Saga Elementos - Capítulo 91
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Capítulo 91: Batalla en el Aeropuerto Parte 3
Amy había recibido muchos golpes a lo largo de su vida. Casi todos fueron dados por su madre. No es que Laura fuera de esas madres que educan a sus hijos con un cinturón. En realidad, era de esas madres que tenían la extraña habilidad de ser estricta y compasiva a la vez.
Cuando sus poderes se manifestaron, Laura le enseñó a su hija todo lo que sabía para que pudiera controlar sus poderes y, cuando Amy se interesó en aprender a defenderse, Laura con gusto le enseñó el kickboxing. Un entrenamiento brutal que, si no fuera por la capacidad de adaptación de los usuarios y su rápido crecimiento, Amy no lo habría soportado.
Su madre era un verdadero monstruo al entrenarla. Amy perdió la cuenta de cuántos golpes recibió en el estómago o cuántos ganchos recibió en la mandíbula por parte de su madre y en su mente todavía estaban frescos los recuerdos de cada uno de ellos, así como la sensación de dolor que le provocaron. Sin embargo, esto era totalmente diferente.
Esta era la primera vez que sentía cómo sus costillas se quebraban bajo su carne, pero no sintió nada en ese momento. Su cuerpo solo reaccionó luego de atravesar la pared. Ahí, tirada en el suelo, sintió cómo su cuerpo era invadido por un dolor punzante, como si un millón de vidrios rotos desgarraran su piel de adentro hacia afuera. Intentaba respirar, pero no era capaz de hacerlo.
Sentía su caja torácica inflamarse y comprimirse, dificultando una acción tan simple como inhalar aire fresco, lo que necesitaba con brutal urgencia. La patada que la hizo atravesar la pared le había sacado todo el aire de los pulmones y, con sus costillas rotas, era todo un reto respirar.
“Vamos, Amy. ¡Levántate! Esta no es la primera vez que te sacan el aire. ¡Arriba!”, se decía a sí misma. Los ojos de la joven se fijaron en los Oscuros que entraban al hangar y se acercaban a ella con sonrisas sádicas en sus rostros. “¡Muévete! ¡MUÉVETE!”, Amy intentaba mover su cuerpo, pero este no respondía a ninguna de sus órdenes.
—Tranquila, niña —le dijo uno de los Oscuros—. Esto acabará rápido.
Justo cuando el Oscuro estaba a punto de tocarla, un cuchillo de cazador atravesó el cuello del hombre, perforando su arteria carótida. El sujeto se llevó la mano a la herida mientras la sangre salía a borbotones. Cayó al suelo y empezó a sacudirse, mientras luchaba por respirar. Los demás Oscuros ignoraron a su compañero moribundo y giraron en busca de aquel que había lanzado el cuchillo. No tardaron en descubrir quién lo hizo.
Jordan y Raymond aparecieron ante los Oscuros con espadas en mano. Amy alcanzó a ver que una de las fundas en el pecho de Jordan estaba vacía. Fue él quien había lanzado el puñal.
El joven Anderson se llevó la mano a la cintura y sacó una de las espadas cortas, empuñando el arma junto a su katana. Hizo girar la muñeca, provocando que la hoja de su espada larga rotara en el aire. La detuvo y cargó contra el Oscuro más cercano a él.
Los Oscuros reaccionaron. El hombre más cercano a Jordan se apartó a tiempo para evitar que el muchacho le cortara el cuello. No obstante, el joven fue lo bastante rápido como para cortarle un pedazo de ropa sin ningún esfuerzo, cosa que sorprendió a todos.
—Oye, chico, ¿no se supone que eras un cobarde? —se burló el hombre mientras veía el corte en su camisa.
Jordan no respondió a las burlas y se puso en guardia una vez más. El muchacho escuchó un zumbido llegar desde su costado derecho y se giró para cortar con la espada corta. Su atacante, un Oscuro usuario del rayo, recibió un corte en la garganta que hizo brotar un chorro de sangre de la herida. El joven, al ver lo que había hecho, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Esa era la primera vez que asesinaba a alguien a propósito, pero no tenía tiempo para lamentarse. Matthew se lo había advertido y él eligió seguir adelante con esto. Ahora era parte de la guerra entre Iluminados y Oscuros.
Esquivó el siguiente ataque, una bola de fuego que apuntaba a su cabeza, pero justo cuando estaba por responderle al Oscuro, Raymond apareció y lo apuñaló en el corazón con su espada. Rápidamente, retiró la hoja del pecho de su enemigo e hizo girar su espada, lo cual asustó al Oscuro que planeaba atacarlo y lo obligó a retroceder. Raymond giró sobre sus talones y cargó contra su oponente.
El Oscuro envolvió sus manos en rocas y destruyó la espada de un puñetazo para después lanzar un golpe a la cabeza de Raymond, quien no se inmutó ante tal acción. Se agachó para evitar el ataque y sacó un cuchillo que tenía guardado en la funda de su cinturón. Ya con el arma en su poder, Raymond apuñaló al Oscuro en el cuello y retiró el cuchillo. El hombre escupió sangre y cayó al suelo retorciéndose. “Siempre es igual”, pensó el hombre con apatía. Cada vez que enfrentaba a un usuario, debía lidiar con el hecho de que lo subestimaban, pues Raymond era un humano normal, un no usuario. Sin embargo, tenía el entrenamiento para pelear y derrotar a varios de ellos.
Desechó ese pensamiento. Ya habría tiempo para lamentarse por su orgullo lastimado. Por ahora debía ayudar a Jordan. Bueno, eso quería hacer, pero el chico parecía estar lidiando bien con sus oponentes. El joven se encontraba peleando con tres Oscuros al mismo tiempo y los estaba dominando. Giró y rotó sus espadas a gran velocidad para confundir a sus atacantes, quienes se mantenían a una distancia prudente, pero Jordan no se detuvo ahí.
Ubicó al Oscuro más cercano a él, el cual quería atacarlo por la espalda. Sin pestañar, el joven hizo girar sus espadas, cambiando el agarre a uno invertido, es decir, las hojas ahora apuntaban hacia atrás. Con una última zancada, Jordan apuñaló a su oponente en el estómago, soltó la espada por un momento y, usando la espada más corta, giró para apuñalar el cuello del segundo. La hoja de su arma perforó la yugular de su oponente como si fuera mantequilla. El muchacho soltó su arma y llevó su mano a la segunda espada que guardaba en su cadera. En un abrir y cerrar de ojos, Jordan le cortó el cuello al tercer y último Oscuro.
Amy, quien apenas se estaba incorporando luego del primer golpe, suspiró de asombro al ver esta nueva faceta de Jordan. Ya no era aquel muchacho tranquilo y apacible que había conocido. Ahora era alguien mucho más despiadado.
Por su parte, Raymond se acercó a Jordan. Sus ojos parecían analizar la situación con la frialdad y calma de un cirujano. Un atisbo de orgullo también se asomaba por sus retinas.
—Nada mal, muchacho. El único detalle es que usaste demasiadas armas para acabar con ellos. La katana y la espada corta deberían haber bastado para acabar con ellos rápidamente —Raymond sonrió con picardía—. No puedo darte los cien puntos, pero aprobaste.
—Es bueno saberlo, señor Kue —respondió Jordan.
El muchacho recogió sus armas y las guardó en sus vainas. Luego de hacer esto, fue a donde estaba Amy y la ayudó a levantarse.
—¿Estás bien? —preguntó el chico.
Ahí estaba el muchacho que Amy tanto amaba, un joven tierno y atento que se preocupaba por ella. La joven Simons forzó una sonrisa antes de pasar su mano por la mejilla de Jordan para limpiarle la sangre. Se relajó lo suficiente como para olvidarse del dolor que martillaba en su pecho.
—Estoy bien, tranquilo —le dijo mientras se apoyaba en él.
Al final, Jordan no había cambiado, solo aprendió a ser despiadado. La joven no pudo resistirse a besarlo en la mejilla. “Tal vez estoy loca por besarlo luego de verlo matar a cinco personas para salvarme, pero… yo también maté a alguien, así que supongo que ambos somos asesinos”. El sonido de Raymond aclarando su garganta interrumpió el momento.
—Lamento interrumpirlos, pero debemos volver con los demás antes de que los Oscuros envíen refuerzos al hangar —informó Raymond antes de hacer un gesto para que lo siguieran.
Mientras caminaban, Amy pudo sentir una buena cantidad de conexiones cálidas llegar al lugar donde estaban, cosa que la confundió mucho.
—Señor Kue —llamó la joven a Raymond, quien se volteó a verla—. ¿No se supone que no podíamos pedir refuerzos? —el hombre frunció el ceño al escuchar la pregunta.
—Así es.
—Entonces… ¿Quiénes son los Iluminados que acaban de llegar?
Al escuchar esta pregunta, Raymond se alarmó. Les pidió que se quedaran adentro del hangar mientras él revisaba. Al asomar la cabeza, pudo ver cómo una multitud de más de cincuenta personas aparecía entre la oscuridad de la noche.
—Esto no es bueno —se llevó la mano a la oreja y activó el comunicador—. ¡Atención a todos! ¡Las Luces Fantasma están aquí!
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de todo el equipo al escuchar aquellas palabras. Gregor estaba tan sorprendido que dejó de disparar sus flechas y no pudo evitar que una roca le rozara la cabeza. Un poco más cerca y hubiera muerto. Retrocedió y se palpó la herida. Al instante sintió un líquido caliente mojar sus dedos y luego su rostro. Estaba sangrando. El dolor no tardó en golpear su cabeza, como un martillo. Una y otra vez, su herida pulsaba en un dolor agudo y penetrante.
Normalmente, un usuario bien entrenado podría soportar algo así y reponerse rápidamente a base de pura adrenalina, pero Gregor era un peleador a distancia. Rara vez se metía en un combate a puño limpio con otra persona. Por eso, su tolerancia al dolor era menor.
Al ver su oportunidad, tres Oscuros corrieron para rematar a Gregor, pero los tres se quedaron sin cabeza cuando Brandon usó su látigo de agua para atacar sus cuellos. Se puso frente a Gregor para cubrirlo de los ataques de sus oponentes, quienes los rodeaban como buitres a un cadáver.
—Te cubro —dijo con una sonrisa mientras creaba una cuchilla de hielo en su brazo.
—Gracias —Gregor se obligó a ignorar el dolor en su frente y sacó otra flecha del carcaj.
No se lo pensó dos veces antes de disparar y atravesarle la cabeza al siguiente Oscuro, pero no paró ahí. Usando el viento, Gregor hizo que la flecha siguiera avanzando. Guiando sus movimientos como si fuera un dron. Atravesó las cabezas, pechos y cuellos de tantos Oscuros como pudo, todo mientras Brandon. Se encargaba de los rezagados.
Mientras hacía esto, sacó otra flecha, la puso en su arco y lo tensó tanto como pudo para después disparar. Ahora, los Oscuros tenían que lidiar con dos proyectiles mortales que volaban a su alrededor.
El resto del equipo, por su lado, estaba manteniendo a raya al resto de sus atacantes. Mientras Finn y Cecilia apoyaban con ataques a distancia, Tatiana y Robert se ocupaban de despachar aquellos que se acercaban demasiado a donde estaban acorralados.
De la nada, un Oscuro recibió una bola de fuego disparada desde su espalda. Se trataba de Laura, quien corría a toda velocidad hacia el grupo, con una multitud detrás de ella. Había conseguido escapar gracias al muro de fuego que había levantado para protegerse, pero esto no detuvo a las Luces Fantasma, quienes no tardaron en atravesar las llamas para después comenzar a perseguirla.
—¡Mierda! —justo cuando Laura estaba llegando a donde estaba el equipo, recibió un golpe por la espalda que la hizo caer al suelo.
—¿Me extrañó, señora Simons? —Alfonso apareció frente a ella con una sonrisa burlona en la cara.
Justo cuando estaba por matarla, sintió un calor infernal golpeando su costado. Se trataba de Amy, quien estaba lanzándole una llamarada desde atrás al hombre, quien, de no tener su armadura de rayo, hubiera muerto calcinado al instante. Sin embargo, incluso con su armadura, podía sentir un dolor insoportable en su costado.
Rápidamente, corrió para apartarse de Laura, pero la mujer no lo dejaría escapar tan fácilmente. Tomó una pequeña cantidad de fuego que había cerca, producto de la batalla campal que acontecía a su alrededor, creó una bola de fuego y se la lanzó a Alfonso. Al ver esto, el hombre disparó un rayo a las llamas y se produjo una explosión. Había rechazado el ataque.
Laura se levantó del suelo y se reunió con el resto del grupo. Jordan, Raymond y Amy ya estaban con ellos. Pronto, se vieron rodeados por las Luces Fantasma y los Oscuros, quienes parecían haberse puesto de acuerdo para atacar solo al grupo de Amelia.
Al ver la situación, Gregor sintió escalofríos.
—¡Retrocedan! —les gritó mientras disparaba una flecha más y la sumaba a las dos que ya estaban volando.
Sin dejar de disparar y contraatacar, todos retrocedieron poco a poco hasta quedar arrinconados frente a un hangar. Ocasionalmente, veían a algunos Oscuros atacar a las Luces Fantasma, pero casi todos permanecían tranquilos mientras se acercaban a ellos. Como si hubieran llegado a un acuerdo silencioso para matarlos a todos antes de empezar a luchar entre ellos.
—¡Maldita sea! —gruñó Tatiana mientras preparaba su siguiente ataque, pero era inútil, había demasiados.
—Hora de terminar con esto —anunció Alfonso mientras cargaba un disparo que apuntaba directo a la cabeza de Laura, quien estaba frente a Matthew, protegiéndolo.
—¡No podríamos estar más de acuerdo contigo, imbécil! —la voz de una mujer resonó a la distancia.
Antes de que alguien pudiera girar para ver de dónde venía esa voz, el cuerpo de una mujer, antes hermosa, cayó frente a todos. La mujer tenía el brazo izquierdo completamente destruido. Los huesos del codo y la muñeca estaban expuestos de tal forma que parecía que la mujer había golpeado algo con tanta fuerza que su brazo había explotado. Los huesos desgarraron la carne de su extremidad de adentro hacia afuera. Además de lo anterior, su cara estaba totalmente destrozada.
Le faltaba toda la piel del lado derecho, dejando al descubierto su mandíbula, en la cual faltaban todos los dientes, tanto los superiores como los inferiores. Para finalizar, la cuenca de su ojo derecho estaba vacía y, con solo mirar su cuello, quedaba claro que la mujer murió luego de que se lo quebraran.
Mientras todos luchaban para tratar de procesar lo que veían, y de paso no vomitar su cena, se comenzaron a escuchar gritos y gemidos ahogados provenientes de la parte trasera del grupo.
—¡¿Qué está…?! —esas palabras fueron seguidas por el inconfundible y escalofriante sonido de una persona vomitando sus entrañas.
—¡Espera! —otra vez, el mismo sonido apagó las réplicas.
—¡NO! ¡AHHHH!
—¡AYUDA!
Los sonidos continuaron a la vez que el ruido de chispas eléctricas llenaba el aire alrededor de todo el grupo. Sonaba cada vez más cerca. No tardaron en ver una estela azul celeste acercarse al frente. Finalmente, ante la sorpresa y el horror de todos, un Oscuro al frente fue partido en dos por una mujer rubia que avanzó sin una sola mancha de sangre en su ropa. Se trataba, por supuesto, de Lucía Johnson, quien se encargó de matar a sus antiguos aliados sin ningún tipo de piedad o esfuerzo.
Desde luego, los Oscuros no estaban para nada felices.
—¡Maldita! —gritó alguien—. ¡PERRA TRAIDORA!
El hombre envolvió sus manos en rocas y se lanzó contra Lucía, pero no llegó muy lejos. Solo Gregor, Cecilia y Matthew pudieron ver la figura que descendía de las alturas a toda velocidad para golpear al pobre diablo en la espalda. Una pequeña nube de polvo se levantó. Cuando todo se despejó, pudieron vislumbrar una enorme garra de piedra reposando en la espalda del cadáver. La dueña de esta garra, una mujer alta y musculosa con sus extremidades cubiertas de rocas y piedras, se erguía sobre el cuerpo con una mirada imperturbable. Sobra decir que el hombre murió aplastado por semejante ataque.
Martha volteó y encaró a la multitud. No pudo evitar sonreír mientras recordaba viejos tiempos.
—Ha pasado mucho tiempo… —comenzó a decir—. Ya no recuerdo cuándo fue la última que nos superaron en número por tanta diferencia —todos empezaron a sentir cómo la conexión de Martha aumentaba de intensidad.
—Fue hace 11 años, amor —Lucía caminó a su lado, su conexión también se estaba volviendo más intensa—. Fue en Nueva Orleans, cuando la mafia nos traicionó y trató de matarnos —Lucía se tronó el cuello mientras relajaba y estiraba los hombros.
—Ah, cierto —Martha rio con picardía—. Les dimos una paliza a esos imbéciles.
—Sí, pero estos son mucho más fuertes que esos mafiosos de segunda —la electricidad que envolvía el cuerpo de Lucía se hizo mucho más intensa.
—Pues entonces tendremos que ir con todo. ¿No lo crees, cariño? —las rocas sueltas, las piedritas y los escombros que había por todo el suelo comenzaron a temblar y vibrar.
La armadura de rayo de Lucía destelló en una luz cegadora. Los rayos parecían pegarse a todo su cuerpo, tiñéndolo de un bello azul celeste. Cuando la mujer abrió sus ojos, estos se iluminaron con un poderoso brillo naranja cobrizo.
Por su lado, las piedras en el suelo se pegaron a Martha de tal manera que reforzaron aún más las rocas que cubrían sus extremidades y sus ojos ahora brillaban con una luz morada oscura. Todos sintieron terror ante lo que veían: La Tigresa del Rayo y Yunque acaban de liberar sus conexiones.
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