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Saga SCP : protocolo extinción :la caída de velo - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 El Minuto Cero
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1: Capítulo 1: El Minuto Cero 1: Capítulo 1: El Minuto Cero Ubicación: Sitio-19, Instalación de Máxima Seguridad.

Hora: 03:00 AM (Hora local).

El silencio en el Sitio-19 nunca era verdadero silencio.

Siempre había un zumbido subyacente: el latido eléctrico de los generadores de respaldo, el flujo constante de los sistemas de ventilación filtrada y el leve, casi imperceptible, temblor de las Anclas de Realidad Scranton manteniendo la física unida en los niveles inferiores.

Para el Comandante Aris Thorne, líder del Destacamento Móvil Alfa-1 (“La Mano Derecha Roja”), ese zumbido era la única canción de cuna que conocía.

Estaba en la sala de monitoreo del Sector 4, revisando informes de inteligencia que no tenían sentido.

—Señor —dijo el técnico de comunicaciones, un joven llamado Evans con ojeras que parecían moretones—.

Tengo lecturas extrañas en los sensores sísmicos.

No es un terremoto.

Thorne levantó la vista de su tableta.

Sus ojos grises escanearon las pantallas.

—¿Origen?

—No es externo, señor.

Viene de… todas partes.

En ese instante, el mundo se volvió rojo.

No fue una explosión convencional.

Fue un grito sónico que atravesó el hormigón reforzado, el acero y la carne.

Las sirenas de brecha de contención, diseñadas para ser ensordecedoras, apenas se escuchaban por encima del estruendo de la estructura misma del Sitio-19 gimiendo bajo presión.

—¡Informe!

—bramó Thorne, poniéndose de pie mientras su silla salía despedida.

—¡Fallo masivo en los Sectores Euclid y Keter!

—gritó Evans, tecleando frenéticamente con manos temblorosas—.

¡Las puertas de contención se han abierto!

¡Todas!

Señor, el sistema no falló… el sistema recibió la orden de abrirse.

Thorne sintió un frío en el estómago que no tenía nada que ver con el aire acondicionado.

Solo el Consejo O5 tenía los códigos para una liberación masiva.

O alguien que hubiera hackeado a Dios.

—Insurgencia —murmuró Thorne, desenfundando su arma reglamentaria y activando su radio—.

A todas las unidades Alfa-1, Código Negro.

Repito: Código Negro.

El Sitio está comprometido.

Protejan a los activos de Nivel 4 y ejecuten el Protocolo de Bloqueo Total.

La pantalla principal parpadeó y cambió.

Ya no mostraba los mapas del sitio.

Mostraba el logotipo de la Insurgencia del Caos: un círculo con flechas apuntando hacia afuera, desgarrando el orden.

Una voz distorsionada llenó la sala.

“La Fundación ha fallado.

La humanidad no necesita carceleros.

Necesita evolución.

Hoy, el Velo arde.” —Corten esa maldita transmisión —ordenó Thorne.

De repente, una explosión sacudió el techo de la sala de control.

Escombros y polvo cayeron sobre las consolas.

Thorne miró hacia arriba.

No era una brecha interna.

Algo había golpeado el Sitio desde el exterior, atravesando metros de tierra y hormigón reforzado.

—¿Qué demonios fue eso?

—preguntó un guardia de seguridad, con sangre manando de su frente.

Evans miró su consola, pálido como un cadáver.

—Señor… radares externos detectan múltiples aeronaves.

No son de la Insurgencia.

La firma térmica coincide con los VTOL de asalto pesado “Veritas”.

Thorne apretó los dientes tan fuerte que creyó que se romperían.

—La Coalición Oculta Global.

Era la tormenta perfecta.

La Insurgencia había abierto las jaulas desde dentro, y la GOC había decidido que era el momento perfecto para bombardear el zoológico desde fuera.

Estaban atrapados entre asesinos fanáticos, militares genocidas y pesadillas biológicas.

—Señor, cámaras del Pasillo 7B —dijo Evans, su voz quebrada.

Thorne miró el monitor.

El pasillo estaba lleno de humo y luces estroboscópicas de emergencia.

A través de la neblina, se veían siluetas.

Agentes de la Insurgencia del Caos, vestidos con armaduras tácticas verdes y negras, avanzaban metódicamente, disparando a cualquier investigador o personal de clase D que se cruzara en su camino.

Pero entonces, una sombra más grande se movió detrás de ellos.

Una garra masiva, hecha de carne putrefacta y hueso calcificado, salió de una ventilación lateral y partió a dos agentes de la Insurgencia por la mitad con la facilidad de quien rompe papel mojado.

SCP-682 había salido a jugar.

—¡Evacuen la sala de control!

—ordenó Thorne—.

¡Vamos al búnker del subnivel 5!

Si perdemos el control de las ojivas nucleares in-situ, nadie saldrá vivo de aquí.

El equipo se movilizó.

Thorne fue el último en salir, echando un vistazo final a las pantallas.

En una de ellas, una vista satelital mostraba no solo el Sitio-19 bajo fuego.

Puntos rojos parpadeaban en todo el mapa global.

El Sitio-17, el Área-14, el Sitio-81… —Guerra —susurró Thorne mientras cargaba su rifle de asalto—.

Esto es la guerra.

El pasillo exterior era un caos absoluto.

El olor a ozono, sangre cobriza y pólvora quemada saturaba el aire.

Thorne lideró a su escuadra, moviéndose con precisión quirúrgica.

Al llegar a la intersección principal, se encontraron de frente con un escuadrón de la GOC que acababa de abrir una brecha en la pared exterior.

Los soldados de la Coalición llevaban sus característicos trajes blancos de alta tecnología (Trajes Blancos Gen +2) y portaban rifles de energía dirigidos.

—¡Abajo!

—gritó Thorne.

Un rayo de plasma azul pasó rozando su casco, derritiendo parte del revestimiento de la pared.

—¡Identifíquense!

—gritó el líder del escuadrón de la GOC a través de un altavoz externo—.

¡Somos la Coalición!

¡Ríndanse y serán procesados!

¡Resistan y serán liquidados como amenazas paranasales!

—¡Aquí el Comandante Thorne de la Fundación!

—respondió él, devolviendo fuego de cobertura con munición perforante—.

¡Están atacando una instalación de contención activa!

¡Si siguen disparando, liberarán cosas que no pueden matar!

—¡Ese es el plan, Fundación!

—respondió la voz de la GOC—.

¡Tierra quemada!

El tiroteo estalló en el pasillo estrecho.

Las balas de tungsteno de la Fundación chocaban contra los escudos de energía de la GOC.

Pero la batalla se interrumpió abruptamente.

Un sonido gutural, húmedo y terrorífico, resonó desde el fondo del pasillo, detrás de los soldados de la GOC.

Las luces parpadearon y se apagaron, dejando solo la iluminación roja de emergencia.

—¿Qué es eso?

—preguntó uno de los soldados de la GOC, girándose.

De la oscuridad emergió una figura alta, pálida y desgarbada.

Tenía los brazos demasiado largos, colgando casi hasta el suelo.

Su rostro estaba cubierto por sus manos, sollozando suavemente.

SCP-096.

El “Chico Tímido”.

Alguien del escuadrón de la GOC, en su pánico y confusión, encendió una linterna táctica.

El haz de luz iluminó directamente la cara de la criatura.

El llanto cesó.

096 bajó las manos.

Abrió una boca que desafiaba la anatomía humana y soltó un alarido que heló la sangre de Thorne.

—¡No miren!

—gritó Thorne a sus hombres—.

¡Ojos al suelo!

¡Retirada táctica, ahora!

Los soldados de la GOC no tuvieron tanta suerte.

Comenzaron a disparar todo lo que tenían contra la criatura.

Rayos de plasma, granadas de fragmentación, balas de alto calibre.

El cuerpo de 096 fue destrozado, quemado y mutilado.

Pero no se detuvo.

Cargó a través del fuego como un tren de mercancías hecho de huesos y rabia.

Thorne y su equipo corrieron en dirección contraria mientras los gritos de agonía de los soldados de élite de la Coalición llenaban el pasillo, mezclándose con el sonido de carne siendo desgarrada y armaduras siendo aplastadas.

Al girar en una esquina, Thorne chocó contra alguien.

Casi dispara, pero se detuvo.

Era la Dra.

Bright… o al menos, el cuerpo que el Dr.

Bright estaba ocupando esa semana.

Llevaba el amuleto SCP-963 brillante sobre el pecho de un guardia de seguridad muerto.

—Thorne —dijo Bright, con una calma espeluznante—.

Llegas tarde.

—Doctor, tenemos brechas múltiples, la Insurgencia está dentro y la GOC está fuera.

—Lo sé —Bright sacó una tarjeta de acceso negra con un chip dorado—.

Pero hay algo peor.

Acabo de recibir una telemetría del Sitio-01.

Thorne se detuvo.

El Sitio-01 era donde residía el Consejo O5.

Era intocable.

—¿Qué sucede?

—El Consejo ha declarado el escenario “Mascarada Rota”.

Pero no solo eso.

Han autorizado el uso del Activo Taumiel Alfa.

Thorne palideció.

—Eso es imposible.

El Activo Alfa es… —Sí —interrumpió Bright—.

Van a liberar a “La Puerta”.

Si lo hacen, no quedará Insurgencia, ni GOC.

Pero tampoco quedará mucho planeta.

Necesito llegar a la sala de servidores principal.

Tengo que evitar que los O5 nos suiciden a todos.

—La sala de servidores está en el sector que la Insurgencia acaba de tomar —advirtió Thorne.

Bright sonrió, y fue una sonrisa carente de toda sanidad.

Levantó una motosierra que había “tomado prestada” de algún armario de mantenimiento.

—Entonces será divertido.

¿Vienes, Comandante?

¿O prefieres esperar aquí a que el 096 termine de cenar con la GOC y venga por el postre?

Thorne recargó su arma.

Escuchó los gritos detrás de él y las explosiones delante de él.

El mundo tal como lo conocían había terminado hace diez minutos.

Ahora solo quedaba sobrevivir a las cenizas.

—Lidere el camino, Doctor.

Juntos, corrieron hacia la oscuridad, mientras el Sitio-19 colapsaba a su alrededor, marcando el inicio de la guerra más sangrienta en la historia de la humanidad.

El horizonte anómalo había llegado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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