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Saga Elementos - Capítulo 92

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  4. Capítulo 92 - Capítulo 92: Batalla en el Aeropuerto Parte 4
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Capítulo 92: Batalla en el Aeropuerto Parte 4

La situación se descontroló muy rápido luego de que Amelia se lanzara contra Cerbero. Sebastián y Artem habían elegido a sus oponentes, Amy fue separada del grupo principal y todos los Oscuros se lanzaron contra ellos. Sin embargo, muchos notaron algo muy extraño. Lo primero de lo que ambos bandos se dieron cuenta fue que nadie se animaba a atacar a Martha o a Lucía. Y lo segundo fue, por supuesto, la presencia de una mujer hermosa que bostezaba con pereza y tenía una actitud de aburrimiento, como si no le importara nada de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

La mujer, por supuesto, no era otra que Daisy, quien parecía que en realidad no quería estar ahí y que solo había ido porque Mark la obligó. Como si fuera una niña a la que sus padres obligaron a ir a una reunión familiar. «Qué fastidio. Podría estar en mi cama, disfrutando de una buena siesta o comiendo frituras mientras veo una película. En su lugar, estoy aquí…». La mujer en realidad era una persona bastante floja y perezosa, la cual prefería no trabajar en lo absoluto. No obstante, pese a ese defecto, era bastante fuerte.

Por otro lado, Lucía y Martha se quedaron viéndola por un rato.

—¿Te encargas tú o prefieres que lo haga yo? —Martha se tronó el cuello mientras estiraba, preparándose para la pelea.

—Ayuda a la mujer de Simons, yo me ocupo de esta —Lucía también empezó a estirar su cuerpo.

¿Cómo podían darse el lujo de estirar y hablar tan casualmente? Simple, nadie se atrevió a molestar a estas tres bestias. Al igual que los animales en la naturaleza, los Oscuros sabían que no debían entrometerse en una pelea en la que claramente los harían pedazos.

Justo cuando Lucía estaba por correr hacia Daisy, tanto ella como Martha sintieron un fuerte golpe en la cara, seguido de una descarga eléctrica en todo el rostro. Lucía cayó de lado y Martha, aunque permaneció de pie, se tambaleó ante la fuerza del golpe. Cuando se recuperaron, ambas notaron que Daisy ahora estaba en medio de las dos. Había corrido a toda velocidad solo para golpearlas a ambas en el rostro. La subordinada de Mark estaba envuelta en un manto eléctrico sumamente intenso y desprendía una conexión bastante grande.

Lucía se levantó y, utilizando el power bank que Steve les había dado a todos los usuarios de elemento rayo del grupo, procedió a envolverse en electricidad. «Es muy veloz. Quizás sea más rápida que yo», pensó mientras se preparaba. Daisy, por su parte, parecía molesta. Soltó un gruñido de fastidio al cielo mientras se golpeaba la frente con la palma de la mano.

—Debí atravesar sus cuerpos en vez de golpear sus caras —se reprendió a sí misma. Luego de suspirar, volteó su mirada en dirección a Martha—. Bueno, no importa, solo tengo que matarlas una por una, ¿verdad?

Se lanzó contra Martha a una velocidad vertiginosa y trató de atravesarla. Martha no podría reaccionar a tiempo para esquivarla, pero Lucía sí que podía hacerlo. En un abrir y cerrar de ojos, La Tigresa del Rayo ya estaba junto a Daisy, sosteniendo su mano con firmeza, a solo centímetros de que esta atravesara el pecho de Martha, quien, al ver la situación, retrocedió dos pasos y llamó a las rocas para envolver su cuerpo y poder pelear.

Daisy, al ver que Lucía había frustrado su ataque, rodó los ojos y se zafó. Una vez se alejó de Lucía, comenzó a correr en círculos alrededor de ambas mujeres, quienes solo podían permanecer juntas, espalda con espalda. Daisy sabía que primero debía ocuparse de Martha para después lidiar con Lucía, pero el problema es que sus oponentes también sabían que esa era la mejor estrategia.

Se lanzó contra Martha una vez más, pero la mujer no era solo músculo sin cerebro. Haber estado con una usuaria del rayo por tantos años le había enseñado muchas cosas. Primero, que tenían una gran resistencia para correr durante periodos prolongados de tiempo. Segundo, que siempre debían parar antes de dar una vuelta cerrada. Y tercero, que la mejor forma de interceptar a un usuario del rayo era escuchando el sonido de la electricidad para predecir sus movimientos.

Al escuchar a Daisy acercarse por su derecha, Martha rotó su torso tratando de conectar un golpe giratorio utilizando su garra, pero desafortunadamente Daisy ya había visto el ataque. Se lanzó al suelo y rodó tres veces antes de levantarse para detener el ataque de Lucía, el cual iba dirigido a su cara.

La mano de Lucía, con los dedos extendidos como si fueran las garras de algún felino salvaje, estaba a solo centímetros del rostro de Daisy, pero la mujer sostenía el brazo de Lucía con firmeza, impidiéndole avanzar. En su rostro se podía ver el enorme esfuerzo que Daisy estaba haciendo para evitar morir. Sin embargo, su mirada seguía reflejando el fastidio y la molestia que sentía por el solo hecho de trabajar.

—¡Se acabó! —el grito de Martha hizo temblar a Daisy.

Martha llegó al lado de ambas mujeres y se dispuso a aplastar a Daisy con un golpe desde arriba. Había saltado y estaba preparada para aplastarla con su garra, pero su oponente adivinó su movimiento justo a tiempo para reaccionar. Pateó el estómago de Lucía, alejándola justo a tiempo para evitar el golpe descendente de Martha.

Ambas miraron a su oponente, quien solo inclinó la cabeza.

—Si eso quieren —un instante después, Martha recibió un golpe en la cara.

—¡¿Qué fue…?! —una patada en las costillas detuvo las quejas de la mujer.

En instantes, el cuerpo de Martha fue bombardeado por una lluvia de golpes que venían de todas las direcciones posibles. En solo tres segundos, había recibido cerca de 150 golpes. Ninguno le causó un daño mortal, ni siquiera la hicieron sangrar, pero todo eso era parte del plan de Daisy. Quería usar las descargas eléctricas de sus golpes para adormecer el cuerpo de su oponente para finalmente atravesarle la espalda y, en caso de no poder matarla, Martha quedaría totalmente incapacitada, permitiéndole lidiar con Lucía más fácilmente.

Cuando por fin entendió el plan de Daisy, Lucía se lanzó para detenerla. Logró conectar una patada al estómago de la mujer, pero no paró ahí y comenzó a presionarla. Fue a su lado y comenzó a lanzar una lluvia de golpes. Daisy pudo desviar y bloquear la gran mayoría de ataques, pero recibió algunos golpes en la cara, lo cual la llevó a responder. Un intercambio de golpes y patadas se llevó a cabo. Por primera vez, desde que empezó el combate, Lucía pudo confirmar que Daisy efectivamente era más rápida que ella. Lo notó porque, mientras ella lanzaba unos 200 golpes y 50 patadas, Daisy le regresaba 230 golpes y 70 patadas. Esta diferencia, por pequeña que pudiera parecer, podría significar la diferencia entre ganar o morir.

De todos los golpes que se lanzaron, solo unos veinte o treinta conectaron en su objetivo. El resto fueron bloqueados o desviados. Sin embargo, aunque Lucía no pudo contar exactamente cuántos de sus golpes impactaron en Daisy, sí pudo notar que Daisy fue quien logró conectar más.

Ambas mujeres se separaron y empezaron una carrera alrededor de Martha, la cual no sabía cómo intervenir en el combate. «Podría liberar por completo mi conexión, pero si lo hago ahora, no podré volverla a liberar después». Lucía estaba segura de que, si lograba expulsar todo su poder, podría superar a la subordinada de Mark en velocidad, pero no podía arriesgarse a usar su recurso más valioso contra alguien como Daisy.

Martha, frustrada por no poder ayudar en nada, levantó la pierna izquierda tanto como pudo, solo para después bajarla con toda su fuerza. El pisotón envió una enorme sacudida a través del suelo, creando lo que parecían ser olas en la tierra, las cuales quebraron el asfalto alrededor de Martha y desestabilizaron a las dos corredoras a su izquierda. Fue ahí que Martha pudo notar el hilillo de sangre que bajaba por la nariz de Lucía. Durante el intercambio de golpes, Lucía había recibido un derechazo a la cara sin posibilidad de esquivar el ataque.

«Diablos, Lucy», pensaba mientras Martha se apresuraba a llegar con las mujeres, las cuales estaban muy distraídas como para prestarle atención. Mientras corría hacia ellas, levantó su brazo derecho y moldeó las rocas para cambiar la forma de su garra por algo más útil para cortar. Creando una cuchilla de piedra, saltó tan alto como pudo y balanceó su brazo con toda su fuerza. Daisy sintió venir el ataque en dirección a su cuello. Su única respuesta fue rodar los ojos antes de esquivarlo.

Lucía se hizo para atrás, buscando evitar quedar atrapada en el rango del ataque. La cuchilla finalmente llegó a donde se suponía que estaba su objetivo, pero lo único que pudo cortar fue el viento. Martha aterrizó con un pequeño estruendo y luego volteó a mirar a Daisy con enojo. Claramente, la mujer solo estaba jugando con ellas. La subordinada de Mark, por su lado, las observaba con indiferencia y apatía. Lucía y Martha eran un cero a la izquierda para ella.

—Es más rápida que yo, lo reconozco —comentó Lucía mientras tronaba sus nudillos. Su voz se oía fatigada y Martha podía ver el sudor en su frente.

—¿Eso es todo lo que tienen para ofrecer? —un bostezo, largo, prolongado y profundo fue emitido por la mujer—. Francamente, esperaba que Yunque y La Tigresa del Rayo fueran un reto mayor.

Sin darles tiempo a responder, Daisy volvió a lanzarse al ataque. Sin embargo, esta vez, Martha estaba preparada. Colocó su mano izquierda en el suelo y envió ondas a través de la tierra. Su poder creó olas que desestabilizaron el suelo e hicieron que Daisy frenara su avance. Lucía, no perdió el tiempo y atacó a toda velocidad. Martha corrió detrás de ella.

Daisy tardó en recuperar el equilibrio y no pudo evitar el golpe a la quijada que Lucía le conectó. Giró con la inercia del ataque para reducir el daño y luego lanzó una patada a la altura del rostro de Lucía. Sin embargo, el ataque fue bloqueado con éxito por la mujer. La subordinada de Mark cambió su estrategia y cargó un rayo en la palma de su mano, solo para después dispararlo al pecho de su oponente. Lucía, al ver venir el ataque, saltó hacia atrás y concentró los rayos de su armadura en su pecho y brazos, los cuales usó para proteger mejor la zona.

El rayo golpeó de lleno a Lucía y la envió a volar lejos de ahí. No obstante, deshacerse de Lucía vino con un alto costo. Para cargar ese ataque, Daisy tuvo que tomar una gran parte de la electricidad que cubría su cuerpo y, al hacerlo, su armadura de rayo redujo su efectividad, así como su velocidad. «¡Ahora!». Martha se acercó a Daisy por la espalda, camuflando su conexión para hacerla parecer fría, lo que distrajo a la subordinada de Mark y la hizo pensar que Martha solo era una Oscura más. Al darse cuenta de su error, giró sobre sus talones y concentró toda la electricidad restante en su puño derecho. Lanzó un golpe con todas sus fuerzas, pero la suerte no estaba de su lado esa noche.

Tal vez fue el sonido de alguna de las dos explosiones que retumbaron por todo el aeropuerto, pero Daisy no pudo escuchar con claridad el ruido que produjo su brazo al explotar o el que hicieron sus huesos al momento de desgarrar su piel y atravesarla hasta quedar totalmente expuestos. No es exagerado decir que los sanadores tienen la capacidad de curar heridas que, para la medicina moderna, serían imposibles de tratar. Sin embargo, ningún sanador, por más talentoso que fuera, podría salvar el brazo de Daisy.

Lo que sucedió fue que, no solo su armadura y velocidad se habían visto afectadas por el rayo que disparó momentos antes, su poder de corte y perforación también se vio reducido hasta ser casi nulo. Si a eso se le agrega una colisión contra la garra de piedra de Martha, el resultado era obvio. Al menos, ese debería ser el caso, pero Daisy no se percató de estos detalles, o no quiso percatarse. Todo eso daba igual en ese momento.

—¡¡¡ARGH!!!

Una oleada de dolor golpeó a la mujer y la hizo retroceder mientras lanzaba un grito desgarrador al cielo. Sus ojos, antes apáticos, ahora brillaban por las lágrimas que caían de sus cuencas. Su brazo derecho ahora solo era un colgajo de carne ensangrentada. Los músculos estaban destrozados y los huesos expuestos y rotos en ángulos antinaturales. Martha tampoco se había guardado nada en ese último golpe, había usado toda su fuerza para atacar a Daisy, pero su plan era aplastarle la cabeza. No tenía idea de que su oponente intentaría contrarrestar su ataque con su propio puño.

Sea como sea, una cosa estaba clara: el brazo de Daisy era imposible de reparar. Incluso si de alguna forma se pudieran reparar los huesos y los vasos sanguíneos, los músculos y nervios eran una pérdida total. Lo único que le esperaba a Daisy era una amputación y, en el mejor de los casos, una prótesis.

—¡¡¡MALDITA PUTA!!! —rugió la mujer mientras luchaba por ignorar el dolor infernal que recorría su cuerpo—. ¡¡¡VOY A MATARTE!!! ¡¡¡VOY A…!!!

Daisy se quedó a la mitad de su frase, ya que Lucía apareció a su lado y, de una sola patada, le arrancó la mitad de la cara, varios dientes y sacó volando el ojo derecho como si no fuera nada. La fuerza del golpe fue tal que, además de todo lo anterior, también le rompió el cuello a la mujer. Matándola en el acto.

Una vez Daisy murió, Lucía y Martha pudieron respirar con más tranquilidad. Al final, Daisy sí resultó ser un problema, pero solo porque era escurridiza. Su fuerza en sí, no era para nada sorprendente y, si bien estaba al nivel de los Cometas más débiles, difícilmente podría ganarle a alguno. No por falta de poder, sino por falta de interés en pelear, pues Daisy era una mujer bastante perezosa a la hora del combate. Siempre yendo de frente sin ningún tipo de estrategia y solo buscando terminar la pelea para irse a holgazanear. Y fue justamente esa manera de pensar lo que le costó la vida.

Si se hubiera detenido a pensar qué estaba sucediendo, habría descubierto que su poder para perforar se había reducido y no hubiera intentado parar el ataque de Martha.

Lucía se quedó mirando su cuerpo sin vida por unos segundos, antes de que un montón de conexiones cálidas invadieran el lugar en donde estaban. Ambas mujeres dirigieron sus miradas al lugar en donde estaba el grupo. Al poco tiempo, fueron rodeados por un grupo mixto entre Iluminados y Oscuros.

—Deben ser Las Luces Fantasma —aventuró Martha.

—Vamos

Ninguno de los Oscuros quería acercarse a las mujeres que estaban frente a ellos. Lo mismo sucedía con Las Luces Fantasma. Nadie quería ser el primero en atacarlas, cosa que hizo reír a la pareja.

—¿Qué pasó, chicos? —preguntó Martha—. ¿A dónde se fueron esas agallas de hace un momento? —se burló con una gran sonrisa y una mirada algo maliciosa.

—Bueno, si no van a acercarse, entonces nosotras iremos por ustedes —advirtió Lucía mientras terminaba de estirar las piernas—. Recuerda, cariño: no hay que matar a los que tengan conexiones cálidas —Martha rodó los ojos al escuchar a su chica.

—Seguro, bebé —Lucía le guiñó el ojo y luego desapareció.

Lo siguiente que supieron los Oscuros es que Lucía había matado a siete de los suyos en un solo instante, sin mencionar que mandó a volar a cuatro Luces Fantasma de un solo disparo. Un intercambio que no duró más de dos segundos. Cuando intentaron responderle, Lucía ya no estaba. En cambio, los cinco Oscuros que habían intentado golpearla, fueron aplastados por Martha, literalmente. La mujer había transformado su garra en un gran martillo de piedra que luego hizo descender sobre las cabezas de sus excompañeros, los cuales murieron aplastados.

Por si lo anterior no fuera suficiente, dos Luces Fantasma llegaron a su lado intentando atacarla, pero Martha no era solo una bruta sin cerebro. Si bien es cierto que no tenía un entrenamiento formal en ningún arte marcial, sí que tenía nociones básicas de combate mano a mano y era una experta combinando esto con sus poderes. Tomó a uno por el brazo para luego propinarle un codazo descendente a la altura del codo y un rodillazo a la altura de la muñeca. Dicho ataque fracturó por completo el brazo de su oponente, el cual lanzó un grito desgarrador al cielo debido al tremendo dolor que le causaba la herida.

Martha le dio un golpe en la tráquea, utilizando el dedo del guante de rocas en su mano izquierda. Lo que cayó los gritos del hombre y lo hizo morderse la lengua tan fuerte que brotó sangre de su boca. Su compañero, al ver esto, lanzó una bola de fuego en dirección a Martha, pero ella esquivó el ataque, no sin antes lanzar al pobre hombre con el brazo roto lejos de la explosión. Aterrizó dando una vuelta sobre su hombro y luego disparó seis fragmentos de rocas afiladas a las piernas del segundo hombre, los cuales impactaron de lleno a la altura del muslo y lo hicieron caer entre gruñidos de dolor.

La mujer se levantó rápidamente, solo para sentir a cuatro usuarios del rayo acercarse por su espalda, todos eran Oscuros. «Con ellos no necesito contenerme». Martha pisó con fuerza y cuatro picos de roca salieron para atravesar los cuerpos de sus atacantes, matándolos en el acto. Se dio la vuelta y pudo ver que venían más en su dirección.

—Bien —dijo con una sonrisa mientras las piedras que formaban su garra se reconstruían y afilaban cada vez más hasta formar una gran hoja dentada hecha de piedra maciza en su brazo—. Que pase el siguiente.

Lucía, por otro lado, estaba ocupada lidiando con una legión de oponentes. A diferencia de Martha, todos pensaban que podrían matarla fácilmente. Después de todo, comparada con la mole de músculo que era Martha, Lucía era una mujer delgada que no parecía poder resistir un golpe bien conectado en el estómago. No sabían cuán equivocados estaban. Intentaron golpearla por detrás, pero Lucía solo se agachó, giró su cadera y conectó una poderosa patada con la pierna derecha en la quijada de su oponente.

El siguiente apareció por su lado izquierdo y fue recibido por un poderoso gancho izquierdo cargado con veinte mil voltios para después ser embestido por otro de sus compañeros antes de que ambos fueran decapitados de un solo golpe por Lucía. Ambos eran Oscuros, así que podía matarlos sin preocuparse. El siguiente ataque vino desde arriba, una lluvia de bolas de fuego que se acercaban a gran velocidad a su posición, pero Lucía ni siquiera se inmutó al ver el bombardeo acercarse a su cara.

Una serie de estallidos se escucharon en el lugar donde estaba parada la mujer. Los cuatro usuarios del elemento fuego, todos pertenecientes a las Luces Fantasma, sonrieron triunfantes. Creyeron que habían conseguido darle, pero la emoción rápidamente se desvaneció cuando sintieron un escalofrío recorrer sus espaldas al escuchar el zumbido eléctrico detrás de ellos.

—¿Sí le dieron? —preguntó Lucía con una gran sonrisa en su cara.

—Maldita…

Antes de que alguno pudiera contraatacar o decir algo más. Lucía ya los había dejado inconscientes con unos golpes bien dados en el pecho. No los mataría, pero sí los dejaría fuera del combate por un rato. Martha no tardó en aparecer junto a su novia.

—¿Lista para otra ronda? —le preguntó mientras veía que llegaban más refuerzos de las Luces Fantasma.

—¿Y tú? —Lucía no perdió la oportunidad de coquetear un poco con Martha, quien sonrió en respuesta antes de volver a lanzarse al ataque.

Sin embargo, a pesar de que ninguna lo demostraba, lo cierto era que ya estaban empezando a cansarse. Lo que habían hecho se llamaba “Liberación” y ocurría cuando un usuario alcanzaba cierto nivel de poder. El proceso era complejo, pero en resumen consistía en que la energía de la naturaleza, la cual les daba sus poderes a los usuarios, llegaba a un nivel tan elevado que se veían forzados a dividirla en dos partes. La primera era la que usaban en todo momento, en entrenamientos o peleas que no necesitaran de tanto esfuerzo o poder. Mientras que la segunda era su “Carta de Triunfo”, su “As bajo la manga”.

Consistía en liberar por completo esa segunda capa, la cual solía ser más grande que la primera, para recibir un aumento en las habilidades y sentidos de combate, aumentos los cuales dependían del estilo de combate de cada persona. Por ejemplo, Lucía era una peleadora que se enfocaba en la velocidad y tenía un estilo agresivo en combate, por lo que su Liberación reducía su tiempo de reacción para poder responder a los ataques de sus rivales, además de brindarle un gran aumento de velocidad a la mujer. Por otro lado, la Liberación de Martha, quien tenía un estilo de pelea salvaje y agresivo, le daba un aumento en su fuerza y tolerancia al dolor para poder aguantar más tiempo en combate.

No obstante, a pesar de lo poderosas que podían volverse al liberar todo su poder, esto venía con un problema. El gasto de energía era muy elevado y hacía que aquellos que usaran este recurso tuvieran un tiempo límite antes de quedarse sin energía. Matthew fue el primero en notar el cansancio en las dos mujeres.

Desde su lugar, las había visto desenvolverse muy bien durante la pelea, pero él sabía que aquello no duraría mucho. «Mierda… si no hubiera descuidado mi entrenamiento…», el hombre desechó ese pensamiento rápidamente. No había tiempo para culparse por la situación. Suspiró con cansancio mientras observaba la pelea con mucha atención, sintiéndose impotente por no poder ayudar en nada.

Por su lado, Finn observó a su sobrino con una mirada seria.

—Esto ya nos sobrepasó, Gregor —el muchacho apretó los dientes al escucharlo.

—¿Y qué se supone que haga? —preguntó con rabia—. Si pedimos refuerzos, las Luces Fantasma vendrán en manada hasta aquí.

—Siento informarte que eso ya pasó —Gregor le lanzó una mirada asesina a su tío, pero no tuvo las agallas de decirle lo que pensaba—. Pide ayuda por radio —ordenó Finn con una voz calmada que contrastaba mucho con su sarcasmo habitual—. O no, realmente no importa. Si lo que quieres es que nos maten a todos, es tu problema.

Por un breve momento, la idea de dispararle una flecha en la ingle a su tío cruzó la mente del joven, pero eligió no hacerlo, aunque no fue por falta de ganas, Gregor en realidad detestaba a su tío. Cuando sus padres murieron, Finn eligió no volver a la ciudad para cuidarlo a él y a Amelia, limitándose solo a enviarles dinero de vez en cuando. Nunca dio explicaciones para su constante ausencia, y la razón era simple: no soportaba verlos. Amelia y Gregor eran la viva imagen de sus padres. Verlos todos los días era un recordatorio constante de que Jeff y Victoria ya no estaban y eso era insoportable para Finn, quien era consciente del resentimiento que su sobrino sentía hacia él.

No obstante, Gregor tenía que darle la razón a Finn en esto. No podían ganar esta pelea por su cuenta y, tanto Lucía como Martha, se agotarían antes de poder acabar con todos sus oponentes. Ya no había otra salida a este punto. Con calma y frialdad absoluta, Gregor se llevó la mano al comunicador en su oído.

—Atención. Este es el equipo de extracción. Los Oscuros y las Luces Fantasma nos superan ampliamente en número. Solicitamos refuerzos en nuestra posición de inmediato —las palabras de Gregor resonaron en todo el grupo como un eco profundo.

—¡Recibido, Green! —habló Steve por la radio, desde luego, él estaba dirigiendo toda la operación y, en el fondo de su alma, esperaba no tener que oír ese mensaje, pero ya estaba preparado en caso de encontrarse en esta situación—. Los refuerzos van en camino. Tiempo estimado de llegada: 5 minutos. Una vez lleguen, tienen que salir de ahí de inmediato.

—¿Escuchó eso, capitán? —preguntó Gregor a un tercero que sabía que estaba escuchando la conversación.

—Así es, señor Green —respondió la voz de un hombre mayor—. Tendremos el avión listo para irnos, pero deben apresurarse. Embarquen por el lado derecho, por favor.

—Entendido —Gregor cerró la línea y se volteó a ver al grupo—. Prepárense para irnos. Una vez lleguen los refuerzos, correremos al avión mientras ellos pelean.

—¿Qué hay de mi hermana? —la mirada que Gregor le dedicó a Jordan decía a todas luces: «¿Quién te dio permiso de hablar?».

—La recogeremos a ella y a la elemental de aire de camino al hangar —la respuesta del joven no dejó nada conforme a Jordan.

Mientras tanto, Lucía y Martha seguían luchando contra un gran número de oponentes. «Maldita sea. Si pudiera los mataría a todos, pero no puedo acabar con estos Iluminados», pensó Martha con frustración mientras lanzaba una patada lateral directamente al estómago de una Luz Fantasma. Giró el tronco con toda su fuerza y le aplastó la cabeza al Oscuro que pensó que podría atacarla por la espalda.

Por otro lado, Lucía hacía gala de su velocidad superior para masacrar a sus oponentes. Lanzó una patada que, por puro milagro, el Oscuro logró esquivar, pero el pobre diablo no se esperaba que la mujer diera un salto mientras seguía girando y conectara una segunda patada con el talón de la otra pierna justo en su cabeza mientras preparaba un corte de aire comprimido para matarla. La cabeza del hombre fue cortada de tal forma que parecía haber recibido el impacto de un hacha. Su cuerpo fue lanzado lejos a tiempo para que Lucía diera un salto y se colocara detrás de otro Oscuro que intentó atacarla por la espalda.

Naturalmente, este también murió cuando Lucía le atravesó la espalda con su puño. Se deshizo del cadáver y suspiró discretamente. «Ya me estoy cansando», pensó con rabia. Todavía le faltaba lidiar con otros seis antes de poder descansar. Martha también empezaba a mostrar señales de agotamiento y pronto esto se hizo evidente para las Luces Fantasma, especialmente para cierto hombre que, como un buitre, estuvo esperando a que esto sucediera.

Alfonso sabía que no tenía ninguna oportunidad contra Lucía en un combate uno a uno, pero si ella estaba cansada, sí que podría ganarle. Otro Oscuro murió ante la patada giratoria de Lucía y, con un golpe bien dado en el estómago y un pequeño rayo disparado desde su puño, despachó a una Luz Fantasma. Todo esto era observado cuidadosamente por Alsonso, quien esperaba que la mujer se cansara para poder atacarla por la espalda. «¿Honor? ¿Qué tontería es esa? No importa cómo, ganar es ganar». Esto era lo que pensaba el hombre mientras esperaba a que la Liberación de la mujer se agotara para poder atacar.

Lucía no estaba lejos de cumplir el objetivo de Alfonso, pero antes de eso, seguiría luchando hasta que sus energías se terminaran. No es como si tuviera alguna opción para este punto. El golpe en las costillas la sacó de sus pensamientos y la envió volando varios metros hacia atrás.

—¡¡¡LUCY!!! —Martha gritó mientras empujaba a una Luz Fantasma y se alejaba para ayudar a su compañera—. Amor, vamos. Levántate.

Lucía no tardó en volver a ponerse de pie, pero se la veía mal. Se sujetaba las costillas con fuerza, su rostro estaba algo pálido y sus dientes rechinaban por la fuerza con la que los apretaba. Martha pensó que tal vez tendría una costilla rota, por lo que se preparó para cubrir a Lucía mientras se recuperaba. Sin embargo, la armadura de Lucía comenzó a parpadear, se estaba quedando sin energía mucho más rápido de lo que anticipó.

—Muy bien, idiotas, ¿quién de ustedes lastimó a mi chica? —preguntó Martha mientras agrandaba la garra de roca en su mano derecha. Nadie respondió—. Bien, pues entonces todos se mueren hoy.

Cerró la garra en un puño y golpeó el piso con fuerza para después hacer aparecer cientos de picos de roca que iban en dirección a todos sus oponentes. Ya no le importaba si mataba a un Oscuro o a una Luz Fantasma por accidente, aquella pelea era de vida o muerte. Lidiarían con las consecuencias después, pero necesitaban salir vivas de aquella situación primero. No obstante, apenas pudo acabar con cuatro Oscuros con ese ataque.

—Mierda —Martha se levantó y se puso en guardia una vez más.

Sus oponentes se alinearon frente a ellas, un total de 7 Luces Fantasma lideraban el grupo. Todos sacaron encendedores de bolsillo y Martha supo bien lo que estaban por hacer.

—Oh, no.

Los 7 usuarios dispararon varias llamaradas, las cuales se fusionaron en un ataque mucho más grande. Martha estaba a punto de levantar un muro de roca para intentar protegerse, pero no había tiempo suficiente. De repente, un gran brillo azul incandescente cegó a la mujer por un momento. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, pudo ver a Lucía con el brazo izquierdo extendido, disparando un poderoso rayo hacia la gigantesca llamarada. Ambos ataques colisionaron con fuerza, enviando una ráfaga de aire caliente a los alrededores.

Lucía terminó de ponerse de pie y levantó su brazo izquierdo para lanzar aún más electricidad. El ataque eléctrico se amplificó y comenzó a empujar las llamas de las Luces Fantasma. «¡Vamos! ¡Vamos!», Lucía se daba ánimos a sí misma. Parecía que iba a ganar el choque, pero las Luces Fantasma, al ver que estaban perdiendo terreno, sumaron a cuatro usuarios de elemento aire. Enviaron poderosas ráfagas de viento que amplificaron las llamas y comenzaron a empujar el rayo de Lucía.

La mujer gruñó, pero se mantuvo firme. A pesar de sentir su cabeza a punto de explotar, la sangre en sus venas parecía estar hirviendo y sus brazos pesaban como si estuvieran hechos de plomo. No obstante, Lucía permaneció en su sitio, pero el ataque no. Las llamas se acercaban cada vez más en dirección a las mujeres.

—¡Maldita sea! —Lucía rugió furiosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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