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Saga Elementos - Capítulo 94

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  4. Capítulo 94 - Capítulo 94: Batalla en el Aeropuerto Parte 6
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Capítulo 94: Batalla en el Aeropuerto Parte 6

Desde su sitio, el grupo de Tatiana veía el choque de poderes. Cada uno pensaba en algo diferente. Matthew intentó levantarse para ir a ayudar a Lucía, pero sus piernas temblaron y volvió a caer al piso. Laura y Amy fueron a su lado y lo contuvieron en su sitio.

—¡Papá, no vayas!

—No estás en condiciones de moverte, Matthew —el tono de Laura era autoritario, pero compasivo.

—Si no la ayudo, la matarán.

Matthew podría no ser el admirador número uno de Lucía. De hecho, todavía le guardaba algo de resentimiento por lo ocurrido en Puerto Príncipe veinte años atrás. Sin embargo, a pesar de lo anterior, él respetaba mucho a la mujer. No tanto como persona, pero sí como peleadora. Admiraba su fuerza, su uso del elemento rayo y su habilidad en combate. Claro, le faltaba técnica, pero lo compensaba con aquella ferocidad que tanto la caracterizaba.

«No importa si lo odias. Si se gana tu respeto y tienes la oportunidad de cuidarle la espalda, entonces más te vale recibir una bala por esa persona. De lo contrario, yo mismo te romperé las manos, niño». Esas fueron las palabras del maestro de Matthew cuando solo tenía 16 años. Inmaduro, como lo era entonces, recibió esta lección de aquel hombre, a quien respetaba con su vida.

Intentó acumular algo de electricidad en su cuerpo e impulsarse hacia adelante, pero fue inútil y cayó al suelo con el cuerpo flácido. Amy, Laura, Jordan y Raymond se agacharon para ayudarlo a levantarse.

—Simons, no —Raymond sostuvo a Matthew de los hombros y le impidió moverse.

Gregor, por su lado, observó de reojo a Matthew y arrugó la cara al ver aquel espectáculo tan lamentable.

—Patético —gruñó el joven.

Lo único que le importaba a Gregor era que, si Lucía perdía aquel choque, la llamarada golpearía los hangares que estaban detrás de ellas. Lo que destruiría el avión en el que debían irse, aunque decidió guardarse sus pensamientos para sí mismo. No quería una discusión interna para este punto. Solo quería marcharse lo antes posible.

Por su lado, Lucía seguía batallando para no perder, pero lentamente su rayo iba cediendo ante las llamas. Martha vio esto y se preparó para actuar.

—¡No! —gruñó la mujer mientras sus piernas empezaban a doblarse y la electricidad en su cuerpo comenzaba a fluctuar.

Normalmente, un usuario de elemento rayo almacenaba una leve cantidad de electricidad en su cuerpo y, cuando utilizaba alguna técnica, la hacía fluir por todo su sistema una y otra vez para multiplicarla y aguantar más tiempo en combate luego de disparar el primer rayo. Básicamente, usaban sus cuerpos como generadores eléctricos para duplicar la energía que absorbían. Sin embargo, este proceso estaba fallando en Lucía debido al cansancio.

La mujer podía sentir el sudor de su cuerpo evaporarse al entrar en contacto con la electricidad que aún corría por todo su ser. Su rodilla finalmente tocó el suelo. Sus brazos estaban a punto de ceder mientras su conciencia se desvanecía poco a poco.

—¡Lucía, basta! —el grito de Martha sonaba distante en sus oídos.

A la mente de la mujer llegaron varias imágenes. Recuerdos que había enterrado en lo más profundo de su mente. Pudo verse a sí misma en una parada de motocicletas, terminando una reunión con el jefe de una pandilla de traficantes local. Acababa de llegar a Missouri y necesitaba establecer contactos, cosa que estaba haciendo esa noche. Todo iba bien hasta que divisó a esa pequeña en la barandilla de la pasarela. Esa noche su vida cambió para siempre.

Lucía recordó todo lo vivido desde aquella noche. Los días que ayudaba a Jessica a estudiar. Cuando iba al centro comercial a comprarle ropa. El día que la chica le confesó cuáles eran sus preferencias. Cuando rompió con su novia. Cuando la atrapó en el baño cortando su cabello con las tijeras, y luego tuvo que ayudarla a arreglar el desastre que había hecho en su lavabo. Había presenciado tantas cosas con esa niña, prácticamente la había visto crecer, la consideraba su hija y Jessica la veía como una madre, pero al parecer no tenía la fuerza para protegerla.

Las llamas se acercaban cada vez más y Lucía estaba a punto de rendirse. Veía la muerte tan cerca que toda su vida pasó ante sus ojos como si fuera una película. Ahí fue que encontró el rostro de Rose y pudo revivir el momento exacto cuando su vida se apagó ante sus ojos. Desde luego, todo lo que vino después fue doloroso, al menos hasta que llegó a la noche donde conoció a aquella niña pelirroja.

«¡NO! Ya perdí a Rose. ¡No perderé a mi hija también!» Lucía se concentró en aumentar la producción de electricidad en su cuerpo, multiplicando la electricidad que todavía corría por su sistema. Concentrándose al máximo, logró ponerse de pie y siguió produciendo más electricidad, además de amplificarla tanto como pudo. De a poco, su cuerpo y ojos volvieron a brillar, esta vez con mucha más intensidad.

—¡RUGIDO DEL TIGRE FURIOSO! —gritó Lucía y el rayo que estaba lanzando recibió un aumento bestial de poder.

Cuando chocó contra las llamas, las hizo retroceder a toda velocidad. Los rostros de aquellos que lanzaron el ataque se contorsionaron en pánico casi inmediatamente, solo para ser desintegrados cuando el rayo los golpeó de frente. Hubo una gran explosión de color azul que rápidamente se apagó y solo dejó un rastro de humo y polvo. Las cenizas y las rocas volaron por todas partes, testimonio del poder bestial de La Tigresa del Rayo, quien fue atrapada por su novia antes de siquiera poder tocar el suelo.

Estaba agotada, había usado todo su poder para ganar el choque. Sin embargo, cuando Martha levantó la cabeza, la cruel realidad las golpeó como un baldazo de agua helada. Sí, habían logrado acabar con una buena cantidad de Oscuros y Luces Fantasma, pero la gran mayoría todavía seguía con vida. Mirándolas con una expresión de triunfo en sus rostros. Ahora que Lucía se había quedado sin fuerzas, podían concentrarse en Martha, a quien tampoco le quedaba mucha energía para seguir peleando.

—¡Por fin! —la voz de Alfonso resonó entre la multitud—. Ahora sí podremos matarlas —Martha suspiró al verlo.

—No te muevas de aquí, cariño —se levantó para encarar a sus oponentes—. ¿Quieren a mi chica? —preguntó mientras levantaba su garra y creaba nuevamente una cuchilla dentada—. ¡Pues tendrán que matarme primero! —Alfonso estalló en carcajadas.

—¡Si eso quieres, lo tendrás! —el hombre se lanzó a toda velocidad en dirección a Martha—. ¡Muere, Yunque!

Justo cuando el ataque de Alfonso estaba por alcanzar su objetivo, que era la cabeza de Martha, la mujer divisó una sombra que golpeó al hombre y lo sacó volando hacia atrás. Al dirigir su mirada hacia la sombra, encontró a un hombre de rasgos asiáticos frente a ella. Envuelto en electricidad y con una mirada severa, el hombre la miró por encima del hombro.

—Nos encargaremos de esto, ustedes corran al avión —fue todo lo que el hombre dijo.

Antes de poder preguntar qué estaba pasando, una lluvia de bolas de fuego comenzó a caer sobre sus atacantes. Martha, Lucía y todo el grupo pudieron sentir las conexiones cálidas que habían llegado al aeropuerto. Brandon saltó de alegría con un grito al cielo al darse cuenta de lo que pasaba.

—¡YA LLEGÓ LA CABALLERÍA! —aquel grito salió del alma al muchacho.

—¡Corran! ¡Hay que llegar al avión! —gritó Gregor mientras comenzaba a correr, pero se detuvo al ver que su equipo se había quedado para ayudar a Matthew a levantarse—. ¡Muévanse, muchachos!

—¡Adelántate! —le instó Tatiana mientras ayudaba a La Lanza Relámpago—. Estaremos detrás de ti.

Gregor chasqueó la lengua y comenzó a correr camino al hangar. Él no tenía por qué quedarse para ayudar a Matthew, un Desertor. Eso solo les quitaría tiempo, algo que no tenían. Si su equipo quería quedarse y morir por él, no le importaba. Ellos eran los que estaban rompiendo las reglas, no él. Sin embargo, Tatiana, Brandon, Robert y Cecilia pensaban muy diferente. Ellos habían visto de primera mano lo poderoso que era Matthew, quien fue capaz de derrotar a Artem sin ayuda de nadie. Una hazaña digna de respeto y que, de no haberlo logrado, ahora tendrían que lidiar con un enemigo de nivel Cometa. Desde cierto punto de vista, Matthew los había salvado a todos y se ganó el respeto de todo el equipo de extracción.

Levantaron al hombre y comenzaron a correr mientras una batalla campal se llevaba a cabo frente a los hangares del aeropuerto. Martha se deshizo de las piedras que envolvían su cuerpo y tomó a Lucía en brazos. Comenzó a correr hacia el avión, un magnífico y precioso Boeing 787 Dreamliner de la aerolínea Cathay Pacific, cuyo motor izquierdo rugía con fuerza, mientras que el motor derecho estaba apagado para permitir el embarque de sus pasajeros.

Mientras corrían hacia el avión, Jordan se detuvo en seco al darse cuenta de algo importante.

—¡Esperen! —gritó el chico y todos voltearon a verlo—. ¿Dónde están Jessica y Amelia? No podemos…

—¡No te pares, tonto! —Jessica gritó desde la distancia—. ¡Sigue corriendo! —le instó mientras ella hacía exactamente eso, correr.

Todos estaban sorprendidos por verla bien, pero más sorprendidos, y asustados, estuvieron cuando notaron que Jessica cargaba a Amelia en su espalda. Se preguntaban qué había pasado en su pelea contra Mark y si habían logrado vencerlo, pero no había tiempo. Aumentaron el ritmo para llegar más rápido al avión. Tuvieron que correr entre bolas de fuego, rocas voladoras, rayos y cortes de aire, pero consiguieron llegar a la escalera de abordaje en una sola pieza.

Rápidamente, Gregor subió al percatarse de que todo su equipo estaba a salvo. Seguido de él fue Matthew, con ayuda de Robert. Luego Brandon, Laura, Amy, Cecilia, Martha con Lucía en brazos y finalmente Tatiana. Jordan, Jessica y Amelia eran los últimos. Finn corrió a ver el estado de su sobrina. Amelia no solo parecía estar herida, sino que estaba cubierta de sangre, tanta que parecía haberse bañado en ella.

—¿Qué diablos pasó? —exigió saber Fin.

—No es mi sangre —contestó Amelia, su mirada reflejaba alivio y también dolor, una mezcla tan poderosa como contradictoria—. Mark Jobs está muerto.

La expresión de Finn se suavizó al escuchar a su sobrina.

—Entiendo —fue todo lo que dijo antes de tomarla del hombro.

—¡Jordan, Jessica! —Amy los llamó desde arriba—. ¡Debemos irnos ya! —estas palabras sacaron a Finn de su trance.

—Cuídate mucho, Amelia —dijo el hombre.

—¿Qué? —Amelia estaba muy confundida—. ¿No vendrás con nosotros? —Finn y Raymond negaron con la cabeza.

—Nuestro trabajo está aquí —dijo Raymond antes de voltear a ver a Jordan—. Cuando llegues a la ciudad, busca un buen sitio para seguir tu entrenamiento, muchacho. Tienes mucho potencial —Jordan asintió.

—Y tú —Finn miró a Jessica con sinceridad—. Más te vale cuidarla bien, porque si algo le pasa, te juro que yo mismo te mato, ¿entiendes? —más que una amenaza, Finn le estaba suplicando a Jessica—. ¡Promete que la cuidarás! ¡Promételo!

—Se lo prometo, señor Green —Jessica no dudó ni un segundo en responder.

—Bien, ahora largo de aquí —ordenó Finn antes de recibir una patada en las costillas y ser lanzado contra la pared del hangar.

—¡No irán a ninguna parte! —Alfonso los había alcanzado—. Ustedes han sido grano en mi culo por demasiado tiempo y me aseguraré de que no vuelvan a molestarme… ¡ARGH! —el hombre se encogió sujetando su pierna derecha, la cual había sido apuñalada por un cuchillo que Raymond le había lanzado.

—¡SUBAN AL MALDITO AVIÓN! —gritó el maestro de Jordan.

Raymond se llevó las manos a la parte trasera del cinturón y sacó dos bastones que estaban sujetos a su cintura, solo para después unirlos con una cadena de titanio, formando unos nunchakus. Los chicos comenzaron a subir a toda prisa mientras Alfonso se sacaba el cuchillo de la pierna y se volteaba a encarar a Raymond.

—¡Maldito pedazo de…! —se quedó a media frase cuando el primer golpe conectó en su cara.

Mientras tanto, Jessica, Jordan y Amelia finalmente llegaron al avión. Al verlos llegar, Tatiana cerró la puerta y Robert entró a la cabina de mando.

—¡Ya estamos todos, arranquen! —les dijo a los pilotos.

—Vayan a sus asientos y abrochen sus cinturones —ordenó el capitán—. Enciende el motor número dos.

—Entendido, encendiendo motor dos —respondió el copiloto.

Afuera, Raymond había sido empujado al exterior del hangar por Alfonso, quien estaba furioso con él y buscaba matarlo. Estaba sobre Kue y justo cuando estaba por atravesarle el pecho, una bola de fuego estalló en su espalda. Al voltear, pudo ver a Finn apuntándole con un encendedor.

—¡Maldito!

Raymond aprovechó la oportunidad y golpeó las costillas de Alfonso con todas sus fuerzas. Sus guantes tenían cuatro púas metálicas en los nudillos, por lo que el golpe fue bastante fuerte. Tanto, como para obligar a Alfonso a quitarse de encima antes de recibir un segundo ataque de Finn.

El maestro de Jordan se puso de pie de un salto e hizo girar sus nunchakus de forma amenazante, buscando intimidar a su oponente, cuyo rostro cambió al ver al avión salir del hangar y dirigirse a la pista para despegar.

—¡QUE ALGUIEN LOS DETENGA! —gritó Alfonso a sus compañeros, pero todos estaban demasiado ocupados como para hacer algo.

—Se acabó —los ojos de Finn tenían un cierto brillo de alivio.

Alfonso no pudo hacer otra cosa que ver cómo el avión aceleraba por la pista hasta despegar y perderse en el cielo nocturno. Las Elementales estaban camino a Nepal.

Jessica puso a Amelia en la primera silla que encontró, una que no estaba muy lejos del baño, para suerte de la joven peliblanca, quien tenía la pierna izquierda fracturada y no podía caminar, por lo que dependía de Jessica para levantarse a hacer sus necesidades biológicas.

Llevaban varios minutos en el aire cuando Laura se acercó a las chicas para ver cómo estaban.

—¿Las dos están bien? —Jessica negó con la cabeza.

—Yo estoy bien, pero ese infeliz le rompió la pierna a Amelia —la joven peliblanca le puso la mano en el hombro a Jessica.

—Estoy bien, Roja —dijo con una sonrisa, tratando de mostrarse fuerte.

—¿Ah, sí? —Laura tocó la pierna de Amelia con su pie. Inmediatamente después, la peliblanca se encogió de dolor—. No estás bien, Amelia. Hay que revisar esa pierna.

—Iré por el botiquín —anunció Cecilia.

—Mientras tanto, ¿por qué no nos cuentan qué rayos les pasó a ustedes dos? —preguntó Amy desde su asiento—. Desaparecieron en medio del caos —Amelia suspiró.

—Es una larga historia.

—Niña, estaremos en este avión las próximas 15 horas. Tiempo es lo que nos sobra a todos —remarcó Robert desde su lugar. Amelia cerró los ojos y gruñó un poco al darse cuenta de que tenían razón.

*****

—¡VOY A MATARTE, MALDITO BASTARDO!

Cuando Amelia se lanzó contra Mark, lo hizo sin pensar. Solo quería acabar con este hombre de una vez por todas. Él había destruido su hogar y asesinado a sus padres. Debía hacerlo pagar. No le importaba nada más.

Un gancho derecho conectó en la cara, luego un gancho izquierdo en la quijada desde el otro lado y, finalmente, una ráfaga de aire que lo envió a volar contra el hangar que había cerca. Amelia se impulsó acumulando aire en la planta de sus pies y llegó junto a Mark justo cuando se estaba recuperando del golpe contra la pared del hangar. No pudo cubrirse de la patada a la cara que Amelia le conectó, seguida de un rodillazo en el estómago. Amelia esperaba que el hombre se encogiera del dolor, pero en vez de eso escuchó un par de risas.

—Nada mal, niña —la joven sintió que su rodilla estaba retrocediendo poco a poco ante la presión de la mano del hombre—. No está nada mal.

Mark levantó la vista y le mostró a la joven una sonrisa que a ella se le hacía desagradable en todos los aspectos posibles. El hombre empujó la pierna de Amelia hacia abajo con una mano y luego le conectó un golpe en la boca del estómago que la dejó sin aire. Cuando Amelia se encogió por el dolor, recibió un golpe directo en la cara que la hizo retroceder dos pasos. «Esto es muy diferente», pensó. Amelia ya había recibido golpes en el rostro antes, pero ni siquiera Maxwell, con quien solía entrenar todo el tiempo, tenía las manos tan pesadas como este tipo.

—Ahora, es mi turno —Cerbero se lanzó contra Amelia.

Amelia bloqueó el primer golpe, pero este la hizo retroceder dos pasos. Mark no se detuvo ahí y continuó su asalto. Una patada conectó directo al muslo de Amelia, lo que la hizo gemir de dolor y bajar la guardia, algo que su oponente aprovechó para conectarle un golpe directo a la nariz. La joven sintió sus ojos llenarse de lágrimas mientras su nariz escurría sangre. Se recuperó a tiempo para bloquear la patada que Mark lanzó a la altura de su cabeza.

Cuando la tibia de Mark conectó con el antebrazo de la joven, el dolor la invadió. Era como si le hubieran puesto un fierro al rojo vivo en el brazo y la fuerza de la patada fue tal que Amelia se vio obligada a saltar a un lado y rodar para escapar. Tomó suficiente distancia y disparó dos balas de aire comprimido, las cuales Mark esquivó haciéndose a un lado, pero estos proyectiles lograron rozarle la piel cerca del cuello y la cara. Concretamente, cerca del ojo derecho y la yugular. «¡Diablos! Este infeliz no se queda quieto». Amelia no pudo ni terminar de pensar cuando Mark reanudó el asalto con todavía más intensidad.

Sus golpes eran pesados. Era como recibir el impacto de varias rocas lanzadas contra su cuerpo. Los brazos de la joven se sentían en llamas y, claramente, tendría severos hematomas en la mañana. Un golpe más, pero esta vez estaba preparada. Amelia tomó el puño de Mark en su mano, usó la fuerza del hombre para rotar su cuerpo y conectarle un codazo en la nuca. El golpe en la parte posterior de la cabeza hizo que Mark se sintiera mareado y algo desorientado, cosa que la joven aprovechó para cargar su Palma de Vacío, pero justo cuando iba a conectarle el ataque en la espalda, un gran torrente de fuego rodeó a Cerbero.

Amelia saltó hacia atrás para evitar salir lastimada y pronto pudo escuchar la risa de su oponente. Una risa que le resultaba asquerosa de oír.

—Nada mal, niña —dijo Mark mientras salía de las llamas con un encendedor en mano—. Se nota que te entrenaron bien —Amelia subió su guardia y se preparó para seguir peleando—. Pero todavía te falta mucho.

Mark hizo crecer el fuego y lo dividió en cuatro esferas grandes que ubicó frente a él. Las bolas de fuego no tardaron en comenzar a tomar forma, para sorpresa de Amelia. Les salieron cuatro patas a cada una, luego una cola ardiente y finalmente una cabeza llena de afilados colmillos de fuego. Mark había creado a cuatro perros utilizando el fuego. Amelia no lo podía creer, jamás había visto algo semejante.

Sin darle tiempo a reaccionar, Cerbero chasqueó los dedos y los cuatro perros cargaron contra la joven, quien luchaba por entender la situación. «Cálmate, Green. Pueden parecer bestias salidas del infierno, pero solo son bolas de fuego gigantes. No son sólidos», se dijo a sí misma para tranquilizarse.

El primer perro llegó junto a ella, pero Amelia ya sabía qué hacer. Con la mano derecha lanzó una cuchilla de aire cortante que partió al perro en dos, pero no se deshizo de él, ya que Mark lo volvió a unir sin esfuerzo alguno. «¡Maldita sea!» Amelia comenzó a cortar a los perros una y otra vez. Sabía que era inútil y que debía enfocarse en Mark, pero el hombre la estaba presionando demasiado, lo que impedía que la chica se enfocara en él. Puesto que, si lo hacía, uno de esos monstruos de fuego podría morderla y ese sería el fin para ella. «Tengo que atacar a Cerbero, pero no…».

—¡¡¡ARGH!!! —Amelia gritó de dolor al sentir las ardientes garras del perro en su espalda.

Otro grito más escapó de sus labios al sentir la mordida en su pierna. La joven cayó al suelo mientras las bestias de fuego seguían mordiendo y quemando su cuerpo. Pudo crear una explosión de aire para deshacerse de tres, pero todavía quedaba uno. Además, Mark ahora estaba a su lado y le apuntaba con el encendedor directo a la cara.

—Peleaste bien, pero eres igual que tus padres… débil —Amelia enfureció al escucharlo, pero cuando trató de atacar, el perro mordió su brazo.

—¡¡¡AHHHH!!!

—Ojalá seas más fuerte en tu próxima vida.

Justo cuando Amelia esperaba el ataque que acabaría con todo, dejó de sentir la mordida del perro en su brazo. Las llamas que formaban a la pequeña bestia salieron disparadas hacia otro lugar. Mark también lo notó. Él no lo había hecho, pero lo siguiente que supo fue que había alguien a su izquierda. Amelia también lo notó y cargó aire en su puño. Todo fue tan rápido que Cerbero apenas alcanzó a levantar el brazo para cubrirse del golpe en llamas que iba dirigido a su cara, pero no fue así con el puño que aterrizó en su costado izquierdo y que lo envió a varios metros del lugar.

Rodó por el suelo para mitigar el daño y, al levantar la vista, pudo ver a una joven de apariencia andrógina y musculosa ayudando a levantar a Amelia del suelo. La mano de la joven estaba envuelta en llamas y su conexión era tan intensa como la suya. «Conque esa es la elemental de fuego», pensó Cerbero al ver a Jessica.

La joven pelirroja había logrado eludir a varios Oscuros en medio del caos de la batalla. Tuvo que pelear contra algunos, pero no representaron ningún problema para ella, aunque sí la retrasaron bastante y le tomó más tiempo del que le hubiera gustado llegar con Amelia. Al verla en problemas, no dudó en aprovechar al perro de fuego para golpear a Mark con sus propias llamas. Jessica se puso delante de Amelia y se preparó para pelear contra Cerbero.

«Su conexión es bastante intensa, es cierto. Quizás sea más intensa que la mía. Sin embargo, dudo mucho que tenga control sobre todo ese poder», y Mark no se equivocaba al pensarlo. Jessica, si bien tenía más poder bruto que Mark, no tenía el mismo control que él sobre sus llamas. Sí, Amy y Laura le enseñaron a controlar bien su fuego y su fuerza, pero tanto madre como hija solo conocían técnicas básicas y algunas avanzadas. Prueba de la falta de conocimiento de Jessica es que ni siquiera podía usar la Liberación a voluntad, cosa que Amelia sí podía hacer.

No obstante, Mark sabía que no podía subestimar a Jessica. Sí, tal vez podría ganarle en cuanto al control del fuego, pero ¿de qué servía eso cuando Jessica era inmune a este elemento? Además, la pelirroja tenía la mano pesada. Al bajar la mirada a su brazo, Mark notó la quemadura que tenía, pero también sintió su extremidad adormecida. Signo claro de que lo habían golpeado con una fuerza considerable y de que Jessica sabía exactamente cómo y dónde golpear.

—Bien —la sonrisa de Mark se ensanchó todavía más—. Esto se puso interesante.

Cerbero se lanzó contra las chicas antes de que ellas tuvieran tiempo de prepararse. Su primer objetivo fue la pelirroja. Ella era la más fuerte de las dos hablando del físico, por lo que ella le daría más problemas que Amelia en una lucha mano a mano. Jessica esquivó el primer golpe y luego esquivó el segundo para después contraatacar con una patada baja al muslo izquierdo de Mark.

El hombre se dobló de dolor, sorprendido por lo fuerte que era esta chica. Acto seguido, Jessica trató de conectar un uppercut a la quijada de Mark, pero este lo esquivó. La joven no lo dejó en paz y lanzó una lluvia de golpes a su oponente. Doble jab, un golpe recto, un rodillazo, patada baja y a repetir los ataques, buscando alternar sus movimientos para que Mark no pudiera anticiparse a ellos. Al ver que Mark estaba sometido, Amelia cargó un corte de aire y lo lanzó contra Cerbero con la intención de matarlo, pero el hombre sintió venir el ataque y lo esquivó saltando hacia atrás.

La cuchilla pasó cortando el suelo y Jessica se mantuvo en su lugar para evitar ser partida a la mitad. Amelia se lanzó contra Mark, tomando el lugar de Jessica, pero el hombre no tardó en despacharla. Un golpe en las costillas y después a la quijada, para finalmente rematar con una patada al pecho que lanzó a la joven hacia atrás. Amelia giró, puso sus manos en el piso y aterrizó con gracia, justo a tiempo para que Cerbero apareciera frente a ella, pero recibió un derechazo en la cara de parte de Jessica antes de que pudiera golpear a la joven peliblanca.

Retrocedió un poco, pero Jessica y Amelia no le iban a dar tiempo de descansar. Cargaron contra él a toda velocidad y lanzaron un golpe con todas sus fuerzas, pero Mark las detuvo en seco, agarrando sus puños. Tenía una gran sonrisa en su rostro.

—No lo hacen nada mal —luego de decir esas palabras apretó su agarre y retorció la muñeca de las chicas.

—¡Argh! —se quejó Amelia.

—¡Mierda! —Jessica solo gruñó de dolor.

—Pero todavía les falta mucho para siquiera estar a mi nivel.

—¿Qué nunca te callas? —Jessica encendió fuego en la mano que Mark estaba sujetando.

—¡Argh! ¡Maldita perra!

Amelia no desaprovechó la oportunidad y, con su mano libre, lanzó un empujón de aire con toda la potencia que pudo reunir. Mark soltó a Amelia y salió volando solo para aterrizar a diez metros de distancia. Ambas jóvenes sacudieron sus manos para deshacerse de aquella molesta sensación de adormecimiento. Cerbero, por su lado, se levantó y mantuvo su sonrisa en todo momento, pero esta vez, había enojo en su voz. Su paciencia se había terminado.

—No más juegos.

Abrió su encendedor de bolsillo y creó una pequeña llama, la cual no tardó en crecer a un tamaño descomunal. Detrás de Mark, las flamas comenzaron a tomar forma, al igual que antes con los perros, solo que esta vez era muy diferente. Las chicas sintieron cómo la conexión del hombre aumentaba de intensidad y no tardaron en ver el brillo naranja en sus ojos. Mark había utilizado la Liberación. «Mierda» fue todo en lo que pudo pensar Amelia.

No obstante, las flamas no dejaron de cobrar forma. Pronto, las chicas pudieron vislumbrar las enormes garras hechas de fuego y las patas musculosas de una gran bestia. Detrás del monstruo hecho de flamas ardientes se podían ver tres colas y al frente había un total de tres cabezas que rugieron nada más terminar de formarse. Frente a las chicas, y detrás de Mark, había aparecido Cerbero: El Perro Guardian del Inframundo.

—Por favor, dime que también estás viendo esto —pidió Jessica con un claro miedo en su voz.

—Sí, también lo veo —la respuesta de Amelia fue una confirmación sombría. Jessica se armó de valor para hablar.

—¿Crees que esto podrá matarnos? Soy inmune al fuego, idiota —Mark sonrió ante las palabras de Jessica, quien trataba de mostrarse fuerte.

—Tú sí… pero ella no —la respuesta del hombre hizo que ambas sintieran escalofríos.

El hombre apretó sus puños a cada lado del cuerpo, pisó con fuerza al frente y empujó con fuerza sus manos, juntándolas al final. El enorme perro de tres cabezas se lanzó contra las chicas a gran velocidad. Amelia no se quedó quieta y comenzó a comprimir tanto aire como le fue posible, creando una esfera de aire del tamaño de un barril de cerveza. Sin pensarlo demasiado, la joven lanzó la esfera contra aquel enorme perro.

—¡¡¡AL SUELO!!! —Amelia, sabiendo lo que estaba por pasar, jaló a Jessica al piso para cubrirse.

Cuando el perro y la esfera se encontraron, hubo una gran explosión. Amelia no solo comprimió el aire, también bajó su temperatura tanto como pudo en el tiempo disponible. Al chocar contra las flamas, el aire se expandió y creó una gran explosión que dispersó el fuego en todas las direcciones posibles. Por supuesto, la joven elemental de aire sabía perfectamente que esto pasaría y por eso lo hizo. Prefería lidiar con la explosión que con un enorme perro hecho enteramente de fuego.

Al levantarse, las chicas escucharon una segunda explosión. El ataque que Matthew había lanzado contra Artem.

—¿Qué fue eso?

—No lo sé, pero…

—No deberían distraerse, niñas.

Jessica recibió un fuerte golpe en la cara que la hizo caer y Amelia una patada en el estómago con toda la fuerza de Mark. Ambas chicas cayeron al piso. La joven peliblanca fue la primera en recuperarse, trató de levantarse y, de paso, patear a su oponente. Giró sus piernas en un movimiento ágil y elegante, pero Mark atrapó su pierna izquierda y luego la golpeó con todas sus fuerzas.

Amelia sintió cómo su tibia se quebraba en dos cuando el puño del hombre la golpeó.

—¡¡¡AHHHHHHH!!! —un grito desgarrador salió de la boca de Amelia, enmascarado por el sonido de los demás combates que acontecían a su alrededor.

La chica sentía cómo sus huesos fracturados buscaban perforar su piel y músculos.

Mark soltó la pierna de Amelia y luego la pateó en el estómago una y otra vez. Cuando la joven intentó defenderse, Cerbero no dudó en patearle la pierna rota, provocando aún más dolor en el cuerpo de la joven.

—¿De verdad creíste que podrías vencerme? —esta vez, la patada llegó al rostro de Amelia—. Eres igual a tus padres, niña. Débil, patética e inútil —Mark se puso sobre ella y empezó a pisotear su pecho.

—¡Ahh!

—Lo único para lo que sirvieron tus padres fue para morir —Jessica levantó la vista y pudo ver la escena—. Al igual que tú —Mark apuntó el encendedor a la cara de Amelia.

Jessica sintió un gran déjà vu al presenciar aquello. Era casi igual a lo que pasó hace dos noches cuando las Luces Fantasma las secuestraron y ella no pudo hacer nada. Sin embargo, ahora las cosas eran diferentes. Jessica levantó la mano derecha y disparó una bola de fuego hacia Mark, quien se encontraba de espaldas. El hombre sintió venir el ataque y rápidamente se giró para extinguir las llamas de un solo movimiento de su mano izquierda.

—¿En serio? ¿Tan desesperada estás por salvarla? —preguntó el hombre con burla.

—No —respondió Jessica y pudo ver que Amelia ya se estaba preparando—. Solo quería distraerte.

Mark se volvió hacia Amelia al darse cuenta de lo que sucedía, pero ya era tarde.

—¡PALMA DE VACÍO!

Amelia conectó su palma derecha en la pierna izquierda del hombre. Inmediatamente después de hacer contacto, liberó un potente espiral de aire cortante que despedazó al hombre. La sangre bañó el cuerpo de la joven y lo que quedaba del cadáver de Mark terminó aterrizando a veinte metros de donde estaban. Por fin, Mark Jobs, Cerbero, estaba muerto.

Jessica se levantó como pudo y fue a ayudar a Amelia. Cuando llegó a su lado, pudo verla recostada boca arriba. Totalmente exhausta, el sudor de su frente se mezclaba con la sangre de Mark y desprendía un olor bastante desagradable. La joven peliblanca respiraba con dificultad y Jessica pudo notar cómo sus ojos se llenaban de lágrimas.

—¡¡¡AHHHHHHH!!! —Amelia lanzó un grito al cielo nocturno mientras estallaba en llanto.

Lágrimas que mezclaban la felicidad de haber vengado la muerte de sus padres y dolor por recordar que ellos no estaban a su lado. El único consuelo que tenía era que había vencido a un oponente de nivel Cometa con su nuevo ataque.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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