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Saga Elementos - Capítulo 82

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  4. Capítulo 82 - Capítulo 82: Una Noche de “Descanso” Parte 1 [+18]
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Capítulo 82: Una Noche de “Descanso” Parte 1 [+18]

El auto se estacionó frente a la entrada del Montclair House y Finn sacudió a ambas chicas, despertándolas de su sueño.

—Llegamos, chicas —por primera vez, su tono sonaba tierno y amable, cosa que sorprendió a Carlos.

Ambas chicas bostezaron mientras bajaban del auto. Su apariencia física era bastante precaria. Las habían despojado de su ropa, por lo que, ahora mismo, ambas estaban en ropa interior. Además de eso, Jessica tenía algunas heridas sin tratar en su cuerpo, producto de la pelea que tuvo para llegar con Amelia. En cuanto a la joven peliblanca, ella tenía algunas quemaduras superficiales en la piel debido a las descargas que recibió de Alfonso, pero por lo demás estaba perfectamente bien, pero sí, su aspecto podría ser mejor.

Nada más entraron al hotel, fueron recibidas por dos sanadores que no tardaron en atender sus heridas y dejarlas como nuevas, pero no pudieron hacer nada por la cicatriz en el rostro de Jessica. Ya estaban listas para ir a sus habitaciones a dormir y se dirigían al ascensor cuando Finn las detuvo.

—Escuchen, no se angustien por nada, ¿de acuerdo? Duerman todo lo que necesiten y mañana les daremos toda la información que tenemos hasta ahora —Finn les explicó.

La actitud de Finn sorprendió a todo aquel que estuviera cerca de él, pues normalmente era alguien cínico, sarcástico y algo volátil en su temperamento, pero ahora se mostraba preocupado por las chicas. Haciendo caso omiso de las miradas de sus compañeros, Finn continuó.

—Lamentablemente, no tenemos ropa para ustedes, pero tranquilas, pueden usar las batas de baño que hay en los armarios para dormir esta noche. Son muy cómodas. Me han dicho que es como estar dentro de una nube.

—Gracias, tío Finn… por todo —Amelia se sentía aliviada de ver una cara conocida.

Finn no era cualquier hombre, era el hermano menor de su padre. Finn Green, hermano de Jefferson, “Jeff”, Green, quien era el padre de Amelia, lo que lo convertía en su tío paterno. Todo lo que sabía de sus padres se lo debía a Finn. El hombre abrazó a su sobrina y le dio un beso en la cabeza.

—No es nada, pequeña —Finn les entregó las llaves a ambas chicas. Dormirían en habitaciones separadas—. Buenas noches a ambas.

Se despidieron del hombre y subieron al penúltimo piso. El Montclair House era un hotel de cinco estrellas con los mejores lujos y comodidades. Wi-Fi de alta velocidad para los huéspedes, la mejor comida, grandes vistas en las habitaciones, televisión satelital con más de 1000 canales, spa, gimnasio, bar y hasta un casino. Era muy parecido a un hotel de Las Vegas, pero con la gran diferencia de que todos los huéspedes podían llegar a matarte quemándote hasta los huesos, ahogándote en una burbuja, cortándote en rodajas, electrocutado hasta que se te salgan los ojos, entre muchas otras formas que harían ver a las trampas de Jigsaw como juegos infantiles en comparación.

Los pasillos del hotel estaban pintados de un hermoso color blanco con detalles en rojo. Eran amplios y estaban repletos de plantas y algunas fuentes en las paredes, todo para que los usuarios de los elementos agua, aire y tierra pudieran pelear cómodamente, pero los usuarios de fuego eran los únicos que la tendrían difícil para pelear, pues los que manejan el elemento rayo podían absorber la energía de las luces en el techo, pero un encendedor de mano sería suficiente para suplir la desventaja.

Llegaron a sus habitaciones. Estaban una al lado de la otra. De hecho, eran habitaciones contiguas, es decir, que podían llegar a la habitación de la otra con solo cruzar una puerta. Finn hizo esto a propósito para ayudar a su sobrina. Pensó que Amelia necesitaba la compañía de una amiga luego de lo que pasó. Jessica dormiría en la habitación 182 y Amelia en la 183. Antes de entrar, Amelia se dirigió a Jessica.

—Voy a darme una ducha. Luego de lo que pasó, necesito limpiarme —Jessica sonrió.

—Me leíste la mente.

Entraron a sus respectivos cuartos y ambas repitieron las mismas acciones. Se desnudaron, agarraron una bata de baño y entraron a lavar sus cuerpos. Al mirarse al espejo, Jessica notó que le había quedado una cicatriz en su mejilla, producto del corte de esa flecha. No le dio importancia. Después de todo, su espalda ya estaba llena de cicatrices causadas por su madre. Una más no significaba nada.

El baño del Montclair House era un poco diferente al del Monumental Palace. En casi todo se parecían. Artículos de belleza en las repisas y un aromatizante de menta en el tocador. En lo único que diferían es que el baño del Montclair House era más grande en espacio y tenía un jacuzzi en lugar de una ducha.

Al meterse al jacuzzi, Jessica buscaba dejar atrás sus preocupaciones. Se limpió la sangre en su cuerpo y se lavó el cabello hasta quitar toda la grasa, ceniza, sangre y cualquier otra porquería que hubiera en su cabeza.

Luego de ese relajante y bien merecido descanso, volvió a su habitación y se acostó en la cama, esperando a quedarse dormida, pero, por más que esperó y esperó, no sucedía nada. Pasó más de una hora rodando de un lado a otro, pero no conseguía dormirse.

Al mirar la hora, notó que era la 1:00 AM y ella no conseguía pegar un ojo. La razón era muy simple. Cuando Finn las despertó al llegar, todo el sueño desapareció, por lo que tardaría un rato en volverse a dormir, suponiendo que no pasara toda la noche en vela. Intentó ver televisión, pero no conseguía encontrar nada interesante por más que cambiaba de canal. Al final, optó por apagarlo y, cuando lo hizo, su mirada se posó en la puerta que daba a la habitación de Amelia. Con un suspiro se levantó y caminó hasta ahí.

Una vez frente a la puerta, tocó dos veces y no tardó en escuchar una respuesta del otro lado.

—Pasa —al abrir, Jessica encontró a Amelia parada frente a ella. Ambas estaban usando una bata de baño y la joven peliblanca desprendía un aroma a lavanda. Claramente acababa de bañarse—. Estaba a punto de ir a verte —dijo mientras desviaba la mirada y se sentaba en la cama.

—Tampoco puedes dormir, ¿eh? —Amelia sonrió en respuesta—. Escucha, Amelia, yo… sé que estamos en una situación complicada, pero tenemos que hablar sobre… esto. En serio, ya no aguanto más esta tensión que hay entre nosotras —la joven peliblanca desvió la mirada al suelo con algo de tristeza.

Era cierto, las últimas semanas las cosas estaban tensas entre las dos. Cada vez que hablaban, el ambiente se sentía diferente. Tal vez “pesado” no sea la palabra correcta para describirlo, pero tampoco se podía decir que las cosas entre ellas estaban bien. Las dos sabían perfectamente a qué se debía esta tensión, pero ninguna quería hablar del tema.

Amelia tenía miedo de no ser correspondida y de que Jessica pensara que solo fingía sentir algo porque “era su misión”. Debía llevarla a Nepal, pero se enamoró de ella. ¿Qué haces cuando el objetivo de tu misión se vuelve tu más grande anhelo? Amelia no lo sabía y temía la reacción de Jessica. Se imaginaba un escenario donde le confesaba sus sentimientos a la pelirroja y era cruelmente rechazada.

—¿Que yo te gusto? Por favor, Amelia. Sabes que solo soy tu misión, no puedes enamorarte de mí —eso era lo que Amelia imaginaba y claro que sabía que Jessica jamás diría eso, pero su miedo la volvía insegura.

Jessica, por su lado, estaba igual. También tenía miedo de que, si se confesaba, Amelia solo fingiera corresponderle y, cuando la misión terminara, se distanciaría hasta finalmente romper con ella. Sin embargo, a pesar del miedo que se acumulaba en su interior, decidió actuar.

—Solo… olvídalo —pidió Amelia sin poder mirar a Jessica. Sabía que este momento llegaría, pero no estaba preparada.

—¿Me pides que olvide que me llamaste “sexy” y “ardiente” hace rato? —Amelia se puso como un tomate y Jessica siguió hablando—. Cuando esa mujer me interrogaba, me mostró todo lo que te hicieron, escuché cada uno de tus gritos y supliqué para que se detuvieran y sí, el Fénix habló conmigo, y me dijo que debía escoger entre ser un monstruo que mata por placer o uno que mata para proteger… lo que más aprecia —Amelia se volteó al escuchar esa última parte—. Amelia, la cosa es… que siento algo por ti, ¿de acuerdo? Me gustas —Jessica guardó silencio por un momento, dejando que el peso de esas palabras se asentara. Estaba hecho, no había vuelta atrás—. Si no me correspondes, está bien, pero no puedo seguir guardándome esto en el pecho por más tiempo.

Jessica suspiró una vez que terminó de hablar. Sentía sus mejillas arder y no era para menos. Acababa de confesarle sus sentimientos a Amelia y esta se quedó completamente muda. La pelirroja agachó la cabeza. Se sentía algo decepcionada, pero sabía aceptar su derrota. Si Amelia no sentía lo mismo que ella, entonces no insistiría.

—Solo quería decirte eso —dijo mientras se daba la vuelta y tomaba rumbo a su habitación por la puerta contigua—. Te dejaré dormir. Buenas noches, Amelia.

Siguió caminando y justo cuando estaba cerrando la puerta del lado de su habitación, Amelia se interpuso y le impidió cerrar. Jessica estaba confundida, pero podía ver que las mejillas de la joven de cabello blanco estaban rojas, pero su mirada era decidida.

Por un breve momento, Amelia pensó que lo mejor era dejarla ir. Que no debía ir tras ella, pero sus emociones fueron mucho más fuertes que su voluntad que, a decir verdad, tampoco era la más fuerte en ese momento. No, más bien, Amelia estaba cansada de resistirse y de reprimir lo que realmente sentía. Mantuvo su mirada fija en esos ojos rojos que tanto la hacían suspirar y se armó de valor para pronunciar la primera palabra.

—Eres mi misión… mi objetivo —dijo Amelia—. Fui enviada aquí para buscarte y llevarte a la sede de la Orden en el Himalaya. Y no tienes idea de lo feliz que estoy por eso, porque pude conocerte y enamorarme de ti. ¡Maldición! Cada vez que estoy cerca de ti siento que es una tortura porque no puedo decirte lo que siento y lo único que quiero es… —Amelia dejó de hablar.

Ya no tenía más aliento para seguir hablando y, la verdad, tampoco quería seguir hablando. Se lanzó hacia Jessica y pegó sus labios con los de ella. Esto tomó por sorpresa a la chica y la hizo retroceder, pero pronto correspondió el beso con la misma intensidad. El beso al principio fue agresivo, pero pronto la intensidad se redujo considerablemente hasta un ritmo lento y tierno.

Se separaron y ambas tenían la cara roja, tanto por la falta de aire como por la emoción que sentían en ese momento. Ese beso lo dejaba todo claro: lo que sentían por la otra era mutuo y esto las hacía muy felices. Amelia tomó a Jessica de la mejilla y pasó su pulgar suavemente por la cicatriz en su rostro. La pelirroja la dejó hacerlo sin oponerse. Tras unos segundos, Amelia se acercó a besar la cicatriz con suavidad. Cuando se separó, miró a Jessica, quien sonrió y le acomodó el cabello detrás de la oreja antes de reclamar sus labios una vez más.

Esta vez, fue Jessica la que tomó la iniciativa. Por su lado, Amelia usó una ráfaga de aire para cerrar la puerta contigua y, una vez cerrada, se entregó por completo al beso y las atenciones de la joven que la sostenía en sus brazos, quien, para este punto, solo actuaba por instinto, sin saber realmente qué estaba haciendo. Sus manos bajaron por la espalda de Amelia y la acercó aún más a su cuerpo. No quería dejarla ir, no quería soltarla, solo quería sujetarla hasta quedarse sin fuerzas e incluso así seguiría sosteniéndola. Amelia notó esto y, por alguna razón, eso la hacía sentirse bien.

El tacto de Jessica se volvió un poco más posesivo, apretando a Amelia contra su cuerpo lo más que podía. No llegaba a ser algo malo, más bien eran las emociones descontroladas que la pelirroja estaba sintiendo las que la obligaban a actuar así.

—Mmm~

El tacto de Jessica hizo que un gemido saliera de los labios de Amelia. Aquello fue música para los oídos de la pelirroja. Al escuchar ese hermoso sonido, sintió que el calor aumentaba en su interior y no se trataba de alguna llama. Esto era más especial… más primitivo, más íntimo, y le gustaba. Se separaron para tomar aire una vez más. Amelia suspiró y juntó su frente con la de Jessica. Ninguna de las dos podía creerlo.

Hace solo unos meses, Jessica era ocho centímetros más baja que Amelia y ahora tenían casi la misma altura. Amelia respiraba pesadamente contra Jessica, quien besó su mejilla una vez, luego otra y otra más. Prácticamente llenó su cara de besos tiernos y amorosos, provocando algunas risas adorables en la peliblanca. Cuando terminó con su rostro, bajó besando su mentón hasta llegar a su cuello y reclamó esa zona también.

—Mmm~

Amelia gimió una vez más, lo que provocó que Jessica intensificara sus atenciones en esa área.

Continuó besando su cuello y cuando terminó regresó a sus labios, siguió besándola y la tomó de la espalda para que ella no fuera a ninguna parte. Amelia estaba tan perdida en el placer que su noción del tiempo se estaba distorsionando. ¿Cuánto tiempo habían estado besándose? ¿Un minuto, diez minutos, una hora? No lo sabía, pero tampoco quería detenerse a averiguarlo.

Jessica estaba igual. No le importaba permanecer ahí una semana entera, solo le importaba que ese momento no terminara nunca. Continuó su labor con fervor y fue un paso más allá. Sus manos descendieron hasta el trasero de Amelia y agarró sus nalgas, atrayéndola aún más hacia ella, si es que eso era posible. Este acto hizo que Amelia se diera cuenta de que esto se estaba saliendo de control. «Debo parar esto, yo…» Jessica volvió a bajar a su cuello y, esta vez, le dio un mordisco, justo en la zona donde se junta el cuello con los hombros.

—¡Ahhh!~

Amelia ya no podía controlar sus gemidos y Jessica tampoco podía controlar sus acciones. «Al diablo todo», la peliblanca ya no quería parar, nunca lo quiso. Sus protestas anteriores eran solo los pocos destellos de conciencia que aún quedaban en el fondo de su mente, los cuales le decían que debía detenerse, pero ahora… solo quería llegar al final. Su mente lo quería, su cuerpo se lo exigía y ella lo deseaba con todas sus fuerzas.

Se apartó de Jessica, cosa que confundió a la pelirroja. Pensó que tal vez había hecho algo mal, que quizás había sido demasiado atrevida, pero en realidad era todo lo contrario. Había conseguido que una chica tan hermosa como Amelia estuviera dispuesta a entregarse a ella. La peliblanca retrocedió dos pasos antes de detenerse y mirar a Jessica. Cerró los ojos y soltó su bata de baño, abriéndola y dejándola caer al suelo, revelando lentamente su cuerpo desnudo ante Jessica, quien la miraba totalmente hipnotizada por aquella vista tan hermosa.

—Quiero algo más que besos, Roja —fue ahí que Jessica entendió que esta noche iba a ser espectacular.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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