hinchados y rojos de tanto llorar—. ¿Qué crees que estás haciendo? —Jessica siguió llorando—. ¿Por qué no te levantas y salvas a Amelia?

—¡¿Acaso no ves que estoy atada?! —Jessica gritó mientras golpeaba el suelo.

—Sé que estás atada al suelo con una cadena, ¿y eso qué? Con tus poderes podrías derretir las cadenas y salir de ahí rápidamente para salvar a Amelia —explicó el Fénix.

—Si intento liberarme, la matarán.

—¿Esa es tu excusa? Niña, te tengo noticias, las matarán de una forma u otra. Nada cambiará eso —Jessica sollozó más fuerte que antes—. La única forma en la que ustedes pueden salir de ahí es que tú tomes la iniciativa. Sin embargo, aquí estás. Llorando a mares mientras la chica que supuestamente te gusta está sola, herida y asustada. Sin mencionar lo humillante que debe ser para ella el estar atada como un perro.

—Cállate —pidió Jessica entre lágrimas.

—Lo único que se me ocurre es que tienes miedo de actuar —el Fénix ignoró a Jessica y siguió hablando—. Pero la muerte o el dolor no es la razón de ese miedo, no. Hay algo más, ¿cierto?

—¡Cállate!

Jessica trató de golpear al Fénix, pero solo golpeó una nube de humo blanco, atravesándola sin causar algún daño real. Lo siguiente que la joven supo fue que alguien la empujó desde atrás. Al voltear para golpear al Fénix, su mano chocó contra el tronco de un árbol. La joven se encogió de dolor y, cuando levantó la vista, pudo ver al Fénix detrás de otro árbol cercano.

—¿A qué le temes, Jessica? —preguntó el Fénix para luego comenzar a caminar a su alrededor mientras el fuego envolvía su cuerpo de pies a cabeza. De pronto, mientras su cuerpo se encogía, su voz cambió de una masculina a una femenina, la voz de una niña. Jessica conocía muy bien esa voz y a la persona frente a ella—. ¿Acaso… tienes miedo de que ella te rechace sin importar lo que hagas o cuánto te esfuerces? Pensé que ya lo habías superado, Jessi.

La niña frente a Jessica era Emma Michaels, su novia de la infancia. Estaba tal y como la recordaba. Una niña morena de ojos color ámbar, mirada traviesa, sonrisa encantadora y cabello rizado atado en una cola de caballo. Jessica volteó, se tapó los oídos y apretó los ojos. No quería ver nada más. Sin embargo, la niña empujó a Jessica y esta cayó sobre un montón de hojas. Lo siguiente que supo Jessica es que el fuego envolvió a Emma y ahora tenía encima a Amelia, quien permanecía sobre la joven impidiéndole levantarse. Por si lo anterior no fuera suficiente, Amelia estaba vestida con nada más que una bata de baño, una imagen que Jessica había visto recientemente en el hotel de Steve unas noches antes de toda esta locura.

—¿O acaso tienes miedo de rescatarme porque esperas una recompensa al final de esto? —la voz de Amelia era suave, baja y seductora. Jessica trató de no mirar—. ¿Quieres un poco de esto, Roja? —su tono era burlón mientras un dedo abría tentadoramente la bata. Su rostro se acercó al de Jessica, sus labios carnosos y apetecibles a solo centímetros de los suyos.

—Para, por favor —suplicó Jessica mientras volteaba la cara para no mirarla—. No eres real.

—Cierto, pero…

Amelia jaló a Jessica hacia arriba, hasta que ambas quedaron de pie. Luego desapareció en una nube de humo blanco. Dejando a Jessica desconcertada. Cuando volteó a su espalda, un cúmulo de fuego se formó detrás de ella, tomando una forma más gruesa. La voz cambió al igual que la apariencia de aquella nube de fuego.

—Tu miedo sí es real, Demonio —ahora, frente a Jessica estaba John, su hermano y a quien había asesinado con sus propias manos. La sangre seca salía de su cuello y manchaba toda su ropa. Jessica sintió que su respiración se agitaba nada más verlo. Creía que ya había bloqueado la imagen de su hermano sangrando, pero claramente se equivocó—. Ah, ya descubrí lo que es —el fuego volvió a envolver el cuerpo de John, su figura se encogió y su voz cambió nuevamente.

—Tienes miedo de darme la razón, ¿verdad? —Jessica estaba frente a Ana, su madre—. Temes que si peleas y terminas matando a alguien, entonces yo habré ganado y tú serás… —las llamas volvieron a envolver a Ana y ahora era Lucía quien aparecía ante Jessica—… como yo.

Jessica empezó a sollozar nuevamente. El fuego cubrió el cuerpo de Lucía y ahora, frente a ella estaba el Fénix una vez más. Sí, todas esas personas que hablaron con Jessica no fueron otra cosa que el Fénix copiando su apariencia y voz. Mientras la chica lloraba, el Fénix, ahora con su apariencia de siempre, se agachó frente a ella.

—Entiendo tu miedo, Jessica, pero Amelia te necesita. Necesita que seas fuerte y firme. Puedes llorar, puedes tener miedo, es normal, pero no dejes que eso te paralice —el Fénix la tomó del hombro—. No voy a mentirte, si decides actuar, te convertirás en un monstruo, pero… ¿Qué clase de monstruo serás? ¿El monstruo que mata por placer o aquel que mata para proteger? Esa decisión es solo tuya.

Con esas palabras, Jessica regresó a su cuerpo y se sentía extrañamente en paz. «Un monstruo que mata para proteger», repetía esas palabras una y otra vez en su cabeza. Sí, siempre tuvo miedo de convertirse en ese Demonio que todos le decían que era. Su madre, sus hermanos James y John, y por un tiempo lo fue. Se convirtió en la más fuerte y temida de la escuela, pero ella nunca golpeaba a otros para su propio placer, no. Lo hacía para defenderse de los abusadores del lugar.

Durante mucho tiempo, su única regla era protegerse y vivir lo mejor posible. Sin embargo, ahora quería proteger algo más que a sí misma. Quería proteger a Amelia, quería proteger a Jordan y sí, por supuesto que quería hablar con Amelia, decirle lo que sentía, besarla, quitarle la ropa, ceder por completo a sus instintos más y volverse la novia de aquella peliblanca, pero su miedo la paralizó. Creía que actuar para cuidarse a sí misma ya era suficiente para que los demás la vieran como a un monstruo y le tuvieran miedo, pero cuando Amelia apareció y vio su lado salvaje, se sorprendió, sí, pero no se alejó ni se asustó. De hecho, la aceptó. Por eso se había enamorado.

Jessica ahora sabía lo que debía hacer. Ya no podía seguir viviendo con miedo. Tomó las cadenas y encendió fuego directamente en sus manos y muñecas, elevó la temperatura rápidamente y, en poco tiempo, las cadenas empezaron a ceder hasta que finalmente, Jessica era libre. Tras romper sus ataduras, la joven creó una bola de fuego de tamaño considerable, elevando la temperatura del núcleo al límite, solo para lanzarla a la puerta.

Una gran explosión sacudió el edificio y el pasillo se llenó de humo mientras Jessica salía de su prisión. Se sentía extrañamente bien, mucho más poderosa que antes, pero la joven no podía ver el cambio radical que había sufrido su cuerpo. Su cabello soltaba algunas brasas y sus ojos brillaban en un intenso color rojo carmesí, una señal de que había desatado todo su poder y que su conexión estaba en su punto más alto.

En su mirada ya no había más lágrimas, no había más miedo, solo determinación. Jessica estaba decidida en lo que iba a hacer: salvaría a Amelia, la sacaría de ese horrible lugar, le confesaría sus sentimientos una vez estuvieran a salvo y, si la peliblanca aceptaba, la haría tocar el cielo esa misma noche de ser posible. Si alguien se interponía en su camino, le haría conocer el infierno mismo a esa persona.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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