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Saga SCP : protocolo extinción :la caída de velo - Capítulo 16

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16: Capítulo 16: El Festín de los Olvidados 16: Capítulo 16: El Festín de los Olvidados Ubicación: Túneles de la Ciudad Muerta (Dimensión SCP-093).

Hora: Desconocida (Tiempo subjetivo).

El sonido de un percutor golpeando un cartucho defectuoso fue lo único que salvó a Aris Thorne.

El líder de los supervivientes locos de la Zeta-9 apretó el gatillo de su rifle de cristal, pero el arma, desgastada por décadas de entropía, estalló en sus manos.

Fragmentos de vidrio anómalo volaron, incrustándose en su cara.

—¡Ahora!

—gritó Thorne.

El Comandante de la Mano Derecha Roja no dudó.

Se deslizó por el suelo cubierto de limo bioluminiscente, disparando tres veces a las piernas de los atacantes más cercanos.

No disparaba a matar; disparaba para incapacitar.

En un entorno hostil, los heridos son más pesados que los cadáveres.

—¡Son demonios de la superficie!

—aulló una mujer esquelética, lanzándose sobre Bright con un cuchillo hecho de hueso afilado—.

¡Quieren nuestra agua!

Bright, todavía en el cuerpo robado del soldado de la Insurgencia, usó su fuerza superior (cortesía de la armadura táctica) para agarrar a la mujer por el cuello y lanzarla contra una pared de metal oxidado.

—¡Señora, ni siquiera me gusta el agua!

—gritó Bright—.

¡Soy más de whisky!

El tiroteo se convirtió en una pelea cuerpo a cuerpo brutal en la penumbra azul.

Los supervivientes de la expedición de 1954 luchaban con la ferocidad de animales acorralados.

Eran rápidos, adaptados a la baja gravedad del túnel, y sus armas improvisadas cortaban el kevlar moderno como si fuera papel.

Thorne desenfundó su cuchillo de combate y paró un golpe de lanza destinado a su garganta.

Pateó la rodilla de su atacante y le rompió la nariz con el mango del cuchillo.

—¡No queremos matarlos!

—gruñó Thorne—.

¡Somos de la Fundación!

¡Llevamos el mismo emblema!

—¡La Fundación nos dejó aquí!

—gritó el anciano líder, sangrando por la cara pero cargando de nuevo—.

¡Nos prometieron extracción!

¡Prometieron que volverían!

¡Solo volvieron los “Impuros”!

El anciano activó una granada.

Era una granada de fragmentación de la Segunda Guerra Mundial, conservada milagrosamente.

Le quitó la anilla.

—¡Al suelo!

—gritó Bright.

Thorne placó a Bright, empujándolos a ambos detrás de un pilar de soporte de la antigua estación de metro alienígena.

La explosión fue ensordecedora en el espacio cerrado.

La metralla rebotó en las paredes, y el techo del túnel, debilitado por siglos, comenzó a gemir.

—¡Derrumbe!

—advirtió Thorne.

Rocas del tamaño de coches empezaron a caer, separándolos del grupo de locos.

El polvo llenó el aire, asfixiante y tóxico.

Cuando el estruendo cesó, había una pared de escombros entre ellos y los supervivientes de la Zeta-9.

Al otro lado, se escuchaban gritos y gemidos.

Y algo más.

Un sonido húmedo y arrastrado.

Slurp.

Crunch.

—El ruido atrajo a algo —susurró Bright, limpiando el polvo de su visor.

Desde el otro lado del muro de rocas, los gritos de los supervivientes cambiaron de ira a terror puro.

—¡No!

¡Los pequeños!

¡Entraron los pequeños!

—gritaba el anciano antes de ser silenciado por un crujido húmedo.

—¿Los pequeños?

—preguntó Thorne.

—Las crías de los Impuros —dijo Bright, pálido—.

Se meten por las grietas.

Tenemos que irnos.

Profundo.

Hacia el centro de la ciudad.

Thorne miró el muro de rocas.

Habían sobrevivido a la emboscada, pero habían perdido el camino de regreso al espejo.

Ahora, la única salida era hacia adelante, hacia el corazón de una civilización que murió gritando.

—Guía el camino, Doctor.

Y trata de no encontrar más amigos locales.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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