Saga Elementos - Capítulo 93
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Capítulo 93: Batalla en el Aeropuerto Parte 5
Ninguno de los Oscuros quería acercarse a las mujeres que estaban frente a ellos. Lo mismo sucedía con Las Luces Fantasma. Nadie quería ser el primero en atacarlas, cosa que hizo reír a la pareja.
—¿Qué pasó, chicos? —preguntó Martha—. ¿A dónde se fueron esas agallas de hace un momento? —se burló con una gran sonrisa y una mirada algo maliciosa.
—Bueno, si no van a acercarse, entonces nosotras iremos por ustedes —advirtió Lucía mientras terminaba de estirar las piernas—. Recuerda, cariño: no hay que matar a los que tengan conexiones cálidas —Martha rodó los ojos al escuchar a su chica.
—Seguro, bebé —Lucía le guiñó el ojo y luego desapareció.
Lo siguiente que supieron los Oscuros es que Lucía había matado a siete de los suyos en un solo instante, sin mencionar que mandó a volar a cuatro Luces Fantasma de un solo disparo. Un intercambio que no duró más de dos segundos. Cuando intentaron responderle, Lucía ya no estaba. En cambio, los cinco Oscuros que habían intentado golpearla, fueron aplastados por Martha, literalmente. La mujer había transformado su garra en un gran martillo de piedra que luego hizo descender sobre las cabezas de sus excompañeros, los cuales murieron aplastados.
Por si lo anterior no fuera suficiente, dos Luces Fantasma llegaron a su lado intentando atacarla, pero Martha no era solo una bruta sin cerebro. Si bien es cierto que no tenía un entrenamiento formal en ningún arte marcial, sí que tenía nociones básicas de combate mano a mano y era una experta combinando esto con sus poderes. Tomó a uno por el brazo para luego propinarle un codazo descendente a la altura del codo y un rodillazo a la altura de la muñeca. Dicho ataque fracturó por completo el brazo de su oponente, el cual lanzó un grito desgarrador al cielo debido al tremendo dolor que le causaba la herida.
Martha le dio un golpe en la tráquea, utilizando el dedo del guante de rocas en su mano izquierda. Lo que cayó los gritos del hombre y lo hizo morderse la lengua tan fuerte que brotó sangre de su boca. Su compañero, al ver esto, lanzó una bola de fuego en dirección a Martha, pero ella esquivó el ataque, no sin antes lanzar al pobre hombre con el brazo roto lejos de la explosión. Aterrizó dando una vuelta sobre su hombro y luego disparó seis fragmentos de rocas afiladas a las piernas del segundo hombre, los cuales impactaron de lleno a la altura del muslo y lo hicieron caer entre gruñidos de dolor.
La mujer se levantó rápidamente, solo para sentir a cuatro usuarios del rayo acercarse por su espalda, todos eran Oscuros. «Con ellos no necesito contenerme». Martha pisó con fuerza y cuatro picos de roca salieron para atravesar los cuerpos de sus atacantes, matándolos en el acto. Se dio la vuelta y pudo ver que venían más en su dirección.
—Bien —dijo con una sonrisa mientras las piedras que formaban su garra se reconstruían y afilaban cada vez más hasta formar una gran hoja dentada hecha de piedra maciza en su brazo—. Que pase el siguiente.
Lucía, por otro lado, estaba ocupada lidiando con una legión de oponentes. A diferencia de Martha, todos pensaban que podrían matarla fácilmente. Después de todo, comparada con la mole de músculo que era Martha, Lucía era una mujer delgada que no parecía poder resistir un golpe bien conectado en el estómago. No sabían cuán equivocados estaban. Intentaron golpearla por detrás, pero Lucía solo se agachó, giró su cadera y conectó una poderosa patada con la pierna derecha en la quijada de su oponente.
El siguiente apareció por su lado izquierdo y fue recibido por un poderoso gancho izquierdo cargado con veinte mil voltios para después ser embestido por otro de sus compañeros antes de que ambos fueran decapitados de un solo golpe por Lucía. Ambos eran Oscuros, así que podía matarlos sin preocuparse. El siguiente ataque vino desde arriba, una lluvia de bolas de fuego que se acercaban a gran velocidad a su posición, pero Lucía ni siquiera se inmutó al ver el bombardeo acercarse a su cara.
Una serie de estallidos se escucharon en el lugar donde estaba parada la mujer. Los cuatro usuarios del elemento fuego, todos pertenecientes a las Luces Fantasma, sonrieron triunfantes. Creyeron que habían conseguido darle, pero la emoción rápidamente se desvaneció cuando sintieron un escalofrío recorrer sus espaldas al escuchar el zumbido eléctrico detrás de ellos.
—¿Sí le dieron? —preguntó Lucía con una gran sonrisa en su cara.
—Maldita…
Antes de que alguno pudiera contraatacar o decir algo más. Lucía ya los había dejado inconscientes con unos golpes bien dados en el pecho. No los mataría, pero sí los dejaría fuera del combate por un rato. Martha no tardó en aparecer junto a su novia.
—¿Lista para otra ronda? —le preguntó mientras veía que llegaban más refuerzos de las Luces Fantasma.
—¿Y tú? —Lucía no perdió la oportunidad de coquetear un poco con Martha, quien sonrió en respuesta antes de volver a lanzarse al ataque.
Sin embargo, a pesar de que ninguna lo demostraba, lo cierto era que ya estaban empezando a cansarse. Lo que habían hecho se llamaba “Liberación” y ocurría cuando un usuario alcanzaba cierto nivel de poder. El proceso era complejo, pero en resumen consistía en que la energía de la naturaleza, la cual les daba sus poderes a los usuarios, llegaba a un nivel tan elevado que se veían forzados a dividirla en dos partes. La primera era la que usaban en todo momento, en entrenamientos o peleas que no necesitaran de tanto esfuerzo o poder. Mientras que la segunda era su “Carta de Triunfo”, su “As bajo la manga”.
Consistía en liberar por completo esa segunda capa, la cual solía ser más grande que la primera, para recibir un aumento en las habilidades y sentidos de combate, aumentos los cuales dependían del estilo de combate de cada persona. Por ejemplo, Lucía era una peleadora que se enfocaba en la velocidad y tenía un estilo agresivo en combate, por lo que su Liberación reducía su tiempo de reacción para poder responder a los ataques de sus rivales, además de brindarle un gran aumento de velocidad a la mujer. Por otro lado, la Liberación de Martha, quien tenía un estilo de pelea salvaje y agresivo, le daba un aumento en su fuerza y tolerancia al dolor para poder aguantar más tiempo en combate.
No obstante, a pesar de lo poderosas que podían volverse al liberar todo su poder, esto venía con un problema. El gasto de energía era muy elevado y hacía que aquellos que usaran este recurso tuvieran un tiempo límite antes de quedarse sin energía. Matthew fue el primero en notar el cansancio en las dos mujeres.
Desde su lugar, las había visto desenvolverse muy bien durante la pelea, pero él sabía que aquello no duraría mucho. «Mierda… si no hubiera descuidado mi entrenamiento…», el hombre desechó ese pensamiento rápidamente. No había tiempo para culparse por la situación. Suspiró con cansancio mientras observaba la pelea con mucha atención, sintiéndose impotente por no poder ayudar en nada.
Por su lado, Finn observó a su sobrino con una mirada seria.
—Esto ya nos sobrepasó, Gregor —el muchacho apretó los dientes al escucharlo.
—¿Y qué se supone que haga? —preguntó con rabia—. Si pedimos refuerzos, las Luces Fantasma vendrán en manada hasta aquí.
—Siento informarte que eso ya pasó —Gregor le lanzó una mirada asesina a su tío, pero no tuvo las agallas de decirle lo que pensaba—. Pide ayuda por radio —ordenó Finn con una voz calmada que contrastaba mucho con su sarcasmo habitual—. O no, realmente no importa. Si lo que quieres es que nos maten a todos, es tu problema.
Por un breve momento, la idea de dispararle una flecha en la ingle a su tío cruzó la mente del joven, pero eligió no hacerlo, aunque no fue por falta de ganas, Gregor en realidad detestaba a su tío. Cuando sus padres murieron, Finn eligió no volver a la ciudad para cuidarlo a él y a Amelia, limitándose solo a enviarles dinero de vez en cuando. Nunca dio explicaciones para su constante ausencia, y la razón era simple: no soportaba verlos. Amelia y Gregor eran la viva imagen de sus padres. Verlos todos los días era un recordatorio constante de que Jeff y Victoria ya no estaban y eso era insoportable para Finn, quien era consciente del resentimiento que su sobrino sentía hacia él.
No obstante, Gregor tenía que darle la razón a Finn en esto. No podían ganar esta pelea por su cuenta y, tanto Lucía como Martha, se agotarían antes de poder acabar con todos sus oponentes. Ya no había otra salida a este punto. Con calma y frialdad absoluta, Gregor se llevó la mano al comunicador en su oído.
—Atención. Este es el equipo de extracción. Los Oscuros y las Luces Fantasma nos superan ampliamente en número. Solicitamos refuerzos en nuestra posición de inmediato —las palabras de Gregor resonaron en todo el grupo como un eco profundo.
—¡Recibido, Green! —habló Steve por la radio, desde luego, él estaba dirigiendo toda la operación y, en el fondo de su alma, esperaba no tener que oír ese mensaje, pero ya estaba preparado en caso de encontrarse en esta situación—. Los refuerzos van en camino. Tiempo estimado de llegada: 5 minutos. Una vez lleguen, tienen que salir de ahí de inmediato.
—¿Escuchó eso, capitán? —preguntó Gregor a un tercero que sabía que estaba escuchando la conversación.
—Así es, señor Green —respondió la voz de un hombre mayor—. Tendremos el avión listo para irnos, pero deben apresurarse. Embarquen por el lado derecho, por favor.
—Entendido —Gregor cerró la línea y se volteó a ver al grupo—. Prepárense para irnos. Una vez lleguen los refuerzos, correremos al avión mientras ellos pelean.
—¿Qué hay de mi hermana? —la mirada que Gregor le dedicó a Jordan decía a todas luces: «¿Quién te dio permiso de hablar?».
—La recogeremos a ella y a la elemental de aire de camino al hangar —la respuesta del joven no dejó nada conforme a Jordan.
Mientras tanto, Lucía y Martha seguían luchando contra un gran número de oponentes. «Maldita sea. Si pudiera los mataría a todos, pero no puedo acabar con estos Iluminados», pensó Martha con frustración mientras lanzaba una patada lateral directamente al estómago de una Luz Fantasma. Giró el tronco con toda su fuerza y le aplastó la cabeza al Oscuro que pensó que podría atacarla por la espalda.
Por otro lado, Lucía hacía gala de su velocidad superior para masacrar a sus oponentes. Lanzó una patada que, por puro milagro, el Oscuro logró esquivar, pero el pobre diablo no se esperaba que la mujer diera un salto mientras seguía girando y conectara una segunda patada con el talón de la otra pierna justo en su cabeza mientras preparaba un corte de aire comprimido para matarla. La cabeza del hombre fue cortada de tal forma que parecía haber recibido el impacto de un hacha. Su cuerpo fue lanzado lejos a tiempo para que Lucía diera un salto y se colocara detrás de otro Oscuro que intentó atacarla por la espalda.
Naturalmente, este también murió cuando Lucía le atravesó la espalda con su puño. Se deshizo del cadáver y suspiró discretamente. «Ya me estoy cansando», pensó con rabia. Todavía le faltaba lidiar con otros seis antes de poder descansar. Martha también empezaba a mostrar señales de agotamiento y pronto esto se hizo evidente para las Luces Fantasma, especialmente para cierto hombre que, como un buitre, estuvo esperando a que esto sucediera.
Alfonso sabía que no tenía ninguna oportunidad contra Lucía en un combate uno a uno, pero si ella estaba cansada, sí que podría ganarle. Otro Oscuro murió ante la patada giratoria de Lucía y, con un golpe bien dado en el estómago y un pequeño rayo disparado desde su puño, despachó a una Luz Fantasma. Todo esto era observado cuidadosamente por Alsonso, quien esperaba que la mujer se cansara para poder atacarla por la espalda. «¿Honor? ¿Qué tontería es esa? No importa cómo, ganar es ganar». Esto era lo que pensaba el hombre mientras esperaba a que la Liberación de la mujer se agotara para poder atacar.
Lucía no estaba lejos de cumplir el objetivo de Alfonso, pero antes de eso, seguiría luchando hasta que sus energías se terminaran. No es como si tuviera alguna opción para este punto. El golpe en las costillas la sacó de sus pensamientos y la envió volando varios metros hacia atrás.
—¡¡¡LUCY!!! —Martha gritó mientras empujaba a una Luz Fantasma y se alejaba para ayudar a su compañera—. Amor, vamos. Levántate.
Lucía no tardó en volver a ponerse de pie, pero se la veía mal. Se sujetaba las costillas con fuerza, su rostro estaba algo pálido y sus dientes rechinaban por la fuerza con la que los apretaba. Martha pensó que tal vez tendría una costilla rota, por lo que se preparó para cubrir a Lucía mientras se recuperaba. Sin embargo, la armadura de Lucía comenzó a parpadear, se estaba quedando sin energía mucho más rápido de lo que anticipó.
—Muy bien, idiotas, ¿quién de ustedes lastimó a mi chica? —preguntó Martha mientras agrandaba la garra de roca en su mano derecha. Nadie respondió—. Bien, pues entonces todos se mueren hoy.
Cerró la garra en un puño y golpeó el piso con fuerza para después hacer aparecer cientos de picos de roca que iban en dirección a todos sus oponentes. Ya no le importaba si mataba a un Oscuro o a una Luz Fantasma por accidente, aquella pelea era de vida o muerte. Lidiarían con las consecuencias después, pero necesitaban salir vivas de aquella situación primero. No obstante, apenas pudo acabar con cuatro Oscuros con ese ataque.
—Mierda —Martha se levantó y se puso en guardia una vez más.
Sus oponentes se alinearon frente a ellas, un total de 7 Luces Fantasma lideraban el grupo. Todos sacaron encendedores de bolsillo y Martha supo bien lo que estaban por hacer.
—Oh, no.
Los 7 usuarios dispararon varias llamaradas, las cuales se fusionaron en un ataque mucho más grande. Martha estaba a punto de levantar un muro de roca para intentar protegerse, pero no había tiempo suficiente. De repente, un gran brillo azul incandescente cegó a la mujer por un momento. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, pudo ver a Lucía con el brazo izquierdo extendido, disparando un poderoso rayo hacia la gigantesca llamarada. Ambos ataques colisionaron con fuerza, enviando una ráfaga de aire caliente a los alrededores.
Lucía terminó de ponerse de pie y levantó su brazo izquierdo para lanzar aún más electricidad. El ataque eléctrico se amplificó y comenzó a empujar las llamas de las Luces Fantasma. «¡Vamos! ¡Vamos!», Lucía se daba ánimos a sí misma. Parecía que iba a ganar el choque, pero las Luces Fantasma, al ver que estaban perdiendo terreno, sumaron a cuatro usuarios de elemento aire. Enviaron poderosas ráfagas de viento que amplificaron las llamas y comenzaron a empujar el rayo de Lucía.
La mujer gruñó, pero se mantuvo firme. A pesar de sentir su cabeza a punto de explotar, la sangre en sus venas parecía estar hirviendo y sus brazos pesaban como si estuvieran hechos de plomo. No obstante, Lucía permaneció en su sitio, pero el ataque no. Las llamas se acercaban cada vez más en dirección a las mujeres.
—¡Maldita sea! —Lucía rugió furiosa.
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