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Saga Elementos - Capítulo 83

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  4. Capítulo 83 - Capítulo 83: Una Noche de “Descanso” Parte 2 [+18]
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Capítulo 83: Una Noche de “Descanso” Parte 2 [+18]

Jessica luchaba para entender la situación. Todo se sentía tan surrealista, era imposible que esto estuviera pasando ¿verdad? No, era imposible que una chica como Amelia se desvistiera frente a Jessica, pero eso es justo lo que estaba pasando y era una vista hermosa, una por la cual cientos matarían con tal ver un pedacito de esto.

El cuerpo de Amelia era simplemente perfecto. Hermosa piel color canela y cabello de un blanco tan puro como la nieve. Sus pechos de tamaño mediano se veían firmes y sus pezones ya se encontraban duros como rocas, ansiosos por recibir atención.

Jessica bajó aún más la mirada, admirando su cuerpo como si fuera la obra de arte más hermosa de todo el mundo. Su mirada se posó en la intimidad de la chica peliblanca, totalmente limpia y sin un solo vello, lo cual la hizo tragar saliva. Al sentir la intensa mirada de Jessica recorrer su cuerpo desnudo, Amelia volteó la cara mientras su rostro se sonrojaba furiosamente. Sin embargo, aunque se sentía un poco incómoda por la repentina atención que estaba recibiendo, en realidad no se sentía mal. De hecho, era todo lo contrario. Se sentía alagada y hasta le gustaba tener la intensa mirada de Jessica sobre su cuerpo desnudo, la hacía sentirse como una reina. Normalmente no era vanidosa o presumida, pero de vez en cuando no estaba mal dejar que otra persona la admirara, la hacía sentirse deseada.

Luego de un minuto, más o menos, Amelia regresó con Jessica y la besó una vez más. A diferencia de los besos anteriores, este era más hambriento y apasionado, pero también inexperto. Claramente, eran nuevas en esto, tanto que incluso sus dientes llegaron a tocarse en un par de ocasiones, obligándolas a separarse un poco solo para seguir besándose después de unos segundos.

A medida que la temperatura subía, Jessica empezó a perder el control sobre sus acciones. Sus besos eran cada vez más intensos, tanto que incluso llegó a meterle la lengua en la boca a Amelia, cosa que la sorprendió, pero rápidamente le regresó el gesto con la misma intensidad y entrega. La situación iba escalando y Jessica lo sabía. Movió sus manos por la espalda de Amelia, provocando escalofríos por todo su cuerpo. Intentó tomar su trasero una vez más, pero la joven peliblanca tomó su brazo, lo apartó y luego miró a Jessica con un puchero adorable en su cara. Volvieron a besarse y, tras unos segundos, la pelirroja volvió a intentar lo mismo, pero no cambió el resultado.

Lo único que cambió fue la mirada de Amelia, era como si quisiera decirle algo a Jessica, pero esta entendía de qué se trataba. Al ver esto, la peliblanca decidió explicarse.

—No es justo que solo yo esté así —fue ahí que Jessica entendió lo que pasaba. Amelia quería que ella también estuviera desnuda y, hasta que eso sucediera, no la dejaría llegar más lejos.

—Realmente, no hay nada que mostrar —Jessica desvió la mirada, sientiéndose un poco avergonzada, Amelia le acarició la mejilla y le dedicó una mirada gentil.

—Yo seré quien juzgue eso, Roja.

Sin esperar a que Jessica dijera una sola palabra más, Amelia desató la bata de Jessica y empezó a retirarla lentamente de su cuerpo, quería disfrutar el momento tanto como fuera posible. Una vez la bata cayó al piso, Amelia se apartó un poco para admirar a Jessica.

Su cuerpo era un poco más grueso que el de Amelia, pero no porque tuviera algunos kilos de más, en realidad era porque Jessica era considerablemente musculosa. Tenía los bíceps marcados, sus muslos parecían ser firmes, pero al mismo tiempo suaves y finalmente, lo que más llamaba la atención de la joven peliblanca, su abdomen plano, bien trabajado, tonificado y con la silueta de un six pack. Amelia no pudiera evitar morderse el labio inferior. ¿En serio esta chica era la misma Jessica de hace dos meses? Apenas podía creerlo. Sí, sus pechos eran pequeños y su trasero era plano, pero ¿qué importaba eso? Jessica era una belleza por sí sola, no necesitaba tener un trasero gigante o unos pechos de tamaño descomunal. Era perfecta así como estaba.

Amelia tragó saliva y, sin contenerse más, empujó a Jessica a la cama solo para subirse en su regazo y percibir el aroma de Jessica. Una mezcla entre canela, lavanda y madera quemada. Al mismo tiempo, la pelirroja percibió el olor Amelia, era una combinación de eucalipto, jazmín y, por supuesto, lavanda. Este último olor le pertenecía al shampoo del hotel, pero todo lo demás venía de las chicas. La joven de cabello blanco pudo notar la mirada nerviosa de Jessica y rápidamente dedujo la razón.

Jessica, a pesar de no sentirse acomplejada por su cuerpo, sí tenía una preocupación que la hacía sentirse insegura cuando pensaba en el sexo: le asustaba no ser lo suficientemente “llamativa” para otras chicas. Su cuerpo, al no haber sido bien alimentado por mucho tiempo, no se desarrolló como debería y sí, es cierto que ella prefería vestirse de forma masculina y no actuar como una chica “duelce, inocente e igenua”, pero Jessica seguía siendo una joven que buscaba amor, comprensión y apoyo en su pareja. Al notar esto, Amelia sonrió.

—Eres hermosa, Jessica —Amelia tomó el rostro de la chica entre sus manos.

Al escuchar estas palabras, Jessica sintió que algo muy dentro de ella se derretía. Era la primera vez que alguien la validaba y le decía que era hermosa o que la encontraran atractiva. Cosa que la hizo muy feliz

—Ahora sí, date gusto, Roja. Haz todo lo que quieras conmigo.

Volvieron a fundirse en un beso profundo y apasionado, no buscaban separarse, querían disfrutar de cada segundo que tenían y, aunque esa era la intención, el calor del momento hizo que Jessica no pudiera esperar más tiempo. Tomó a Amelia de los hombros y la tiró a la cama, para después ponerse sobre ella. El cuerpo de la chica peliblanca se hundió en el colchón y tenía la imponente vista de Jessica ante sus ojos. A pesar de ser dos centímetros más alta que ella, Amelia se sentía muy pequeña en ese momento.

Jessica la volvió a besar, pero no estuvo mucho tiempo en sus labios, ya que comenzó a descender lentamente. Primero se detuvo en su mentón, mordió su barbilla antes de continuar y parar en su cuello, lo besó, lamió, chupó y mordió. Todo mientras Amelia arqueaba la espalda y gemía, de hecho, mordió su dedo índice para tratar de callar los sonidos que salían de su boca. Sin embargo, Jessica solo estaba comenzando. Bajó un poco más por su cuerpo y se detuvo en sus senos. Paró unos segundos para admirarlos bien, buscando grabar su forma y contorno en su mente para recordar este momento por siempre. Cada detalle, cada aroma, cada sonido y cada palabra, quería guardarlo todo en su cerebro.

Luego de unos segundos, sus bajos instintos, impulsos primitivos y hormonas descontroladas tomaron el control de su cuerpo. Bajo la cabeza y se llevó uno a la boca para comenzar a chuparlo y lamerlo.

—¡Ah! Mmm~

Amelia gimió al sentir la boca de Jessica sobre su pecho izquierdo. La dejó trabajar sin oponer resistencia. Lo único que podía, y quería, hacer era dejar sus manos en la espalda de la pelirroja. Bajo las yemas de sus dedos podía sentir las líneas de cada músculo de la joven que ahora le estaba dando placer, así como la textura de su piel y la marcada diferencia que había entre su piel sana y las cicatrices que pintaban toda su espalda. Dichas cicatrices también recibieron su pequeña dosis de amor, pues el toque gentil de Amelia enviaba escalofríos por todo el cuerpo de Jessica haciéndola gemir mientras trabajaba en el pecho de Amelia.

Jessica soltó su seno izquierdo y pasó al derecho, pero esta vez fue un poco más agresiva, pues ahora sus atenciones eran más precisas. Chupó el pezón de Amelia, también lo lamió y todo esto mientras usaba su mano derecha para estimular el pecho libre de la joven peliblanca. Esto causó que Amelia empezará a gemir más alto y, para finalizar, le dió un mordisco.

—¡Ahhh!~

Amelia no pudo contener ese ruido, solo se detuvo cuando Jessica volvió a sus labios, silenciando cualquier sonido que la peliblanca pudiera emitir. Cuando se separaron, Amelia veía devoción en los ojos de Jessica. La respiración de ambas era pesada, pero aún no se sentían cansadas en lo más mínimo, Amelia no perdió el tiempo y, de un solo movimiento, se puso sobre Jessica.

La besó antes de bajar a su pecho y llevarse el pezón derecho a la boca, buscaba regresarle el favor a Jessica y demostrarle que sentía lo mismo por ella. Además, tampoco quería quedarse atrás en esto. Continuó con sus atenciones y, aunque un poco más callada, Amelia podía ver qué la pelirroja lo estaba disfrutando. Finalizó con un mordisco y luego regresó a sus labios. Aprovechó la oportunidad para recorrer el cuerpo de Jessica con sus manos, sintiendo sus músculos firmes bajo las yemas de sus dedos. El besó se profundizó tanto que ambas sentían la lengua de la otra en la garganta.

Continuaron así un rato, hasta que Jessica sintió que Amelia bajaba su mano hacia su intimidad. Al sentir esto, la pelirroja cerró sus piernas por instinto, causando una mirada confundida en la peliblanca, quien rápidamente pudo notar que Jessica estaba asustada. Sonriendo con calidez, besó toda la cara de Jessica. Sus mejillas, su frente, sus labios, la punta de su nariz, llenó todo su rostro de besos tiernos y amorosos que, en otras circunstancias, Jessica le hubiera dicho que era muy empalagosa, pero ahora solo disfrutaba ser el centro de atención y que la mimaran un poco. Amelia finalmente se detuvo.

—Soy tuya, Jessica —le dijo con una mirada amorosa—. Y quiero que seas mía, pero solo si tú quieres —escuchar estas palabras hizo que Jessica se sonrojara mucho. Tomó la mano de Amelia, la que sujetaba su mejilla, y besó su muñeca.

—Solo sé gentil, nunca había hecho algo así antes —Amelia besó su frente antes de dedicarle una sonrisa.

Jessica abrió sus piernas, dándole acceso total a Amelia. La peliblanca no perdió el tiempo y comenzó a frotar la pequeña y delicada flor de Jessica con sus dedos. Usó su pulgar para estimular su clítoris y la reacción no se hizo esperar.

—¡Ahhh!~

Jessica gimió sin control mientras su cuerpo era estimulado sin cuartel, haciéndola experimentar un placer sin límites, su intimidad comenzó a mojarse a medida que el placer iba en aumento, pero esto apenas empezaba. Amelia quería tomarla y reclamarla como suya. Cuando sintió que Jessica ya estaba lo suficientemente lubricada, introdujo su dedo corazón dentro de ella.

—¡Ahhh!

Esta vez, no fue un gemido lo que salió de sus labios, fue un grito de dolor, provocado por la ruptura de su himen. Al ver esto, Amelia besó a Jessica, buscando consolarla. Usó su mano libre para limpiar las lágrimas de la pelirroja mientras usaba su pulgar para estimular el clítoris de Jessica, buscando reemplazar ese dolor por placer y, poco a poco, lo estaba consiguiendo, pero la situación no era justa.

Amelia tomó la mano de Jessica, la guió hacia su intimidad y la miró directo a los ojos.

—Hazlo, Jessica —la joven, pérdida en una mezcla confusa entre dolor y placer, no entendía a qué se refería Amelia con eso—. Tú ya eres mía, pero yo también quiero ser tuya, Roja.

Escuchar esas palabras hizo que Jessica se tranquilizara y le dio valor. Introdujo su dedo medio en la intimidad de Amelia, quien también se estremeció, pero no le dolió tanto como a ella. Se besaron un poco más y luego empezaron a mover sus dedos en el interior de la otra.

El cuarto pronto se llenó del sonido de sus gemidos y el aroma a sexo, pero no les importaba. Siguieron haciéndolo hasta que se volvió algo rápido y frenético siempre priorizando el placer de la otra. Ambas movían sus caderas, buscando más contacto y, a su vez, más placer.

—¡Amelia, ya no puedo más! —Jessica estaba al borde de su clímax.

—Yo tampoco —Amelia tampoco iba a aguantar más tiempo.

Finalmente, tras unos segundos más, y con un grito ronco de parte de ambas, sus cuerpos se estremecieron mientras el orgasmo las golpeaba. Amelia estaba tan débil que se dejó caer sobre Jessica, quien estaba gustosa de tener a esta chica tan maravillosa en sus brazos. La abrazó con ternura y besó su frente con adoración, Amelia levantó la cabeza y besó los labios de Jessica mientras se sujetaba a sus hombros. Sin embargo, a pesar de que acababan de llegar al clímax, ambas todavía tenían energía para seguir.

Jessica se levantó luego de un tiempo prudente y se puso encima de Amelia, la mirada de la chica peliblanca decía claramente que quería seguir. Tras besarla, Jessica empezó a descender por su cuerpo hasta llegar a su intimidad, dejando un camino de besos y saliva por todo el torso de Amelia. Una vez en su jardín sagrado, comenzó a lamer y chupar cada centímetro del mismo, disfrutando de su dulce néctar y su sabor. Esto provocó gemidos en Amelia quien ya estaba muy sensible luego del primer orgasmo y solo podía arquear su espalda, buscando más contacto. Disfrutó del placer que Jessica le daba, ese hormigueo en su piel, ese fuego cresciendo en su interior, no quería que parara. No obstante, Amelia también quería participar.

—Jessica… espera —la pelirroja se detuvo por un momento—. También quiero hacerte sentir bien.

La peliblanca atrajo a Jessica una vez más, la besó, saboreando sus propios jugos en el proceso, pero no le importaba. Luego de separarse se puso sobre Jessica, pero esta vez cambió su postura. Ahora su intimidad estaba sobre el rostro de Jessica y el rostro de Amelia estaba encima del sexo de la pelirroja, un perfecto 69. Sin decir una palabra más, Amelia bajó su boca hasta la humedad de Jessica y comenzó a saborear a esta chica que la volvía loca en muchos sentidos.

—Mmm~

Jessica ahogó un gemido antes de volver a trabajar en los labios de Amelia, sujetándola de sus nalgas para mantenerla pegada a sus labios. El cuarto se llenó de gemidos ahogados y pronto las dos sentían que otro orgasmo estaba cerca. Cuando esto pasó, Amelia se retiró, cosa que confundió mucho a Jessica ¿Acaso había hecho algo mal? No, para nada, la peliblanca solo quería terminar con broche de oro.

—Ven aquí, Roja.

La levantó y se sentó frente a ella en la cama, tenía las piernas abiertas y, poco a poco, acomodó a Jessica de tal forma que sus intimidades se tocaban, una posición vulgarmente conocida como “Tijeras”. Segundos más tarde, la habitación volvió a llenarse de gemidos, ruidos húmedos y el sonido de carne contra carne. Las dos estaban tan metidas en su mundo que no les importaba si alguien las escuchaba, simplemente ya no pensaban, solo querían llegar a la cúspide de su placer y lo estaban consiguiendo.

—¡Ahhh!~ ¡Se siente muy bien! ¡Amelia…! —Jessica apenas podía articular palabras coherentes.

Amelia, por su lado, respondió a esto con un beso apasionado, se abrazó al cuello de Jessica y rodeó su cintura con sus piernas mientras seguía frotándose contra ella. Jessica hizo lo mismo, solo que ella usó un poco más de fuerza para abrazar a Amelia. Pronto aumentaron el ritmo, justo cuando sentían que sus cuerpos estaban llegando al límite. Se volvieron más agresivas y salvajes. Detuvieron el beso y se concentraron en seguir complaciendo a la otra. La sesión era tan intensa que se podía escuchar cómo la cama crujía. Era como si un par de conejas en celo se hubieran encontrado en plena primavera.

—¡Amelia, ya no aguanto! ¡Voy a…!

—¡Hagámoslo juntas, Jessica!

—¡Ahhhhh!~

El gemido conjunto de ambas retumbó en toda la habitación. Sus voces roncas y cansadas retumbaron en las paredes que las rodeaban. Si antes no habían despertado a nadie, con eso sin duda alguna lo habían logrado, pero no les importaba ni un poco. A medida que los espasmos musculares invadían sus cuerpos, la habitación se iluminó ante las chispas que se encendían en el aire como fuegos artificiales, los cuales giraban en un torbellino dentro de la habitación. El viento también sacudió las hojas de las plantas e hizo volar cualquier cosa pequeña y ligera que no estuviera pegada al suelo. Claramente, esto había sido una liberación de poder inconsciente de parte de ambas. Lo cual, lejos del enorme riesgo de incendio que representaban esas chispas volando por todo el cuarto, hacía que el momento fuese todavía mejor, pues el subconsciente de ambas chicas les estaba diciendo «Bien hecho, tortolitas» mientras celebraban su unión. Sin embargo, ellas estaban tan cansadas como para interpretar estos mensajes.

Jessica se dejó caer de espaldas y, como estaba sujetando a Amelia, también la arrastró con ella. Ahora, ambas estaban acostadas al lado de la otra, hechas un desastre, desnudas, exhaustas, impregnadas con el aroma del sudor y el sexo, totalmente satisfechas y, desde luego, más felices que nunca. Luego de casi dos meses guardándose todo lo que sentían, finalmente pudieron confesar y expresar todo lo que tenían escondido y no podían estar más felices, y agotadas.

De hecho, Amelia estaba tan cansada que se quedó dormida a los pocos segundos. Al ver esto, Jessica usó las pocas fuerzas que le quedaban para tomar una manta y cubrirlas a ambas y, luego de un rato, ambas estaban en una entrañable escena donde Jessica abrazaba a Amelia de forma protectora y amorosa. Eran las 3:30 AM cuando finalmente se fueron a dormir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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