Saga Elementos - Capítulo 81
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Capítulo 81: Escape Parte 3
Cuando todas estas personas las rodearon, Amelia y Jessica se soltaron las manos y se pusieron espalda con espalda, cubriendo los puntos ciegos de la otra. Estaban en una clara desventaja numérica y, aunque eran poderosas, ambas estaban cansadas. Jessica ya había usado una buena cantidad de su energía matando a todo el que se le pusiera en frente y corriendo escaleras arriba, y Amelia no estaba mejor. La chica todavía tenía el cuerpo adormecido por las descargas que Alfonso le había dado y sus músculos se contraían en espasmos esporádicos.
Sus oponentes lo sabían y se prepararon para acabar con ellas de un solo golpe. No obstante, algo llamó poderosamente la atención de Amelia. “Todos ellos… ¡Sus conexiones son cálidas!». Esta revelación la golpeó como un baldazo de agua helada. Sus conexiones cálidas, su nivel de organización y el hecho de que pudieran encontrarlas fácilmente cuando pocas personas sabían dónde estaban, esto apuntaba a una sola cosa: sus enemigos eran Iluminados. Esto hizo que Amelia sintiera que podía razonar con ellos.
—Escuchen, estamos del mismo lado, ¿de acuerdo? No tenemos que pelear. Solo dígannos qué quieren y tal vez podamos llegar a un acuerdo —Alfonso se bufó de Amelia, pero no dijo nada. El jefe dio un paso al frente.
—Tú solo eras un pequeño inconveniente. En realidad, la queremos a ella —dijo el jefe señalando a Jessica—. Ella está relacionada con una Oscura, es peligrosa y tiene información del enemigo, así que debemos interrogarla.
—¿Y luego qué? —preguntó Amelia en tono desafiante. La forma en la que el jefe hablaba dejaba claro que no planeaba negociar con ella.
—Tenemos órdenes de ejecutarla después de extraerle toda la información que posee —la respuesta fría y despiadada del jefe le dio escalofríos a Amelia, pero sabía exactamente de dónde provenían esas órdenes.
—¿Fue Iván quien les ordenó eso? —el jefe endureció su expresión.
—Hay muchas cosas que no entiendes, niña —con un chasquido de sus dedos, sus atacantes se prepararon para avanzar—. Eres un recurso importante para la Orden, así que te daremos una oportunidad: entrega a la elemental de fuego y no saldrás lastimada.
Amelia sintió escalofríos recorrer su cuerpo. Aunque sus conexiones eran cálidas, su forma de actuar era más parecida a la de los Oscuros. Sabía que estaban agotadas y probablemente no sobrevivirían a esta pelea, pero Jessica no parecía querer rendirse y Amelia tenía una misión: llevar a Jessica, la chica que la había estado volviendo loca los últimos dos meses, a la Orden sana y salva. Con un suspiro, Amelia endureció su expresión.
—Mi misión me fue asignada por el Consejo de las 5 Estrellas. Soy la elemental de aire, Amelia Green, miembro de La Orden de la Luz, y tendrán que matarme primero si quieren ponerle las manos encima a esta sexy y ardiente pelirroja.
Al escuchar lo que dijo Amelia, Jessica se sonrojó, pero una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Por otro lado, aunque Amelia también tenía una sonrisa adornando su cara, por dentro se estaba muriendo de vergüenza. «¡No puedo creer que dije eso!», pensaba Amelia mientras sus manos sudaban como loca. Alfonso se burló de ella. No podía creer que había dado un discurso como ese. Sin embargo, Amelia tenía claras sus prioridades: si iban a morir, morirían peleando y no quería partir de este mundo sin hacerle saber a Jessica lo que sentía por ella.
—Supongo que esa es tu respuesta —dijo el jefe mientras levantaba la mano—. Es una lástima, la Orden perderá una de sus mejores armas —chasqueó los dedos y la sonrisa de Alfonso se ensanchó mientras los rayos volvían a cubrir su cuerpo.
Cuando estaban a punto de matarlas, un montón de bolas de fuego, fragmentos filosos de roca, esquirlas de hielo, algunos relámpagos, flechas y tajos de aire comprimido impactaron contra el suelo alrededor de las chicas, haciendo retroceder a sus atacantes. Estaban confundidas, pero no iban a desaprovechar la oportunidad. Amelia creó un empujón de viento que mandó a volar a todo aquel que estuviera alrededor de ellas. Una vez hubo una apertura, echaron a correr.
Salieron del encierro de la muchedumbre, solo para ser acorraladas una vez más por tres usuarios del rayo. Sin embargo, no les duró mucho porque tres flechas llegaron desde atrás y les atravesaron las piernas. Ahora ya no podían correr. Cuando sus perseguidores cayeron, las chicas pudieron ver a un grupo de extraños en la salida del patio del hotel.
—¡¿Qué esperan?! —gritó uno de los hombres—. ¡Vengan aquí!
Las conexiones de esos hombres eran cálidas y genuinamente parecían preocupados por ellas. Tenían muchas dudas, pues sus atacantes también tenían conexiones cálidas, por lo que no sabían si podían confiar en ellos, pero Amelia reconoció la voz de uno de esos hombres. Se trataba de Finn, el gerente del hotel Montclair House. Al verlo ahí, Amelia tomó a Jessica del brazo y echó a correr.
A medida que corrían, sus misteriosos rescatistas disparaban ataques a distancia a sus perseguidores. Eran ataques no letales, pues no sabían qué estaba pasando y lo que menos querían era matar a uno de los suyos, así que contuvieron su fuerza y evitaron apuntar a puntos vitales. Siguieron corriendo hasta llegar al auto.
—Finn, ellos…
—Lo sabemos, entren —el hombre no dejó terminar a Amelia y las hizo entrar al auto.
—¡Jefe! ¡No podemos parar a este! —al voltear, Finn se encontró con Alfonso.
El hombre venía a gran velocidad hacia ellos. Esquivaba todos los ataques que los hombres de Finn le lanzaban.
—¡Maldición!
—Yo me encargo de esto, Finn.
Carlos dio un paso al frente y realizó una serie de movimientos fluidos. Parecían ser poses de taichí y, aunque parecía inútil, pronto vieron resultados. Cuando Carlos levantó los brazos hacia el cielo, un gran muro de agua surgió del piso. Por el olor, el agua solo podía venir de las alcantarillas. Al ver esto, Alfonso aceleró el paso, pero fue demasiado lento. Carlos hizo que el muro se congelara y, en un instante, había una enorme pared de hielo bloqueando el camino de Alfonso y compañía.
Se tomaron un momento para respirar tranquilos, pero nada más soltar el primer suspiro, una mano rompió el muro, atravesándolo hasta el codo.
—Este tipo es muy persistente —se quejó Finn.
—Vámonos antes de que lo atraviese —Carlos se dio la vuelta, no sin antes tomar agua de un charco cercano, crear una esquirla de hielo y lanzarla hacia Alfonso, atravesándole la mano por completo.
—¡Argh! ¡Hijo de puta! —maldijo Alfonso mientras sacaba la mano del muro.
Subieron al auto y pisaron el acelerador hasta el fondo. Salieron del hotel a toda velocidad y solo había una cosa que Jessica y Amelia podían hacer luego de semejante… aventura. Suspiraron aliviadas de que esta pesadilla finalmente terminara.
—De acuerdo, ustedes dos definitivamente son un dolor en el trasero —Carlos no pudo evitar mirar de reojo a Finn, claramente irritado por su actitud.
—¿En serio? —preguntó Carlos—. Dales un respiro. Luego de todo lo que pasaron, necesitan descansar.
—El problema es que… —se detuvo al notar que ambas chicas estaban dormidas en el asiento trasero. La cabeza de Jessica reposaba en el hombro de Amelia y la cabeza de Amelia estaba apoyada en el cabello de la pelirroja—. De acuerdo, mañana les diremos todo.
*****
Ese día, el ambiente en el Monumental Palace era muy tenso. El secuestro de Jessica y Amelia era del conocimiento de todos y Steve estaba intentando encontrar a las chicas utilizando cada uno de los recursos a su disposición. De hecho, había mandado al diablo cada una de las reglas que le prohibía involucrar a Matthew en todo este asunto. No tenía tiempo para preocuparse por la burocracia. Necesitaba toda la ayuda posible.
Amy, por su lado, se encontraba en el gimnasio, golpeando y pateando a su madre a medida que su combate se prolongaba. Laura era una luchadora, una practicante de kickboxing, portadora de un cinturón negro, y Amy, si bien no tenía ese nivel, seguía siendo su hija y la única forma que conocía para ventilar su furia era golpeando a alguien. Ambas tenían el mismo método para controlar su ira.
En cuanto a Jordan, él se encontraba en su habitación rezando su cuarto rosario del día con lágrimas en los ojos. Su nariz escurría y sus ojos se desbordaban solo de pensar en lo que le podrían estar haciendo a su hermana. Claro que también le preocupaba Amelia. Rezaba por su vida con el mismo fervor con el que lo hacía por Jessica, pero Amelia no era su hermanita. Ella podía defenderse, tenía el entrenamiento, el conocimiento y la inteligencia para lidiar con cualquier cosa que se le pusiera en frente, pero Jessica no tenía esos recursos.
Lo único que podía hacer hasta que aparecieran era rezar. Lo cual solo empeoraba su malestar. ¿Esto era todo lo que podía hacer? Sí, y eso solo lo enfurecía aún más. No podía hacer nada por ellas, solo rezar y esperar a que Dios no se las llevara. No pudo evitar reírse de solo pensar en lo que su madre le haría si supiera en lo que estaba pasando por su mente. Diría que era una blasfemia y probablemente lo golpearía con lo primero que tuviera a la mano.
Jordan no lo soportó más. La situación ya era insoportable para él. Golpeó el colchón, tomó el rosario y, en un acto de furia desmedida, lo lanzó por la ventana con toda su fuerza solo para proceder a destrozar la habitación. Entre gritos y gruñidos que parecían los de una bestia salvaje, lanzó las almohadas contra las paredes, desparramó las sábanas por el piso, hasta destrozó una maceta de una patada antes de lanzar un pedazo de la misma por la ventana. Los últimos meses, su entrenamiento con Matthew y Raymond lo habían dotado de una fuerza enorme y ahora que estaba furioso no era diferente a un animal salvaje.
—¡Jordan! ¿Qué demonios haces? —Raymond, su maestro en el combate con armas, apareció en su cuarto.
Y al ver su rostro contorsionado por la ira, supo que el chico estaba almacenando demasiada rabia, demasiadas emociones. El joven no quería que su hermana se involucrara con estas personas. Solo había aceptado porque creyó que era la mejor forma de protegerse de quienes los perseguían, pero él no quería que Jessica participara en todo esto. Cuando escuchó que la habían secuestrado, simplemente no lo pudo soportar. La frustración, el miedo y la rabia que antes parecían infundados, ahora eran reales.
El joven arremetió contra Raymond con toda su furia. Lo embistió con tanta fuerza que salieron del cuarto y terminaron chocando contra la pared del otro lado del pasillo. Golpeó sus costillas y luego el rostro de Raymond, quien lo sujetó con firmeza al sentir el golpe en su quijada. Lo derribó y lo aprisionó en el suelo. Jordan empezó a gritar y llorar mientras forcejeaba contra Raymond.
—Tranquilo, chico —Raymond intentaba calmar a Jordan.
La escena, inevitablemente, atrajo la mirada de mucha gente que se juntó para ver qué pasaba. Todos pensaron que el hotel estaba siendo atacado, pero solo era un joven en medio de una crisis, cosa que molestó a más de uno.
—¡Le prometí que la protegería! ¡PROMETÍ QUE LA PROTEGERÍA! —Jordan gritó entre lágrimas.
Fue ahí que todos dejaron de estar molestos para sentir pena por el chico. Todos sabían que él era el hermano mayor de Jessica y tenían una ligera idea de cuál era la situación familiar de los hermanos. Por lo que entendían muy bien su dolor. De hecho, todos estaban de acuerdo en que esta situación era un verdadero asco. Ellos solo eran niños. Jordan y Amy tenían 17 años, pero seguían siendo un par de adolescentes. Tendrían que estar cometiendo locuras, pintando grafitis en la calle, jugando videojuegos, saliendo con sus amigos, ir a la escuela y sus únicas preocupaciones deberían ser conseguir pareja y sacar buenas notas. En su lugar, estaban expuestos a toda esta… trama de traiciones, conspiración, secuestros, guerra, asesinatos y muerte. Era normal que Jordan se pusiera así con solo pensar que perdería a la única familia que le quedaba. Lo que nadie sabía era que las palabras de Jordan, en realidad, tenían otro significado.
Mientras Jordan colapsaba en un mar de lágrimas, Matthew luchaba por obtener información del hombre que se hacía llamar Gabriel Mousses, y quien decía llamarse 2563. Llevaba tres horas interrogándolo, pero no conseguía sacarle nada. Este hombre decía no tener idea de lo que estaba sucediendo.
—Vamos, Gabriel. Debe haber algo —le dijo Matthew mientras luchaba para mantener la calma. Luego se plantó frente a este hombre y lo miró con una cara de preocupación—. Escucha, no quiero saber nada sobre tu misión. No me interesa, ¿de acuerdo? Ahora mismo hay dos niñas ahí fuera que fueron secuestradas y algo me dice que tú tienes una idea de quién hizo esto. Quiero decir, los Iluminados no suelen secuestrar a su propia gente, así que aquí debe haber algo más —Gabriel miró a Matthew y suspiró.
Lo habían adoctrinado desde bebé para mentir y evitar las emociones. Para un espía, las emociones eran un lastre. El amor, la empatía, el deseo, todo eso solo era un obstáculo que les impediría cumplir su misión. Sin embargo, Gabriel y Xing eran de los pocos miembros en el programa de espionaje de la Orden que mantenían un poco de su humanidad. Por eso entendía muy bien la preocupación del hombre. Suspiró con pesadez antes de responder.
—No sé si estarán relacionados, pero los espías trabajamos estrechamente con otro grupo clandestino de la Orden —Gabriel comenzó a hablar—. Se llaman Luces Fantasmas y siguen órdenes directamente de la Estrella del Aire. Ellos se encargan del trabajo sucio, el que nadie quiere realizar. Por ejemplo, el asesinato de personas peligrosas, pero “inofensivas”, como un político que sabe demasiado y quiere exponernos.
—¿Ellos secuestraron a las chicas?
—Son perfectamente capaces de hacerlo, pero, como dije, no sé si están involucrados en esto —Matthew sentía que iban por buen camino.
—Necesitamos hablar con ellos —claramente, Matthew no estaba haciendo sugerencias.
—Tienen un hotel cerca de Catonsville, en Maryland —suspiró Gabriel—. Se llama Osprey & Orchid. Es un hotel de cuatro estrellas y tres pisos.
—Gracias.
Matthew salió corriendo fuera del cuarto para ir en busca de Steve. No tardó en encontrarlo e informarle lo que le había dicho Gabriel y, nada más recibir esta información, corrió a llamar a Finn y Carlos, quienes eventualmente llegaron al hotel Osprey & Orchid y sacaron a las chicas de esa pesadilla.
Ahora, el plan que habían trazado con Steve era de lo más simple: las chicas pasarían la noche en el Montclair House y en la tarde del día siguiente regresarían al Monumental Palace en la capital. Sin embargo, nadie imaginaba todo lo que sucedería esa noche.
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