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Saga Elementos - Capítulo 85

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Capítulo 85: Gregor Green

Todos notaron la reacción de Amelia y sabían que había algo mal. La chica sarcástica, alegre y extrovertida de hace rato, ahora estaba totalmente paralizada de miedo, como si algo la hubiese asustado hasta el alma. Detrás de ella había un hombre joven, no parecía tener más de 25 o 28 años. Miraba a Amelia con una frialdad y desprecio imposibles de describir. La única que pudo entender lo que estaba sucediendo era, como no, Jessica.

La mirada de ese hombre sobre Amelia era idéntica a la que John, su difunto hermano, solía dedicarle diariamente. Ojos juzgadores, furiosos y llenos de una oscuridad imposible de medir. Los mismos ojos que la culpaban por cada pequeño problema en casa, por cada arrebato que Ana tenía hacia ella y por cada una de las desgracias del mundo. Esa misma mirada era la que se veía en este tipo.

El joven frente a Amelia era bastante atractivo, tanto que incluso Amy, que era novia de Jordan, se sorprendió un poco al verlo. Sus facciones eran finas y delicadas, su piel era trigueña, su cabello, de un color negro azabache, era liso y sus ojos eran de un tono amarillo ámbar. Su delgado cuerpo, por otro lado, era atlético y muy bien entrenado. Sin músculo excesivo, ni grasa de sobra, se notaba que este joven era un peleador enfocado en la velocidad más que en la fuerza.

—Gregor… —la voz de Amelia sonaba apagada y sin aliento—. ¿Qué es lo que haces aquí?

—Limpiando tu desastre —le dijo con desdén.

Echó un vistazo al resto del grupo y confirmó todo lo que necesitaba saber. Mientras estaban en camino, todos en el equipo de extracción leyeron los informes que Amelia enviaba diariamente a la Orden. Sin embargo, la información sobre la familia Simons y Jordan era algo que obtuvieron de Bruno en persona, pues la Estrella del Fuego fue quien les pasó dichos datos. Esto molestó mucho a Gregor. ¿Cómo era posible que un civil y una familia entera de Desertores expulsados por traición estuvieran involucrados en los asuntos de la Orden? Simplemente inconcebible.

Por si lo anterior no fuera suficiente, Gregor había escuchado la conversación anterior que tuvieron. No toda, por supuesto, pero sí lo suficiente como para saber que Amelia había dormido con alguien la noche anterior. Con esa información en mente, dirigió su mirada a la joven pelirroja que estaba en la mesa y que, para este punto, ya se había levantado y lo miraba con cierta hostilidad. La joven era bastante andrógina, musculosa y perfectamente podría hacerse pasar por un chico sin que nadie se diera cuenta, pero pequeños detalles como el tamaño de sus manos, el contorno de sus labios, la forma de sus ojos, el contorno de sus cejas, así como unos pequeños y casi imperceptibles bultos en su pecho, la marcaban como una chica.

Enfocó su mirada en su cuello y pudo ver las marcas. Marcas muy similares a las que su esposa tenía luego de su primera noche juntos. Al notar estos detalles, regresó la vista a Amelia solo para darse cuenta de que también tenía marcas en el cuello, solo que estas eran más visibles, pronunciadas y en mayor cantidad. De hecho, su mirada fue tan intensa que Amelia tuvo que cubrirse el cuello con las manos para tapar de alguna forma los puntos rojos que adornaban toda la zona. Con estos detalles, Gregor pudo determinar dos cosas. Primero: Amelia tuvo sexo recientemente con esa chica pelirroja. Y segundo: Amelia fue la sumisa.

Una vez llegó a dicha conclusión, Gregor endureció aún más su expresión.

—Amelia, recuérdame para qué te enviaron a este país —cuestionó Gregor con desdén, a lo que Amelia solo se limitó a mirar al suelo mientras se encogía de hombros, se notaba que estaba muy tensa—. Por lo que sé, no te enviaron a reclutar a un par de traidores —señaló a Matthew y Laura mientras hablaba—. Tampoco te pidieron que investigaras el pasado de dos asesinas —Amelia volteó la mirada a otro lado y Gregor acercó su rostro a su cara para seguir hablando. La joven elemental de aire sentía como su labio inferior y sus piernas comenzaron a temblar, mientras sus manos empezaban a sudar sin control—. Tu misión era encontrar y llevar a la elemental de fuego a Nepal, pero… en lugar de cumplir tu misión, elegiste quitarte la ropa y abrir las piernas como una… —Gregor dejó de hablar al sentir una mirada asesina fija en él, así como una conexión intensa y masiva al frente.

—Adelante, termina esa oración —al levantar la mirada, Gregor encontró a la chica pelirroja frente a él.

Tenía la mano derecha en forma de pistola y le apuntaba directo a la cara. Un pequeño punto llameante salía de sus dedos índice y corazón, mientras su mirada furibunda lo retaba a continuar.

—¿Qué sucede? ¿Te comió la lengua el gato o qué, imbécil? —le preguntó Jessica mientras hacía un esfuerzo enorme para no disparar y matar a ese tipo o, por lo menos, darle un muy buen susto.

Jessica no soportaba ver cómo este tipo, que había llegado de la nada, insultaba a Amelia como si fuera menos que basura. No actuaba así solo porque estuviera enamorada de Amelia o porque fuera su novia. No. Lo hacía porque eso era un completo abuso de parte de este tipo hacia la joven de cabello blanco y, aunque no entendía bien qué tipo de relación había entre ellos, Jessica sabía que eso no importaba. Nada justificaría un comportamiento como este.

Al escuchar las palabras de Jessica, Gregor se apartó lentamente y la estudió un poco mejor. La mirada en su rostro era de alguien que estaba listo para matar a la más mínima provocación. Gregor no pudo evitar reír para sus adentros y, tras unos segundos de silencio, volvió a mirar a Amelia.

—¿A ella también? —le preguntó a modo de provocación, lo que provocó que Amelia se estremeciera en su sitio.

—Gregor… por favor… para —suplicó Amelia con voz llorosa. Al escucharla, Jessica se preparó para disparar.

—Ya la oíste —le advirtió Jessica.

—¿Quieres que me detenga? ¿Por qué? ¿Acaso temes que le diga la verdad? ¿Temes que ella se entere de que causaste la muerte de mamá y papá? —todos los presentes se estremecieron al escuchar esas palabras—. ¿No se lo dijiste? ¿Por qué? ¿Acaso solo te quieres acostar con ella para después matarla como hiciste con ellos?

—¡Gregor! —la voz de Finn intervino en este intercambio—. Ya fue suficiente —Gregor lo miró de reojo.

—¡No te metas en esto, tío! —le espetó Gregor—. Esto no es asunto tuyo.

—Lo es, porque Jeff era mi hermano —aclaró Finn mientras tiraba del brazo a Amelia y se la entregaba a Jessica, quien bajó la mano con la que apuntaba a Gregor y se apartó para abrazar a Amelia y tranquilizarla—. Escúchame bien, niño. Si le vuelves a hablar a tu hermana de esa forma en mi presencia, yo mismo te quemaré hasta que no queden ni tus cenizas, ¿quedó claro?

La palabra “hermana” fue suficiente para que todos los presentes miraran a Amelia con sorpresa. No obstante, viéndolo bien, lo cierto era que, tanto Gregor como Amelia, se parecían un poco. Por eso, nadie podía creer que Gregor le hablara de esa forma tan cruel, pero esto era solo para el grupo de Matthew, Jordan, Amy y Laura, porque el resto de los Iluminados conocían toda la historia.

—Como sea —Gregor resopló, dejando de lado el asunto—. Nos iremos del país esta noche y…

—Eso no será posible —Steve dio un paso al frente, claramente estaba muy enojado—. Todavía no conocemos bien el alcance del poder de Mark y su grupo. Sin mencionar todo el tema de Las Luces Fantasmas. Si salen del hotel ahora, se exponen a una emboscada en el aeropuerto o en el camino. Así que esperarán hasta mañana en la noche cuando hayamos conseguido toda la información que necesitamos —Gregor arrugó la cara al escuchar esto.

—Nuestras órdenes son…

—Si no te gusta, entonces regresa a Nepal y pide que venga otro para reemplazarte, White Eye —al escuchar que Steve lo llamaba por su apodo, usado por los Oscuros para referirse a él, supo que este hombre no aceptaría su opinión.

—Tatiana dice que nos hospedaremos en una habitación si nos lo permites, Steve —su tono cambió a uno más calmado y educado. Algo necesario para evitar que lo echaran a la calle.

—Pueden usar las habitaciones del primer piso, Constance les dará las llaves.

Antes de retirarse a buscar lo que necesitaba, Gregor le dedicó una última mirada a Amelia. Una mirada que la culpaba por haber provocado su humillación pública. Ahora, todos lo veían como un abusador y era por culpa de esa niña idiota. Con esa carita de “no fui yo” había logrado engañar a todo el mundo y hacerlos creer que era inocente. Esto irritaba demasiado a Gregor y lo hacía querer matarla. Si no lo había hecho es porque era un Iluminado y, para bien o para mal, Amelia también lo era, así que Gregor no se atrevería a tocarla por más ganas que tuviera.

Una vez se retiró, todos respiraron tranquilos. Todos excepto Amelia, quien estaba hiperventilando mientras Jessica la abrazaba.

—Oye, ya pasó, Amelia, todo está bien.

No era cierto, nada estaba bien. Amelia pensó que ya lo había superado, que ya no tenía miedo, pero cuando vio a Gregor, simplemente se paralizó. No podía enfrentarlo, no podía gritarle y decirle «¡Ya cállate, maldito imbécil!», como lo haría su amiga Eve. Ni podía romperle la cara como lo hubiera hecho Max. Simplemente se quedó ahí, temblando, paralizada como un ciervo a punto de ser atropellado. ¿Lo peor de todo? Jessica y los demás vieron este lado suyo. Vieron cómo Gregor la insultaba y humillaba sin que ella hiciera nada para defenderse. «Seguramente creen que disfruto que me hablen así», pensaba la joven mientras las lágrimas empapaban su rostro.

Amelia apartó a Jessica con fuerza y salió corriendo rumbo a las escaleras. Jessica intentó seguirla, pero Finn la detuvo poniéndole la mano en el hombro.

—Déjala, necesita estar sola un rato —explicó el hombre, pero Jessica no estaba contenta con esa respuesta.

—¿Qué mierda fue todo eso? ¿Quién es ese imbécil y quién carajo se cree para hablarle así? —Jessica casi le estaba gritando a Finn mientras buscaba una respuesta.

—Veo que esos dos heredaron los gustos de Jeff por las mujeres de carácter fuerte —esas palabras sonaban más a los pensamientos internos de Finn que a una respuesta real. El hombre se dio cuenta de esto y procedió a explicar lo que estaba sucediendo—. Ese chico se llama Gregor Green y, al igual que Amelia, es mi sobrino.

—Espere… eso significa que… —Finn asintió a las palabras de Jordan.

—Así es, muchacho —confirmó el hombre—. Gregor es el hermano mayor de Amelia.

Todo el grupo quedó mudo al escuchar esto. Amelia jamás les había dicho que tenía un hermano. Sin embargo, también era cierto que no hablaba mucho de su pasado. La propia Jessica sí sabía de la existencia de Gregor porque Amelia se lo mencionó en el restaurante la noche que las secuestraron, pero la joven peliblanca no profundizó ni un poco en su relación con él. Al ver la confusión de todos, Finn procedió a explicar la misma historia que Amelia le contó a Jessica sobre su pueblo natal. De cómo los Oscuros llegaron al pueblo Bái lǎohǔ y asesinaron a los padres de Amelia cuando esta era solo una bebé de tres meses.

Explicó que, claramente, el objetivo de los Oscuros era matar a Amelia, pero ella logró salvarse gracias a Victoria, su madre, mientras que Jefferson, el padre de Amelia, murió luchando contra sus atacantes. Sin embargo, Finn fue más allá y contó que Gregor sobrevivió al esconderse en el sótano de su casa. Paralizado por el miedo mientras los Oscuros masacraban a todos en el pueblo. Permaneció en ese agujero dos días, cuando finalmente salió de su estado de parálisis y empezó a gritar por ayuda.

—Desde ese día, no sé qué le picó a Gregor, pero no deja de culpar a Amelia por todo lo que pasó —Finn se veía muy cansado—. Entiendo cómo se siente, Jeff era mi hermano y también me dolió mucho su muerte, pero Amelia solo era una bebé. Culparla por lo que sucedió ese día es simplemente irracional.

—Pero no lo entiendo, ¿por qué la culpa? —preguntó Laura completamente consternada por lo que estaba oyendo.

—Porque siente que es su culpa —intervino Jessica. Su mirada dejaba claro que comprendía bien la situación—. La culpa por la muerte de sus padres porque ella era el objetivo de los Oscuros, seguramente piensa: “Si no hubiera nacido, ellos seguirían aquí”.

Concluyó Jessica antes de levantarse de la silla e ir a buscar a Amelia. Dejando a todos sorprendidos por las palabras de la chica, pero quedaron totalmente sin aliento cuando Finn confirmó que todo lo que decía la pelirroja era verdad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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