Saga Elementos - Capítulo 89
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Capítulo 89: Batalla en el Aeropuerto Parte 1
Cuando Amelia se lanzó contra Mark, la situación se descontroló. Los Oscuros cargaron sobre todo el grupo, quienes apenas podían contenerlos. Con la ayuda de los usuarios del fuego, pudieron alejar a sus atacantes. Sin embargo, ellos no iban a rendirse.
—¡No se separen! —instó Laura—. Tenemos que… —fue interrumpida por la embestida de Sebastián.
—¡Mamá!
—Preocúpate por ti, niña —Amy recibió un golpe en el costado que le mandó contra un hangar y, sin darle tiempo a reaccionar, una patada que la hizo atravesar la pared.
—¡AMY! —Matthew intentó ir a ayudar a su hija, pero Artem lo embistió antes de que pudiera comenzar la carrera para ayudar a Amy.
—La Lanza Relámpago, el solo hecho de poder enfrentarte es todo un honor —siguió sujetando a Matthew. Su cuerpo estaba cubierto de piedras, todo excepto su cabeza y cuello.
—¡Suéltame, maldito hijo de puta!
Concentró la electricidad en su codo y golpeó a Artem en el espacio entre el hombro y el cuello. Una vez que la electricidad empezó a correr por su cuerpo, soltó a Matthew entre espasmos musculares. Haciendo uso de su velocidad, pateó al hombre en el pecho con todas sus fuerzas. Artem retrocedió sujetándose la zona donde había recibido el ataque. Una sonrisa adornaba su rostro. No pasó mucho tiempo para que la conexión de Artem se intensificara mientras él comenzaba a reír como un maníaco.
—Eso es… esto es justo lo que esperaba —cuando Artem levantó la mirada, sus ojos estaban brillando, indicando que había liberado todo su poder.
—¡Maldita sea! —Matthew hizo lo propio y liberó todo su poder.
Sus manos comenzaron a brillar de color azul, al igual que sus ojos. Adoptó su postura de combate y no pudo evitar lamentarse para sus adentros. «Perdón, chicas, pero tendrán que aguantar hasta que acabe con este infeliz», pensó mientras se lanzaba contra Artem.
La idea era acabar la pelea rápidamente, por lo que Matthew lanzó un ataque con su mano derecha. Obviamente, haciendo uso de su técnica Flecha Destellante, buscaba perforar el pecho de su oponente. Sin embargo, sus dedos chocaron contra unas piedras filosas que se clavaron en su antebrazo. «Oh, no. No caeré dos veces en el mismo truco». Matthew retrocedió rápidamente, buscando evitar que le dislocaran el codo otra vez. No obstante, su mano izquierda y su brazo estaban sangrando.
—Ahora es mi turno.
Artem se lanzó contra Matthew y empezó a lanzar golpes a la cabeza de este último. Matthew no tuvo problemas en esquivar los ataques de su oponente. Para él los ataques de Artem eran lanzados en cámara lenta. Sin embargo, de nada le servía la velocidad si sus ataques no afectaban a su oponente. Esquivó otro golpe de Artem y conectó una patada a las costillas de su oponente, pero entonces una oleada de dolor punzante invadió su pierna derecha. Su tibia había golpeado de lleno contra las rocas que cubrían el pecho de Artem. El subordinado de Mark sonrió al escuchar el gruñido de dolor de Matthew. Giró el torso y lanzó un golpe descendente, buscando aplastar la pierna del hombre.
Matthew apenas pudo esquivar el ataque y ponerse a una distancia segura. El pesado puño envuelto en rocas golpeó el suelo con tanta fuerza que el asfalto se hundió en un pequeño cráter. Su pierna derecha se sentía en llamas. Gracias a su entrenamiento, sus huesos se fortalecieron y esto evitó que se quebraran, pero eso no los hacía irrompibles. «Parece que tengo una fisura en la tibia», pensó mientras volvía a ponerse en guardia. No podía concentrarse en el dolor que golpeaba su pierna, por más insoportable que este fuera.
Artem se lanzó contra él y trató de atacarlo. Con su pierna lastimada, no pudo moverse a tiempo, por lo que levantó los brazos y bloqueó un golpe que, de otra forma, le hubiera aplastado la cabeza. «¡Casi me rompe los brazos!». Matthew retrocedió y plantó los pies en el suelo. Su oponente no tardó en llegar con él una vez más, esquivó el siguiente ataque y trató de usar su técnica en la cabeza de Artem, pues era el único punto de su cuerpo que no estaba cubierto por piedras, pero cuando por fin pudo golpear su rostro con su lanza derecha, se topó con una barrera de rocas que lo bloqueó.
—Dime algo, Simons —Matthew retrocedió, evitando otro golpe—. ¿De qué sirve tener la lanza más fuerte, si no puedes darle a tu oponente? —al escuchar esto, Matthew se cansó.
Intensificó la electricidad que corría por su cuerpo y, antes de que pudiera reaccionar, Artem recibió un golpe directo en la cara que lo hizo retroceder. A sus ojos, Matthew había desaparecido y reaparecido de un momento a otro.
—¿Quién dijo que esa era toda mi velocidad? —preguntó antes de volver a moverse a gran velocidad y golpear a su oponente con todas sus fuerzas en el estómago.
Artem trató de atraparlo, pero Matthew lo esquivó y lo golpeó una vez más, esta vez en las costillas. En lo que el subordinado de Mark se movía para golpear, La Lanza Relámpago ya estaba golpeándolo desde otro ángulo. Matthew empezó a lanzar una lluvia de golpes desde todas las direcciones posibles. Su velocidad, combinada con su gran fuerza y técnica, comenzó a quebrar la armadura de Artem. «Si no puedo atravesarlo con Flecha Destellante, entonces romperé su armadura a golpes. Cuando se cree un espacio, lo apuñalaré». Este era el proceso de pensamiento de Matthew, quien, para este punto, ya tenía las manos ensangrentadas por golpear las rocas que envolvían el cuerpo de su oponente, el cual se había encogido para proteger sus órganos vitales.
Pronto, Matthew abrió un agujero en la armadura de los brazos. Lanzó un ataque dirigido a ese punto expuesto, pero Artem ya lo estaba esperando. Usó su poder para quebrar el suelo y quitarle estabilidad a Matthew, quien tuvo que detenerse para recuperar el equilibrio. El hombre con armadura de piedra aprovechó la inestabilidad de La Lanza Relámpago para golpearlo en el estómago con toda su fuerza. Matthew pudo sentir cómo sus costillas se quebraban ante el golpe de Artem, escupió sangre y fue lanzado hacia atrás. Sin embargo, el hombre no cedió y, cuando tocó el suelo, rodó y se levantó de un salto. Artem se acercó lentamente y pudo escuchar las risas de Matthew, cosa que lo confundió mucho.
—Cuánto tiempo —dijo entre risas bajas—. Ha pasado mucho desde que tuve una pelea así.
Artem tardó en darse cuenta de que la armadura de rayo de Matthew había desaparecido. El Desertor de los Iluminados levantó la mirada. Sus ojos brillaban con euforia y sus manos tenían dos esferas azules del tamaño de una pelota de baloncesto. Extendió las manos y disparó ambas esferas. Artem apenas tuvo tiempo de levantar sus manos y cubrirse. Dos explosiones resonaron en todo el aeropuerto. Una fue provocada por Matthew, pero la segunda no. No obstante, La Lanza Relámpago no tenía tiempo para concentrarse en las peleas de alguien más.
Cuando el humo se disipó, se pudo ver la silueta de un hombre fornido. Las piedras cayeron de su cuerpo al suelo. A su alrededor, había pequeñas llamas y el asfalto estaba totalmente ennegrecido por el calor. El hombre, por su lado, a pesar de tener algunas quemaduras superficiales, estaba perfectamente sano. Bajó los brazos y sonrió. Antes de recibir el ataque de lleno, Artem hizo su armadura de rocas más gruesa para reducir el impacto de la electricidad en su cuerpo. No pudo evitar sufrir daños, pero los efectos fueron mínimos.
Matthew no pudo evitar sonreír. En el fondo, disfrutaba la emoción del combate y llevaba mucho tiempo sin exigirse tanto. No obstante, su cuerpo ya empezaba a sentir los efectos de la fatiga. Él no era tonto, no le puso todo su poder a ese ataque, se aseguró de guardar un poco de electricidad por si la necesitaba, ya que no tenía nada a la mano para recargarse. Amplificó la electricidad en su cuerpo, multiplicándola y enviándola a cada fibra de su ser, y aumentó su voltaje hasta el límite.
—No estuvo nada mal —rio Artem mientras volvía a crear otra armadura de rocas—. ¿Listo para el segundo asalto? —Matthew se puso en guardia con una sonrisa en su cara.
—Listo cuando quieras, bastardo.
Artem se lanzó una vez más a Matthew y el nuevo intercambio fue muy parecido al anterior. Matthew esquivaba todos los ataques de Artem mientras este buscaba aplastarle la cabeza. Artem también intentó golpearlo en las costillas, pero Matthew siempre lo evitaba. No obstante, la Lanza Relámpago estaba retrocediendo hacia un hangar y esto era parte del plan de Artem. Cuando Matthew sintió que algo impedía su avance, ya era muy tarde.
Recibió un golpe que lo hizo atravesar la puerta. Apenas fue capaz de bloquearlo. Cayó al suelo rodando pesadamente. Sintiendo su cuerpo rígido y sin fuerzas. «Este… sí que es fuerte», pensó el hombre mientras intentaba levantarse, pero sus brazos cedieron rápidamente. Artem entró al hangar y fue a donde estaba Matthew, quien ahora tenía un corte en la frente que no paraba de sangrar y respiraba agitadamente mientras escuchaba los pasos de su enemigo acercarse cada vez más. El subordinado de Mark lo tomó por el cuello y comenzó a estrangularlo mientras sonreía con deleite al verlo retorcerse.
—Fue una buena pelea, pero ya es hora de terminar con esto —su tono era sádico y se notaba que disfrutaba la situación. Sin embargo, a pesar de sentir el aire abandonar sus pulmones, Matthew sonrió.
—¿No… te has dado cuenta de dónde estamos? —le preguntó con la voz ronca y apenas aliento—. Esto es un hangar para aviones y… ¿Sabes con qué los construyen? —su sonrisa se ensanchó aún más—. ¡Con metal!
Matthew levantó las manos y expulsó toda la electricidad que tenía acumulada en su cuerpo. El lugar pronto se iluminó con la fuerza de los relámpagos que el hombre estaba lanzando. Se desató una verdadera tempestad de rayos en el interior del hangar. Las paredes, el techo, las piezas, las herramientas, todo lo que estuviese hecho de metal se convirtió en un conductor gigante para sus rayos. El sonido de los truenos y el chisporroteo de los rayos retumbaba en todo el lugar. Al ver lo que estaba pasando, Artem intentó romperle el cuello rápidamente, pero Matthew se adelantó.
Acumuló un poco de electricidad en su cuerpo, dirigiéndola especialmente al cuello, y luego la hizo explotar, dejando a Artem sin más opción que soltarlo. El hombre retrocedió dos pasos y trató de reforzar su armadura de rocas, pero no pudo. Justo cuando las piedras se levantaban del piso, los relámpagos las destruían antes de que siquiera llegaran a su cuerpo. Matthew levantó una mano y miró a Artem con seriedad. El cabello del hombre estaba de punta, sus ojos se iluminaban de azul y el brillo en sus manos se extendió hasta cubrir por completo sus brazos. La energía era tanta que la camisa de Matthew se había rasgado por completo, dejando ver su torso musculoso y atlético.
—¿Sabes cuál es la técnica más poderosa del elemento rayo? —Artem se puso en guardia, a pesar de que sabía que, ante esto, sería inútil.
Detrás de Matthew, la electricidad comenzó a tomar forma, revelando la figura de lo que parecía ser la cabeza de un águila hecha de relámpagos concentrados. Normalmente, los usuarios del elemento rayo tienen un límite de cuánta electricidad pueden almacenar en sus cuerpos, pero, fuera de ellos, podían aumentar la electricidad tanto como quisieran, siempre que pudieran controlar dicha cantidad y se cumplieran las condiciones adecuadas, como ahora. Estando rodeado de metal, en un espacio cerrado, Matthew podía liberar todo su poder sin ningún tipo de límite.
Moldear la electricidad era sencillo para él, al igual que controlar su intensidad y potencia. Lo hacía todo el tiempo cuando utilizaba su técnica característica. Sin embargo, realizar un ataque como este no solo requería de habilidad, también exigía todo su poder para hacerlo. Una vez lanzado este ataque, quedaría totalmente expuesto.
—¡COLERA DE ZEUS! —gritó mientras bajaba la mano con todas sus fuerzas.
El águila terminó de cobrar forma y se lanzó en dirección a Artem, quien no pudo hacer nada para detener el ataque. Lo último que hizo, antes de ser golpeado, fue sonreír. «Así que esto es lo que se siente morir en la dicha. No está nada mal». Artem siempre sintió un gran amor por los combates. Cuanto más difícil o peligroso fuera, mejor para él, y por eso estaba feliz de recibir el ataque de Matthew, así le costara la vida. Nunca le importó la causa de Mark, solo le importaba que era fuerte y que, estando junto a él, podía pelear contra otros. Más que el combate, lo que disfrutaba era matar, pero una buena pelea siempre lo ponía de buen humor.
Cuando el águila impactó contra él, se produjo un enorme resplandor azul en el hangar, seguido de una explosión que destruyó todo el lugar. No hacía falta ser un experto para saber que el cuerpo de Artem se convirtió en polvo tras recibir ese gran golpe. Matthew apenas pudo escapar de ahí, pero no llegó muy lejos.
Había agotado toda su energía en ese ataque y apenas le quedaban fuerzas para permanecer de pie. Terminó colapsando en el suelo mientras jadeaba en busca de aire. En este estado vulnerable, los Oscuros se acercaron a él e intentaron atacarlo. No obstante, no llegaron muy lejos, ya que fueron recibidos por Tatiana, quien logró apartarlos fácilmente.
Rápidamente, Brandon y Cecilia llegaron junto a Matthew y lo ayudaron a regresar con el grupo. Fue ahí que Matthew se dio cuenta de que estaban bajo ataque, pero Lucía, Gregor, Martha y Robert estaban repeliendo a sus enemigos.
—Buen trabajo, Simons —le dijo Brandon mientras revisaba sus heridas—. Diste una gran pelea. Ahora descansa, nosotros nos haremos el resto.
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