Saga Elementos - Capítulo 84
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Capítulo 84: El Equipo de Extracción
El sol se filtraba por la ventana de la habitación en el cuarto piso del hotel Montclair House, causando que Amelia se despertara a regañadientes. Lo primero que sintió fue un brazo rodeándola desde atrás con intención protectora y algo posesiva. Al tocarlo, pudo sentir la firmeza en los músculos de la extremidad, al igual que la suavidad en la piel. También sintió las sábanas rozando su piel desnuda, tocando sus lugares más privados, dejando claro que ni siquiera tenía puesta su bata.
Abrió los ojos lentamente, sintiéndose pesada y adormilada. Realmente no tenía ganas de levantarse de la cama, quería estar así para siempre. Sin embargo, se sentó e hizo tronar su espalda mientras se estiraba. Una vez terminó de hacer esto, ese mismo brazo que la rodeaba al despertar la abrazó nuevamente y la hizo acostarse una vez más. Amelia rio tiernamente. Estaba muy feliz de despertar de esta forma. Para ella, era como un sueño hecho realidad, porque la primera persona que apareció ante sus ojos esa mañana era Jessica, quien también acababa de despertarse.
—Buenos días, Brisita —Jessica volvió a abrazarla.
—Buenos días, Roja —respondió Amelia tomando la mejilla de Jessica.
Su mirada bajó y exploró todo su cuerpo. Desde luego, Jessica estaba desnuda y Amelia tenía una vista privilegiada de todo su ser. Las marcas de lo sucedido la noche anterior se asomaban en el cuello de la joven pelirroja, hechas por los labios y dientes de Amelia, algo que ella también tenía. La joven no pudo evitar pasar sus dedos por esas marcas antes de tomar la mejilla de Jessica una vez más.
—Lo de anoche fue increíble, Amelia —Jessica habló mientras tomaba la mano de Amelia entre la suya—. Jamás había sentido algo así.
—Lo mismo digo —Amelia se acostó en el hombro de Jessica, quien la abrazó mientras dibujaba círculos en su hombro—. Fue increíble —la joven peliblanca ronroneó en su pecho.
Entonces, Jessica decidió hacerle una pregunta. La noche anterior, se dio cuenta de que Amelia sabía lo que estaba haciendo, o por lo menos tenía una idea de qué hacer, mientras que Jessica apenas sabía cómo proceder y solo estaba improvisando. Creyó que tal vez Amelia había estado con alguien más, con otra chica o quizás con un chico. La curiosidad no tardó en invadir su mente.
—Oye, Amelia —la peliblanca levantó la mirada de forma adorable. Se la veía tan vulnerable y hermosa en ese momento.
—¿Qué pasa? —su tono de voz era suave y somnoliento, casi ronco, lo que demostraba su fragilidad.
—Lamento si voy muy lejos y entenderé si te enojas, pero necesito preguntar… ¿Esa fue tu primera vez? —Amelia entornó sus ojos al escuchar esa pregunta, lo que hizo que Jessica se apresurara a explicar—. Es que parecías saber lo que estabas haciendo y yo… bueno, yo no tenía idea de nada —Amelia sonrió.
—Sí, fue mi primera vez y no, no estuve con nadie antes de ti, Roja. Si sabía qué hacer, o tenía una idea, es porque… bueno —Amelia se sonrojó mucho—. Digamos que ya he visto algunas cosas por ahí y… he experimentado por mi cuenta.
—Espera… —Jeesica la miró con una ceja levantada—. ¿Me estás diciendo que tú…? —Amelia se sonrojó mucho y escondió la cabeza en el pecho de Jessica, quien comenzó a reír por lo bajo—. Chica traviesa.
—¡Oye! También tengo necesidades —la risa de Jessica se hizo más fuerte, Amelia solo hizo un puchero—. No te burles —Jessica le besó la cabeza entre risas, haciendo que la joven de cabello blanco se relajara un poco y se acomodara mejor en el abrazo de la pelirroja—. Supongo que ahora somos… ya sabes —Jessica sonrió.
—Solo si tú quieres.
Amelia levantó la vista y le dio un beso en los labios. Esa fue toda la respuesta que necesitaban para confirmar lo que ya sabían. Ahora era oficial, Jessica Anderson y Amelia Green eran novias.
Estuvieron un rato más en la cama, disfrutando de la compañía y el calor de la otra, pero todo debe tener un final. Se levantaron a regañadientes y se dieron un buen baño… en el cuarto de Jessica y, tras dos horas en la bañera, finalmente salieron, con algunas marcas nuevas en el cuello.
Luego de secarse y bromear un poco más, se vistieron con unas batas y salieron de la habitación con rumbo a la recepción del hotel, donde Finn las estaba esperando mientras escuchaba algunos murmullos y risas por lo bajo. Resulta que la pequeña “sesión de ejercicios nocturna” de las chicas había despertado a todos los huéspedes del cuarto piso y parte de los huéspedes del tercero, por lo que sí, todo el mundo sabía lo que había sucedido la noche anterior. Algunos, sobre todo los más jóvenes, se lo tomaron con humor y gracia, pero otros estaban muy molestos porque un par de adolescentes calenturientas los despertaron a las dos de la mañana.
Este último grupo había despertado a Finn, quien tuvo que aguantar las “quejas por ruido” hasta las tres de la madrugada, cuando las chicas terminaron su asunto. No le sorprendió enterarse de que Amelia tenía ese tipo de preferencias. Después de todo, a pesar de llevarse bien y ser familia, Finn se mantenía distante la mayor parte del tiempo, por lo que no eran tan cercanos como para que Amelia le contara sobre sus gustos. Tampoco le molestaba o sentía algún tipo de prejuicio por este tipo de cosas. Lo que sí le sorprendió es que su sobrina resultara ser tan intensa en la cama.
Finn dormía en la suite del quinto piso y, aunque tenía el sueño pesado, se despertó por las llamadas de sus inquilinos, furiosos por no poder dormir y tener que escuchar a su sobrina revolcarse con Jessica en plena madrugada. Mientras intentaba tranquilizar a su gente, pudo escucharlas desde su habitación en el piso de arriba. Lo que le sorprendió mucho y le trajo algunos viejos recuerdos. Recuerdos de cuando su hermano, Jeff, y la mujer que eventualmente se convertiría en su esposa, Victoria, tuvieron relaciones con él en el cuarto de al lado. No pudo evitar reír al recordar cómo les gritó a los dos al día siguiente, mientras su hermano tenía una sonrisa de tonto y Victoria la cara roja como un tomate maduro. Los sonidos que escuchó la noche anterior eran casi los mismos que en esa ocasión y Finn no pudo evitar preguntar quién había sido la dominante en esa sesión tan intensa. «Si Amelia fue la que tomó la iniciativa, entonces se parece mucho a ti, Jeff», pensó con nostalgia.
—Oigan, idiotas —llamó a los Iluminados presentes en la recepción—. Todos sabemos lo que pasó anoche, pero les agradecería un poco de discreción.
—Vamos, Finn, no seas aguafiestas —dijo un muchacho de unos veinte años.
—Sí, amigo, no puedes esperar que no digamos nada luego de escuchar lo que pasó anoche —apoyó una chica. Finn suspiró.
—De acuerdo, pero el que diga algo buscará otro sitio para dormir esta noche —advirtió mientras le daba un sorbo a su café. Las risas pararon luego de eso.
Dos minutos después, Jessica y Amelia aparecieron por el pasillo. La joven peliblanca fue a abrazar a su tío mientras le daba los buenos días, aunque Finn tuvo que corregirla, ya que en realidad eran las 3:00 PM, lo que sorprendió a ambas jóvenes. Claramente, no esperaban despertar a esa hora. Cualquiera que fuera el caso, ambas estaban listas para volver y Finn las llevaría personalmente y ya había avisado a Steve que estaban en camino.
Tardaron tres horas en llegar al Monumental Palace debido al tráfico, el cual estaba demasiado pesado ese día, pero finalmente consiguieron llegar para el final de la tarde, cosa que todos agradecieron. Los últimos 40 minutos, las chicas no paraban de hablar sobre qué comerían al llegar y cómo ambas podrían devorar un elefante con el hambre que tenían.
Sin embargo, nada más entrar, Jessica casi es derribada por su hermano, que corrió a abrazarla. La joven no pudo contener las lágrimas y empezó a llorar en su hombro. La familia Simons también apareció para recibir a las chicas. Les alegraba que estuvieran a salvo y tenían muy buenas noticias para ellas.
—Qué bueno que están a salvo, chicas —comentó Constance apareciendo junto a Steve—. Aunque no nos habrían preocupado si se hubieran quedado en el hotel como les dije en un principio —Amelia rodó los ojos.
—Constance, ahora no es momento para reprocharles eso —comentó Steve.
Jordan finalmente se separó de Jessica. Se notaba que el muchacho estaba aliviado de ver a su hermana sana y salva. No tardó en notar la cicatriz en la mejilla de la pelirroja y supo que algo había sucedido mientras estuvo afuera. La menor notó la mirada de Jordan y se apresuró a tranquilizarlo.
—Tranquilo, hermano —le dijo con una sonrisa—. Deberías ver cómo quedó la que me hizo esto —Jessica infló su pecho con orgullo, tratando de calmar a su hermano.
—Les contaremos todo, pero antes necesitamos vestirnos —intervino Amelia. Necesitaba ir a su habitación por algo de ropa.
Nadie puso queja y ambas chicas fueron a su habitación para cambiarse. No tardaron mucho en reunirse con los demás en el restaurante del hotel para comer algo mientras contaban lo sucedido la noche anterior.
—Y eso fue todo lo que pasó —se escuchó que alguien se reía al fondo, cosa que extrañó mucho a todo el grupo, pero siguieron hablando tranquilamente.
—Ese imbécil —Matthew luchaba para controlarse—. Sabía que estaba por ahí, pero jamás imaginé algo como esto —Steve asintió.
—Las Luces Fantasmas son todo un dolor de cabeza —comentó el hombre—. Sin embargo, si lo que esos espías dicen es cierto, están de nuestro lado.
—Debería bastar con una orden directa de alguna de las Estrellas para que desistan y suelten todo lo que saben. Claro, asumiendo que sí están de nuestra parte y no de parte de Iván —agregó Constance, a lo que Amelia se inclinó hacia atrás en su asiento y suspiró.
—Siento que me va a estallar la cabeza —dijo la joven con un tono dramático.
Con todo lo que estaba sucediendo, no había podido descansar apropiadamente estos días. Ni siquiera luego de dormir una noche completa se sentía relajada. Anoche fue la única vez en todo este viaje que pudo descansar una noche entera, tranquila y sin preocupaciones. La razón de esto era obvia. No estaba pensando en conspiraciones, Alfonso, la guerra contra los Oscuros, la traición de Iván o la investigación de Lucía. Lo único en su mente la noche anterior fue la felicidad, el placer y la dicha.
Mientras Amelia luchaba por ordenar sus pensamientos, Amy notó algo en su cuello. Una serie de marcas y algunos moretones muy pequeños en su piel, cosa que le extrañó mucho.
—Oye, Amelia —llamó la joven Simons—. ¿Qué te pasó en el cuello? —tanto Jessica como Amelia se sonrojaron al escuchar la pregunta mientras Steve, Finn y Constance empezaron a reírse por lo bajo, causando que todos los demás se confundieran.
—Solo fueron… los mosquitos… sí, eso fue —Amelia luchaba para poder hablar.
Sin embargo, Amy no era tonta. Al escuchar a los demás reírse, y la pobre explicación de Amelia, supo inmediatamente de qué se trataba y no fue la única. Jordan, Matthew y Laura también se dieron cuenta.
—No es cierto —dijo Amy mientras una gran sonrisa se dibujaba en su rostro—. ¿Ustedes dos…? —soltó una carcajada al percatarse de lo que había sucedido—. Ya sabía que ustedes se tenían ganas, pero un poquito más de control, ¿no?
Todas las mesas alrededor estallaron en carcajadas que se escucharon en toda la cafetería. Los rostros de las chicas estaban rojos hasta las orejas al entender que todos ya sabían lo que había pasado entre ellas la noche anterior. Resulta que los huéspedes del Montclair House le escribieron a sus amigos en el Monumental Palace, contándoles la noticia con lujo de detalles, y los huéspedes del hotel de Steve no tardaron en esparcir la noticia entre ellos.
Amy le puso la mano en el hombro a Amelia y la sacudió un poco.
—Felicidades, Amelia, ahora eres toda una mujer —Amelia no aguantó más y comenzó a corretear a Amy por toda la cafetería, hasta agarrarla y tomarla por el cuello.
—Me alegro por ti, Jessica —le dijo Jordan a su hermana, sacándole una sonrisa tímida.
—Bueno, bueno —Steve también estaba riendo un poco—. La cosa todavía no acaba —Amelia prestó atención a lo que decía el hombre, pero no dejó de estrangular a la pobre Amy ni por un segundo—. Las Estrellas me llamaron, todavía no hay un comunicado oficial, pero me dijeron que Iván, en efecto, es un traidor. Por lo tanto, aunque todavía no desactivarán los protocolos de cuarentena, enviarán un equipo de extracción para escoltarlos a Nepal —los ojos de Amelia se iluminaron, parecía que por fin podría regresar a casa y terminar su misión.
—Eso es genial —dijo mientras seguía sujetando a Amy por el cuello—. ¿Cuándo llegarán al hotel?
—Pues ellos…
—Ya estamos aquí.
Amelia sintió que el tiempo se detuvo al escuchar aquella voz. Soltó a Amy y se dio la vuelta solo para confirmar lo que ya sabía. Parada frente a ella estaba uno de los miembros del equipo de extracción: Gregor Green, su hermano.
Todos notaron la reacción de Amelia y sabían que había algo mal. La chica sarcástica, alegre y extrovertida de hace rato, ahora estaba totalmente paralizada de miedo, como si algo la hubiese asustado hasta el alma. Detrás de ella había un hombre joven, no parecía tener más de 25 o 28 años. Miraba a Amelia con una frialdad y desprecio imposibles de describir. La única que pudo entender lo que estaba sucediendo era, como no, Jessica.
La mirada de ese hombre sobre Amelia era idéntica a la que John, su difunto hermano, solía dedicarle diariamente. Ojos juzgadores, furiosos y llenos de una oscuridad imposible de medir. Los mismos ojos que la culpaban por cada pequeño problema en casa, por cada arrebato que Ana tenía hacia ella y por cada una de las desgracias del mundo. Esa misma mirada era la que se veía en este tipo.
El joven frente a Amelia era bastante atractivo, tanto que incluso Amy, que era novia de Jordan, se sorprendió un poco al verlo. Sus facciones eran finas y delicadas, su piel era trigueña, su cabello, de un color negro azabache, era liso y sus ojos eran de un tono amarillo ámbar. Su delgado cuerpo, por otro lado, era atlético y muy bien entrenado. Sin músculo excesivo, ni grasa de sobra, se notaba que este joven era un peleador enfocado en la velocidad más que en la fuerza.
—Gregor… —la voz de Amelia sonaba apagada y sin aliento—. ¿Qué es lo que haces aquí?
—Limpiando tu desastre —le dijo con desdén.
Echó un vistazo al resto del grupo y confirmó todo lo que necesitaba saber. Mientras estaban en camino, todos en el equipo de extracción leyeron los informes que Amelia enviaba diariamente a la Orden. Sin embargo, la información sobre la familia Simons y Jordan era algo que obtuvieron de Bruno en persona, pues la Estrella del Fuego fue quien les pasó dichos datos. Esto molestó mucho a Gregor. ¿Cómo era posible que un civil y una familia entera de Desertores expulsados por traición estuvieran involucrados en los asuntos de la Orden? Simplemente inconcebible.
Por si lo anterior no fuera suficiente, Gregor había escuchado la conversación anterior que tuvieron. No toda, por supuesto, pero sí lo suficiente como para saber que Amelia había dormido con alguien la noche anterior. Con esa información en mente, dirigió su mirada a la joven pelirroja que estaba en la mesa y que, para este punto, ya se había levantado y lo miraba con cierta hostilidad. La joven era bastante andrógina, musculosa y perfectamente podría hacerse pasar por un chico sin que nadie se diera cuenta, pero pequeños detalles como el tamaño de sus manos, el contorno de sus labios, la forma de sus ojos, el contorno de sus cejas, así como unos pequeños y casi imperceptibles bultos en su pecho, la marcaban como una chica.
Enfocó su mirada en su cuello y pudo ver las marcas. Marcas muy similares a las que su esposa tenía luego de su primera noche juntos. Al notar estos detalles, regresó la vista a Amelia solo para darse cuenta de que también tenía marcas en el cuello, solo que estas eran más visibles, pronunciadas y en mayor cantidad. De hecho, su mirada fue tan intensa que Amelia tuvo que cubrirse el cuello con las manos para tapar de alguna forma los puntos rojos que adornaban toda la zona. Con estos detalles, Gregor pudo determinar dos cosas. Primero: Amelia tuvo sexo recientemente con esa chica pelirroja. Y segundo: Amelia fue la sumisa.
Una vez llegó a dicha conclusión, Gregor endureció aún más su expresión.
—Amelia, recuérdame para qué te enviaron a este país —cuestionó Gregor con desdén, a lo que Amelia solo se limitó a mirar al suelo mientras se encogía de hombros, se notaba que estaba muy tensa—. Por lo que sé, no te enviaron a reclutar a un par de traidores —señaló a Matthew y Laura mientras hablaba—. Tampoco te pidieron que investigaras el pasado de dos asesinas —Amelia volteó la mirada a otro lado y Gregor acercó su rostro a su cara para seguir hablando. La joven elemental de aire sentía como su labio inferior y sus piernas comenzaron a temblar, mientras sus manos empezaban a sudar sin control—. Tu misión era encontrar y llevar a la elemental de fuego a Nepal, pero… en lugar de cumplir tu misión, elegiste quitarte la ropa y abrir las piernas como una… —Gregor dejó de hablar al sentir una mirada asesina fija en él, así como una conexión intensa y masiva al frente.
—Adelante, termina esa oración —al levantar la mirada, Gregor encontró a la chica pelirroja frente a él.
Tenía la mano derecha en forma de pistola y le apuntaba directo a la cara. Un pequeño punto llameante salía de sus dedos índice y corazón, mientras su mirada furibunda lo retaba a continuar.
—¿Qué sucede? ¿Te comió la lengua el gato o qué, imbécil? —le preguntó Jessica mientras hacía un esfuerzo enorme para no disparar y matar a ese tipo o, por lo menos, darle un muy buen susto.
Jessica no soportaba ver cómo este tipo, que había llegado de la nada, insultaba a Amelia como si fuera menos que basura. No actuaba así solo porque estuviera enamorada de Amelia o porque fuera su novia. No. Lo hacía porque eso era un completo abuso de parte de este tipo hacia la joven de cabello blanco y, aunque no entendía bien qué tipo de relación había entre ellos, Jessica sabía que eso no importaba. Nada justificaría un comportamiento como este.
Al escuchar las palabras de Jessica, Gregor se apartó lentamente y la estudió un poco mejor. La mirada en su rostro era de alguien que estaba listo para matar a la más mínima provocación. Gregor no pudo evitar reír para sus adentros y, tras unos segundos de silencio, volvió a mirar a Amelia.
—¿A ella también? —le preguntó a modo de provocación, lo que provocó que Amelia se estremeciera en su sitio.
—Gregor… por favor… para —suplicó Amelia con voz llorosa. Al escucharla, Jessica se preparó para disparar.
—Ya la oíste —le advirtió Jessica.
—¿Quieres que me detenga? ¿Por qué? ¿Acaso temes que le diga la verdad? ¿Temes que ella se entere de que causaste la muerte de mamá y papá? —todos los presentes se estremecieron al escuchar esas palabras—. ¿No se lo dijiste? ¿Por qué? ¿Acaso solo te quieres acostar con ella para después matarla como hiciste con ellos?
—¡Gregor! —la voz de Finn intervino en este intercambio—. Ya fue suficiente —Gregor lo miró de reojo.
—¡No te metas en esto, tío! —le espetó Gregor—. Esto no es asunto tuyo.
—Lo es, porque Jeff era mi hermano —aclaró Finn mientras tiraba del brazo a Amelia y se la entregaba a Jessica, quien bajó la mano con la que apuntaba a Gregor y se apartó para abrazar a Amelia y tranquilizarla—. Escúchame bien, niño. Si le vuelves a hablar a tu hermana de esa forma en mi presencia, yo mismo te quemaré hasta que no queden ni tus cenizas, ¿quedó claro?
La palabra “hermana” fue suficiente para que todos los presentes miraran a Amelia con sorpresa. No obstante, viéndolo bien, lo cierto era que, tanto Gregor como Amelia, se parecían un poco. Por eso, nadie podía creer que Gregor le hablara de esa forma tan cruel, pero esto era solo para el grupo de Matthew, Jordan, Amy y Laura, porque el resto de los Iluminados conocían toda la historia.
—Como sea —Gregor resopló, dejando de lado el asunto—. Nos iremos del país esta noche y…
—Eso no será posible —Steve dio un paso al frente, claramente estaba muy enojado—. Todavía no conocemos bien el alcance del poder de Mark y su grupo. Sin mencionar todo el tema de Las Luces Fantasmas. Si salen del hotel ahora, se exponen a una emboscada en el aeropuerto o en el camino. Así que esperarán hasta mañana en la noche cuando hayamos conseguido toda la información que necesitamos —Gregor arrugó la cara al escuchar esto.
—Nuestras órdenes son…
—Si no te gusta, entonces regresa a Nepal y pide que venga otro para reemplazarte, White Eye —al escuchar que Steve lo llamaba por su apodo, usado por los Oscuros para referirse a él, supo que este hombre no aceptaría su opinión.
—Tatiana dice que nos hospedaremos en una habitación si nos lo permites, Steve —su tono cambió a uno más calmado y educado. Algo necesario para evitar que lo echaran a la calle.
—Pueden usar las habitaciones del primer piso, Constance les dará las llaves.
Antes de retirarse a buscar lo que necesitaba, Gregor le dedicó una última mirada a Amelia. Una mirada que la culpaba por haber provocado su humillación pública. Ahora, todos lo veían como un abusador y era por culpa de esa niña idiota. Con esa carita de “no fui yo” había logrado engañar a todo el mundo y hacerlos creer que era inocente. Esto irritaba demasiado a Gregor y lo hacía querer matarla. Si no lo había hecho es porque era un Iluminado y, para bien o para mal, Amelia también lo era, así que Gregor no se atrevería a tocarla por más ganas que tuviera.
Una vez se retiró, todos respiraron tranquilos. Todos excepto Amelia, quien estaba hiperventilando mientras Jessica la abrazaba.
—Oye, ya pasó, Amelia, todo está bien.
No era cierto, nada estaba bien. Amelia pensó que ya lo había superado, que ya no tenía miedo, pero cuando vio a Gregor, simplemente se paralizó. No podía enfrentarlo, no podía gritarle y decirle «¡Ya cállate, maldito imbécil!», como lo haría su amiga Eve. Ni podía romperle la cara como lo hubiera hecho Max. Simplemente se quedó ahí, temblando, paralizada como un ciervo a punto de ser atropellado. ¿Lo peor de todo? Jessica y los demás vieron este lado suyo. Vieron cómo Gregor la insultaba y humillaba sin que ella hiciera nada para defenderse. «Seguramente creen que disfruto que me hablen así», pensaba la joven mientras las lágrimas empapaban su rostro.
Amelia apartó a Jessica con fuerza y salió corriendo rumbo a las escaleras. Jessica intentó seguirla, pero Finn la detuvo poniéndole la mano en el hombro.
—Déjala, necesita estar sola un rato —explicó el hombre, pero Jessica no estaba contenta con esa respuesta.
—¿Qué mierda fue todo eso? ¿Quién es ese imbécil y quién carajo se cree para hablarle así? —Jessica casi le estaba gritando a Finn mientras buscaba una respuesta.
—Veo que esos dos heredaron los gustos de Jeff por las mujeres de carácter fuerte —esas palabras sonaban más a los pensamientos internos de Finn que a una respuesta real. El hombre se dio cuenta de esto y procedió a explicar lo que estaba sucediendo—. Ese chico se llama Gregor Green y, al igual que Amelia, es mi sobrino.
—Espere… eso significa que… —Finn asintió a las palabras de Jordan.
—Así es, muchacho —confirmó el hombre—. Gregor es el hermano mayor de Amelia.
Todo el grupo quedó mudo al escuchar esto. Amelia jamás les había dicho que tenía un hermano. Sin embargo, también era cierto que no hablaba mucho de su pasado. La propia Jessica sí sabía de la existencia de Gregor porque Amelia se lo mencionó en el restaurante la noche que las secuestraron, pero la joven peliblanca no profundizó ni un poco en su relación con él. Al ver la confusión de todos, Finn procedió a explicar la misma historia que Amelia le contó a Jessica sobre su pueblo natal. De cómo los Oscuros llegaron al pueblo Bái lǎohǔ y asesinaron a los padres de Amelia cuando esta era solo una bebé de tres meses.
Explicó que, claramente, el objetivo de los Oscuros era matar a Amelia, pero ella logró salvarse gracias a Victoria, su madre, mientras que Jefferson, el padre de Amelia, murió luchando contra sus atacantes. Sin embargo, Finn fue más allá y contó que Gregor sobrevivió al esconderse en el sótano de su casa. Paralizado por el miedo mientras los Oscuros masacraban a todos en el pueblo. Permaneció en ese agujero dos días, cuando finalmente salió de su estado de parálisis y empezó a gritar por ayuda.
—Desde ese día, no sé qué le picó a Gregor, pero no deja de culpar a Amelia por todo lo que pasó —Finn se veía muy cansado—. Entiendo cómo se siente, Jeff era mi hermano y también me dolió mucho su muerte, pero Amelia solo era una bebé. Culparla por lo que sucedió ese día es simplemente irracional.
—Pero no lo entiendo, ¿por qué la culpa? —preguntó Laura completamente consternada por lo que estaba oyendo.
—Porque siente que es su culpa —intervino Jessica. Su mirada dejaba claro que comprendía bien la situación—. La culpa por la muerte de sus padres porque ella era el objetivo de los Oscuros, seguramente piensa: “Si no hubiera nacido, ellos seguirían aquí”.
Concluyó Jessica antes de levantarse de la silla e ir a buscar a Amelia. Dejando a todos sorprendidos por las palabras de la chica, pero quedaron totalmente sin aliento cuando Finn confirmó que todo lo que decía la pelirroja era verdad.
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